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Crítica de MarioG17


MarioG17
11 febrero 2020
«Claro que era verdad, como mi padre siempre decía, que yo había nacido exigente…, pero lo que a mí me pasaba es que no sabía muy bien por qué estaba en el mundo», dice Mercè Rodoreda en La plaza del diamante a través de la protagonista. El pasado 10 de octubre se cumplieron 111 años del nacimiento de la escritora catalana, que estuvo en este mundo para dar a luz obras literarias como la que ahora nos atañe.
La plaza del diamante, publicada originalmente en 1962, se presenta en esta edición más reciente de Edhasa y traducida por Enrique Sordo como una obra, quizás no la más célebre de Rodoreda, pero sí una de las más reconocidas. Con La muerte y la primavera como obra magna de esta autora y otras de magnífica calidad como Cuánta, cuánta guerra, Rodoreda pone el foco en esta novela en su protagonista, Natalia, aunque más conocida como Colometa.
Narrada en primera persona, la novela comienza hablándonos de Colometa y de cuando conoció al que más tarde sería su marido. Con su madre muerta y su padre casado de segundas y sin apenas relación con ella, Colometa se rinde a un muchacho aparentemente afable que conoce. Pronto, el lector se irá dando cuenta de cómo trata este hombre a Colometa, llegando a levantarle la mano en actitud de pegarle poco después de conocerse y maltratándola psicológicamente también desde antes de casarse.
Con el paso de las páginas, la narración se apacigua y la relación se vuelve rutinaria, con menos referencias a este maltrato, desarrollando la vida de esta pareja que va saliendo adelante con un hijo, una hija y un criadero de palomas. Todo parece ir bien hasta que llega la Segunda República y el marido de Colometa se compromete con el nuevo gobierno. A partir de aquí, la narradora dará un salto temporal hasta la Guerra Civil española, que obligará al marido de Colometa a ir al Frente de Aragón, donde morirá más adelante.
Colometa y sus hijos vivirán penurias y miserias por culpa de la guerra, mientras que el lector podrá contemplar con el paso de los capítulos cómo la tristeza se pasea por la novela, escondida en personajes como Mateu, un amigo de la familia, que se marcha al mismo frente a defender la República, previendo su derrota.
La segunda parte de la novela está anegada de emotividad al tomar un cariz desolador, y las últimas cien páginas son de una tristeza destacable. Con la miseria de la guerra comiéndose los cimientos de sus vidas, Colometa lo pasará mal sin poder alimentar a sus hijos y culpando a la guerra de haber separado a una familia que, mejor o peor, iba saliendo adelante siendo relativamente feliz y manteniéndose unida. La desesperación se entrelaza con la ayuda desinteresada de otros en un paisaje de guerracivilismo que generó pobreza y hambre.
La plaza del diamante existe y está en Barcelona, ciudad natal de Rodoreda y en la que se desarrolla la trama de la novela. Ese es el escenario donde se mueve Colometa y por donde en su día también se movió Rodoreda para luego escribir esta novela. La muerte y la primavera es un emblema de las literaturas catalana y española, y no es para menos. Sin embargo, La plaza del diamante tiene ese encanto narrativo con el eco de la Guerra Civil de fondo y una historia trágica que conmueve al lector.
Esta es una novela que, pese a no ser la más conocida de Rodoreda, está infravalorada, por su incalculable valor humano y sentimental que la historia y los personajes transmiten en sus páginas.
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