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ISBN : 8898006802
Editorial: ePubYou (25/11/2014)

Calificación promedio : 4.25/5 (sobre 4 calificaciones)
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Críticas, Reseñas y Opiniones (3) Añadir una crítica
IvanValenciaA
 03 abril 2019
Sin novedad en el frente cuenta la historia de un grupo de soldados alemanes en las trincheras del frente occidental durante la Primera Guerra Mundial. Paul Baümer, narrador y protagonista, nos relata la vida de estos hombres desde sus ocupaciones previas a la guerra que abandonan para enlistarse, hasta su vida y su muerte en las trincheras. Es un relato crudo y directo, esencialmente descriptivo pero sin dejar de lado la introspección y el estado psicológico de los soldados que con cada día de guerra se hace más endeble. Por estas páginas se encontrará el patriotismo, el heroísmo, el horror, el desengaño de los soldados en el frente, se encontrará la tensión vital de hombres jóvenes que queriendo vivir son mandados a morir por razones apenas defendibles y generalmente absurdas o inexistentes. La mayoría de estos hombres no pasan de los veinte años.
Erich María Remarque, seudónimo de Erich Paul Remark, dice a propósito de su novela las siguientes palabras: ¨Este libro no pretende ser ni una denuncia, ni una confesión. Pretende únicamente mostrar una generación que fue destruida por la guerra, aunque escapara a las granadas¨. Es preciso traer estas palabras porque constituyen la más fiel descripción de lo que es esta obra. No es una obra reivindicativa, su único fin es describir la situación de los hombres que murieron en las trincheras de la Gran Guerra. No obstante, esta novela se constituyó, en el periodo entre guerras y en el periodo posterior a la segunda guerra mundial, en el paradigma de la literatura antibelicista que avivó los movimientos pacifistas de la época. Pretendo pues analizar el porqué de esta ascensión a paradigma de esta obra y reflexionar sobre algunos temas particulares a partir de tres grandes núcleos discursivos que a mi parecer están presentes en el desarrollo de la novela.
Antes de mencionar estos núcleos son válidas algunas palabras acerca de quién es Erich Paul Remark. Este autor nació con la muerte del siglo XIX, en 1998. Creció en la convulsa sociedad del Imperio alemán, bajo el mando del Kaiser Guillermo I. En 1916, teniendo 18 años, se ve obligado a abandonar sus estudios y es incorporado como soldado en el frente occidental. Servirá como soldado a Alemania hasta el final de la guerra en 1918. Cuenta que llegó a ser gravemente herido, pero al recuperarse de nuevo regresó al frente. Estos detalles son importantes porque le dieron la experiencia necesaria para narrar con verosimilitud cada uno de los escenarios y situaciones presentes en la novela: la experiencia del cuartel y el entrenamiento, del frente de batalla, de la retaguardia, de los hospitales militares; pudo ver la guerra desde fuera y vivirla en las trincheras, sintió la sangre del contrario deslizándose por su bayoneta hasta su mano y vi sus muecas tratando de aferrarse a la vida que se escapaba con su sangre. Estos sucesos le marcaron profundamente. La reflexión, el insomnio, los fantasmas de sus camaradas y de sus enemigos muertos, lo llevaron a publicar Sin novedad en el frente en 1929, el pleno ascenso del Nazismo al poder. El régimen Nazi prohibió su libro, fue quemado en las piras de libros y él debió exiliarse hasta el fin de la segunda guerra.
¿Qué tiene esta novela que causo tantas y tan variadas reacciones? A mi parecer los tres núcleos pueden dar respuesta a esta cuestión y a las ya planteadas; los núcleos discursivos son: A) La percepción de la guerra y su significado para cada uno de los distintos actores, B) La deshumanización de los soldados dentro de la estrategia militar, C) La psicología de los soldados y sus reflexiones.
