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Joan Parra Contreras (Traductor)
ISBN : 8433966669
Editorial: Editorial Anagrama (30/09/2000)

Calificación promedio : 4.15/5 (sobre 63 calificaciones)
Resumen:
Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio, empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens... El ritual se repite dur... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (26) Ver más Añadir una crítica
laurass89
 29 septiembre 2018
EL LÍMITE DE LA CULPA. RELEYENDO EL LECTOR DE BERNHARD SCHLINK
Han pasado muchos años de mis peores elecciones vitales. Cuando elegimos pensamos en el presente, quizá en un futuro no más allá de cinco o diez años. En mi caso, han pasado siete y todavía me come la culpa por algunas de mis decisiones. Estas malas elecciones, que en principio no tienen más transcendencia que para el individuo, se potencian si las hace una nación en su conjunto. En este sentido, en una ecuación matemática que me supongo, se deduce que la culpabilidad habrá de prolongarse más en el tiempo, pero ¿hasta cuándo?
Esta es la cuestión que sobrecoge a nuestro autor, Berhard Shlink, en su obra El lector. Juzgada y basado su atractivo en la relación de una mujer adulta con un adolescente, la novela oculta más. Schlink, profesor de leyes y juez alemán, a través de la figura de Michael Berg, nos ofrece una reflexión sobre la actuación de las generaciones siguientes a propósito del holocausto nazi. La culpa, el arrepentimiento y el desconocimiento gobiernan la novela que quiere ir más allá de la pura lógica judicial, planteando de manera objetiva la participación de ambas partes. No lo limita a un simple y moralista «culpables», sino que supone una exploración sin dolor del porqué de los hechos y las circunstancias.
¿Cómo podemos contarlo?
Por ello, considero que el tema es lo suficientemente contundente como para dejaros por primera vez una verdadera sinopsis. Aunque parece que hay spoilers, de verdad, no hay. Los spoilers de la novela serían otra cosa, indagad.
Alemania, pasada ya la Segunda Guerra Mundial, un chico de 15 años enferma de camino a casa desde el colegio y es socorrido por una mujer desconocida que lo acompaña a casa. Cuando se recupera Michael acude de nuevo a casa de Hanna para agradecerle el gesto y es en ese momento cuando empieza la relación sentimental entre ambos, hasta que Hanna desaparece.
Pasado el tiempo, cuando Michael está a punto de terminar su carrera como abogado, se matricula en un seminario sobre Auschwitz gracias al cual acude como público al juicio a unas guardianas de los campos de trabajo. En él vuelve a ver a Hanna, una de las acusadas, una de las guardianas. Durante el desarrollo del juicio Hanna confiesa sus actos, aunque poco a poco empezamos a ver ciertas incoherencias entre la acusación, los testimonios de Hanna y los del resto de las acusadas. En este momento el juicio tiene un parón y Michael aprovecha para acudir a un campo de trabajo, el de Struthof, buscando comprender y poder condenar el crimen de Hanna. Acabado el juicio, Michael continuará con su vida.
Dieciocho años después, Hanna se suicida en la cárcel un día antes de su puesta en libertad. En la carta de despedida Hanna pide que Michael entregue su dinero a una de las supervivientes. Así, Michael viaja a Estados Unidos para reunirse con ella. La superviviente no concede el perdón a Hanna, pero permite que el dinero se entregue en nombre de la mujer a una asociación judía contra el analfabetismo
Como podemos ver la posibilidad de tratar la culpa parte de dos pilares: el amor y la educación. El amor es la primera relación culpable de Michael y la última de Hanna, la educación es la excusa para que todo esto suceda. Para que comprendamos al otro.
La historia en sí misma es una novela de formación. En ella se nos permite ver la evolución del protagonista, Michael, desde su adolescencia hasta su madurez tardía. En todo ese proceso, podemos ver a través de los sentimientos que aloja en sí Michael, no solo por Hanna, sino también por sus compañeros y por su pueblo, lo difícil que es culpar a alguien que queremos y peor, que somos. Michael no deja de ser un muchacho alemán que ha sido criado por quienes callaron en su momento, los que fingieron no ver. En ese sentido, la parte del juicio es la más reveladora, puesto que alguno de sus compañeros critican abiertamente la actuación de sus padres, libres de culpa ellos supuestamente. Pero es que somos nosotros los que juzgamos, ¿no? ¿Nosotros hemos de perdonar?
