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ISBN : 8491819169
Editorial: Alianza (05/03/2020)

Calificación promedio : 4.81/5 (sobre 8 calificaciones)
Resumen:
Fortunata y Jacinta, según la opinión mayoritaria de la crítica literaria, se trata de la mejor novela de su autor, y junto a La Regenta de Leopoldo Alas `Clarín´, una de las más populares y representativas del realismo literario español y de la novela española del siglo XIX.

Articulada en torno a los dos polos que encarnan las mujeres que dan nombre a la obra -la mujer del pueblo, ingenua y temperamental, primaria, natural (Fortunata), y la descendie... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (8) Ver más Añadir una crítica
Galena
 15 julio 2020
Estoy ante uno de los grandes clásicos de la literatura española y reconozco que hace tiempo me daba un poco de respeto acercarme a esta historia. Tenía miedo de no llegar a disfrutarla, pero hace alrededor de un año leí mi segunda novela de Galdós (la primera como adulta), fue La desheredada, y me gustó su estilo, así que eso fue suficiente para que me decidiera de una vez a leer Fortunata y Jacinta.
Cuando empecé a leer el primer tomo la narración me conquistó. Galdós tiene una pluma amena, accesible (no tengáis miedo de que sea una novela densa por ser un clásico, se lee con facilidad) y muy rica. Hay muchas cualidades que hacen destacar a este autor, que por desgracia no recibió el premio Nobel, y algunas de ellas son su cuidado en el rigor histórico en cuanto a lo político, los detalles que incluye, el amplio vocabulario de que dispone y, especialmente, esa capacidad tan suya de retratar con fidelidad a las personas que poblaban Madrid a finales del siglo XIX.
Fortunata y Jacinta comienza presentándonos a unos personajes con gran detalle, y no son los protagonistas, sino sus familiares. Tanto la vida de los padres de Juanito Santa Cruz como la familia de Jacinta sentarán un precedente que nos permiten entender el mundo del que vienen. No sucede así con Fortunata, sus circunstancias son diferentes, pero poco sabemos de sus raíces, algo que marca todavía más el contraste con las diferentes clases sociales.
Esta estructura en la que el autor se desvía, por así decirlo, de la historia principal, por lo general me resulta pesada, pero es que Galdós consigue que me interese incluso por estos personajes que serán secundarios. Me ha conquistado totalmente su forma de narrar, así como la variedad de personajes que presenta, el detalle y lo certero que es con las descripciones y los diálogos. No tiene miedo de dedicar varias páginas a un solo personaje y ese tiempo que se toma sirve para que después la trama pueda avanzar de forma que el lector esté consciente de toda la situación y de aquellos que en ella intervienen.

Se dice que Galdós paseaba por las calles o se sentaba a observar a la gente pasar y conversar, y que sus novelas son fruto de esa observación. Bien me lo puedo creer porque los diferentes registros que muestra en el habla no son una cuestión de imaginación. Para mí, lo más destacable de esta obra es que me ha permitido asomarme a una ventanita que nos deja ver el pasado y conocer como vivía la gente en Madrid en el siglo XIX.
La Historia es una disciplina realmente valiosa, pero es gracias a la literatura o el arte que podemos sentir como se vivía en otras épocas, y Galdós es famoso por plasmar con gran realismo la sociedad de su época. Además de eso, es capaz de poner sobre la mesa cuestiones sociales como la diferencia de clases, el papel de la mujer o la hipocresía de algunos, por eso se ha convertido en mi autor español predilecto.

Hay muchos personajes que se presentan en esta historia, aunque es fácil hacerse con la mayoría, la trama gira en torno a Fortunata, Juanito Santa Cruz y Jacinta. Jacinta representa el ideal burgués de joven sensata, educada, que no pierde los papeles y que es feliz en su papel de esposa, cuidando a su marido. Sabe cuál es su posición y por eso, aunque le de rabia, deja pasar las aventuras de su marido, ya que está hecha a la idea de que no puede esperar otra cosa y que lo mejor para ella es fingir que no se entera de nada. No obstante, la falta de hijos es lo que le duele más. El no poder tenerlos hace que se obsesione muchísimo con la idea.

Santa Cruz representa a una suerte de don Juan. Es un joven que se dedicó a la lectura y el estudio hasta que decidió que la mejor forma de conocer el mundo era experimentarlo, desde entonces se dedicó a viajar y hacer lo que quisiera. Su posición de hombre y de persona acomodada lo protege. Es un ser egoísta que me ha fastidiado bastante, no voy a negarlo, no sé si podría caerle bien a nadie porque es consciente de lo egoísta que es y también es muy capaz de modificar siempre la historia que cuenta para dejarse a sí mismo como el bueno, aún cuando lo que ha hecho es deleznable. No obstante, el autor consigue darle algo de profundidad y no se queda en un mero crápula gracias a la profundidad psicológica que presenta las ocasiones en las que se confiesa a Jacinta.