A lo largo de la novela se encuentran varias reflexiones y varias escenas a propósito de una doble y hasta triple percepción de la guerra. Por un lado la guerra que ven los intelectuales, académicos, los científicos; por otro lado la guerra que ve la sociedad civil; y por último la guerra que viven los soldados en el frente. Aquí hay ya una ruptura sustancial, los primeros solo se imaginan la guerra, los últimos la viven y sufren sus peores consecuencias. En el primer capítulo Paul, junto con sus compañeros de clase y ahora camaradas, recuerdan a Kantorek, su profesor, quien con un discurso patriótico e incendiario, termina por convencerlos a todos de enlistarse en grupo. Entonces todos estos jóvenes combatientes tenían una visión de la guerra idealizada y romántica. Pensaban en la heroicidad, en el valor y la razón de su proyecto como sociedad, en la maldad intrínseca del enemigo. Pero van al frente y se dan cuenta que el mundo que les ha pintado su profesor se derrumba con el primer bombardeo. Paul reflexiona en algún momento que desde afuera la guerra son solo palabras en un discurso, abstracciones, pero en la trinchera, dice, se experimenta todo el horror que encierran estas palabras.
Desde fuera las mentes abstraídas, intelectuales y científicos, sueñan con grandes proyectos políticos e imperiales, con el avance técnico para matar, con la eficiencia de las nuevas armas y las estrategias que deben llevarse a cabo para lograr la victoria. Por esta razón Paul le dirá a su profesor de gramática, cuando estando de permiso en su ciudad se topa con él, que la guerra no se parece en nada a lo que uno se imagina. Igual respuesta hay para viejos conocidos con los que se encuentra, hasta para su mismo padre. Toda la sociedad civil, se permea de los discursos de las mentes abstraídas y no pueden comprender el horror que sus hijos experimentan en el frente de batalla. Baümer pensará que solo el hospital es un testimonio auténtico de lo que es la guerra. Aunque también se expresa una división en la percepción de la guerra que tienen ricos y pobres. Así, por ejemplo, en el capítulo I se dice: ¨Los más razonables eran, sin duda, la gente sencilla y pobre; en seguida consideraron la guerra como un desastre, mientras que, por el contrario, los acomodados no cabían en su piel de alegría; y sin embargo ellos, mejor que nadie, hubieran podido prever las consecuencias¨.
Quienes morían en las trincheras eran los más humildes sin importar la nacionalidad o el bando. Aquí nos encontramos con el segundo núcleo: la deshumanización de los soldados. Tenemos esta primera realidad, morían los pobres. Albert, Muller, Leer, y Baümer, eran solo estudiantes de familias de clase media-baja. Tjaden era cerrajero, Westhus era minero, Detering un campesino, Katczinsky era un experto en diversas artes manuales. En estos personajes, todos integrantes de una misma compañía, se refleja la tendencia general. Los únicos en el ejército que provenían de clases acomodadas eran quienes nunca estaban en el frente de batalla. Una absurda lógica que opera aquí es que un soldado es absolutamente prescindible, reemplazable, un general no. El valor de la vida no se sopesa en sí mismo sino en función y posibilidad de la confrontación. En la primera guerra mundial esta desvalorización de la vida del soldado se acentúa. Antes del desarrollo de los modernos ejércitos y sus armas el guerrero ocupaba un lugar especial en la sociedad, su preparación era vital y pasaba años aprendiendo técnicas que lo harían el mejor guerrero posible; claramente perder uno de estos hombres era trágico, porque era irremplazable.
Pero en esta guerra el guerrero no vale tanto como la cantidad de hombres y la calidad y efectividad de las armas. Iniciando la novela se ve como parte una compañía de 150 hombres y solo regresan 80. Más adelante parten, nuevamente, 150 hombre y solo regresan 32. Siempre regresan los veteranos que mueren poco a poco, pero resisten más. Los reclutas que los reemplazan, apenas entrenados, son presa fácil para el enemigo. La guerra se alarga y cada vez los soldados están menos preparados y son demasiado jóvenes o demasiados viejos, lo mejor de varias generaciones ha desaparecido.