Sinceridad como modelo narrativo
Aunque no sabría cómo llamarlo, si sinceridad o ingenuidad, sin duda este es el gran punto que a día de hoy hace que vuelva al libro y lo repiense. Lo fundamental de esta novela es que nos permite, de una manera real, que juzguemos por nosotros mismos.
Increíblemente Schlink lo consigue desde el principio de la novela de una manera muy sencilla: cede su voz al protagonista. Aunque puede parecer que el recurso es fácil, son muchos los escritores que dando voz a sus personajes no pueden dejar de traslucirse en ellos (por poner un ejemplo, Naomi Alderman). Sin embargo, la narración de Michael Berg sobre la culpa permite que el lector entre libre de prejuicios en la cuestión y se adentre con la misma ingenuidad que gobierna al protagonista.
Poco a poco el protagonista, a través de su relación afectiva, va asumiendo lo que es la culpa, lo que es no prever las consecuencias, lo que es conocerlas y aceptarlas aún con esas. Desde ese primer acercamiento no agresivo, lento y bien expuesto, y enmarcado en la inexperiencia de la juventud, pasamos a una culpa más compleja. La culpa de Hanna
Con ella, la culpa no se justifica, como podríamos pensar en un principio. No se maquilla en ningún momento el acontecimiento tratado, el holocausto. de hecho, lo que hace que podamos acercarnos a esa perspectiva de la culpa, la simpleza de Hanna Schmidt, refleja aún mejor y quizá con más crudeza lo sucedido en los campos de trabajo, ella no se sentía culpable en ese momento.
Y las perspectivas no terminan, tenemos también testimonio de las víctimas que ofrece su visión del no perdón. No se puede perdonar de ninguna manera lo que ha sucedido. Con esto y con el final del libro, en el que el autor no emite juicio alguno en boca de Michael, se permite que el lector sopese todo lo que se ha desarrollado y se plantee qué haría en su lugar. ¿Perdonaríamos la culpa que recae sobre nuestros padres? ¿Somos los indicados para perdonar? ¿Seguimos siendo nosotros culpables?
La culpa en los personajes
Esta sinceridad de la que he hablado más arriba no implica que los personajes sean simples o no tengan responsabilidades. Ambos hacen mal, como veremos a continuación, y esa culpa individual se aúna a la culpa y castigo que el pueblo alemán ha soportado.
Narrada en pasado a modo de memorias, el narrador-protagonista, Michael Berg, realiza un flashback desde el presente. Así consigue el narrador, adulto y con su vida hecha, que conozcamos a su yo del pasado, un muchacho ingenuo, curioso y feliz con su relación con Hanna, aunque también incómodo e inexperto. Poco a poco este muchacho limpio comenzará a sufrir las consecuencias, ya que evoluciona a un hombre incapaz de mantener una relación con una mujer. de esta manera el personaje justifica su propia caracterización psicológica, es un hombre que evolucionó al margen de lo social. Porque todo esto conlleva para él una desgracia: ¿cuánto tiempo podemos culpar a alguien?, ¿cuánto tiempo podemos o debemos sentirnos culpables?
Frente a él encontraremos a Hanna, una mujer adulta que ronda la treintena y que parece no tener pasado. Su relación con Michael supone una segunda oportunidad, aunque esto no lo sabremos hasta casi el final de la obra, por lo que su evolución se efectúa de manera abrupta durante el juicio y su estancia en la cárcel. En esos momentos, cuando descubrimos el pasado de Hanna, entendemos su comportamiento con Michael. Lo que resulta de esta revelación de culpas es que la carga de Hanna es otra completamente diferente, más compleja. Y Michael cae abatido por ello. Ya no puede culparla, ha quedado solo él con su culpa. Y parece que nosotros la libramos de la culpa también.
