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Crítica de Paloma


Paloma
14 mayo 2018
Tengo algunos sentimientos encontrados sobre este libro. Si bien el tema que Vargas Llosa aborda es actual y una realidad -la creciente banalización de la cultura y las artes, en un entorno en dónde lo que impera es lo fácil, lo digerible, lo que entretiene sobre lo que invita al pensamiento-mi impresión es que la serie de ensayos que componen este libro no son totalmente innovadores. Personalmente, al leer estos textos, me parecía muy similar a la argumentación que yo utilizaba en mis ensayos universitarios.

Esto lo escribo sin ánimo de ser pedante ni mucho menos -Vargas Llosa es uno de mis escritores favoritos y celebré el momento que recibió el Nobel, en mi opinión bien merecido. Sin embargo, creo que disfruto y admiro más al escritor de novelas y ficción que de ensayos. Ya hace un par de años leí su Elogio a la Educación y si bien rescaté alguna de sus ideas, no me parecieron ensayos impactantes. Quizá, y esto lo digo con mucha cautela, en sus ensayos descubro a un Vargas Llosa un poco elitista en términos de lo que significa la cultura y quiénes la hacen y tienen acceso a ella.

Lo anterior es sin duda una percepción muy personal y por tanto, puede ser errónea. Pero, por ejemplo, en el primer ensayo de este libro el autor hace una distinción entre alta y baja cultura, mencionando que la primera es generada por una élite, mientras que las clases populares crean la propia, que es más accesible, menos compleja y orientada al entretenimiento. Si bien esto es sin duda una verdad y el mismo Vargas Llosa dice que no significa que valga menos esa cultura popular...no sé como explicarlo: me parece que dicha distinción, en la pluma de un Nobel, es un tanto arrogante.

Evidentemente, no todos en una sociedad pueden ser un Beethoven o Chopin pero, eso no quiere decir que solo en las clases altas pueda surgir un genio musical. Es cierto que en cierto contexto, sobre todo de seguridad económica, es más factible que este tipo de arte florezca, no es limitativo, ni mucho menos. Me parece, y de nuevo insisto en que está es mi percepción, que Vargas Llosa sugiere esto.

Dicho lo anterior, el autor señala otros temas importantes: la creciente simplificación de las cosas, como los medios de comunicación de mano de la mercadotecnia han creado material que solo sirve para entretener e invita poco a la acción y a la reflexión y cómo esto comienza a distorsionar la función del arte en todas sus formas (literatura, música, teatro, etc.) En todo esto coincido y sin duda, no pude sentirme más que comprendida cuando habla sobre la obra de Demian Hirst, vendida hace ya unos años por millones de dólares... y que era un tiburón disecado dentro de una caja de cristal. Apenas la semana pasada visté una exposición en el Museo Tamayo de la Ciudad de México y salí tan... frustrada. Era una colección de lámparas y luces de Cerith Wyn Evans, si mal no recuerdo, pero no comprendí nada. Ahora bien, no tengo amplios conocimientos del arte contemporáneo pero en lo que sí coincido con el escritor peruano es en que el arte se supone que debe hacernos sentir -y para mí sí debe haber algo estético. Una lámparas con luz ahorradora de energía no me producen nada.

Lo frustrante es que hoy en día, por una maquinaria de publicidad y crítica, eso es lo que se considera arte. Ahora bien, no soy quién para juzgar y a lo mejor no comprendo bien el alcance de este arte nuevo pero me queda claro lo que eso me provoca y lo que no.

Otro punto interesante que aborda Vargas Llosa en uno de los últimos textos es sobre cómo los medios de comunicación disminuyen el funcionamiento de nuestra memoria y la capacidad de nuestras mentes. Puede ser realmente aterrador... y no se trata de decir que el internet es malo o que hay que eliminar los grandes avances de la tecnología, sino reflexionar sobre el uso que hemos dado a estos instrumentos y que repercuten en nuestra capacidad de análisis y crítica. Cuando uno piensa que quizá una comunidad como Goodreads representa una parte muy mínima de la población mundial que se toma el tiempo de leer, analizar y escribir reseñas, si puede resultar aterrador.

En general, es un libro con puntos interesantes y válidos de los problemas y retos que enfrenta la modernidad y Vargas Llosa nos deja pensando en sobre si estamos haciendo algo para resolverlos o simplemente, los observamos pasar ante una sociedad en donde impera lo que entretiene y apantalla los sentidos en una primera instancia pero sin dejar huella.
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