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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
27 diciembre 2017
Estoy todavía barruntando qué me ha parecido esta novela, así que lo que salga va a ser lo que es, en vivo y en directo. No ha sido para nada lo que esperaba (hay que tener mucho cuidado con esa sinopsis, porque puede dar lugar a equívocos... aunque a eso volveré más abajo), pero tampoco puedo decir ni mucho menos que me haya disgustado. Simplemente me he encontrado un libro totalmente distinto a lo que esperaba, y eso tiene sus pros y sus contras.

Laura Willowes (Lolly para su familia), es una solterona que durante los primeros 27 o 28 años de vida vive a la sombra de un padre sobreprotector que la adora, ajena a fiestas, zarandajas sociales, proyectos de matrimonio o cualquier tipo de interacción social. le basta con sus paseos por el campo, su extraño y complejo mundo interior, sus libros y el amor de su padre. Cuando este muere, se va a vivir a Londres con su hermano y su cuñada, y allí ejerce de solícita tía de sus sobrinas durante veinte años más, viendo los días pasar uno tras otro, sin que ninguno suponga diferencia alguna con el anterior, sintiendo cómo pasa su vida sin sentirse, en una sola palabra, feliz. Y es entonces cuando decide irse a vivir sola a una aldea remota en las Chiltern.

Haciendo aquí ya un parón, debo avisar que este párrafo de arriba supone la mitad de las páginas del libro. Durante la mitad de la historia asistimos a una descripción exhaustiva, pormenorizada, sosegada y paulatina del día a día de Lolly, sus pensamientos, lo que su familia le inspira o deja de inspirar, los caracteres de sus familiares, lo que siente o piensa en sus paseos, su sensación de que nunca es lo bastante buena, su pasividad ante la vida... Porque Lolly es durante buena parte de su vida muy pasiva. Y no es porque se sienta atada, cohibida o reprimida por ser mujer... forma parte de su carácter, se muestra ausente y estática desde que es una cría, e incluso cuando llega la guerra y las mujeres de su familia salen a la calle a colaborar en lo que sea, ella lo hace con desgana y en la tarea más rutinaria y monótona que encuentra. Admito que Lolly no es un personaje que me haya caído especialmente bien (tampoco mal, pero es demasiado obtusa para mi gusto).

Retomando el hilo, a partir de esa mitad del libro es cuando decide mudarse. El cambio de escenario le da otro brío a la narración, pero nada parecido a lo que promete la sinopsis, que llega cuando apenas faltan 30 o 40 páginas para acabar, y ni siquiera rompe con el ritmo pausado de todas las páginas previas. Es solo una mera excusa para llegar a un final que a mí personalmente me ha chirriado mucho.

Y me explico.

Asistimos durante casi doscientas páginas a un parsimonioso relato del día a día de Laura, y entendemos a la perfección a lo largo de todas esas páginas lo que la autora quiere decirnos. Entendemos la exhaltación y proclamación continuas que hace del derecho de la mujer a tener libertad, a ejercerla, a hacer lo que le venga en gana, a hacer, deshacer, ir y venir según considere conveniente, a tener su propia vida, a no tener que dar explicaciones a nadie, a tener su identidad propia como mujer... y por todo ello, porque resulta totalmente evidente sin necesidad de ser muy espabilado, me parece totalmente innecesario el sermón final; es que es totalmente prescindible, porque parece que te está diciendo: "por si no te has enterado en las doscientas páginas anteriores de lo que iba el libro, te lo explico otra vez todo, absolutamente todo, con pelos y señales en un par de monólogos". No hacía falta. Parece que Sylvia Townsend en cierto modo infravalora la capacidad del lector para entender el mensaje subyacente que empapa y anega todo el libro. Esa conversación final para mí hubiese sido mucho más interesante sin la moraleja, sin el discurso, sin las luces de neón sobre la finalidad de una historia que está perfectamente clara de principio a fin sin necesidad de esos subtítulos.

Así que es un libro que independientemente de lo que comento al final, no creo que sea para todos los gustos, y sí que aconsejo no dejarse llevar por la sinopsis y el tono que parece derivarse de ella, porque nada que ver con la historia. Porque al menos cuando yo la leí creí intuir algo... no sé, cierto humor, cierta ironía, cierto sarcasmo, que no he visto por ninguna parte (que seguramente el problema es mío, tampoco voy a negarlo). Lo cierto es que Lolly es más bien oscura... oscura y hostil como los parajes que tanto le gusta visitar, y esa excusa para atraer al lector de la brujería y el gato son un 5% de la narración. Es un libro interesante, dividido en tres partes (que no comienzan necesariamente con los cambios importantes en la vida de Laura), con escasez de diálogos, profusión de descripciones y prosa muy bella y cuidada, y además es un libro muy de su época, cultural, social y políticamente hablando. Está muy bien escrito, pero la autora se muestra condescendiente con el lector (a mi parecer), y la sinopsis de Siruela es un tanto engañosa, porque desvela el tramo final del libro y no es ni muchísimo menos tan emocionante como lo plasman. Supongo que el resto de la trama es tan insulsa, por decirlo de algún modo (y que se me entienda lo de insulsa en el sentido de que no pasa absolutamente nada), que era lo único que podían usar como reclamo.

Sé que puede parecer que estoy haciendo spoilers, pero es que toda la promo de este libro se basa en la brujería y el gato, así que no estoy desvelando nada que quien coja el libro y le dé la vuelta no vaya a leer.

Esperaba más. O distinto. O las dos cosas a un tiempo. No me arrepiento de haberlo leído, pero tampoco es una lectura como para recomendar. Ah, y la portada es maravillosa (y eso que yo no soy de gatos).
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