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Crítica de Anuca


Anuca
14 mayo 2020
Corazones de gofre es un libro calentito y dulce, con sus puntos disparatados «robasonrisas» y sus episodios tristes emocionantes.

Corazones de gofre es un verano en la vida de Theo y Lena en Terruño Matilde, un pueblo de la costa noruega. Un verano de aventuras y desventuras narrado por el propio Theo, un niño de nueve años con mente serena y familia numerosa cuya mejor amiga es todo lo opuesto a lo que él representa. Lena vive con su madre y es una niña alocada, osada (yo diría que hasta temeraria) y aparentemente dura e independiente que sueña con tener un padre y no puede vivir sin Theo (aunque le cueste horrores reconocerlo).

Theo es el narrador de esta historia, y que sea él quien nos acerque a Terruño Matilde y a ese verano en el que tantas cosas pasan es todo un acierto. Como novela destinada a niños de la misma edad de Theo, el modo en el que este se expresa, como si Corazones de gofre fuera un diario personal, hace que los lectores puedan sentirse plenamente identificados con lo que piensa y siente, así como implicados en sus aventuras o travesuras. María Parr logra enganchar a quienes se encuentran frente a las páginas de este libro con la cercanía que un narrador de su misma edad desprende. Y lo logra con maestría puesto que Theo habla y se comporta de forma totalmente acorde a los nueve años que representa, lo que robará muchas sonrisas a aquellos adultos que decidan visitar Terruño Matilde de su mano. Su lógica aplastante, sus inocentes conclusiones... Parr lo logra. En ningún momento hay duda de que ese pequeño se dirige a nosotros y Parr queda totalmente diluída entre las letras que un niño escribe. Uno de los aspectos fundamentales para que una historia infantil-juvenil sea una buena historia infantil-juvenil.

Dejando al fantástico narrador aparte, otro de los puntos fuertes de Corazones de gofre son los temas que aborda, de un modo velado, entretejidos con naturalidad en los pensamientos de Theo y con los acontecimientos que les toca vivir a nuestros dos protagonistas. El valor de la amistad, la importancia de expresar nuestros sentimientos a quienes son destinatarios de ellos, el duelo, la dureza de echar de menos, el anhelo de tener aquello que nos falta, la grandeza de la familia y la amistad... Theo no está seguro de que Lena lo considere su mejor amigo porque, en realidad, nunca se lo ha dicho; Lena desea tener un padre aunque ni Theo ni ella tengan muy claro en principio para qué sirve, pero juntos irán descubriendo que la familia (padre incluído, tal vez ese sea su cometido) y los amigos están siempre ahí en los momentos difíciles, esos que por ejemplo sobrevienen cuando la vida nos arranca a alguien a quien queríamos comprendiendo que añorarlo no es más que asumir que reside en nuestro corazón.

Sí, todos esos mensajes nos deja el verano de Theo y Lena en Terruño Matilde, expresados con un lenguaje sencillo (no podía ser de otra manera pues es un niño de nueve años quien nos habla) y diálogos abundantes e hilarantes. Aunque el lector no haya puesto nunca un pie en la costa noruega, no tendrá problemas para sentirse cercano a este par. Un par que evoluciona a lo largo de la novela, especialmente a nivel emocional. Madura gracias a lo que la vida le pone por delante y, aunque nunca dejan de ser y comportarse como niños, los Theo y Lena del principio no son los mismos que los del final. Aprendizaje.

En definitiva, un libro que puede hacer las delicias de los pequeños lectores que quieran acercarse a lo que contiene por sus aventuras disparatadas, locas, a veces increíbles..., por la cercanía de su narrativa y sus personajes. Y que puede despertar el interés de los adultos por que sus hijos lo lean por los mensajes y valores que rezuma.
Enlace: http://www.tejiendoideascosi..
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