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ISBN : 958525090X
Editorial: Angosta Editores (13/01/2020)

Calificación promedio : 4.25/5 (sobre 4 calificaciones)
Resumen:
Treinta escenas caleidoscópicas arman esta novela testimonial. En ella asistimos al asesinato del padre de la narradora a través de los ojos atónitos de la niña que fue. La novela formula e intenta contestar una pregunta que nadie ha podido responderle a la hija, ni a su madre, ni a sus hermanos: ¿Pueden 35 gramos de acero y un gramo de pólvora
destrozar una familia?
El tono del libro es al mismo tiempo seco, contenido y conmovedor. Es sincero, a veces... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (4) Añadir una crítica
gustavoadolfo
 22 abril 2020
Razones para leer Cómo maté a mi padre, de Sara Jaramillo Klinkert (Medellín: Angosta Editores, 2019, 255 p.).
Para empezar, debemos decir que esta es una novela “testimonial” en la que la autora narra el asesinato de su padre, en la década de 1990, en Medellín (Colombia). Es decir, se trata de una historia que transcurre en la época del narcotráfico. Sin embargo, también debemos decir que esta novela no se detiene a develar las causas del asesinato, ni tampoco presta atención a las potenciales investigaciones y ni siquiera detalla —lo suficiente— la escena del crimen. No. Esta novela enfatiza en la tragedia de los que sobreviven, la tragedia familiar que consiste en la necesidad de intentar olvidar al padre para poder vivir con menos dolor.
En contraposición a la violencia ocasionada por el narcotráfico, esta novela cuenta la historia de otro ‘crimen', el que cometen los familiares de la víctima, exactamente su hija (es el ‘crimen' que intentamos cometer todos al perder a alguien). La niña de once años mata a su padre ignorando el tema de su muerte, desviando la conversación, intentando olvidarlo y —en general—, haciendo todo lo necesario para que el padre se convierta en una sombra, en un fantasma, en un mero nombre y en un recuerdo. de esta manera, un día cualquiera se percata de que ya no recuerda su voz, ni tampoco su rostro; incluso, un día dudará de su verdadera existencia pasada. Ahora bien, junto con el personaje aprendemos que nadie olvida así de fácil y que —por el contrario—, lo que se intenta olvidar se recuerda de manera más fácil e intensa.
Aunque la novela se centre en la tragedia interna que sufre la protagonista, la violencia del suceso impacta en su vida diaria; de allí —por ejemplo— su miedo a las motos (vehículo utilizado por los sicarios), y de allí también la precaución de —en carretera—, cambiar constantemente de camino. Las consecuencias de la violencia se eternizan y por ello surge la tristeza en los personajes al no poder visitar la tumba del padre, ante nuevas represalias de los asesinos; y también se patentiza la violencia en el conocimiento exacto de saber que la tumba de un hombre que podaba su jardín será invadida —irremediablemente— por la maleza. Esta misma violencia se interioriza y se hace cicatriz en la protagonista, por ello esta novela es la historia de una niña que se come las uñas porque le mataron a su papá.
En términos composicionales, la novela se divide en treinta narraciones cortas. Para mí son como imágenes tituladas, que además resultan independientes y conclusivas. Su lectura total permiten la comprensión de la conciencia —contradictoria y paradójica— de su narradora. de entre todas sus páginas prefiero las que pertenecen a las primeras narraciones, las que cuentan con la focalización de la niña de once años, una narración llena de suposiciones infantiles, divertidas y melancólicas al mismo tiempo. En ellas se cuenta la historia de la niña que, de la noche a la mañana, se convirtió en madre de cuatro hijos (sus hermanos) y que, también de un solo tirón, pareció crecer treinta años. Es la historia de una niña que tiene que vivir en un mundo de adultos; así, desde su particular punto de vista, los mayores que se reúnen a llorar la muerte se le parecen a un bosque de piernas; de la misma manera en que el día del entierro no quiere que nadie la consuele porque, quizás, arruinen su chaqueta de satín.
Es la misma historia de la niña que se intoxica con cuarenta chocolatinas, quien además supo predecir la muerte de su hermano y la historia de la niña que quiere ser una flor para ser lanzada en el hueco del ataúd de su padre. Ahora bien, la tragedia de olvidar al padre también consiste en recordarlo, en tenerlo todos los días, por lo menos durante los primeros diez segundos de cada mañana, justo al despertar, antes de ser consciente de que fue asesinado.