En algún momento Baümer ve pasar un grupo de soldados en columna y piensa que esos soldados ya no son hombres, son una columna. Así ellos no son hombres sino una compañía, no son hombres sino soldados. Opera una disolución del yo, desde afuera objetivando a los individuos y desde dentro aniquilando la individualidad. Cuando inicia el adiestramiento del grupo de estudiantes, Himmelstoss, quien está encargado de esta labor, se presenta como la encarnación y realización de este proceso. Apenas entran en el cuartel estos hombres asisten a una distinción que es también transición entre un ciudadano y un soldado. En el capítulo V, mientras hablan de los castigos en el ejército, mencionan que antes algunas faltas llevaban al infractor a ser atado a un árbol pero para entonces ya se había prohibido pues ¨a veces nos tratan como seres humanos¨, afirma Baümer. Todo este proceso, paradójicamente, termina siendo efectivo para sobrevivir en las trincheras. Cuando son atacados por la infantería francesa, luego de tres días seguidos de bombardeos, apenas alimentados, dicen, solo continúan porque son autómatas; un hombre común en su lugar se tendería simplemente, pero ellos luchan.
Ya se ha tendido el lazo con el tercer núcleo. La pregunta que se podría hacer acerca de por qué siguen luchando estos hombres en tan extremas condiciones tiene respuesta en la novela. Además de la automatización del soldado, opera en él lo que Baümer denomina el instinto bestia en el combate. Dice en el capítulo IV: ¨En el camino somos soldados, en el frente somos hombres fiera¨. Esta transformación tiene que ver con el afloramiento del instinto que se da en el combate y que es lo único seguro que tienen para tratar de sobrevivir. Este instinto irreflexivo los hace defenderse a toda costa y matar, con odio y rabia, sin pensar, sin ver, al hombre humilde, que idéntico a ellos, solo viste un uniforme diferente. En el capítulo VI, tratando de contener un ataque de infantería francés, piensan estos hombre que las granadas y tiros que dirigen hacia sus atacantes no va dirigido a hombres sino a la muerte que con esta masa de cuerpos que agitan las manos trata de alcanzarlos. Así mismo no son ellos quienes atacan sino la bestia, el instinto puro.
No obstante la irreflexión que se da en estos momentos, el soldado en sus momentos de sosiego regresa a su humanidad. Hay dos situaciones en la novela que ponen a esta humanidad en el borde del abismo. Una ocurre cuando un joven recluta es alcanzado por un explosivo y queda gravemente mutilado. Baümer y Katczinsky se preguntan si no es mejor terminar ese sufrimiento y dispararle en la cabeza con el revólver. Cuando han tomado esta determinación aparecen otros soldados y en su presencia se cohíben. Pensaban que era seguro que no sobreviviera, sin embargo viviría un par de días de dolorosa y larga agonía. Esa decisión era, quizá, una determinación que tenían para ellos mismos. La otra situación es cuando tras un bombardeo varios caballos quedan heridos y mutilados. Su gemir desgarrador, desesperado, genera un profundo desasosiego en los soldados del frente. Acostumbrados a ver morir hombres, a oírlos gritar de dolor, no pueden soportar oír la agonía de un caballo ¿Por qué ellos? Se pregunta Detering, no tienen la culpa, dirá. Esta situación conecta a los soldados con sus más profundos sentimientos de humanidad, momentáneamente no son soldados sino hombres.
Existen otras reflexiones que vale la pena mencionar. En una misión de reconocimiento nocturno, Baümer, se ve sorprendido por un sorpresivo ataque de artillería y posterior carga de infantería de parte de los franceses; se ve obligado a quedarse escondido en un embudo hecho por la caída de un obús. En la retirada de los franceses uno de ellos cae en el embudo y Baümer lo hiere gravemente con su cuchillo, pero este no muere de inmediato. Casi arrepentido de su acto cuida del francés y piensa que sus similitudes son tantas que más fácilmente se pueden entender entre soldados que cada uno con sus superiores. Piensa que lo único bueno de la guerra es la camaradería que nace entre los hombres. Cuando van al frente de batalla están solos y el único apoyo son los hombres que se tiene al lado, todos con un objetivo común, sobrevivir y cuidar del hombre a su lado.
