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Crítica de lector_salteado


lector_salteado
29 enero 2020
Libro posmoderno incrustado en la génesis de la modernidad. El porno de Sade es aburridísimo. Es reiterativo, predecible, tedioso. Se nota que ahí hay narrativa onanista, arte por el arte. Nada interesante por ese camino, salvo que el lector sea militante sadiano. El interés va por otro lado. Hay una lucidez implacable de la época. La modernidad naciente se muestra moribunda. La euforia de lo bueno por venir se vuelve tedio. La Revolución es otra miseria más, quizás más abyecta que el régimen que derroca. Aunque se trata de una novela, sus métodos son los del teatro y sus fundamentos estructurales son ensayísticos. Es entonces teatro, novela, ensayo. Es política, historia, filosofía. Cuando la lectura se desplaza desde el porno hacia las formas y las ideas, entonces se vuelve interesante. de hecho, se vuelve epifánica. Otra forma de decirlo: La teoría de Lacan sobre la perversión está completamente equivocada. Es pura impostura histérica. En cambio, la teoría de Horkheimer y Adorno se vuelve persuasiva. El tándem Sade-Kant de Lacan es idiota. El Sade-Kant de la Dialéctica de la Ilustración es un bombardeo Blitzkrieg de intuiciones estéticas. Si la antorcha de la filosofía nos ilumina -como dice Sade con insistencia-. 1) Lacan dice que la perversión de Sade consiste en angustiar al otro. En este libro queda claro que la angustia del otro no le importa para nada a los libertinos. Se trata de su propio placer, el otro no cuenta, ni angustiado ni no angustiado. 2) Lacan dice que el perverso no acepta la ausencia del falo en la madre. O algo así. Y que se pone a sí mismo en ese lugar de falo ausente insoportable. Los libertinos de este libro no funcionan así. Sólo quieren placer epicúreo. Lo dice explícito el maestro de ceremonias. 3) Lacan dice que los perversos hacen lo que hacen como una escenografía, como una puesta en escena, para que lo mire el Otro. Esto es estúpido. Los libertinos de Sade no tienen esa estructura. Ni escenario, ni secreto. No importa nada, sólo el placer sexual que hace del otro un objeto. No ofrendan nada, sólo quieren lograr lubricidad. En síntesis, creo que éste es un libro brillante. Converge en Sade la viciosa compulsión narrativa con una lucidez extraordinaria del Zeitgeist. Para entender la Revolución Francesa hay que leer a Sade. Para entender la modernidad hay que leer a Sade. La filosofía en el tocador está en plena vigencia. En cada ciudad del retorcido mundo del siglo XXI. Aunque no todos seamos victimarios, ni víctimas. No se trata de eventos. Es una lógica. El asunto es más hegeliano. Es lo que explicaron Horkheimer y Adorno en la Dialektik der Auflklaerung. Esto es mucho más temible que las escenas teatrales de este libro, llenas de anatomías, excesos de lubricidad y crueldad. No importa si sos un proletario o un oligarca. No importa si sos una doncella francesa adolescente del dieciocho o un gastado libertino subdesarrollado del veintiuno. No importa para nada. Sin embargo, estás en el boudoir sadiano. Aunque no te hayas dado cuenta.
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