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ISBN : 8416690677
Editorial: Ediciones Maeva (21/11/2017)

Calificación promedio : 4/5 (sobre 4 calificaciones)
Resumen:
Con La última pintura de Sara de Vos, Dominic Smith ha cosechado un éxito rotundo de ventas, y la crítica ya compara su obra con clásicos como El jilguero, de Donna Tartt, o La joven de la perla, de Tracy Chevalier.

Ámsterdam, 1631. Sara de Vos se convierte en la primera mujer en ser admitida como maestra pintora de la Guilda de San Lucas. Aunque a las mujeres no se les permite pintar paisajes, después de un trágico suceso, la imagen de una niña en un... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (4) Añadir una crítica
LEMB
 05 marzo 2021
Un libro diferente a lo que me imaginaba. Creo que sería lo primero que diría si me preguntasen. No porque no tenga los tres elementos temporales que citan en la sinopsis: siglo XVII, con Sara de Vos; finales de los 50 en Nueva York, con Marty y una joven estudiante de arte; año 2000, Sidney, y esos más de cuarenta años transcurridos en la vida de Ellie, y en la vida del cuadro; pero si nombras la novela La joven de la perla, pues mi mente se va a otro lugar, y no es allí donde debe ir. Voy a intentar explicaros qué tal esta historia, que os adelanto que no ha estado nada mal, pero tampoco se queda entre mis mejores lecturas.
Una historia de narrativa, a camino entre la ambientación histórica, cuando nos llevan al Siglo de Oro de la pintura holandesa y nos colocan frente a una mujer, pintora, sola y triste, entre la poca intriga que gira en torno al «último cuadro de Sara de Vos», que tiene su hueco en la trama pero no llega a centrar mi atención, y entre lo que para mí es más interesante, la historia de Ellie, con todos sus errores y aciertos, y la de Marty. La interacción entre ellos, el camino que recorren, es la muestra de que las relaciones humanas no son fáciles y de que todos comenten errores motivados por necesidades no tan equívocas. Esa parte de verdad detrás de la vida de ambos, y de Sara de Vos, es lo que ha convertido esta lectura en un libro que no ha estado nada mal.
¿Qué le lleva a Sara de Vos a pintar su último cuadro? ¿Cuál es ese último cuadro? ¿Qué peso podemos soportar sobre nuestros hombros en relación a las herencias familiares? ¿Cuál es el ideal en la vida? ¿Qué significa la familia? ¿Somos capaces de querer? ¿Somos capaces de aceptar nuestros errores? ¿Somos capaces de perdonar? Muchas preguntas a las que el autor no da respuesta, sino que deja al lector la libertad de encontrarlas, si es que las hay, tratándole como un lector inteligente y aventajado.
He encontrado cierto aire de decadencia en los personajes: la tristeza que arrastra Sara de Vos, volviendo gris sus días; la vida falsa que vive la Ellie de cara a sus padres, llena de soledad y aislamiento en su estudio de Nueva York, y cuarenta años después en su casa aislada; Marty y su conformismo vital, anhelando una salida o aceptando el paso del tiempo. A esto le unes ese devenir de los años patente en el hilo argumental, para que el autor construya la historia.
Una de las partes más sólidas de esta historia ha sido la ambientación, tanto en el siglo XVII, nada recargada y muy acertada, como en ese aire bohemio y culturalmente atractivo de la Nueva York de finales de los cincuenta.
En cierta manera es como si el relato me hubiese mostrado que nuestras decisiones muchas veces llenan de arrepentimiento nuestra vida, y existe un momento en el que nos podemos sentir ajenos, incluso, a ella, por no saber la motivación que nos empuja a hacer algo, o a dejar de hacerlo, y eso afecta a nuestro entorno; en este caso, desde la creación de un cuadro, con su proceso y con la motivación que lleva a ello, pasando por la desaparición de una pintura que, para Marty, es más una losa recibida en herencia que le impide escoger otro camino, y por la obsesión de una joven llena de futuro pero cuyo presente está demasiado vacío. Nada es aislado.