Sin embargo, el autor no deja de explicarnos que esto no es cosa de individuos. Michael acarrea la culpa de su juventud y Hanna la inexperiencia en los campos de trabajo, pero en la novela hay asuntos mayores. Así encontramos que los personajes corales, es decir, el resto de acusadas y el aparato jurídico, cumplen la misión de reflejar las justificaciones del pueblo alemán sobre el holocausto y las acusaciones sobre el holocausto, respectivamente.
No es para tanto
Reconozco que la obra no es para tanto. La lees un par de veces y ya has explorado todo lo que te puede dar.
A nivel técnico, en los pasajes narrativos el ritmo es ágil y fluido, pero hay algunos pasajes que no aportan contenido a la trama o aportan poco para el gran desarrollo que se contempla (sobre todo teniendo en cuenta que lo que aportan es deducible). Los pasajes oníricos y los monólogos interiores son reveladores, la verdad, pero frenan muchísimo el hilo de la novela y nos dejan en una reflexión suspendida.
Por otro lado, en la obra se relatan una serie de crímenes nazis los cuales, según algunos críticos, están muy atenuados por lo que el autor caería en falsificación histórica. Ahora bien, debemos reconocer que nada de lo que cuenta es falso y que la intención de la obra no es explicar cómo era la vida en los campos sino las consecuencias a posteriori en las siguientes generaciones, explicar qué posibles circunstancias pueden llevar a una persona que no es inherentemente malvada a ejecutar esos crímenes y, por último, cuestionarse las ideas de culpa y perdón.
Finalmente, cabe reconocer que la libertad que nos ofrece para reflexionar sobre la culpa podría conllevar como punto negativo que el protagonista parezca quedar a la deriva una vez que la causa de esa culpa, Hanna, desaparece. Sin embargo, y como esto va de culpas creo que este punto negativo de lo mejor de la novela es culpa nuestra. El límite de la culpa es que no hay límite, que lo determinamos nosotros. Y aún somos unos niños que tienen miedo a no sentirse culpables.
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MaribelCalle
 27 mayo 2022
Durante más de un año tenía pendiente esta novela. La he visto leída muchas veces por aquí y lo primero que puedo decir es que me ha sorprendido tanto que aún hoy es difícil hablar de ella sin limitar toda su dimensión.
Aun siendo tan corta daría para tres argumentos o novelas distintas, a saber.
Una encuentro casual entre un adolescente y una guapa señora que le dobla la edad , terminará en una relación que combina literatura y deseo durante un tiempo y que luego desaparece como si no hubiera ocurrido nunca.
Un estudiante de derecho es testigo de un juicio en el que se determina la culpabilidad en un acto cruel e inhumano en la triste etapa de la Alemania nazi y su personal manera de tratar a los prisioneros que no se encuadran en sus preceptos.
Tras casi dos décadas en la cárcel , una mujer está a punto de salir al mundo libre para enfrentarse a lo mejor y lo peor de una historia que no ha vivido.
Cada una de estas partes nos presentan un dilema moral que difícilmente no te planteas mientras vas leyendo y que vas cambiando según vas avanzando en la historia y que te llevará a plantearte si en una relación amorosa ocasionan no hay límites legales y éticos, si las dos partes viven igual y está n preparados del mismo modo para una relación. Por otra parte, ¿ somos responsables de nuestros actos independientemente de los motivos que nos lleven a estar en un momento y en un lugar determinado?. ¿ Existe la redención, el arrepentimiento y son éstos suficientes para saldar las cuentas de nuestros actos?,
Con una prosa magnífica, una secuencia dinámica y un final muy muy emotivo , solo puedo decir que este autor me ha conquistado con esta novela que puede gustar o no, pero que es muchas cosas , pero no insulsa y que da para cuestionar muchos aspectos.
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Paloma
 10 febrero 2018
"Porque sólo puede tener un final doloroso lo que ya era doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos.”
Ésta es una historia de amor, de pérdida, de culpa, de erotismo, de aprendizaje, de horror. Me ha parecido extraordinaria la manera en que Schlink logra construir una historia, si no de amor, sí sobre la relación entre dos seres humanos cuyos caminos se intersectan en un punto y cambian para siempre, al tiempo que reflexiona sobre el impacto que un terrible hecho histórico tiene sobre un país, su gente y su futuro.