En otro lugar, Kropp, se pregunta cómo podrán acostumbrase a algo después de la guerra. La experiencia militar les ha transformado por completo en todos los aspectos imaginados. Baümer afirma que ya no creen en nada, solo en la guerra. Se da una paradoja. Sufren los horrores de la guerra y del frente, pero esta experiencia los cambia tanto que afuera ya no encuentran cabida. Los soldados que van de permiso lo experimentan mejor que ninguno. Frente a sus conocidos y familiares no saben expresar lo que han vivido en la trinchera y se sienten extraños entre ellos. No, la guerra no era lo que imaginaban, pero la guerra ha parido los hombres que ahora son, a ella se deben y solo en ella encuentran espacio vital, aunque ella misma sea su condena. Baümer, en su permiso, viendo la vida civil, sabiendo lo que sabe y habiendo visto lo que ha visto, se pregunta cómo es posible que esas gentes continúen sus vidas mientras a unos cientos de kilómetros está desatada la barbarie. Este desentendimiento profundiza la ruptura entre el hombre que fue y el soldado que es.
La única respuesta a toda esta crisis espiritual es el humor. En el capítulo VII se cuenta la relación de los hombres en retaguardia, es amena y plena de chanzas. No ríen porque estén felices, ríen porque de no hacerlo todo lo que cargan dentro los llevaría al suicidio o a la locura. La solución, siendo la única posible, es peor que el problema. Lo único que consiguen es reprimir sus emociones desbordadas, contener la crisis que algún día explotará y los hará su presa. Pero mientras sucede solo importa alejar estos pensamientos y sentimientos y tratar de sobrevivir.
Terminando la novela Paul Baümer se preguntará por el sentido de todo esto. En años de guerra el frente apenas si se ha movido unos pocos metros y en medio de ambos frentes yace la sangre y los cuerpos de miles de hombres. Todo por unos cientos de metros agujereados por las bombas, desprovistos de cualquier señal de vida, tierra quemada decenas de veces. No hay sentido alguno, es una guerra absurda. En este punto los hombres que sobreviven solo esperan el armisticio, la paz, que parece no llegar nunca. En este contexto el autor consagra una frase que da un giro total a la intención de la obra: ¨Si no hay la paz, habrá la revolución¨. Esta novela constituye, proponiéndose ser solo una descripción, un alegato contra la Gran Guerra. Habla del sinsentido de esta confrontación, no del sinsentido de cualquier confrontación. Este es el punto abierto que, me parece, queda al final para discutir.
Respondiendo las preguntas planteadas atrás, Sin novedad en el frente se convierte en paradigma por esa crudeza con la que describe la parte de la guerra de la que nadie quisiera saber, donde mueren las personas. Porque intrínsecamente hay un llamado a pensar el valor de la vida humana con un criterio diferente al que en la guerra se tiene. Porque nos pone en frente esa guerra que desde fuera es solo palabras y que no es como no la imaginamos. Quizá sea esta misma razón la que la llevó a ser prohibida en el periodo entre guerras. Las mentes abstraídas pensaban en una nueva guerra y persuadían a sus conciudadanos sobre la necesidad de este conflicto en nombre de la patria, el honor y la gloria del guerrero. El relato directo de una experiencia similar por parte de un hombre joven como esos jóvenes que entonces empezaban a movilizar, sería la semilla de una oposición que era absolutamente inconveniente.
Después de todo esto, a la luz de los conflictos contemporáneos, frente a discursos belicistas que proliferan en todos los continentes, la vigencia de Sin novedad en el frente resulta avasallante. Este es el mayor motivo para regresar una y otra vez sobre esta obra.
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Edd62
 01 octubre 2018
Considerada la mejor novela sobre la guerra, una novela que plasma la indiferencia de la juventud hacia la guerra, y el pobre interes de los gobiernos en el tema, finalmente la muerte de Paul Baümer tras multiples angustias y sufrimientos inhumanos, no necesariamente con acciones de guerra, mas bien el enfrentarse a la muerte, a la presion psicologica, y el cuestionarse el sentido de la confrontacion belica , es desestimado, en el parte de guerra como “ Sin novedad en el frente
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Satrina
 23 febrero 2018
Recuerdo que leí este libro en unas vacaciones de la universidad. En aquel entonces debo haber tenido más o menos la misma edad que Paul y tal vez por eso sentí el libro tan cercano a pesar de que –afortunadamente– nunca he experimentado lo que él vivió.