Bueno, creo que no he aclarado mucho sobre esta historia que, si bien he leído muy a gusto y de forma pausada, saboreando las pinceladas de humor inteligente y velado que descubría en el texto, y sufriendo junto con Ellie las decepciones y alegrías que te da la vida, no ha llegado a conquistar mi atención como para recomendarla sin reservas. La novela, y por ende la historia, está bien. Es una buena lectura, aunque no forma parte de mis inolvidables.

Enlace: https://millibrosenmibibliot..
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Maya
 03 junio 2020
Escrito por Dominic Smith, ha sido reconocido como libro del año 2017 por la editorial Maeva.
El libro comienza con la descripción del cuadro para seguir con dos partes, siendo la segunda bastante más lenta. Se van alternando las escenas de los tres tiempos y protagonistas.
Lo primero que me llamó la atención de este libro fue su título: La última pintura de Sara de Vos, lleno de sugerencias y de melancolía. Este libro trenza tres tramas: Sara, mujer, pintora en el Ámsterdam del siglo XVII, esto ya es mucho decir. Marty de Groot, acaudalado abogado de origen holandés afincado en Manhattan. Ellie Shipley, restauradora australiana, apasionada de su trabajo.
Todos ellos bailan alrededor del cuadro En el linde del bosque.
En el siglo XVII, los pintores de Ámsterdam se asociaban en la Guilda de San Lucas, que era quien dirimía, quién databa y firmaba las obras. Solo 25 mujeres lograron entrar en la Guilda, la primera de ellas Sara van Baalbergen. No se conocen trabajos que la hayan sobrevivido. Sara de Vos está construida con una mezcla de ella y de Judith Leyster. Las mujeres solo podían pintar bodegones, nunca paisajes.
“De Vos no solo fue la primera mujer admitida en la Guilda de San Lucas. Fue la única holandesa barroca, que sepamos, que pintó un paisaje. Sus circunstancias le permitieron acceder a un mundo dominado por los hombres. Era una pionera.”
A raíz de un hecho luctuoso que marcará la vida de Sara para siempre, pinta a escondidas un paisaje. Un antepasado de Marty adquiere este cuadro en una subasta y éste llega a través de los años a su dormitorio en Manhattan. Sara “se siente a la deriva: una mujer deambulando bajo los aleros, sus manos firmemente entrelazadas a la espalda, encolerizada con Dios”. Cuando lo ha perdido todo En el linde del bosque es su único refugio: ”Se pasa días y días sin pensar en nada más que en esa pintura”.

Marty es rico pero es una persona atormentada, su vida es “una vida contenida desgranada en objetos”. Está seguro de que el cuadro trae una especie de mala suerte a su familia (“un cuadro que, según sospecha, posiblemente le ha emponzoñado la vida durante años”). Sin embargo, cuando se lo roban, pondrá todo su empeño en recuperarlo. Una característica de Marty que llama mucho la atención es su “fe íntima en un dios voluble. Es agnóstico pero proclive a arranques de superstición descabellada, un rasgo de personalidad que procura disimular.”
Ellie es una joven restauradora que pinta una falsificación de nuestro cuadro y esto, también la marcará el resto de su vida. Su verdadero deseo sería pintar sus propios cuadros: “De algún modo, combinar la luz devota y religiosa de un retrato de monasterio y la emotividad de una alegoría italiana”. Su vida es triste, no tiene sentido más que en la pintura.
El cuarto protagonista es nuestro cuadro. Es una escena invernal en la que al fondo vemos gente patinando sobre un lago helado. A un lado, una niña los observa. Nos fijamos en su manita apoyada en un abedul y en su perfecta carita empañada de una honda tristeza:
“Era la observadora pero también el punto de fuga, el centro de gravedad… Aquello era un momento de suspensión, una niña atrapada en la eternidad del anochecer. La niña había sido objeto de un profuso y sutil trabajo de pincel, y el deshilachado dobladillo del vestido resultado de un centenar de filamentos de pintura.”