Michael Berg conoce a Hanna Schmitz una tarde en la que él, en una crisis de hepatitis, vomita y está a punto de desmayarse fuera de su edificio. Ella, una mujer de 36 años, ayuda al joven de apenas 15 a limpiarse y recuperarse y lo lleva a casa. Michael regresa para agradecerle y de esa forma, se asoma por primera vez a los secretos de la atracción hacia una mujer: el descubrimiento de otro cuerpo, lo sensual de un gesto, lo erótico de una mirada.
Sin ningún tapujo, se vuelven amantes y al poco tiempo, desarrollan una extraña costumbre: ella le pide que le lea libros antes de tener relaciones, el preámbulo amoroso. Así suceden varios meses, en los que Michael vive sólo para los momentos en que se encuentra con Hanna y que evoluciona a una especie de relación –viajan juntos, ríen, pelean. Y aunque desde el principio se sabe sin esperanza, el día que Hanna se marcha sin despedirse, la vida del adolescente cambia de manera irremediable. Como él mismo describe, adoptó una actitud de fanfarronería y superioridad, esforzándose por mostrarse como alguien que no se dejaba afectar ni conmover por nada ni nadie.
Siete años después, siendo estudiante de derecho, Michael vuelve a ver a Hanna durante su juicio como criminal de guerra –Hanna había pertenecido a las fuerzas de la SS y sido guardia en dos campos de concentración. Ella, ésa mujer que Michael había percibido como dura, fría, distante a pesar del amor, había sido parte, o había sido, el horror.
Y es aquí en donde la novela da un vuelco, pasando de una historia de amor a una reflexión sobre las acciones de personas, hombres y mujeres que parecían tan comunes y corrientes y que, sin embargo, fueron parte de uno de los momentos más crueles y oscuros de la historia de la humanidad –el Holocausto. Si bien el libro no entra en detalle sobre los crímenes de Hanna, entendemos que fueron terribles; que hubo testigos, sobrevivientes que la señalan e incluso, otras de las mujeres juzgadas, la acusan de ser quien les ordenaba actuar de tal o cual manera. Sin embargo, se sabe también que Hanna escogía, en el campo de concentración, a mujeres a quienes llevaba a su habitación y les pedía que le leyeran en voz alta.
Michael pronto se da cuenta que la gran culpa, el peor crimen para la propia Hanna no había sido su actuar en los campos de concentración –de hecho, quedé con la impresión que el personaje no siente algún tipo de remordimiento– sino el ser analfabeta. En su afán por esconder esta verdad, Hanna tomó decisiones que la llevar a unirse a la SS y ahí, a cambiar su destino. Michael entonces se debate entre juzgar a esa mujer, o comprenderla y perdonarla por sus crímenes. ¿Tuvo ella la culpa? ¿Sus circunstancias la llevaron a tomar una decisión equivocada? Pero, ¿podría ella no saber que actuaba mal cuando evidentemente eran acciones atroces, que terminaron con vidas humanas?
En este punto Schlink explora el peso de la memoria histórica del nazismo en las siguientes generaciones de alemanes, planteando la gran carga moral y social que implicó. Un pasaje que me impactó es cuando Michael platica con un hombre quién lo está llevando a un campo de concentración y al saber por qué quiere visitarlo, el hombre le dice:
“El verdugo no obedece órdenes. Simplemente hace su trabajo; no odia a las personas a las que ejecuta, no lo hace por venganza, no las mata porque se interpongan en su camino o lo amenacen o lo ataquen. le son completamente indiferentes. Tan indiferentes, que le da lo mismo matarlas o no matarlas.” (p. 143).
Si no todos los que fueron parte de la maquinaria nazi odiaban a los judíos, ¿entonces cómo pudieron asesinarlos? ¿Qué es más monstruoso entonces, el odio hacia un pueblo o la indiferencia que convierte al ser humano en máquinas, incapaz de discernir entre el bien y el mal? La respuesta no es fácil y quizá hoy en día Alemania, y el resto del mundo, continúa intentando descifrarla –y la historia reciente nos ha mostrado otras cosas en los que la indiferencia ha sido la peor cómplice.
