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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
27 diciembre 2017
Una esposa perfecta es lo mismo que decir una esposa que vive de espaldas a su realidad. Es la esposa encorsetada, donde el deber ser es antagónico del querer ser, cuyas renuncias son constantes y solo alcanza la perfección cuando cede parcelas de sí misma cada día en pos de un no sé qué llamado respetabilidad y apariencia, pasaportes necesarios para la sociedad en la que quiere encajar.

Kitty Hamilton aspira a ser esa esposa perfecta, título que por lo visto todavía no ha alcanzado y que, por alguna mancha en su expediente matrimonial, está lejos de alcanzar... y más si a ello le sumamos la dificultad de querer ser la esposa de un aristócrata inglés.

Kitty nació muy lejos de las grandes cunas aristocráticas. Australiana, con una sensibilidad especial para la pintura, se queda con toda la herencia de la familia para poder desarrollar esa habilidad o don. Para ello se traslada a Inglaterra, donde durante un tiempo se dedica a su pasión hasta que conoce al piloto Theo Hamilton. al principio le parece que es la guinda a su maravillosa vida, pero pronto se da cuenta de que intentar encajar en un mundo lejos de tu cuna y ambiente supone un abanico de renuncias, y una de ellas es vivir ajena a todo tipo de sentimientos, pues cada error, por insignificante que parezca, se paga con indiferencia y olvido.

Aun así, siempre hay esperanza para Kitty. La puerta que conduce a ella se le abre cuando viaja a Tanganica para encontrarse con su marido. Allí querrá empezar una nueva vida, lejos de los ambientes claustrofóbicos que la han marcado y borrado. Pero en el momento en que Kitty pone un pie en esta tierra, es consciente, o percibe, que todo lo que había soñado y a lo que había aspirado no se corresponde en nada o casi nada con su nueva o no tan nueva realidad. al final, ¿no es eso una de las cosas que tiene el colonialismo? Implantar un trozo de tu sociedad, sí o sí, viviendo de espaldas a una realidad, queriendo explotar y dominar en pro de un derecho que tú te das... en fin, no sigo por ahí, que me conozco.

Volviendo a Kitty y su historia, ella cambia de paisaje pero no cambia de sociedad; el marido ausente sigue siendo el mismo, y la sociedad encorsetada y cerrada le ha seguido hasta estas tierras lejanas. Así, aunque viva muy lejos de Inglaterra, Inglaterra no vive lejos de ella, pues el Plan de Maní de Tanganica supone, además de otras cosas, que todos los ingleses que trabajan en él no renuncien a su estilo de vida inglés, a sus normas ni a sus principios, aunque para ello vivan de espaldas a una naturaleza y a una realidad.

Por tanto, Kitty se ve sumergida en una burbuja, donde su día a día es copia del anterior, su nueva vida es también copia de su vida anterior, y donde la posibilidad de redimirse se ve anulada cada día entre cafés solubles, refrescos, vidas ausentes y los no baños en la piscina del club social.
Pero todavía no está perdida para el mundo; conserva algunas dosis de aquella sensibilidad y creatividad que un día la inspiraron para ser una gran pintora. En el momento en que mira al otro lado de la verja, se despliega ante ella un paisaje inmenso, con una naturaleza primigenia cuyos habitantes viven en relación y sintonía con el mismo. A partir de ahí, Kitty debe elegir entre el deber de ser una buena esposa o el querer seguir siendo ella misma... la pintora que observa y al mismo tiempo se involucra en una sociedad a la que mira de frente, aunque para ello tenga que renunciar a su jaula de oro.

Reconozco que al principio la protagonista me resultaba un tanto cansina; tanto decir que quiere ser una buena esposa, que está enamorada de su marido, que quiere encajar... todas estas retahílas me aburrían un poco. Pero como lo último que se pierde es la esperanza, esta me decía que al final Kitty encontraría su camino, así como su lugar en el mundo... cosa que se va animando en el momento en que conoce a Taylor, su guía y mentor en ese nuevo mundo.

Nuestra protagonista al final se verá en la disyuntiva de querer seguir con su vida de acuerdo a los cánones marcados o, de alguna manera, ser capaz de desprenderse de esa pátina social y vivir como Kitty, la pintora australiana, libre de corsés y normas que la anulan.

Una esposa perfecta es, por tanto, la historia de una mujer que quiere empezar una nueva vida en un lugar impresionante y lejano, donde se entremezclan hechos históricos con retazos románticos, encajando esta historia en el subgénero romántico de la novela lanscape. Así, al mismo tiempo que conocemos y saboreamos una buena historia romántica, tenemos la posibilidad de viajar a lugares lejanos del pasado, donde Una esposa perfecta, de Katherine Scholes es el vehículo perfecto que nos traslada a esas tierras lejanas, perdidas en nuestra historia y en nuestra añoranza.
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