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Crítica de Paloma


Paloma
05 octubre 2018
Dos mujeres separadas por casi 200 años, pero con personalidades y destinos similares son las protagonistas de Dios se fue de viaje un libro en parte novela, en parte biografía y crónica escrito por la mexicana Beatriz Rivas.

Este libro nos presenta la vida de Emilie du Châtelet, una matemática y científica francesa del siglo XVIII y quien fuera también la pareja y amante de Voltaire por más de una década, y de Gerda Taro, la primera fotorreportera de guerra en el siglo XX, particularmente en el conflicto de la Guerra Civil española y también pareja del fotógrafo Endre Ernö Friedmann (al final conocido como Capa). Los capítulos se intercalan para narrarnos la vida de ambas mujeres, quienes tenían muchas cosas en común: vivían en Francia, eran sumamente inteligentes y “rebeldes” para su época, cuestionaron el status quo y fueron parejas de hombres con talentos extraordinarios, a quienes amaron apasionadamente y que respetaron su forma de ser y su trabajo. La du Châtelet y la Taro no solo fueron apasionadas con sus parejas sino en su temperamento, en su trabajo y en su vida – Emilie desafió las convenciones al vivir con Voltaire siendo casada, y a pesar de ser madre y dama de sociedad, nunca dejó de trabajar ni ejercer el pensamiento en las ciencias; Gerda era alemana nacida en el seno de una familia judía y muy joven sintió que su religión “le pesaba”; asimismo comenzó a luchar contra el fascismo y la injusticia que comenzaba a echar raíces en Europa y a cuestionar el papel de la religión en general.

Rivas nos va descubriendo la personalidad de ambas mujeres a través de cada capítulo, corto, pero sumamente intenso pues ambas fueron personalidades extraordinarias y compartieron similitudes a pesar de los dos siglos que las separaban. de hecho, la anécdota que conecta a ambas mujeres es que un día Gerda, al visitar un museo en París, descubre todos los documentos relativos a las investigaciones y análisis de Emilie du Chátelet y entre ellos, una carta que ésta la escribió a una amiga, cuyas iniciales son, casualmente, las mismas de Gerda: G.P. (el apellido era Pohorylle). Gerda siente que esa carta fue escrita especialmente para ella y la encuentra en un momento fundamental de su vida, al estar descubriendo su talento para la fotografía y cómo podría utilizarlo para luchar contra la injusticia y los abusos de poder. Esa carta también la hace reflexionar sobre su relación con Endre, o Robert: ambos habían empezado a trabajar juntos, bajo el seudónimo Robert Capa, pero pronto ella empieza a sentir que quizá deban seguir caminos distintos, por lo menos profesionalmente. Gerda comienza a temer también amar demasiado a Capa -cosa en la que se diferencia de Emilie, quien no podía tolerar separarse de Voltaire. Gerda pensaba:

“Necesitaba tomar distancia de ese amor que la tiene tan comprometida. Tan enganchada. Un amor demasiado fuerte que, al mismo tiempo, la atrae y la repele.”

De manera sorprendente, las parejas de ambas eran sumamente comprehensivas, quizá también porque eran espíritus libres y amaban esa característica en ellas: tanto Voltaire como Capa, muchos años después de haberlas perdido, las recordarían como el amor de su vida y no dejarían de lamentar su pérdida. Otra coincidencia es que ambas murieron jóvenes, pero a pesar de ello, dejaron un gran legado tanto en la ciencia como en la fotografía.

Este libro me ha parecido un deleite: estas historias que se leen poco a poco, no porque sean densas o aburridas, sino porque cada palabra tiene un peso, un impacto, que es necesario digerir. A pesar de que siento que mezcla varios géneros como mencioné antes (narrativa, crónica, biografía), dicha mezcla funciona para traer a la vida a dos mujeres extraordinarias cuya vida fue intensa, productiva y plena. Quizá lo único que no me gustó fue que Rivas incluye un detalle sobre la vida de Emilie que no logro entender del todo: ella fue madre de tres hijos, dos varones y una mujer. Fue dedicada con ellos, pero a la mujer la envió a un convento y la casó a los 17 años y no se esmeró en su educación; en cambio, a su hijo mayor sí le brindó los mejores tutores. Incluso la autora señala esta actitud como algo extraño. Si bien esto no define la vida de Madame du Châtelet, no puedo negar que me resultó antipático. Pero bueno, los seres humanos tenemos un grado de contradicción siempre.

Un último comentario -este libro fue regalo de una amiga por mi cumpleaños. La historia de ambas mujeres me era familiar, sobre todo la de Emilie du Châtelet pues hace años, uno de los primeros libros que compré al llegar a la Ciudad de México fue Passionate Minds de David Bodanis, que describe la relación que sostuvo con Voltaire, así como su vida y trabajo. La vida de Emilie ya me pareció extraordinaria desde entonces, así como su relación con Voltaire. de Gerda sabía poco -hace unos años el Antiguo Colegio de San Ildefonso organizó una exposición llamada “La maleta mexicana” en donde exponían fotos inéditas de Gerda y Robert que en 50 años no había visto la luz. ¿La razón? Ante el avance nazi, Robert entregó la maleta llena de rollos a un amigo que terminó en México (nada más y nada menos que el marido de Leonora Carrington) y no fueron reveladas hasta hace poco. La exposición describía brevemente la vida de ambos, pero se centraba obviamente en las fotografías, testamento de la Guerra Civil. Y en verdad no volví a pensar en Gerda hasta ahora a quien veo bajo una luz estupenda.
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