Creo que Hanna es un analogía de la guerra –así como ésta destruyó y marcó a una generación, así esta mujer marcó a Michael por siempre. Aunque pasaron los años, él jamás aprendió a ser feliz tras perderla –obsesión, amor, no resulta claro– pero lo que fuera, la esencia de Hanna siempre lo persiguió y no le permitió amar verdaderamente a otra mujer. Cuando la reencontró, no sólo recordó la relación amorosa sino que Hanna le hizo enfrentar la historia de su país, de culpas, de crímenes innombrables con el resultado determinante de que Michael nunca pudo ser genuinamente libre.
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Inquilinas_Netherfield
 03 septiembre 2018
Después de una semana de vacaciones blogueras, que ya tocaba, vuelvo con El lector, una historia que conozco desde hace años porque vi la película que la adaptaba en el momento de su estreno (diez años han pasado ya). Me gustó mucho, y llevaba tiempo detrás de leer la novela. Se me ha presentado la oportunidad gracias al reto Serendipia, y las oportunidades hay que pillarlas al vuelo.
La narración, en primera persona, corre a cargo del protagonista de la novela. La historia comienza cuando Michael Berg, un adolescente de quince años, conoce por casualidad a Hanna, una mujer que le dobla la edad y con la que pronto comienza una relación secreta y a escondidas, viéndose casi siempre en el pequeño apartamento de ella. Siguen una pauta muy determinada (primero se bañan o duchan, luego tienen sexo y después Michael le lee a Hanna clásicos de la literatura, aunque el orden de estas tres cosas comienza a variar conforme avanza la relación) hasta que de repente un día Hanna, de la que apenas sabe nada, desaparece sin dejar rastro y sin despedirse. Años después, mientras Michael estudia Derecho, comienza un juicio contra varias mujeres acusadas de matar a cientos de prisioneras durante su época de guardianas de la SS en campos de concentración. Michael asiste a las vistas de ese juicio como parte de un seminario y, en la primera sesión, reconoce a Hanna entre las acusadas. Michael jamás superó el abandono de Hanna, y este juicio no solo le obliga a enfrentarse a un pasado que todavía no ha superado, sino que le ayuda a comprender a una mujer de la que se enamoró apasionadamente, que le marcó para siempre, pero a la que jamás llegó a conocer.
En realidad son tres los tiempos de narración que aparecen en la novela, y que corresponden a tres etapas en la vida del protagonista: cuando es adolescente y conoce a Hanna, cuando ya es un adulto universitario y la reencuentra en el juicio, y cuando ya es un hombre que ronda los cincuenta años y decide retomar el contacto con ella, y que es en realidad el narrador en modo retrospectivo de toda la trama. Así que por un lado tenemos a Michael, un adolescente de 15 años inexperto que vive su relación con Hanna con una pasión y una intensidad propias de su edad. Vive esos meses de un modo tan profundo que, cuando Hanna desaparece de su vida, es incapaz de volver a sentir lo mismo por otra mujer e incluso de volver a confiar y entregarse plena y emocionalmente a nadie. Vive, pero su alma se quedó en aquel pequeño apartamento para siempre. Cuando Hanna reaparece, y lo hace en las circunstancias en las que lo hace, comprende cosas que su inexperiencia e ingenuidad vitales le impidieron sospechar en su momento, aunque las evidencias estaban ahí, con luces de neón. El lector las intuye desde el principio; Michael simplemente es demasiado joven y está demasiado cegado por su despertar sexual como para reparar en ellas.