Lo más reseñable del libro es la bella prosa que nos hace repetir en voz alta algunas palabras por su singular belleza: Hibiscos y banksias doradas; aspérula, cera y lavanda; el arrebol; trémulas imágenes; terciopelo negro y diamantes; espliego, acre siena y albayalde.
Las comparaciones que salpican la obra nos conducen a través de los siglos en un ambiente de tristeza y melancolía.
El autor combina con pericia los registros lingüísticos de un siglo a otro, siendo sin duda los más bellos los del siglo XVII.
El tema central por supuesto, es la pintura. El autor nos deleita con descripciones minuciosas y muy bellas de colores, pigmentos, pinceles y pinceladas. En él nos encontramos con los mejores pintores e la época, Rembrandt, Vermeer o Hals. Pero sobre todo, nos rodeamos de mujeres abocadas a pintar bodegones y flores, mujeres cuyas obras firmaban hombres y de las que apenas nos ha llegado ningún cuadro.
No sé si es casualidad que la muerte de la hija de Sara determine que Marty y Ellie nunca tengan hijos.
No quiero acabar sin mencionar la escena de la ballena muerta en la playa por su belleza y la incertidumbre que nos crea cuando la niña se asoma al abismo del ojo del animal. Poco después, miramos otros ojos amarillos, esta vez de un niño, en los que claramente percibimos ese abismo. La muerte es un tema ampliamente tratado en la obra.
¿Es En el linde del bosque la última pintura de Sara de Vos? Hay que leer el libro para descubrirlo. La intriga que ya se nos plantea en el título nos conduce por el Ámsterdam del siglo XVII hasta una exposición en Australia, pasando por Manhattan. Comprenderemos la vida de las pintoras holandesas de aquellos años, silenciadas hasta ahora.
Enlace: HTTP://CITAENLAGLORIETA.COM
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Ana35
 01 marzo 2021
La novela tiene como trama principal el periplo de la supuesta última obra de la pintora Sara de Vos, desde su creación en el siglo XVII hasta nuestros días. Pasando por su compra a manos de un comerciante, su traslado a Nueva York como parte del legado familiar y su aparición en una exposición en el siglo XXI, junto a su falsificación.
La subtrama, sin embargo, nos habla de las pintoras del Siglo de Oro holandés, pertenecientes a la Guilda de San Lucas, institución gremial en la cuál la primera mujer admitida fue la propia Sara de Vos.
La historia, como digo está contada en tres tiempos distintos: Ámsterdam en el siglo XVII, Nueva York en los años 50 y Australia en el 2000.
La historia me atrapó desde el primer momento al descubrirme la existencia de estas pintoras, cuyos nombres y obras desconocía. Siempre había oído hablar de Vermeer y Rembrandt, pero no de ellas, siempre en segundo plano.
Y me llamó mucho la atención, el hecho de que sólo pintarán bodegones y escenas de interior, dejando los paisajes a los hombres, para así poder dedicarse a las tareas domésticas. Algo sorprendente en nuestros días, pero muy dentro de la lógica y del papel femenino en ese siglo.
También reseñar la escena de la ballena agonizante, a mí entender dantesca, con esos curiosos subiendo sobre ella y esa niña intentando ver dentro del ojo, como presagio de su futuro inmediato.
Tengo que reconocer que disfruté mucho de la información dada sobre las técnicas de falsificación de cuadros: como usar pigmentos hoy en desuso, el aprovechamiento de lienzos antiguos sin valor, la conservación de las capas base, la imitación del deterioro por insectos,...Interesantísimo.
Me ha gustado mucho el libro, me ha parecido entretenido y didáctico, tanto que se me ha hecho corto. No me extraña que haya recibido el premio a libro del año, bien lo vale.
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Sirmactres
 11 marzo 2021
Tras unos primeros capítulos un poco lentos esta novela empieza a desgranar una historia interesante en el que el mundo del arte y las falsificaciones serán el eje principal de la vida de un cuadro pintado por una mujer en el Siglo XVII. Junto a esta historia conoceremos la vida de la autora y las vicisitudes en las que pintó ese cuadro que siglos más tarde acabaría colgado en el dormitorio de un abogado de éxito de Nueva York.