La guerra siempre es un asunto triste pero aquí me pareció completamente desgarradora. Me partió el corazón.
Definitivamente debo leerlo nuevamente alguno de estos días.
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Citas y frases (7) Ver más Añadir cita
IvanValenciaAIvanValenciaA03 abril 2019
No puede comprenderse que encima de unos cuerpos tan destrozados se sostengan todavía rostros humanos en los que la vida siga su curso cotidiano. Y este es tan solo uno de los innumerables centros sanitarios, es un solo hospital. Los hay a miles en Alemania; a miles en Rusia; a miles en Francia. ¡Qué inútil debe ser todo lo que se ha escrito, hecho o pensado en el mundo, cuando todavía es posible una cosa así! Forzosamente, todo ha de ser mentira e insignificancia cuando la cultura de miles de años no ha podido impedir que se derramen estos torrentes de sangre ni que existieran esas cárceles del dolor y el sufrimiento. Tan solo el hospital da un auténtico testimonio de lo que es la guerra.

Pág. 201.
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IvanValenciaAIvanValenciaA04 abril 2019
Fuego graneado, fuego de bloqueo, fuego de cortina, minas, gases, tanques, ametralladoras, granadas de mano… palabras, palabras, pero en ellas se encierra todo el horror de este mundo. Nuestras caras están cubiertas de costras; nuestro pensamiento aniquilado, estamos mortalmente cansados. Cuando llega una orden de ataque debemos despertar a puñetazos a más de uno para que nos siga. Tenemos los ojos inflamados, las manos destrozadas, los codos rotos, las rodillas nos sangran.
¿Pasan semanas, meses, años? Días, tan solo días… vemos desaparecer el tiempo, cerca de nosotros, en los rostros descoloridos de los moribundos; tragamos la comida, corremos, lanzamos granadas, disparamos, matamos, nos tiramos al suelo, estamos extenuados, embrutecidos, y sólo nos sostiene una coa: darnos cuenta de que todavía los hay más extenuados, más embrutecidos, más desvalidos que nosotros; saber que nos miran con los ojos muy abiertos, como si fuéramos dioses, porque hemos escapado tantas veces a la muerte.

Pág. 106.
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IvanValenciaAIvanValenciaA03 abril 2019
Mientras ellos seguían escribiendo y discurseando, nosotros veíamos ambulancias y moribundos; mientras ellos proclamaban como sublime el servicio al Estado, nosotros sabíamos ya que el miedo a la muerte es mucho más intenso. Con todo, no fuimos rebeldes, ni desertores, ni cobardes –tenían siempre tan dispuestas estas palabras-; amábamos a nuestra patria tanto como ellos y al llegar el momento de un ataque, nos lanzábamos a él con coraje. Pero ahora distinguíamos. Ahora habíamos aprendido a mirar las cosas cara a cara y nos dábamos cuenta que, en su mundo, nada se sostenía. Nos sentimos solos de pronto, terriblemente solos; y solos también debíamos encontrar la salida.

Pág 14.
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IvanValenciaAIvanValenciaA03 abril 2019
No responde. Las lágrimas le resbalan por la cara. Querría sacárselas, pero mi pañuelo está muy sucio. Pasa una hora. Sigo sentado, preparado, espiando cada uno de sus gestos por si desea algo. Si por lo menos abriese la boca y gritase… Pero sólo llora con la cabeza inclinada hacia un lado. No habla de su madre ni de sus hermanos; no dice nada. Debe encontrarse ya lejos de todo esto. Ahora está solo con su pequeña vida de diecinueve años y llora porque le abandona.
Pág. 28.
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IvanValenciaAIvanValenciaA03 abril 2019
- La guerra nos ha estropeado a todos.
Tiene razón. Ya no somos jóvenes. Ya no queremos conquistar el mundo. Somos fugitivos. Huimos de nosotros mismos. De nuestra vida. Teníamos dieciocho años y empezábamos a mamar el mundo y la existencia; pero hemos tenido que disparar contra esto. La explosión de la primera granada nos estropeó el corazón. Estamos al margen de la actividad, del esfuerzo, del progreso… Ya no creemos en nada; solo en la guerra.
Pág. 70.
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