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Crítica de sanhezped


sanhezped
24 enero 2018
Esta es la décima entrega de la serie Bevilacqua

-El lejano país de los estanques (1998). Premio El Ojo Crítico 1998.
-El alquimista impaciente (2000). Premio Nadal.

-La niebla y la doncella (2002)

-Nadie vale más que otro, cuatro asuntos de Bevilacqua (2004).
-La reina sin espejo (2005).

-La estrategia del agua (2010)

-La marca del meridiano (2012) Premio Planeta

-Los cuerpos extraños (2014)

-Donde los escorpiones (2016)

-Tantos lobos (2017)



El autor se la ha planteado en cierto modo como una secuela de aquel otro libro de relatos que publicó en 2004, el de Nadie vale más que otro. En este caso, los cuatro relatos tienen una característica común: los muertos son mujeres muy jóvenes, niñas o poco más que adolescentes, pequeñas Caperucitas que han de sobrevivir frente a lobos muy variados en el bosque. Un bosque que en buena parte de los casos es el mismo: Internet con el peligro de sus redes sociales.

«-No lo puedo evitar. Me pasa cada vez que nos ponen en las manos una Caperucita muerta. de cinco, de diez o de dieciocho años, la edad es lo de menos. ¿Quién lo hiso, por qué y para qué? Ya no quiero ni imaginarlo; en el fondo, si lo piensas, es perder el tiempo. Hay tantos lobos hambrientos en el bosque, con tanta hambre de tantas mierdas, y a la hora de la verdad somos tan pocos para ponérselo difícil…» (Página 154)



Los dos primeros, fueron publicados en un pequeño libro que venía de regalo junto a Los cuerpos extraños y son de 2010 y 2013, mientras que los dos últimos han sido escritos este mismo verano para rematar aquella idea pendiente.



Nos aguarda un pequeño viaje por la geografía española, desde Oviedo, hasta Segovia (bien es verdad que sólo hasta el área de descanso de la autopista que la une con Madrid), Badajoz y Almería.



Unos relatos que tienen en común el importante papel que para la investigación juegan las redes sociales, algo en lo que Bevilacqua ya está un poco anticuado. Pero para algo son un equipo:

«-No, Virgi, dádmelo todo mascado. Ya sabes que me da mucha pereza. Otra cosa que añoro cada día más, son los tiempos en que una persona era poco más que sus llamadas telefónicas y sus papeles, si los tenía. Cuando no había que fisgar en sus trescientos canales de comunicación con el mundo para decir siempre lo mismo, casi nada de interés». (Página 65)



Y es que los tiempos van cambiando de un modo tan rápido que parece que las investigaciones a la antigua usanza tocan ya a su fin.

«Me rendí a la evidencia. Mis días como investigador estaban tan contados como los de la raza humana como especie única y presuntamente inteligente, La humanidad estaba a punto de desdoblarse en dos: la fracción mayoritaria, unos primates idiotas que vivirían sólo para enriquecer a otros; y una minoría hiperconsciente e hiperinformada que manipularía a placer al resto. Me pregunté si estaba aún a tiempo de unirme a los superhumanos. Tuve mis dudas». (Página 114)



Algo que me ha llamado la atención en los dos últimos relatos, es el papel que empieza a jugar Arnau, cada vez con mayor protagonismo, hasta el punto de que me pregunto si Lorenzo Silva no está preparándole el camino para empresas de mayor calibre cuando, ley de vida, Bevilacqua tenga que jubilarse, algo para lo que ya no le queda mucho tiempo (ver al respecto lo que el autor nos cuenta en la entrevista para mi canal de Youtube)

«Lo vi hacerse de pronto mayor ante mis ojos, lo que no dejaba de conmoverme: a aquel muchacho lo había criado a mis pechos, desde que un día me lo entregaran, atontado perdido y con demasiadas ganas de agradar, como becario a prueba en la unidad a la que pertenecíamos, y a la que ya antes de haber superado la oposición para ingresar en el Cuerpo aspiraba a incorporarse». (Página 129)

Como no, no pueden faltar chispazos irónicos en el que el autor nos retrata la sociedad actual. Sirva como ejemplo el siguiente, en el que de una misma tacada nos muestra la situación de nuestras costas, el turismo que tenemos y el islamismo, todo de una tacada:

«Después de años de escasez y malos números, la única gran locomotora del país, el cordón casi continuo de chiringuitos, bares y garitos que alicataba la costa de punta a punta, con su oferta ilimitada de sol y alcohol barato para norteños melancólicos y sus plazas hoteleras asociadas, volvía a funcionar a pleno rendimiento. Incluso pulverizaba récords, tracias a que la competencia, la orilla meridional del Mediterráneo, estaba enfrascada en un proceso de autodestrucción con creciente protagonismo de unos tipos barbudos que prohibían emborracharse». Página 153)











IMPRESIÓN PERSONAL



He disfrutado con estos relatos. Su propio carácter de relatos hace que tengan que ser rápidos. No puede el autor desarrollar tramas complejas ni profundizar en exceso en los personajes que en ellos aparecen. Algo que en parte es menos difícil porque la parte de los investigadores, de Bevilacqua y compañía, ya la tenemos bien conocida los seguidores de la serie. Pero no hay que quitar por ello mérito a Lorenzo silva, que en muy breve espacio, con pocas palabras consigue poner en situación al lector.

Probablemente además nos muestre algo que debe ser muy real. No es tan fácil matar y salir impune. de ahí que los cuatro casos que nos presenta en este libro, puedan resolverse con rapidez y sin grandes alardes.

Unos relatos que por otra parte, nos alertan de hasta que punto estamos creando una sociedad en que cada vez es más peligroso el bosque para nuestras pequeñas Caperucitas.



Un libro muy recomendable para los seguidores de la serie, que devoraréis en un abrir y cerrar de ojos.
Enlace: http://www.elbuhoentrelibros..
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