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Crítica de SandraCP


SandraCP
12 junio 2018
Marina llega al Barrio de las Letras huyendo de sus recuerdos y su vida tras la muerte de su marido. Ella, que había vivido toda la vida a su sombra, ahora tiene que aprender a vivir sola. Deambulando sin rumbo por su nuevo barrio siempre acaba al lado de El jardín del Ángel, la floristería regentada por Olivia y, sin pensárselo un momento, acepta ser su ayudante, sin tener ni idea de flores. Allí conocerá a un grupo de mujeres de lo más variopinto que, en sólo tres meses, aprenderán a afrontar sus problemas ya sean de trabajo, de familia, de amor o de búsqueda de sí mismas y de lo que quieren en la vida.

Con ello, os podéis imaginar que esta novela centrada en las mujeres. En su modo de actuar, en su modo de pensar, en sus reflexiones, en sus problemas... Lideradas por Olivia, propietaria de la floristería y nexo de unión de todos, también es la que se ha dedicado a observar y a diagnosticar sus actitudes. En primer lugar, tenemos a Marina, nuestra protagonista que, tras perder a su pareja, ha perdido la sujeción y el rumbo de su vida. Según Olivia, sufre el síndrome del copiloto, es decir, sólo sabe vivir dependiendo de los demás, particularmente una pareja entorno a la que gira todo. La segunda mujer es Gala, reina de la coquetería y de los placeres de la carne, que defiende el derecho de las mujeres a sentirse guapas y sexys mientras su edad se lo permitan, con la idea del carpe diem metida en la cabeza. En el caso contrario tenemos a Aurora, una atractiva mujer que siente rechazo por los hombres por miedo a que se quieran aprovechar de ella lo que la mantiene en una relación con un hombre que no la valora y la maltrata psicológicamente. También tenemos a Victoria, una de esas mujeres que quieren llegar a todo y ser la mejor madre, la mejor esposa, la mejor trabajadora, pero que no puede con su vida. No se valora, no se conoce, no es feliz, pero no se atreve a romper con todo. Y el último componente del grupo es Casandra, una espectacular mujer que pisa fuerte en la vida y que centra en su trabajo pero, ¿qué pasa cuando tienes un desengaño amoroso y encima en tu trabajo parece que está mal visto seguir soltera?

En este pequeño grupo de mujeres hay una gran representación de diferentes formas de amar: a través del sufrimiento como Aurora, huyendo como Casandra, tratando de reencontrar la pasión como Victoria, luchando por no abandonarla como Gala o cargando el peso de ser feliz en otros como Marina. Cada una con su propia historia, cada una con su síndrome, con su miedo y con su necesidad de aprender de él y superarlo. Me resulta especialmente llamativo que cada síndrome, en la mayoría de los casos, proviene de la educación que le han dado a estas mujeres durante su infancia. Por tanto, cada trauma es el heredado de sus padres y madres. Por supuesto que habrá mujeres que no tengan traumas y sean felices con su vida, pero me resisto a creer que exista la felicidad perpetua y, ¿para qué engañarnos? Un libro se basa en una problemática y sería demasiado aburrido si todo fuera de color de rosa. Además, se abre un tema, quizás controvertido pero en el que no está de más reflexionar: ¿el feminismo ha mejorado la vida de las mujeres? Creo que no existe ninguna duda de los avances que se han conseguido en las últimas décadas pero en algunos aspectos, ¿no nos hace cargar con algunos momentos con el peso excesivo de independientes, liberadas y brillantes en todas las facetas de la vida? No quiero decir ni que esté de acuerdo ni que la teoría del feminismo lo exija pero la sociedad que estamos creando en la que se engloba este movimiento lo favorece y lo da por sentado. ¿Quién no conoce que personas que creen que las mujeres actuales deben ser capaces de llevar una familia, un trabajo, una vida social a tope y además, estar siempre bellísimas y estupendas? Debemos luchar también para que se nos permita ser humanas, equivocarnos y no ser perfectas.

