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Crítica de Marinieves


Marinieves
14 noviembre 2019
No recuerdo cómo llegué a este libro, cómic para adultos, novela gráfica, manga gekida o como quiera que se pueda llamar a esta publicación de hermosos dibujos en blanco y negro que por su meticulosidad parecen más "trabajo de chinos" que obra de autor japonés, como es el caso.
Creo que lo encontré por casualidad buscando novelas gráficas que pudieran interesarme, ya que se hacían tantas referencias a lecturas de novelas de ese tipo que a mi no me daban grito alguno, que pensé que igual había alguna que me llamara más la atención, y lo mismo me estaba perdiendo algo con no prestar atención a estas obras y limitarme a libros "sin santos". Tantas reseñas en algunos vídeo blogs, que no sabía si era una forma de engrosar el número de sus lecturas mensuales o era que realmente merecía la pena leerlos, y mirarlos, porque letra es lo que menos tienen, claro.
No estando nada puesta en el manga (ni ganas), lo primero que me sorprendió del libro es que los personajes no tuvieran los ojos como platos ni los pelos de punta y que las niñas del libro no usaran todas minifalda. Lo reconozco, no me ha llamado la atención el manga, el anime ni la estética derivada de toda esa cultura, subcultura o lo que sea. Pero esta historia no está mal y el mangaka ha conseguido unas ilustraciones muy buenas.
La trama relata una especie de viaje en el tiempo que experimenta el protagonista, Hiroshi Nakahara, cuando al volver a casa desde el trabajo un poco bastante azufrado de alcohol se confunde de tren y acaba no sólo en otro barrio sino en otro tiempo: regresa con 14 años al barrio donde pasó su infancia y adolescencia.
La vida de Hiroshi en el presente no parece reportarle grandes satisfacciones y desde luego no ha conseguido triunfar en la vida. No disfruta con su trabajo, bebe demasiado y no tiene prisa por regresar a casa donde le esperan su esposa y sus hijas.
Cuando baja del tren comienza a recorrer su antiguo barrio hasta llegar al cementerio en el que yace su madre. Hasta entonces sigue teniendo 48 años pero a partir de ahí tiene como un vahído y vuelve a tener 14. al principio no sabe qué le pasa aunque empieza a notar los cambios en su cuerpo hasta ser consciente de su transformación. Pensando que es un sueño recorre las calles y acaba en la que fue su casa con la familia que tenía en aquellos años, algunos de los cuales llevan años muertos. Y, sobre todo, todavía estaba su padre, que les abandonó un día sin más explicaciones y nunca volvió.
Extraña la situación pero el resto de la familia lo ve normal, como si el tiempo no hubiera pasado. Él, sin embargo, sabe que no es el adolescente que creen tener delante. Cada noche supone que al despertar por la mañana el sueño se desvanecerá y volverá a si vida actual, pero día tras día sigue viviendo en el pasado.
Al principio piensa que está volviendo a revivir su experiencia vital pero se da cuenta de que los hechos van sufriendo pequeñas variaciones debido a los cambios que el propio Hiroshi va realizando en su propia vida. Sabe inglés, que de pequeño se le daba fatal, es casi el listo de la clase, cuando no pasaba de mediocrem, es más abierto con las chicas por lo que entabla amistad con una compañera muy guapa que a sus 14 no le hizo ningún caso... Se ve feliz pero a la vez está preocupado porque sabe que ese no es su tiempo y teme que si sigue añadiendo variaciones a su vida de adolescente su situación de adulto no será la misma y su pensamiento oscila entre la idea de seguir hacia otra vida mejor que la que tiene o intentar despertar para recuperar su mundo, del que comienza a sentir añoranza a la vez que toma conciencia de que debe introducir cambios en su vida de adulto si quiere que su vida merezca la pena.
Pero sobre todo, quiere conocer las razones por las que su padre les abandonó e intenta sondearle para averiguarlo e incluso trata de impedir que se vaya, con lo que vamos conociendo la vida de la familia y acabamos conociendo lo que realmente sucedió.
No es una trama intrincada y a ratos parece muy lenta, como si el tiempo de la niñez lo envolviera haciéndolo más lento y como si el autor se regodeara demasiado en cuestiones que no tienen influencia en la historia y que impiden el desarrollo ágil de la historia, hasta que nos damos cuenta que es precisamente lo contrario. Asistimos a las clases de Hiroshi, a sus relaciones con los otros chicos, a la vida escolar, en suma; le acompañamos también en casa, con su familia y, sobre todo, con su padre y su madre. La historia tiene muchísimas viñetas y aunque se desarrolla en Japón y los personajes tienen nombres japoneses, los personajes tienen aspecto europeo, sin ojos rasgados y con ropas occidentales.
El libro me resultó curioso y trata temas interesantes sobre aspectos cotidianos a los que no damos importancia y pueden marcar nuestra intrahistoria para siempre. Amistad, cariño, fidelidad, compañerismo, miedo,... muchas cosas que le afectaban como adolescentes o sufre de adulto y que la experiencia onírica o de viaje en el tiempo le ayuda a comprender e intentar cambiar. Es una obra original que no me ha disgustado. Seguiré investigando alguna otra novelita gráfica.
Y, por cierto, que el primer japonés, y creo que último, con el que he hablado en mi vida más allá de indicarle una dirección, se llamaba Hiroshi precisamente (Hiroshi Mashuda). Lo conocí en el tren volviendo a casa desde Toledo y, aparte de quererme llevar a Japón, me regaló una garza de origami que me hizo con un papel azul con pintas blancas y debo tener todavía en alguna caja. La deshice para aprender a hacerla y la volví a montar. Si se le tira de la cola mueve las alas. de vez en cuando hago una y siempre me acuerdo de su nombre, aunque no recuerde en absoluto su aspecto.
Enlace: https://marinieves.blogspot...
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