La acción parte de él, ya que a veces se siente atraído por la natural gracia de Fortunata, y otras por la sensatez y altura moral de Jacinta. Cuando se aburre de una se acerca a la otra totalmente convencido de que llevará esa vida, pero entonces vuelve a cansarse. Es un ser voluble al que me hubiera gustado ver sufrir, pero entiendo que su destino es una muestra de cómo él partía con todas las ventajas posibles. Solo el quedar por debajo de Jacinta en lo referente a la moral y la dignidad es lo que lo molestará hasta el final, porque su culpabilidad es efímera.
Fortunata es la gran protagonista de la novela. En el primer tomo se nos presenta a la familia de los Santa Cruz y a Jacinta, así como su deseo de ser madre, que la lleva a «comprar» a un niño que cree que es un hijo ilegítimo de su marido. Después se nos presenta a Fortunata y en el segundo libro continúa la historia centrada en ella. Creía que se volvería a dar protagonismo a Jacinta, pues el título del libro lleva su nombre, pero no es así.

Fortunata es, pues, el personaje más complejo, aunque al igual que los demás, cae en cierto estereotipo y es difícil entenderla en algunas cuestiones. Es una mujer sin educación, tanto, que no conoce los meses del año, algo que el narrador asegura que desconocen muchas mujeres, incluso algunas de alta cuna. Su forma de hablar lo demuestra, inclusos sus intereses, que pasan por limpiar, cocinar y tareas de trabajo duro que han endurecido sus manos. Casi no sabe nada de religión y su mayor deseo es estar con Juanito Santa Cruz, aunque sabe que su relación no puede estar ya en regla y que nunca será duradera. Pero ella le quiere y no puede evitarlo. Está continuamente en lucha con querer ser una mujer decente y con obedecer a sus deseos, en ser libre de poder hacer lo que quiera sin ser duramente juzgada por la sociedad. Pese a todo, hay en ella sinceridad, inocencia y quien la ve, acaba por apreciarla, pues no tiene malicia.
Después de conocer a Juanito no ha tenido una buena vida y ella es quien me ha recordado a la protagonista de la desheredada, libro que se compara mucho a este y que es el inicio del ciclo de Novelas contemporáneas de Galdós. Fortunata acaba viviendo de sus amantes, aunque solo ha amado al primero, y así sigue hasta que conoce a Maximiliano. Este es un joven que estudia Farmacia y al que ha criado su tía Lupe, prestamista. Es un muchacho enfermizo, delgado y débil, que incluso desgrada a Fortunata. Además, su educación hace que muchas veces le cueste entenderlo pero él está decidido a casarse con ella e incluso perdona su vida disipada.

Esta es la oportunidad de Fortunata de ser una mujer decente y entre unos y otros la convencerán de entrar en un convento a purificarse para luego casarse. Sin embargo, Juanito vuelve a encapricharse de ella, lo que desatará unos celos enfermizos en Maximiliano.
Se crea así, una dinámica en la que la relación entre Santa Cruz y Fortunata afecta a sus matrimonios, pero sus cónyuges reaccionan de formas diferentes, mientras que todo está supeditado a lo que le apetece a Santa Cruz y a la falta de voluntad de Fortunata de rechazar a este, aún cuando es consciente de que él no la trata bien también es sincera al admitir que le perdonaría todo.
Este baile entre una mujer y otra, representando una el pueblo llano y la otra la burguesía conservadora, se dice que es una metáfora de los movimientos políticos que España estaba atravesando en esos momentos. Esta es la teoría que más me ha gustado y creo que es una lectura acertada, donde además de eso Galdós es certero en mostrar el estilo de vida y pensamiento de las dos esferas sociales.
La pobreza, la mortalidad infantil, la vida cómoda de unos pocos, la falta de educación y oportunidades, lo limitada que era la vida de las mujeres, tanto en un ámbito como en el otro, la moral regida por la religión… son algunos de los aspectos que se tratan.
Guillermina la Santa, Mauricia la Dura, Feijoo, Estupiñá, doña Lupe… un abanico de personajes secundarios interesantes que diversifican el dramatis personae de esta novela y de los que no hablaré aquí para no hacer que esta reseña sea todavía más larga.