Por otro lado, existe en la novela una segunda voz, la llevada a cabo por la mujer adulta que —pese a todo el dolor del recuerdo— ha logrado sobrevivir. Las apariencias engañan y por ello la mujer adulta encuentra rasgos de su padre en sus amantes; y por ello también el padre se convierte en tema de la novela que leemos, la novela que la protagonista intenta escribir. Incluso intentándolo, el recuerdo del padre siempre sobreviene, y la novela que leemos es el primer esfuerzo de la niña que —ahora convertida en mujer—, también quiere ser escritora. En este sentido, recordé La invención de la soledad (1982), de Paul Auster; otra novela sobre la muerte del padre en la que el narrador declara: "supe que tendría que escribir sobre mi padre. No tenía ni plan ni una idea precisa de lo que eso significaba; ni siquiera recuerdo haber tomado una decisión consciente al respecto. Pero la idea estaba allí, como una certeza, una obligación que comenzó a imponerse a sí misma […]".
A mi parecer, la voz utilizada para focalizar a la mujer no es tan consistente como la voz que se permite ver el mundo con los ojos de la niña. Ahora bien, a pesar de ello considero que el tono intimista de la narración se sostiene en gran parte de sus páginas. Es una novela que posee algunos lugares comunes, ¿pero qué vida no está llena de lugares comunes? En este sentido, la novela descubre la tragedia diaria y las pocas herramientas con las que todos contamos para sobrellevar la pérdida. Es una novela sincera que no teme decir algunas verdades incómodas sobre nuestra condición humana, especialmente sobre nuestras bajezas (como hijos, como hermanos...).
El tema de la novela recuerda, directamente, la obra El olvido que seremos (2005), de Héctor Abad Faciolince; a quien la autora le agradece de manera expresa. No sobra indicar el hecho obvio de que la obra aparece, por primera vez, bajo la editorial del escritor. Asimismo, no sobra decir que la edición material de la novela sobresale por su calidad y belleza; la obra pertenece a la colección Lince, en la que se suceden las obras de talentos recién descubiertos.
Para terminar, me gustaría decir que la novela cuenta con un personaje secundario, Catalina, quien ayuda con los trabajos de la casa; esa misma casa en donde Dios siempre vigila, pero se olvida de ayudar. El personaje de Catalina logró concentrar toda mi atención en cada una de sus apariciones. Ella es una especie de chivo expiatorio de las travesuras infantiles y también de todas las debilidades de los dueños de la casa. Siento que Catalina es un personaje muy bien logrado, y dada esta propensión sentí que la narración no le hace justicia cuando se marcha de la casa, cuando sencillamente desaparece de la historia. Ella es otra pérdida más para los integrantes de la familia, y —personalmente—, me hubiera gustado encontrar un mayor desarrollo de su historia.
Sara Jaramillo, la autora, es periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana y Magíster en Narrativa de la Escuela de Escritores de Madrid. Autora del relato “La planta carnívora”, publicado en la revista La Rompedora. Cómo maté a mi padre es su primera novela, cuya segunda edición aparecerá bajo el sello de la Editorial Lumen (2020).
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JusstRead
 31 marzo 2020
Como maté a mi padre -Sarah Jaramillo 5/5
Este es un libro testimonial, la autora nos lleva por un recorrido de su vida, desde que era niña y su vida cambia radicalmente, al ser su padre asesinado. No cuenta lo que es sentir que te arrancan a alguien amado de tu lado, cómo impacta a una familia, como se crece con el dolor, cómo es enfrentarse a la pérdida. En su testimonio conocemos a sus 4 hermanos, su madre, a Catalina que los ayudaba en casa, también conocemos su casa. Aunque la casa o es un personaje, es un lugar peculiar y es epicentro de muchos acontecimientos.
Este libro me conmovió, me enamoró , me atrapó desde el comienzo. La prosa de la autora es sencilla, sin ser simple, es melódica, es hermoso leer cómo usa cada palabra, cada metáfora para contarnos lo que sucedió, lo que sintió. Te lleva a sentir e imaginar perfecto lo que está en el papel, porque está escrito con una sensibilidad increíble.
Sin haber vivido una situación parecida, en el libro uno encuentra ciertos pensamientos y reflexiones con las cuales me sentí íntimamente identificada. Eso hizo que se hiciera un lazo imaginario ente el libro y yo, porque me pude encontrar entre las páginas. Me encanta eso de leer, que también te ayuda a aclarar cosas internamente.
