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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
04 abril 2018
Me llamo Lucy Barton es de ese tipo de novelas en las que, algunos dirán que "no pasa absolutamente nada", cuando realmente en esta historia pasa nada más y nada menos que la vida. Así, en minúsculas pero a lo grande: detalles nimios que conforman cada paso que damos en este mundo y acontecimientos que marcan un antes y un después; el recuerdo de una persona que pasó fugazmente a nuestro lado o de aquella que supuso un comienzo o un final; ese instante que te dolió y aquel otro que te hizo sonreír; aquella frase que te abrió los ojos y aquella otra que quisiste no haber escuchado nunca. Momentos, recuerdos, destellos, la infancia, épocas, situaciones, malas decisiones, trances superados, la adolescencia, personas que dejamos atrás, personas que se quedan, dolor, felicidad, descubrir de repente que somos adultos, lágrimas, risas... que por sí solos no son nada y juntos dan forma a eso que llamamos nuestra vida. Nuestra historia. Nuestro sendero salpicado de grises con blancos y negros de tanto en tanto. Como para decir que no pasa nada en este libro.

Tal y como el título sugiere, la narración corre a cargo de la propia Lucy Barton en primera persona. Aunque hacia el final del libro cierra un poco la historia alejada del escenario principal, el 95% de la novela está ambientada en un hospital del East Side neoyorquino, donde ingresa a causa de una apendicitis y donde finalmente permanece hospitalizada durante semanas a causa de diversas complicaciones. Apenas recibe visitas, su marido está demasiado ocupado, a sus hijas se las llevan en contadas ocasiones, alguna amistad ocasional se acerca por allí... Lucy se siente muy sola, muy desgraciada, y sufre alejada de los suyos. Hasta que un día despierta y ve a su madre sentada en una silla al pie de su cama.

Esto, que podría (debería) ser lo más normal del mundo, no lo es. No lo sabemos cuando acaba de producirse el encuentro, pero lo intuimos por la forma de saludarse, por el modo en que enfrentan el encuentro, por la frialdad pasiva de una y la sorpresa contenida de la otra. Y es entonces, durante los cinco días que la madre de Lucy permanece junto a ella en el hospital, cuando comenzamos a saber quién es Lucy Barton y a conocer su historia.

Lucy hace mucho que abandonó su hogar paterno y apenas sabe nada de la gente que dejó atrás: amistades, vecinos... incluso sus hermanos, que parecen unos completos desconocidos para ella y con quienes mantiene conversaciones totalmente triviales. La distancia filial con su madre es tan grande, la cercanía afectiva tan complicada de afrontar, que solo en contadas ocasiones se atreven a saltar la barrera que las separa para permitirse algo parecido a la intimidad. La mayor parte del tiempo se limitan a hablar sobre la gente que tienen en común, aquella gente que quedó atrás en el pueblo, y que en su mayor parte han tomado malas decisiones a lo largo de su vida o han tenido mala suerte en sus matrimonios.

Por tanto, la estructura que escoge Strout para desplegar ante nuestros ojos la vida de Lucy es sencilla, aunque solo en apariencia. Mientras su madre responde a sus muchas preguntas sobre tal o cual conocido y satisface su curiosidad, Lucy intercala recuerdos de su infancia, adolescencia, universidad y vida en Nueva York sin ningún orden aparente, encajando como piezas de un puzzle el presente narrativo con el pasado de la protagonista hasta conformar un todo que nos ofrece un marco bastante explícito de la niña que fue y la mujer en que se ha convertido, ofreciéndonos esas pinceladas, esos trazos, que para cada cual son tan importantes pero que los demás nunca podrán interpretar del mismo modo que quien los vive. Tuvo una infancia desgraciada, pero no le han ido mal las cosas a pesar de todo.

Aun así, y no sé si es solo sensación mía, creo que Lucy retiene información. Afirma que esta es su historia, tal y como te la cuenta, sin trampa ni cartón... y aun así no puedes evitar sentir que sobre algunas cosas no está siendo del todo sincera: su matrimonio, la relación con sus padres (y concretamente con su madre), lo que le lleva a tomar ciertas decisiones... Sí, esta es su historia. Pero sí, también es humana, y tiene secretos y recovecos que le pertenecen por mucho que presuma de sinceridad, y ejerce una protección instintiva sobre ellos. Ninguna biografía es completamente honesta y transparente, y la de Lucy Barton no es una excepción. Hay miserias que se pueden destapar y otras que es mejor guardarlas bajo llave.

Por eso tengo que admitir que, a pesar de que he disfrutado mucho la novela, a mí no me ha provocado ese torrente de emociones que había leído en otras personas, porque Lucy marca un poco las distancias en su narración (o es la sensación que yo he percibido, y esto no influye para nada en mi estupenda percepción sobre la novela. Simplemente, por la forma en que está narrada, no he sentido esa emoción que anticipaban la novela y las opiniones que había leído sobre ella).

La relación entre madre e hija es aséptica como el hospital en que transcurre. Los breves y esporádicos intentos de acercamiento por parte de la hija son rechazados por su madre con un cierre de ojos o una mirada hacia el edificio Chrysler que ve desde la ventana, seguidos de un prolongado silencio. Es una relación fría, distante, de cortesía por el parentesco que las une. Incluso al hablar de su marido y su matrimonio, Lucy se niega a entrar en detalles. No quiere hablar sobre eso, y no lo hace. Más información retenida. Me comentaba Cris en los comentarios de su reseña que Strout dice que esta novela refleja el amor. Sinceramente, si a mí me preguntan contestaría que lo que he percibido es desamor a muchos y distintos niveles afectivos y sociales. No creo que la novela refleje el amor en sí, sino lo que duele cuando no es correspondido al mismo nivel e intensidad.

En definitiva, es una historia intimista en apariencia sencilla que encierra mucha más complejidad de la que parece, porque se nutre de los detalles del día a día que realmente dan forma a la existencia de cada uno. Lucy Barton es, igualmente, un personaje más complejo de lo que parece; nos cuenta mucho en estas doscientas páginas, pero estoy convencida como lectora que casi tanto como lo que calla. Nos ofrece retazos aquí y allá que conforman un todo, que la conforman a ella, pero creo que sin abrirse tanto como pueda parecer a simple vista.
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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