En cuestiones de edición, tengo que alabar el trabajo de Alianza para celebrar el centenario de la muerte de Galdós reeditando varias de sus obras. Con Fortunata y Jacinta se decidieron por un estuche que contiene los dos volúmenes, cuyas portadas son preciosas. Son libros en tapa blanda con solapas, buena calidad de papel y una edición limpia sin estudio, como es marca de la editorial. Las portadas escogidas me parecen acertadas y para mí es de las ediciones más bonitas que he visto de esta obra, son un regalo perfecto y una gran oportunidad para conocer a Galdós. Por desgracia, creo que no es tan leído como merece y a veces quizá el grosor de sus novelas espanta a algunos, pero su estilo es muy ameno y fácil de seguir.
Fortunata y Jacinta ha sido una lectura que he disfrutado mucho, que me ha sorprendido y que ha situado a su autor entre mis escritores favoritos. Es un clásico que no puedo dejar de recomendar y que es perfecto para saber más sobre cómo era la vida en España en el siglo XIX.
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Mariavs
 02 enero 2022
Desde que ayer di la vuelta a la última página del segundo volumen de Fortunata y Jacinta me invade cierta tristeza. Qué gozada es encontrar una novela que te hace disfrutar tanto y durante tanto tiempo, pero cuanto cuesta tomar la decisión de leerla. Y es que tanto el tiempo disponible como nuestra razón parecen exigirnos buscar el momento adecuado para este tipo de lecturas, saboteándonos.
Fortunata y Jacinta me ha tenido enganchada como lo hacían aquellas series de televisión cuyos capítulos se emitían semanalmente. Me costaba levantar la vista del libro mientras lo leía y a menudo me encontraba repasando algunos pasadizos cuando no lo hacía. Y es que tiene tantos ingredientes esta novela de Galdós para atraparte... Para empezar una construcción de personajes deliciosa. Para todos hay tiempo. Todos son presentados. Todos tienen una historia. No hay buenos ni malos. Evaristo Feijoo, Guillermina, Mauricia la Dura, Maximiliano o Doña Lupe quizá no gozan de tanto protagonismo como Fortunata o Jacinta pero sí del mismo respeto y mimo por parte del autor. ¿Y Madrid? Madrid es otro gran personaje.
El retrato que Galdós hace de Madrid, de sus barrios, de sus calles, de las personas que las habitan y sus costumbres es delicioso. Me ha gustado mucho ser testigo del choque entre esas dos realidades sociales que hoy siguen existiendo. Y del papel de la mujer en cada una de ellas, representado por Fortunata y Jacinta. Aunque siendo sincera me he quedado con ganas de saber algo más de esta última, especialmente en su segunda parte.
Fortunata y Jacinta tiene capítulos muy potentes y otros que lo son menos, pero todos ellos componen, en general, una obra muy equilibrada o así me lo ha parecido. Se me ha hecho corta a pesar de sus 1000 páginas y no he sabido cómo iba a acabar hasta el final cosa que siempre se agradece.
Mi única pena es no haberlo leído antes. No esperéis al momento adecuado, como yo, para hacerlo. Leedla. Viviréis durante una, dos, tres o cuatro semanas pegados a esa ciudad, a esos maravillosos personajes y sus historias.
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Alsondeunlibro
 07 marzo 2022
La cara y la cruz del Madrid de la segunda mitad del siglo XIX, retratada con maestría por el máximo exponente de la corriente realista de la literatura española.
Benito Pérez Galdós se ha convertido en uno de mis escritores imprescindibles. Hace un año tomé la decisión de embarcarme en la lectura de sus Episodios Nacionales, lo cual me llevó a descubrir su estilo del cual me enamoré desde las primeras páginas. “Fortunata y Jacinta” está considerada su mejor obra y, si bien es cierto que se trata de una novela ambiciosa, compleja y brillante, no la recomendaría para iniciarse con el autor.
La historia que esconde esta obra es una historia de antagonismos, de rivalidades, de enfrentamientos, de luces y sombras, de alegrías y tristezas (sobre todo de tristezas). Esta historia es la historia de la oposición y de la fusión entre el pueblo y la ciudad. El pueblo que lucha por sobrevivir, por escapar de sus circunstancias, por parecerse a un ideal representado por la ciudad. El pueblo amparado en la figura de Fortunata, cuna de lo salvaje, lo espontáneo y lo visceral y presa de la falta de educación y oportunidades. La ciudad reflejada en la luz proyectada por Jacinta, una luz víctima de las apariencias, de los convencionalismos sociales y de la naturaleza, la única con el poder de satisfacer los deseos y sueños más fervientes.