Los personajes que encontramos en la historia, no son más que la familia de la autora, completamente reales; entonces está lleno de todas esas ocurrencias e inocencias cuando niños y todas esas confusiones, enfrentamientos, problemáticas de adolescentes y adultos.
Sarah se siente muy honesta entre estas páginas, al final es una historia triste y se sienta también injusta. Sobre todo cuando vuelves y recuerdas que no es ficción, que es una verdad que una familia vivió y que no es la única, que en este país les ha pasado a muchos y que aún sigue pasando.
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velandiaquijano
 17 mayo 2020
Si buscan la respuesta al título de de la primera hoja, tendrán que esperar muy pacientemente hasta el final. Así es como Sara Jaramillo Klinkert ha estructurado su historia, una serie de escenas de su vida que narran descarnadamente su vida y su familia, sus tragedias y sus alegrías. Es un recorrido por la vida de una familia marcada por la violencia de un país que marcó a toda una generación. Es una historia de una niña que perdió a su padre de manera inesperada y abrupta, que aprendió a ser también mamá de sus 4 hermanos y a madurar a los golpes (Y no es literalmente).
El título de este libro fue lo que más me atrajo desde el comienzo, pensé que iba a ser una cruda revelación de la culpabilidad, pero me equivoqué. Y me alegra haberlo hecho. Este libro es un corazón abierto, un diario sin censura de una vida como pocas en un país donde todos hacemos lo que podemos.
Siento que conozco a la familia Jaramillo Klinkert al terminar la última hoja, que las revelaciones de su única hija los hace vulnerables y desnudos frente a los lectores, y a la vez los hace humanos, cercanos, hermosos. La vida de esta familia en una casa que parece sacada de una historia de realismo mágico vive ahora en estas hojas, porque "uno es de los lugares que extraña, no de los que habita". Y merece ser leída, con todo y su delicioso final agridulce, que cierra la profunda reflexión de la autora acerca de sus éxitos y errores, "porque hay que estar vivo para estrellarse alguna vez"
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Tefi
 08 agosto 2020
Está escrita en primera persona. Es una novela muy conmovedora, tanto desde la tristeza y desolación por la pérdida del padre de la protagonista, como desde la ternura de los recuerdos de tantos bellos momentos y anécdotas familiares. En esta combinación de sentimientos, terminé la lectura con ganas de abrazar a la autora. Una novela que recomiendo mucho.
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Citas y frases (6) Ver más Añadir cita
velandiaquijanovelandiaquijano17 mayo 2020
Los pájaros no pueden mirar hacia atrás, supongo que necesitan hacerlo hacia adelante para poder volar sin estrellarse con los ventanales. Y sin embargo se estrellan, porque hay que estar vivo para estrellarse alguna vez
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velandiaquijanovelandiaquijano17 mayo 2020
Cuando alguien se muere, uno tiende a aferrarse a los recuerdos, a unir los retazos. Es una lucha constante contra el olvido a sabiendas de que no hay manera de ganarle
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loslibrosdejessloslibrosdejess18 septiembre 2020
Uno no acepta la ausencia, pero termina por acostumbrarse a ella.
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velandiaquijanovelandiaquijano17 mayo 2020
Uno es de los lugares que extraña, no de los que habita
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velandiaquijanovelandiaquijano17 mayo 2020
Las mejores enseñanzas de la vida se reciben de quien uno menos espera
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Videos de Sara Jaramillo Klinkert (2) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de  Sara Jaramillo Klinkert
Mesa redonda 'Del manuscrito a las librerías: gestión y pasión'.
En esta coyuntura de crisis global, que parece afectar todas las esferas de la actividad ciudadana, nuestra conversación se propone explorar los nuevos escenarios del libro en el ámbito de la lengua con la participación de una autora novel, un gestor cultural y dos editores independientes, quienes aportarán experiencias y propuestas para la construcción de una cartografía alternativa del sector del libro en la región.
Participantes: - Simón Ergas, editor chileno y cofundador de la Pollera Ediciones y director de la Furia del Libro. - Sara Jaramillo Klinkert, escritora colombiana. - Carlos Rod, editor de ediciones La uÑa RoTa. Modera: Juan Casamayor, director de la Editorial Páginas de Espuma.
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