Por otro lado está Hanna, a la que realmente no llegamos a perfilar hasta su reaparición en la vida de Michael. Sí, antes está ahí, pero solo es una mujer de treinta y seis años que mantiene una relación con un adolescente de quince, que le pone como condición la lectura en voz alta de clásicos para tener sexo con él, y que llora, sufre, se emociona y vive la literatura con una sensibilidad tan intensa y pura que parece estar solo al alcance de unos pocos privilegiados. La Hanna que conocemos muchos años después se desvela como una mujer que ha vivido toda su vida avergonzada, y cuya vergüenza, ese orgullo por ocultar a ojos del mundo sus carencias, la ha llevado a la fatal situación en la que se encuentra. Hanna es una mujer muy, muy compleja a la que el autor no nos deja conocer del todo; solo captamos destellos, detalles, pinceladas recogidas aquí y allá por la visión de Michael, pero suficientes para hacer que el lector vislumbre los grises en situaciones que a primera vista pueden parecer de blancos y negros, y busque en su interior un perdón o una compasión que a priori le parecerían impensables.
Sí quiero puntualizar una cosa sobre esta novela. El lector forma parte de los programas de estudios alemanes casi desde su publicación, así que resulta evidente que hoy por hoy se toma como base para estudiar la Alemania de la posguerra y adentrarse en cómo se enfrentaron a aquellos años tanto la generación que vivió la guerra (y consintió todo lo que ocurrió en ella, ya fuese de forma activa o pasiva) como la siguiente generación, la de sus hijos, que bregan con la noción de que sus padres, sus abuelos, sus familares adultos, supieran lo que estaba pasando y mirasen hacia otro lado. Tal y como digo, el componente de la Segunda Guerra Mundial es evidente e inevitable... pero no es un libro sobre la Segunda Guerra Mundial. Es la historia de Michael, la historia de Hanna, la de ambos juntos y la de ambos por separado, sobre todo la de Michael post-huracán Hanna, un huracán del que jamás se recupera, y la de Hanna y sus malas decisiones provocadas por el orgullo mal entendido y la vergüenza mal gestionada. En esencia es una historia de amor diferente y triste, y no solo de amor entre dos personas, sino hacia los libros... un testimonio sobre el perdón y la indulgencia, y, en definitiva, una lectura muy, muy recomendable de la que he intentado no decir nada más de lo conveniente, aunque quien haya visto la peli ya sabe por dónde van los tiros.
Y es que os iba a hacer una reseña combo, pero después de leer el libro la considero innecesaria porque la adaptación de 2008 es de esas que siguen casi al pie de la letra la novela original, así que poco os podría comentar que no haya dicho sobre el libro en sí mismo. de todos modos no puedo dejar pasar que el trío protagonista está fantástico (el Oscar a Kate Winslet fue más que merecido), y que la película en sí, dirigida por Stephen Daldry, es una buenísima adaptación de la novela. Dejando a un lado el hecho de que la novela está narrada en primera persona y que eso es imposible trasladarlo a la pantalla, el 85% del libro está ahí (aunque tras leerlo admito que echo en falta algunas escenas que en la película no aparecen y que son muy importantes en la historia). Veréis por las fotos que la tengo original, y la verdad es que ocupa mi estantería desde hace años; es una muy buena película :)

Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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Edd62
 04 febrero 2022
La verdad nunca nos hará libres, pues cada verdad nos ata a un pasado que sólo el implicado puede darle forma.
Así mismo, la capacidad de leer y escribir, el alfabetismo constituye una forma más de atadura al ceñirnos al contexto de las palabras y limitar, encuadrar y justificar tanto nuestros actos como los de los demás.
Cada capa de pasado se va adhiriéndo a las siguientes con la persistencia de la inexorabilidad y la imposibilidad de modificarlas.
La capacidad de leer, vista como una necesidad imperativa impone condiciones que establecen otra forma de marginalidad. La del analfabeto, sobre todo en virtud de que este cuando de un adulto se trata, procura ocultar su deficiencia, y debe aprender toda una serie de conductas, de diseñar artilugios sociales que impidan mostrar su tara. Que es más pesada cuanto más profundiza en la sociedad.
Esto no justifica, ni aclara, pero acerca a la comprensión en la comisión de ciertos actos desde injustos hasta execrables.
Lo cierto es que la lectura ha hecho converger a su alrededor las conductas humanas, dotándolas de un sentido, orientando y guiando el derrotero de las mismas, al tiempo que establece códigos de comportamiento y soslaya otro tipo de “ lecturas “ que podrían establecer una mayor empatía entre los seres humanos.