La historia que relata Galdós es una historia cotidiana, aparentemente sencilla pero dotada de cierta complejidad gracias a la construcción de una serie de personajes cuyos actos y comportamientos desencadenarán una serie de consecuencias que afectarán al destino de los protagonistas. A lo largo de la lectura, he tenido la sensación de que todas las acciones funcionaban como una especie de “efecto mariposa”, y por muy simples que pudiesen parecer, terminaban afectando sobremanera, al curso de los acontecimientos.
Galdós controla a la perfección el uso del lenguaje y destaca, sobre todo, en las descripciones que realiza tanto de sus personajes (carismáticos, peculiares y únicos), como de la ambientación. Sumergirte en “Fortunata y Jacinta” es realizar un pequeño viaje al pasado, recorrer los alrededores de la Plaza de Oriente, las tertulias de los cafés, los comercios y boticas... Mención aparte merecen los paralelismos que establece entre la ficción y la realidad histórica, la cual intercala con gran habilidad y fluidez.
Además, los toques de humor e ironía salpican el texto, arrancando más de una carcajada.
Galdós ha vuelto a conquistarme, y esta vez durante dos meses en los que he convivido con Estupiñá, Guillermina, Maxi, Mauricia “la Dura” o doña Lupe “la de los Pavos”, porque “Fortunata y Jacinta” es, en definitiva, una novela de personajes a los que les haces hueco en tu mente y dejas (sólo a algunos privilegiados) guardados en el corazón.
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EmilianoPD
 28 octubre 2021
El derroche, la generosidad, la desmesura, más y más vidas desparramándose como fractales a partir de la historia de dos casadas, de dos mundos: el de los que tienen y el de los que carecen.
La nena negra, la mona del cielo, el delfín, la santa fundadora, los Rubín, Mauricia la dura, Estupiñá, don Evaristo, Segismundo... cada uno con sus miserias, con su tanto allá de locura, su idea, la pícara idea. Mucho pasa entre ellos (nimios sucesos tal vez) y mucho hablan: en muy diferentes habitaciones, en cafés, en conventos, cada uno con su lenguaje tremendamente popular, a veces retorcido, a veces vergonzante. Las voluntades encontradas se empeñan en negociar, en "filosofar" y en hallar una justificación para sus anhelos y un aliado para sus maquinaciones, especialmente el deseo de tener un hijo, especialmente el deseo de ser feliz.
¿Son las circunstancias, los ambientes en que nacemos, nuestra configuración fisiológica lo que nos hacen ser como somos, obrar como nos ven y pensar como estamos determinados aunque nos creamos libres, y aunque nos lleve a obrar de un modo que construya nuestra vida, nuestro íntimo ser? Hay en esta novela una impresión constante de que nuestro destino es inevitable, de "era ya todo previsto" por mucho que el autor nos entretenga con desvaríos, desde que Juanito de la cruz ve a la infortunada Fortunata zampándose, con sus babas, aquel huevo crudo, en los escalones de piedra de la casa de la Cava de San Miguel.
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cobooks
 14 marzo 2022
Galdós será uno de los descubrimientos de 2022, eso seguro. El rey del realismo español y uno de los mayores exponentes de literatura española vivió la convulsa época de finales de siglo XIX, y el contexto histórico siempre fue uno de los principales exponentes en sus obras.
Fortunata y Jacinta, una de sus novelas más reconocidas, fue publicada en 1887. Ambientada en los años del último cuarto de siglo XIX, hace un enfrentamiento de las distintas clases sociales que convivían en el tan popular Madrid galdosiano. Aquí tenemos por un lado a Fortunata, que representa la clase baja, el pueblo llano; y por otro a Jacinta, perteneciente a la clase burguesa. Alrededor de ellas, aparece una serie de personajes que comienzan a llevar el peso de la historia dándose paso unos a otros. Personajes secundarios que se quedan en el recuerdo: la maravillosa Guillermina, el charlatán de Estupiñá, la ambiciosa doña Lupe la de los pavos... Personajes que se quedan para el recuerdo.
Otra cosa que destaco, y aquí lo quiero enfrentar a Los Miserables, es la capacidad de Galdós de introducirte en el contexto histórico sin generarte aburrimiento y casi sin darte cuenta. En Los Miserables, había capítulos y capítulos de hechos históricos que te sacaban totalmente de la trama.
Por otro lado, si tuviese que decir algo negativo sería que Galdós da protagonismo a los personajes que menos me han gustado o peor me han caído. Especialmente siento que uno de los personajes es completamente olvidado en las últimas partes del libro.
