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ISBN : 8426417604
Editorial: Lumen Editorial (19/03/2010)

Calificación promedio : 4/5 (sobre 1 calificaciones)
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Críticas, Reseñas y Opiniones (1) Añadir una crítica
Inquilinas_Netherfield
 16 abril 2018
La fiebre Pym ha llegado a nuestras vidas en forma de huracán gracias a la editorial Gatopardo (se avecina nuevo libro en nada de nada y la impaciencia me puede), pero pocos lectores recuerdan que hace unos años otra editorial, Lumen, hizo el primer intento de recuperar a esta escritora. Les duró poco la intención porque solamente sacaron dos libros, pero existir existen, aunque a día de hoy son más difíciles de encontrar que un hueco libre en mis estanterías xD. Los hombres de Wilmet es uno de ellos, y en unas semanas (o cuando se tercie, mejor no pongo plazos) os traeré el otro, Jane y Prudence. Imagino que si hay alguien interesado en leerlos, siempre quedará la opción del ebook, aunque con el resurgir de esta autora en España bien harían en plantearse reeditarlos, la verdad.
Wilmet Forsyth, de 33 años, es una mujer guapa, elegante y de vida acomodada, pero que vive su vida de una manera bastante anodina. Salvo sus visitas regulares a la iglesia y alguna actividad relacionada con ella, poco más hace en la vida: ni tiene necesidad ni la predisposición para hacerlo. Casada con Rodney (funcionario de un ministerio desconocido que nunca se nombra), de su matrimonio se desprende la rutina más absoluta sin un atisbo de pasión; con ellos vive Sybil, la madre de Rodney (realmente la casa es suya, son ellos los que viven "de prestado"), que es quien se hace cargo por completo de las riendas del hogar; no tiene hijos ni realmente se arrepiente de no haberlos tenido; le habría gustado en algún momento trabajar a media jornada, pero su marido es de los que piensa que si no hace falta para la economía familiar, como es el caso, ¿para qué?... Así las cosas, cuando en la vida de Wilmet aparecen un hombre que le hace sentir pajaritos y mariposas en el estómago como cuando era una quinceañera, cuando se siente admirada y objeto de atención, se abandona a esos pensamientos y al flirteo, al que tampoco da mayor importancia... casados o no, todo el mundo lo hace, ¿verdad?
Narrada en primera persona por Wilmet, la historia es totalmente pymenita... y aun así difiere en un aspecto crucial con los otros dos libros que he leído de esta autora: el personaje femenino protagonista. Wilmet Forsyth es una estupenda narradora de la historia y una excelente protagonista de lo que se cuenta en ella, pero se aleja mucho de otros roles protagonistas de Pym. Es demasiado vaga, ociosa y perezosa para ser una mujer excelente, como sí lo eran Mildred (Mujeres excelentes) y Dulcie (Amor no correspondido). de vez en cuando se le pasa por la cabeza que debería hacer más cosas o ser mejor persona, pero le dura el pensamiento dos segundos. Se está mejor sin hacer nada, claro.
Su vida es tan estéril que ir a donar sangre o aprender la técnica de los centros florales le parece toda una aventura, así que cuando aparecen varios hombres nuevos y solteros en escena, por fin tiene algo en lo que pensar y distraerse. Por un lado se reencuentra con Piers, hermano de su mejor amiga Rowena (atractivo, voluble, misterioso...); por otro llega un nuevo coadjutor a su iglesia, el padre Marius (también muy atractivo, alto, un tanto despreocupado...); y por último se encuentra con que Harry, el marido de su amiga Rowena, empieza a mostrar intenciones insospechadas hacia ella. Con tanto donde elegir, no puede evitarlo y se encapricha de uno de ellos (no os diré de cuál, claro), y empieza a plantearse... cosas. Y no me extraña, porque Rodney, su marido, es una seta y lo más anodino que ha parido madre.
Decía arriba que esta novela era muy pymenita... es que todo lo que caracteriza a esta autora está presente en la historia. Con esa fina y elegante ironía suya (que a veces es más despiadada de lo que parece a primera vista), sacude el polvo de la sociedad británica y expone las manchas en la ropa sucia de los cajones de la burguesía. Te hace sonreír cada dos por tres mientras escarba en lo que cada individuo esconde en su casa, en la falsa imagen que la gente ofrece ante los demás, en la languidez matrimonial y la infidelidad, en el deseo interno de sentirnos admirados... en la frivolidad, la frustración, el interés casi malsano en la vida de los demás y el constante mantenimiento de las apariencias. Para que os hagáis una idea, estamos en un hogar típicamente británico de la alta sociedad con su flema y discreción, donde la señora de la casa recibe llamadas de teléfono de otros hombres a horas intempestivas pero ni el marido ni la suegra son tan "maleducados" como para preguntar quién ha llamado. Moderación y discreción ante todo.
