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Editorial: Grijalbo. (21/05/1976)

Calificación promedio : 4/5 (sobre 1 calificaciones)
Resumen:
Irrumpe, como el sol a media noche, en el panorama de la narrativa actual, esta novela de Ignacio Solares, cuya escritura ha estado animada en todo momento por el rigor de la sencillez y por el afán de máxima claridad.
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Críticas, Reseñas y Opiniones (1) Añadir una crítica
joseluispoetry
 20 agosto 2019
PUERTA DEL CIELO”, PRIMERA NOVELA DE IGNACIO SOLARES: UNA APUESTA CONTRA EL TIEMPO.
Siempre resulta interesante leer la primera novela de un escritor mexicano tan talentoso como lo es y lo ha sido, desde ya hace muchos años, Ignacio Solares.
Escrita gracias a una beca otorgada por el Centro Mexicano de Escritores, y teniendo como maestro generoso en el quehacer literario y a la vez como padrino en la cuarta de forros, al insigne escritor mexicano Salvador Elizondo, y publicada en 1976, por Editorial Grijalbo, a los 31 años de su autor, Puerta del cielo resulta ser una apuesta contra el tiempo. Una apuesta real del escritor, Solares; y una apuesta del mentor, Elizondo, quien, en aquel entonces, afirmaba de dicha novela: irrumpe como un sol a media noche, en el panorama de la narrativa actual, esta novela de Ignacio Solares, cuya escritura ha estado animada en todo momento por el rigor de la sencillez y por el afán constante de máxima claridad; ello no amplifica la extensión, pero sí perfila la intensidad de las vivencias que nos narra, a las que da, con verosimilitud inquietante, un aura de mágica melancolía y nostalgia. Irrumpe, creo, como prudente correctivo a los excesos de una narrativa bien documentada pero opaca.
Novela cuya temática se encierra precisamente en el título: Puerta del cielo, Porta Coelis, uno de los tantos epítetos superlativos marianos del ritual del rosario católico; y en la portada: La virgen castigando al niño Jesús frente a tres testigos: André Bretón, Paúl Elúard y Max Ernst, pintor, éste último, del cuadro que ostenta el frontispicio del libro. Esta 'opera prima' de Solares viene siendo lo que el crítico Albert Thibaudet llama “la novela pasiva”, ya que adopta como unidad propia simplemente la unidad de una existencia humana, la del personaje central, Luis y escatológica, porque Luis, al mismo tiempo, es un adolescente que, en forma paradójica, abre sus sentidos al deseo sexual y a la percepción mariana, es decir, a la epifanía o revelación divina. Viene siendo, en suma, el tipo más común y simple de la novela. Luis es un 'onanista' irreprimible, cuya primera noche de masturbación es la misma en la cual ocurre la primera aparición de la virgen María y la del primer juramento de no volver a dicha práctica, firmado hasta por escrito por él, mismo que va a resultar en vano.
Esta es una novela de 'Bildungsroman', aplicado generalmente a novelas de iniciación o de formación, ya sea en lo espiritual, intelectual o emocional del protagonista, quien, saliendo del refugio familiar, y mediante diversas experiencias, recomendado por su tía Águeda, se enfrenta al rudo mundo bajo la apariencia de un obrero.
Primero, como vendedor de piso en una fábrica de telas, en donde su jefe, es un tipo déspota, rígido, inflexible, cuyo lema principal permite el cometimiento de un solo error, uno solo, antes de ser despedido. En segundo, como 'bell boy'nocturno en un hotel en el que conoce y se contagia de unos pícaros quienes viven haciendo siempre de las suyas y cuya trama, a estas alturas de la novela, se torna deliciosa por el alto grado de realismo y de psicología que entraña cada uno de estos personajes noctívagos. Y, tercero, de guardián o vigía, de 'encandungador' o de 'virgilio', a la entrada de un burdel, para guiar, con su lámpara de mano a los solitarios hasta el fondo de ese pequeño infierno de pecado.
Luis avanza, tambaleándose, sobre el filo de la navaja que es la vida: perdido entre la carne y el espíritu. Incluso el padre Rogelio, guía espiritual de Luis y de la madre de éste, regresando del panteón, del entierro del padre y esposo respectivamente, habla con una voz que suena cruel, tiránica. le incrusta al adolescente una pesada losa sobre la espalda con una sola frase: “ahora tú tendrás que cuidara mamá”.