Tengo que decir que me encanta el realismo español, y aunque es un libro denso, me ha encantado sumergirme en esta historia. Seguramente no sea la mejor opción de comienzo con este autor, pero yo si la recomiendo. Es una historia con una trama potente, unos personajes super carismáticos, y una prosa muy enriquecida.
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Citas y frases (12) Ver más Añadir cita
GalenaGalena15 julio 2020
—(…)Lo que yo hago ahora, lo que la tiene a usted tan enojada es, según voy viendo, una acción noble, y mi conciencia me la aprueba, y estoy tan satisfecho de ella como si tuviera a Dios dentro de mí diciéndome: bien, bien… Porque usted no me puede hacer creer que estamos en el mundo sólo para comer, dormir, digerir la comida y pasearnos. No, estamos para otra cosa. Y si yo siento dentro de mí una fuerza muy grande, pero muy grande, que me impulsa a la salvación de otra alma, lo he de realizar, aunque se hunda el mundo.
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GalenaGalena15 julio 2020
Poco a poco iba cayendo el chal de los hombros de las mujeres hermosas, porque la sociedad se empeñaba en parecer grave, y para ser grave, nada mejor que envolverse en tintas de tristeza. Estamos bajo la influencia del norte de Europa, y ese maldito norte nos impone los grises que toma de su ahumado cielo (…) Los tonos vivos las encanallan, porque el pueblo ama el rojo bermellón, el amarillo tila, el cadmio y el verde forraje; y está arraigado en la plebe el sentimiento del color, que la seriedad no ha podido establecer su imperio sino transigiendo.
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GalenaGalena15 julio 2020
—(…) Y nada, hija de mi alma, fue el maldito capricho por aquella hembra popular; no sé qué de entusiasmo artístico, una demencia ocasional que no puedo explicar.
—¿Sabes lo que estoy deseando ahora? —dijo bruscamente Jacinta—. Que te calles, hombre, que te calles. Me repugna eso. Razón tienes; tú no eras entonces tú. Trato de figurarme cómo eras, y no lo puedo conseguir. Quererte yo y ser tú como a ti mismo te pintas, son dos cosas que no puedo juntar.
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EmilianoPDEmilianoPD28 octubre 2021
Insensiblemente, con la ayuda de la burocracia, de la pobreza y de la educación académica que todos los españoles reciben, se han ido compenetrando las clases todas, y sus miembros se introducen de una en otra, tejiendo una red espesa que amarra y solidifica la masa nacional. El nacimiento no significa nada entre nosotros, y todo cuanto se dice de los pergaminos es conversación. No hay más diferencias que las esenciales, las que se fundan en la buena o mala educación, en ser tonto o discreto, en las desigualdades del espíritu, eternas como los atributos del espíritu mismo. La otra determinación positiva de clases, el dinero, está fundada en principios económicos tan inmutables como las leyes físicas, y querer impedirla viene a ser lo mismo que intentar beberse la mar.
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GalenaGalena15 julio 2020
Pasmábase la señora de Santa Cruz de que hubiera tantísima madre por aquellos barrios, pues a cada paso tropezaba con una, con su crío en brazos, muy bien agasajado bajo el ala del mantón. A todos estos ciudadanos del porvenir no se les veía más que la cabeza por encima del hombro de su madre. Algunos iban vueltos hacia atrás mostrando la carita redonda dentro del círculo del gorro y los ojuelos vivos, y se reían con los transeúntes. Otros tenían el semblante malhumorado, como personas que se llaman a engaño en los comienzos de la vida humana. También vio Jacinta no uno, sino dos y hasta tres camino del cementerio. Suponíalos muy tranquilos, y de color de cera dentro de aquella caja que llevaba un tío cualquiera al hombro como se lleva una escopeta.
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Videos de Benito Pérez Galdós (12) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Benito Pérez Galdós
En los 58 años que Benito Perez Galdós pasó en Madrid, desde su llegada en 1862, la ciudad sufrió una enorme transformación: duplicó su población y pasó de ser una urbe del antiguo Régimen a una ciudad moderna. Testigo privilegiado de ese cambio, el gran novelista español peinó las calles con su pluma, dejando constancia del paisaje y paisanaje urbano en cada una de sus obras. José Esteban se centra ahora en los denominados "barrios bajos", los del madroño, aquellos más alejados del oso, que vive desde la Plaza Mayor para arriba: la calle de Toledo, la del Almendro, el Manzanares, El Rastro… En ese viaje galdosiano le acompaña el fotógrafo Antonio Tiedra, para dejar huella gráfico de ese recorrido literario.
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