No faltan en la narración elementos comunes de la literatura de Barbara Pym: la iglesia anglicana en sus diversas corrientes (Wilmet pertenece a la anglocatólica, más cercana a los ritos católicos que a los anglicanos); la conciliación entre la vida laboral y la familiar en plenos años 50, cuando el trabajo de la mujer fuera del hogar y su aportación a la economía familiar ya empezaban a estar normalizados; la visión que se tenía de las mujeres trabajadoras y/o intelectuales (las combinación de belleza e inteligencia se consideraba poco atractiva o natural... toma ya); destellos de los vestigios que todavía salpicaban Londres tras los bombardeos sufridos durante la 2ª Guerra Mundial, así como la participación de algunos personajes en ella; la arqueología y el mundo editorial vuelven a tener su hueco como en cada una de las novelas que yo he leído suyas; y el té, siempre el té, como modo de reunir a los ingleses en torno a un punto en común en el que se sienten a salvo en sociedad (no recuerdo haber probado el lapsang que tanto disputa la hegemonía al earl grey en la historia, tengo que ponerle remedio).
Y luego hay detalles de esos tan... ains, no sé... ¿british? ¿cuquis? (¡no los llaméis cursis, apiadaos de mí!)... como recibir un invitado o invitada en casa y tener por costumbre no solo dejarle libros preparados en la mesita para que los lea durante su estancia, si no que además se piensa en los libros precisos y exactos que le pueden gustar a esa persona. ¿Por qué ya no se hacen estas cosas?
Ah, una inesperada alegría. al haber leído tan poquitos libros de Pym, no sabía que había conexiones entre ellos, y me ha dado un alegrón del quince leer cómo se nombra varias veces a Rocky Napier o los hermanos Malory (personajes de Mujeres excelentes), o a Prudence Bates, que a pesar de que no lo he leído, sé que es una de las protagonistas de Jane y Prudence, libro que os nombro arriba y que, como digo, os traeré pronto. No son personajes de la novela, da igual haber leído los otros libros o no porque solo se habla de ellos en alguna conversación suelta... pero son guiños de la autora hacia sus lectores: conecta los libros, sus historias y sus mundos, y a mí estas cosas me encantan.
¿Recomendable? Mucho, como todo lo que yo he leído hasta ahora de esta autora. Costumbrismo inglés lleno de ironía, cierta acidez, mucho humor y encanto, y unos personajes fantásticos. El retrato de una época y una sociedad narrados desde el punto de vista de una autora con tanto talento como ingenio. Si algún día leo algo de esta mujer que no esté a la altura creo que tendré que ahogar mis penas en té, pero es que veo tan improbable que algo así ocurra, que lo que único que quiero es leer toda su obra y disfrutarla. La señora Pym es valor seguro.
¡Haced fuerza para que la reediten o salga una nueva edición, que lo merece! xD
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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Citas y frases (3) Añadir cita
Inquilinas_NetherfieldInquilinas_Netherfield01 abril 2018
Abril fue templado y encantador, además de cruel en el sentido que le daba el poeta, mezclando el recuerdo con el deseo. El recuerdo era de otras primaveras, el deseo apenas formulado, apenas reconocido, era apartado por mí a manotazos porque no parecía tener cabida en la vida que yo había elegido vivir.
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Inquilinas_NetherfieldInquilinas_Netherfield31 marzo 2018
Wilmet, cuando uno trabaja para ganarse la vida, cosa que espero que usted no tenga que hacer jamás, hay días en que le cuesta horrores enfrentarse a la jornada laboral, y otros en que sabe que no podrá soportarla. Hoy era uno de esos días. Me desperté esta mañana sabiendo que no podría soportar el trabajo, así que no he ido.
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Inquilinas_NetherfieldInquilinas_Netherfield01 abril 2018
Supongo que cuando alguien llega los setenta años, puede decir, con seguridad y basándose en la experiencia personal, que las cosas pasan con el tiempo. A los treinta se sigue viviendo de forma experimental, adivinando que las cosas pasarán pero casi confiando en que no pasen.
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