Schlink aclara que nada justifica actos inhumanos como los acontecidos en torno al holocausto, pero deja entrever que esa ausencia de empatía, esa carencia en la interpretación de otros códigos lleva a la marginalidad, a la toma de decisiones que son nocivas, pero que se presentan como las únicas posibles para alguien marginado por el analfabetismo.
Si bien la novela implica otras cuestiones ; desde la historia de amor , la emotividad y liberación que traen a Michael estos encuentros furtivos, la secuencia en tres actos de la relación, desde su inicio en la juventud, su reencuentro durante su era universitaria, donde se avergüenza, se culpa y teme no saber como actuar, por lo cual decide alejarse,a la edad adulta, donde pretende haber dejado atrás esa etapa pero nunca la podrá olvidar. La perspectiva de Hanna, opacada por su condición de analfabetismo soterrado para no resultar más marginada, prefiriendo aparecer como monstruosamente culpable, el hecho legal que pretende imputarse ( en versión de otras reseñas ) por ser él un joven de 15 años y ella una mujer mayor, a pesar de que la elección es suya, y por ende las consecuencias, que permean en todas las circunstancias futuras. Preñadas de lo mismo, culpa, vergüenza, miedo y por supuesto, auto justificación. Igual la historiade amor y lectura termina sepultada por la avalancha de tristeza y nostalgia que se perciben en cada etapa. Y por supuesto la cuestión nazi y su genocida participación.
Al narrar la historia del lector, un joven que fácilmente cae en el arrobamiento ante una mujer mayor, con la única pretensión de haber encontrado el amor donde solo hay sexo, se convierte en un lector para ella, sin indagar el porque. Años más tarde y durante un juicio a participantes de campos de exterminio se reencuentra con Hanna aunque no entra en contacto con ella, solo años más tarde comprende que es analfabeta, condición que siempre ha ocultado, en un arrebato de culpa, busca expiación enviándole a la cárcel cintas grabadas de lecturas que modifican la conducta de Hanna guiándola hacia la luz de la alfabetización.
Con un final triste, aunque creo que toda la novela esta impregnada de tristeza, esa tristeza que la incomprensión, la falta de empatía, la carencia de humanidad y los actos execrables en contra de otros seres humanos pueden generar.
Rememorando a JohnDonne reinmortalizado por Hemingway.” La muerte de cualquier hombre me disminuye ....”
La película es visualmente impactante, aunque cambia el contexto al asociar la historia de amor con tintes filosóficos,que resultan exagerados. Pues como menciona Schlink “ los sentimientos son irrelevantes y solo es importante lo que llegamos a hacer “ lo que se ve reflejado en la distante actitud de un Michael maduro , en fin, Lord Voldemort carece de sentimientos.
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Citas y frases (15) Ver más Añadir cita
meylingbruzualmeylingbruzual29 julio 2022
Siempre he tenido la sensación de que nadie me entendía, de que nadie sabía quién era yo y qué me había llevado a la situación en que estaba. Y ¿sabes una cosa? Cuando nadie te entiende, tampoco te puede pedir cuentas.
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meylingbruzualmeylingbruzual29 julio 2022
Los estratos de nuestra vida reposan tan juntos los unos sobre los otros que en lo actual siempre advertimos la presencia de lo antiguo, y no como algo desechado y acabado, sino presente y vivido
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meylingbruzualmeylingbruzual29 julio 2022
No olvidé a Hanna, desde luego, pero en algún momento su recuerdo dejó de acompañarme a todas partes. Quedó atrás, como queda atrás una ciudad cuando el tren sigue su marcha
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meylingbruzualmeylingbruzual29 julio 2022
cuando nos abrimos, tú a mi y yo a ti, cuando nos sumergimos, tú en mi y yo en ti, cuando nos olvidamos, tu en mí y yo en ti. Sólo entonces yo soy yo y tú eres tú
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meylingbruzualmeylingbruzual29 julio 2022
Ser historiador significa tender puentes entre el pasado y el presente, observar ambas orillas y tomar parte activa en ambas
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