La voz del narrador, o del autor, que en este caso viene siendo lo mismo, rompe con el estereotipo del cielo o del purgatorio de la religión judeocristiana, cuando nos describe cómo, la virgen María lleva a Luis a ver a su padre hasta el fondo del 'hades', representado por una montaña llena de nieve, y pone en boca de esta aparición la frase que habrá de determinar el rumbo de la trama y la suerte de la apuesta como incipiente narrador: Recuérdalo siempre: al final todo saldrá bien. Solo hay que esperar un poco, no importa lo que suceda. al final, todo saldrá bien.
Casi en las últimas líneas, la apuesta se resuelve en contra del autor, afectando al posible lector, luego de que Luis le cuenta a la virgen sobre sus relaciones con Olga, la hija de la dueña del prostíbulo donde él trabaja; la virgen María, como respuesta, le receta una sola frase, una frase trivial envuelta en una interrogación, demasiado estandarizada, convencional, que viene a dar al traste con la línea de la verosimilitud muy bien llevada hasta entonces:
-No sabes que en la relación carnal entre hombre y mujer se realiza el sacramento del matrimonio?
Misma que suena a salida en falso, decepcionante por ese facilismo que encierra, tratándose de la madre del dios de los hebreos, convirtiéndola, así, -a la novela- en un medio moral educativo, con una solución muy simple, muy a lo historial clínico del Centro de Integración Familiar, A. C., además de que estamos hablando de que la novela es publicada en la década de los setentas, cuando, en el contexto histórico y social, aún pesaba fuertemente la onda 'hippie', el concepto del amor libre, las pastillas anticonceptivas, el uso de psicotrópicos, etcétera, onda corriente o liberal que venía huyendo precisamente de esta clase de estereotipos impuestos por una sociedad fuertemente religiosa y represora.
Salvador Elizondo, en una segunda parte de la cuarta de forros, la cual guardaba yo como un verdadero as bajo la manga, nos da la clave de la única falla del novelista:
Con gran habilidad, Solares ha evitado los escollos y no cae nunca en el lugar común o en la falsa puerilidad gracias a esa malicia literaria que consiste en escribir sin malicia, a tono con el carácter del personaje y tiempo con los hechos y con las circunstancias que narra.
Voy a decir de Ignacio Solares lo que tan atinadamente afirma de don Artemio del Valle Arizpe, en una de sus afamadas entrevistas: La pureza en literatura es un pecado capital. Aún para describirla se requiere malicia.
Malicia es precisamente de lo que nuestro escritor chihuahuense ha carecido en esta primera novela. La malicia literaria de escribir sin malicia, tal como lo escribe Elizondo, resulta entonces ser una paradoja, un oxímoron cuya segunda parte niega y, por lo tanto, anula, la primera.
La apuesta se pierde por ausencia, por la falta de malicia y de verosimilitud en su resolución: Luis termina casándose con Olga, obedeciendo a la virgen, es decir, legalizando la unión.
A pesar de este desliz 'conscientizado' un poco después por el autor, y cuya mención en solapas de libros escritos posteriormente por el autor chihuahuense sufren de la ausencia de que haya existido, la novela funciona muy bien y anuncia al excelente narrador que habría de ser Ignacio Solares. Enhorabuena por nosotros sus lectores.
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joseluispoetryjoseluispoetry11 septiembre 2019
La otra noche llevé a su cuarto a una pareja de recién casados, medio borrachos, y desde el elevador comenzaron a besuquearse y a acariciarse. Luego, en el pasillo, el tipo empezó a desvestirla, a pesar de las protestas de ella. Yo iba adelante, con la maleta, pero los veía de reojo. Y en el cuarto, apenas entraron se dejaron caer sobre la cama, así, descaradamente, con las piernas entrelazadas. Él besándole el pecho y dicíéndole al oído: no aguanto más, mi amor, no aguanto más. Y ella con los ojos entrecerrados, jadeando y también abrazando al tipo, pero preocupada con mi presencia: nos está viendo el bell boy, mi amor; no, por favor, espérate, dále una propina y que se vaya. Y yo ahí parado, junto a la puerta, nomás mirándolos. El tipo levantó la cabeza un momento, con dificultad metió la mano a la bolsa del pantalón, sacó un billete, lo lanzó al suelo y gritó: ¡Lárgate! Sentí horrible. Con ganas de darle una patada, lo tenía a tiro, en una postura ideal. Pero sólo contesté: No es necesario, señor, buenas noches. Y salí, muy serio.
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joseluispoetryjoseluispoetry20 agosto 2019
Anoche se apareció otra vez. Es como si mi miedo la llamara. porque desde que me metí en la cama la presentí. Había algo en el silencio, en la luz pálida que llega a la calle y dibuja fantasmas en las paredes, en el aire, sobre todo en el aire. No sé bien qué era, pero sentía que ese sabor amargo del aire la anunciaba.
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