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Crítica de MisLecturas


MisLecturas
25 julio 2020
"Todos tenemos secretos. Todos somos culpables de algo. Y los niños no son siempre tan inocentes." Tan solo estas tres sencillas y contundentes frases que aparecen en la sinopsis me bastaron para decantarme por la lectura de este libro. Hoy os traigo mis impresiones sobre "El hombre de tiza", la novela debut de esta autora que no ha resultado ser lo que esperaba. Con esto no digo que sea un mal libro, sino que no llega a ser tan escalofriante como prometía y el potencial suspense se difumina conforme avanzamos en el argumento, además de que la trama tiene puntuales reminiscencias, aunque con menos originalidad y salvando las distancias, de otras novelas como It o Insomnia de Stephen King, o de series como Stranger Things o Los Goonies.



"El hombre de tiza" es una novela de intriga psicológica y ritmo sosegado que cuenta con una estructura articulada en dos líneas argumentales alejadas en el tiempo, donde pasado y presente se irán entretejiendo y complementando entre sí para rellenar lagunas a medida que la trama se va complicando y, finalmente, dejar resuelto todo el misterio. Esta historia cuenta con un narrador protagonista, el de Eddie Adams, y trata, grosso modo, de cómo pueden afectar a tu vida adulta los terribles sucesos acontecidos en la infancia y que las acciones inocentes pueden tener terribles consecuencias.



Anderbury, 1986. Todo dejó de ser normal el día que comenzó la feria. Ese fue el punto de inflexión, el instante en el que todo cambió. Aquel verano Eddie y su pandilla de amigos, Gav, Mickey, David y Nicky, tienen el beneplácito de sus progenitores para ir a la feria por su cuenta, sin un adulto que los supervise. Son muchachos de doce años que lidian con las inseguridades de su edad y con las hormonas en plena efervescencia, ansiosos por disfrutar del puntual evento. al montarse en una de las atracciones, Eddie pierde su billetera y, ante el temor de la reprimenda que le caerá por parte de su madre, se aleja del grupo mientras la busca. Sin pretenderlo, nuestro protagonista se convierte en testigo de un espantoso accidente en una de las atracciones de feria. Este hecho le permite conocer al señor Halloran, que será el nuevo profesor de su escuela cuando comience el curso. Este hombre albino y enigmático le habla de un código secreto de figuras de tiza. La pandilla de Ed se muestra entusiasta ante la ingeniosa idea e inventan un código propio para comunicarse entre ellos: usarán esos monigotes para dejarse mensajes secretos. Fue en ese momento cuando los hombres de tiza empezaron a cobrar vida e irónicamente el juego se tornó siniestro. Cada uno tenía su propio color de tiza asignado, lo que les permitía identificar al emisor del mensaje. Hasta que un día aparecen unos hombres de tiza de color blanco que guían a la pandilla hasta el bosque, donde hacen un macabro descubrimiento: el cuerpo de una joven que ha sido desmembrado…



Han transcurrido treinta años y nos encontramos con un Ed cuarentón, profesor de inglés soltero que aún vive en la casa de su infancia. Eddie acaba de recibir una carta anónima con un mensaje claro: una figura de palo con una soga al cuello. No hay texto, pero el dibujo viene acompañado de una tiza de color blanco. Nuestro protagonista se ha pasado tres décadas evitando pensar en lo que ocurrió cuando era un niño, encapsulándolo en el apartado más oscuro y recóndito de su mente, pero ha llegado la hora de enfrentarse a sus miedos, tratar de lidiar con ellos. Poco a poco las grietas de esas viejas heridas del pasado que marcaron su vida y la de sus amigos, se irán abriendo y haciéndose más profundas de lo que él pensaba.



Gracias a una prosa sobria y asequible a cualquier lector, nos adentraremos en una historia llena de culpa en la que su autora ha logrado capturar la magia de los años ochenta y recrear, con las pinceladas suficientes como para evitar ralentizar la lectura, el ambiente cerrado y aburrido de una pequeña comunidad con sus secretos y mentiras, sus rumores e hipocresía. Evidenciando que los rumores son como los virus: se propagan y multiplican en un abrir y cerrar de ojos y, cuando menos te lo esperas, todo el mundo está infectado.




Las líneas de tiempo dobles son el recurso utilizado por esta autora para aumentar el suspense, pero a pesar de contar con una premisa muy atractiva, la tensión se irá difuminando a medida que avancemos en su lectura. No es una novela de ritmo frenético en la que destaquen enérgicos giros argumentales, y ciertos aspectos del desenlace final me han resultado de poca credibilidad. Las pesadillas vívidas que acosan a su protagonista principal podrían haberse obviado porque no aportan nada a la trama, aunque son un intento para crear cierta atmósfera de terror.



El elenco de personajes es muy reducido, lo que da pie a que el lector haga mil conjeturas y sospeche de cualquiera de ellos. C. J. Tudor ha logrado crear a un protagonista principal taciturno, un tipo antisocial de existencia solitaria y rutinaria con un grave problema de alcoholismo, un personaje gris y defectuoso, que cree haber dejado atrás su pasado, con el que no he llegado a empatizar en ningún momento. El resto de personajes secundarios están escuetamente pincelados, lo suficiente para que el lector sepa de quién se trata en cada momento y no pierda detalle.



Sintetizando: "El hombre de tiza" es una novela de suspense, de fácil lectura y ritmo contenido, en la que nada es lo que parece y todos ocultan algún secreto. La infancia de unos niños se truncó aquel verano de 1986, cuando un inocente juego se complicó. Aquel acontecimiento convirtió a la pandilla de Eddie Adams en las personas que son hoy. Una historia muy bien escrita y bajo la que subyacen otros temas como el aborto, las agresiones sexuales, el maltrato o el Alzhéimer.


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