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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
17 diciembre 2017
Alex Cross, celebridad, psicólogo, ex-agente del FBI y detective de la ciudad de Washington, existe en el mundo literario desde los años 90 y, aunque de un modo u otro ha pululado por las librerías españolas en ediciones de bolsillo (y poca cosa, que no deja de resultar curioso si tenemos en cuenta que este autor es el más vendido del mundo), fue Duomo quien decidió recuperar a este personaje el año pasado en castellano y con una edición a su altura. Y lo hicieron empezando por el final, con el que en aquel momento era la última publicación de la saga, Cross Justice, publicado en 2015 (aunque el año pasado ya salió el siguiente, Cross the line, que hace el número 24 de la saga, nada menos).

El caso es que, por lo que comento arriba, mi único acercamiento hasta ahora a este personaje había sido a través del cine y, sinceramente, salvo los actores y retazos sueltos de las películas, me acuerdo de más bien poco porque las vi hace un montón de años. Vamos, como si no conociera de nada a Alex Cross. Hasta ahora.

En Vías cruzadas nos encontramos con dos tramas aparentemente inconexas que, como suele suceder, convergen en un punto de la historia. Por un lado tenemos a Coco y sus andanzas en Palm Beach, narración omnisciente en tercera persona, y por el otro la trama de la que el propio Cross es en cierto modo protagonista, que él mismo narra en primera persona. Me sorprendió bastante que la historia comenzase precisamente con Coco, como si fuese el eje de lo que está por venir cuando realmente su trama es secundaria (en cierto modo... o no... bueno, ya llegaremos a esto. Eso no quita para que el prólogo que protagoniza sea fantástico).

La base importante de la historia es la que atañe a la familia Cross en una pequeña ciudad de Carolina del Norte. Alex Cross vuelve a su ciudad natal, Starksville, después de más treinta años de ausencia, para ayudar a su primo, acusado de violar y asesinar brutalmente a uno de sus alumnos. Absolutamente todas las pruebas están en su contra pero toda su familia cree en su inocencia. Cross no solo tiene que hacer frente a las apabullantes evidencias y probar si son veraces o han sido amañadas, sino que debe luchar contra cierto sector de la ciudad que no le quiere allí fisgando, contra su ponzoñoso ambiente, el racismo todavía latente en aquella zona del país, la corrupción que invade todos sus estratos sociales... y contra su propia historia, la de Alex y sus padres, guardada hasta ahora en lo más profundo de su memoria y que empieza a resurgir para poner todos los puntos sobre las íes, para aclarar recuerdos inconexos y para sacar a la luz una verdad durante mucho tiempo enterrada.

Y así avanza la novela, donde un 80% gira en torno a la trama de Cross, Starksville y el caso de su primo, y el otro 20% gira en torno a Coco y Palm Beach. Tengo que reconocer que la trama de Coco me desconcertó bastante al principio, porque ni le veía sentido dentro de lo que se estaba contando ni veía hacia donde quería llevarnos Patterson con ella. Ocurre a muchos kilómetros geográficamente hablando de donde está Cross y cuando parece que se resuelve sigues sin entender muy bien cuál es su cometido dentro de la narración. Huelga decir que sí, que tenía su razón de ser y confieso que no vi venir el giro final... aunque claro, una vez que lo tienes delante ves que las pistas estar, lo que se dice estar, estaban. No las vi. Pierdo facultades.

Otra parte muy importante de la historia es la vida familiar del protagonista. Cross vuelve a casa y con eso parece que también ante el lector se desnuda como persona. Conocemos a toda la saga de los Cross (tías, tíos, primos... y a su maravillosa abuela, Nana Mama, personaje que aparece en todas sus demás novelas porque vive con él). Su mujer, también detective de la policía de Washington, le ayuda a lo largo del caso; su hijo vive fascinado por los documentales más variopintos y tiene preguntas para todo... pero cuando más humano se muestra es cuando nos habla de su hija, de lo que espera de ella, de lo que puede llegar a ser, del modo en que la ve como padre y lo orgulloso que está de ella. de alguna manera, Patterson se las arregla para compaginar el lado más humano de Cross, sus pausas, reflexiones y confidencias, con una trama habitual de thriller que, aunque no es vertiginosa, ciertamente tampoco da descanso.

Porque sí, estamos ante un thriller en el que pasan muchas cosas pero hay tiempo para todo. Para investigar e intentar desentrañar el caso de su primo, para colaborar en el caso de Palm Beach, para intentar desenredar su propio pasado, para enfrentarse a la gente que lo quiere lejos de Starksville, para correr, huir, perseguir... pero también para sentarse en unas gradas y a ver a su hija correr hacia una beca en una universidad de prestigio, o para cenar con toda la familia rodeado de olores, fotos y recuerdos que le hacen pensar en lo que una vez pasó... o él cree que pasó.

Leyendo el libro, que yo juraría que es el primero que leo de Patterson, entiendes un poco su vitola de autor más vendido del mundo porque es la viva definición de literatura best seller (creo que incluso está en el Guinness de los récords por alguna cosa relacionado con esto), además de que publica varios libros al año (aunque también se dice que semejante abundancia de creatividad se debe al uso de negros que le ayudan). El caso es que el libro se lee en un suspiro, de que te quieres dar cuenta has avanzado cinco veces más de lo que creías. Es lectura fácil, entretenida, efectiva, a ratos trepidante, con una prosa sencilla y práctica repartida a lo largo de nada menos que 102 capítulos breves y precisos... y tiene un protagonista que te cae bien sin tener que esforzarse mucho. Te cae bien, sin más. Alex Cross es así de cool.

No sé si en libros anteriores de Cross se habla sobre su pasado y su infancia con la misma intensidad y profundidad que en este, pero lo cierto es que yo con esta historia tuve la sensación de que daba igual haberlos leído que no, porque parece como si se hablase por primera vez sobre ese aspecto. No parece el libro taitantos de una saga. Sí que se hace referencia a otros casos, pero están totalmente implementadas en la historia. Parece el primer libro sobre un personaje... cuando conoces de dónde viene, por qué es cómo es. Por eso tengo tanta curiosidad por leer La hora de la araña; me apetece muchísimo descubrir cómo se presento realmente en sociedad este personaje en la novela con la que comenzó la saga de este detective en 1993 y que Duomo acaba también de editar. Y es que he sido tan suertuda de ganar un ejemplar en el sorteo organizado por Laky para su lectura conjunta... vamos, que pronto volveré nuevamente a hablaros de Alex Cross.
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