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Crítica de AGamarra


AGamarra
03 febrero 2021
"Me gusta cuando llaman monstruo a un conquistador que, debido a su ambición, destruye a millones de seres. Pero preguntemos abiertamente al alférez Petrushov o al subteniente Antónov o a otros: todos ellos son pequeños Napoleones, pequeños monstruos dispuestos ahora mismo a empezar la batalla, a matar a cientos de personas solo para recibir una estrella inútil o un tercio de la paga"

Ya me venía el presentimiento de que no me iba a gustar tanto como sus obras monumentales "Anna Karenina" y "Guerra y Paz", creo que se nota igual que es una obra de juventud. Efectivamente, Tolstoi fue alférez en el Ejército Ruso que participó en la Guerra de Crimea, cuando llevado por su inconmensurable ambición tuvo el freno no sólo de Turquía, sino de las potencias europeas Francia e Inglaterra que ya no pudieron hacerse de la vista gorda ante semejante voracidad. Claro, esto no se toca en esta obra de Tolstoi, que desde luego, tiene una parcialidad con Rusia misma e, incluso, esta misma obra fue censurada por muchas cosas por el régimen de aquel entonces.

Son tres cuentos que de alguna manera presentan cuadros bélicos del sitio de Sebastopol en diferentes momentos. Por ello y por su construcción, no hay necesariamente una coherencia argumental y estilística entre los tres. de hecho, el primer relato llamado "Sevastópol en el mes de diciembre" es más que todo un recorrido por la fortaleza, a manera de crónica periodística, Tolstoi te lleva como de la mano por las murallas, por los parapetos, por los canales y por el estilo de vida tan difícil y extremo que tuvieron que pasar las tropas allá asentadas. Meses y meses de resistencia teniendo que escuchar a diario los cañones y los obuses enemigos sin casi poder hacer mucho que contestar de vez en cuando, teniendo al lado la bahía y el mar inmenso y azul con los barcos rusos hundidos adrede para evitar el accionar de las naves anglo francesas.

A lo largo de todos los cuentos la misma fortaleza de Sebastopol es un personaje más, lugar fatídico pero a la vez acogedor, donde el soldado tanto sencillo como el más aristócrata busca refugio, siente miedo igual como todos y por momentos algo de heroísmo. Escuchar de lejos el nombre de Sevastópol fue algo legendario para los rusos de aquella época, era sinónimo de heroísmo y firmeza ante un adversario enormemente superior. Un lugar fascinante tanto para el que lo escuchaba desde la comodidad de San Petersburgo o para el que probaba con aprehensión llegar a sus bastiones llenos de cadáveres y bobas.

"Subieron una montaña y ante ellos se abrió la bahía con los mástiles de los barcos, el mar con la lejana flota enemiga, las baterías blancas del litoral, los cuarteles, las cañerías, los diques y los edificios de la ciudad, y las nubes blancas, lilas, del humo que continuamente se elevaba por las montañas amarillas que rodeaban la ciudad, y que estaban en el cielo azul junto a los rayos rosáceos del sol, que ya se reflejaba en su esplendor y descendía hacia el horizonte del mar sombrío"

En el segundo y tercer relato titulados "Sevastópol en el mes de mayo" y "Sevastópol en agosto de 1855" ya tenemos un relato de personajes. En el segundo se ve más palpable las tremendas diferencias de estatus y de pensamiento entre el mismo ejército. Personajes por un lado aristócratas (los famosos príncipes) y por otro lado del pueblo. Es muy interesante, pues Tosltoi al pintarnos la realidad nos hace acordar de lo que se puede transformar la historia cuando se "desciende" hasta el individuo, al lado de los jefes gallardos, banderas ganadas, valor puro están los temores, las vanidades, como tanto lo resalta el autor particularmente en el pueblo ruso. Leyendo el segundo relato parece que todo se reduce a ello, los soldados están más preocupados por parecer valientes, por ganarse una medalla, porque el otro no tenga éxito, que en defender su propia patria, y creo que eso es algo característico del autor; combina tanto el heroísmo "de película" (aunque en "Guerra y Paz" es más solemne) con las frivolidades y debilidades personales. Y así, pensando en qué imagen se formará el compañero, caen estos soldados entre innumerables peligros e incluso la muerte. En particular, me sorprendió la descripción de la muerte de uno de ellos que pocas veces he visto. El autor ha querido introducirse en la mente de los soldados hasta decir basta, incluso en sus pensamientos más profundos, el efecto es bueno, la intención no me quedó tan claro. Aunque se puede decir que hay muchos en contra de la guerra a lo largo de los cuentos, tampoco veo una intención clara, o es ese orgullo nacionalista que tiene Tolstoi que nunca lo abandona así como en "Guerra y paz" que haga que no lo vea tan claro, porque también siempre ensalza la firmeza y valentía del pueblo ruso, incluso su fe.

"¿Cuál es la diferencia entre un ruso luchando contra un representante de los aliados y entre ochenta mil luchando contra ochenta mil? ¿Por qué no ciento treinta y cinco mil contra treinta y cinco mil? ¿Por qué no veinte mil contra veinte mil? ¿Por qué no veinte contra veinte? ¿Por qué no uno contra uno? de ninguna manera una cosa es más lógica que la otra"

El campo enemigo está desde luego silenciado, aunque hay episodios donde pueden interactuar por momentos franceses (sobre todo) con rusos, una pequeña tregua, algunas palabras pronunciadas en francés (no olvidemos que los Rusos imitaron a franceses por siglos y su aristocracia conocía el idioma casi com8o segunda lengua) y al final un episodio del asedio de Sebastopol: La batalla de Malakoff (Kurgan - Málajov en ruso), donde los zuavos del mariscal Mac Mahon vencieron a los rusos y los desalojaron completamente. Aquella batalla ya la conocía de antes y fue un buen final para todos los cuentos; "las casacas azules y pantalones rojos" desde luego tropas del emperador Napoleón III aparecen al final como para dar la estocada final.
Aunque algo desordenado y con pocas frases para resaltar pasé un buen rato viendo las grandezas del ejército ruso pero también sus nimiedades: sus juegos, sus soldados ebrios, sus oficiales cobardes, las ganas de volver a casa o salir herido pronto para irse, los sueños tan interesados de muchos de ellos entre vodka, bombas y atronadores golpes de fusilería.
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