Además de la historia coral de estas cinco mujeres, la novela tiene otro protagonista claro: el Barrio de las Letras. Yo, que había dejado pasar meses para leerlo en primavera, no me podía creer, al abrir la primera página, que este libro estuviera ambientado en el barrio donde trabajo, por el que me gusta pasear antes de entrar, el que me gusta descubrir a sorbitos cada mediodía. Algunos de estos lugares son de sobra conocidos por madrileños y turistas como el mítico hotel Ritz, la calle Huertas, la plaza del Ángel y la plaza Santa Ana, el Museo del Prado, la plaza de las Cortes con Neptuno al fondo o el Parque del Retiro. Pero, de la mano de Vanessa Montfort, descubrimos lo que es tomarse un café en la terraza del Ritz, lo deliciosos que están los dulces del Brown Bear Bakery, el bullicio de tomarse unas cañas en La Dolores, las noches de jazz en el Café Central o lo bien que sienta una tarde en el Azul de Fúcar entre cócteles y tartas de zanahoria. Por encima de todo, destaca el punto de reunión y lugar donde coincidieron todas por primera vez: el Jardín del Ángel, una floristería real de la que conocía su existencia pero no era consciente de su importancia y su magia. Sólo adelantaros que todo lo que se cuenta de ella en el libro es real: situada junto a la iglesia de San Sebastián llama la atención por su olivo central en torno al cual gira el jardín y del que cuelgan farolillos que le dan un aire de cuento al que se suman el invernadero de hierro o la fuente de piedra en su interior. Personalmente me ha descubierto muchos sitios del barrio que pienso explorar y no descarto montarme una mini ruta literaria para patearme los sitios apuntados del tirón.

Otro aspecto que no puedo olvidar de este libro es que me ha descubierto el conocido como "lenguaje de las flores". Igual que existe un lenguaje de la comunicación no verbal explicándonos lo que significan los gestos o hasta de los abanicos, el lenguaje de las flores o floriografía empezó a utilizarse en la época victoriana para enviar mensajes codificados, especialmente usados para expresar sentimientos que no se podían manifestar en voz alta. Para una analfabeta en el mundo de las flores, ha sido divertido ir buscando en Google cómo es un lirio, una camelia o una caléndula e ir apuntando lo que significa cada una ya que no es lo mismo regalar un girasol que un gladiolo, llevar en el coche unas ramitas de lavanda, tener siempre en casa unos lirios o una maceta de violetas o una orquídea. Aunque no me considero una mujer que compre porque mi nivel económico no me lo permite, tengo claro que el día que pueda permitírmelo tendré siempre alguna flor fresca que me anime, represente mi estado de ánimo y aporte a mi vida su color y su aroma.

Como punto negativo tengo que reconocer que ha habido partes del libro que me han costado bastante más que otras. Como no quiero desvelar mucho de la trama, sólo puedo decir que los capítulos en el Peter Pan se me han hecho muy largos, ya sea porque no soy ninguna experta en la temática naval o porque los monólogos llenos de reflexiones me resultan demasiado intensos, esos capítulos me desconectaban completamente de la historia y tardaba en leerlos el doble que el resto. Pese a ello, reconozco que conforme avanzaba, he ido comprendiendo y aceptando mejor estas reflexiones y el viaje en sí.

Viendo lo extensa que me está quedando la reseña, creo que sois conscientes de que estas mujeres ya forman parte de mi vida. No es una novela simple y superficial al uso, sino que, a través de sus historias y su aprendizaje, te hacen reflexionar y mucho sobre tu propia actitud ante la vida, cuáles son tus miedos, con qué mujer del grupo te identificas más y cuál sería tu síndrome. Si tuviera que elegir una de ellas, me veo algo reflejada en Casandra, con la que, por lo visto, comparto bastante más que el nombre.
Enlace: http://miviajeliterario.blog..
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