Una historia que unirá tres continentes en tres épocas diferentes y donde veremos que las falsificaciones morales son peores que las físicas. Con una ambientación muy lograda tanto en la época donde Sara de Vos, -personaje ficticio pero que aúna rasgos y cualidades de varias mujeres que si existieron-, vive y pinta ese cuadro en el momento más duro de su vida, como en el Manhattan de los años 50 donde Marty de Groot celebra fiestas y acude a locales de jazz donde tocan músicos famosos de la época.
Muy interesante la trama que se desarrolla en Holanda en el siglo XVII, donde aprendemos de pigmentos y de bastidores, de luces y de perspectivas mientras Sara, intenta salir adelante en un mundo donde la mujer tenía prohibido reflejar ciertos temas en sus cuadros. Una vida marcada por la desgracia y la servidumbre siempre bajo el dominio de los hombres. El autor describe de manera detallada y acertada el paisaje, los gremios de artesanos y artistas y la dureza de la vida en una época de claros contrastes entre clases sociales. La vida de Sara se desmorona por momentos y encontrará en la pintura un punto de apoyo para no sucumbir.
En los años 50, Ellie y Marty comenzarán a tener una relación profesional que desembocará en un suceso que marcará sus vidas para siempre. Siempre con la historia del cuadro, y de su falsificación, que es otra de las partes más interesantes mientras vamos conociendo un poco el proceso de su creación, la historia desembocará al final en el año 2000 con unos personajes ya mayores a los que les queda algo por decirse y algo por descubrir.
Una lectura que se va haciendo más interesante y amena conforme avanzamos en sus páginas, que retrata muy bien el mundo del arte, las falsificaciones y todo el mundo que las rodea y que muestra también como madura la relación que mantienen los protagonistas para pasar del amor y el olvido al perdón.
Los capítulos finales cierran de manera correcta esta historia de mujeres, de arte y de segundas oportunidades, poniendo todas las piezas que faltaban en el lugar que les corresponde.
Enlace: https://www.sirmactres.com/2..
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Citas y frases (7) Ver más Añadir cita
LEMBLEMB23 febrero 2021
En el siglo XVII, las mujeres holandesas no pintaban paisajes —esa era la idea generalizada—, porque el género exigía pasar largas horas a solas en el exterior, un claro impedimento para el ama de casa holandesa el Siglo de Oro.
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LEMBLEMB26 febrero 2021
Por lo que sabía, además de devotos inveterados, los holandeses del siglo XVII eran pendencieros, bebedores y mujeriegos impenitentes. Cubrían las paredes de hermosas pinturas por la misma razón por la que bebían: para no pensar en el abismo. ¿O acaso Sara De Vos siguió pintando a fin de depurar su visión del abismo?
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LEMBLEMB27 febrero 2021
Hay quienes miran el arte, quienes lo compra y quienes lo hacen. Yo pertenezco a una categoría totalmente aparte: lo reparo, le devuelvo la vida. No es raro que un conservador se pase más horas a solas con una gran obra que el propio artista.
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LEMBLEMB27 febrero 2021
Entretanto, Ellie, de pie enel bordillo de la acera, alargando el cuello para contemplar la fachada art déco con sus leones dorados y las baldosas con galones pintados, piensa que ahí está la vida inventada sobre la que ha escrito sus padres.
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LEMBLEMB23 febrero 2021
Su tesis sobre las pintoras del siglo de oro holandés permanece inacabada en el apartamento, una hoja mecanografiada a medias se enmohece en el rodillo de una Remington. Hace meses que la tiene abandonada y, de vez en cuando, mirando el perfil curvo de la máquina o la palanca de retorno cromada, piensa: Remington también fábrica fusiles.
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Dominic Smith, autor de la última pintura de Sara de Vos, explica qué proceso habría que seguir para falsificar una obra de los pintores holandeses del Siglo de Oro.
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