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ISBN : 6074455317
Editorial: Ediciones Era (11/06/2019)

Calificación promedio : 4.25/5 (sobre 2 calificaciones)
Resumen:
Jorge Luis Borges solía afirmar que su origen lector se hallaba en la Encyclopædia Britannica, cuyos volúmenes juzgó como una Biblia moderna por orden alfabético. Esto, sin agotarla, explica la estética de Borges: sus laberintos simbólicos y literales, que hoy llamamos hipervínculos, son “senderos que se bifurcan” para congregarse en una sola dirección total: el universo. Como en “El Aleph”, todos los hechos, tiempos y espacios “ocupan el mismo punto, sin superposic... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (3) Añadir una crítica
Paloma
 26 agosto 2019
“Solo Borges pudo haber sido Borges. Sus otras posibilidades hoy nos parecen irrisorias.” – José Emilio Pacheco
Entre una reseña y otra y a lo largo de los años, he dejado constancia de la relación extraña que tengo con Borges: la mayor parte de sus cuentos me parecen muy complejos, con temas que no puedo aprehender del todo y que me confunden. Un eufemismo para evitar decir que Borges no me gusta, o no he logrado descubrir aquello que lo hace tan reverenciado en el mundo de las letras, por lo menos en términos de su obra como cuentista. Aún recuerdo la primera vez que leí El Aleph y tuve una crisis de ansiedad porque no entendí absolutamente nada. Ni de este cuento, el más reconocido de Borges, ni de ningún otro de la colección en el que estaba incluido logré retener nada.
Mi ansiedad se debió, en gran medida, a que era una lectora mucho más joven y de una parte, quería leer a todos los “grandes” de la literatura latinoamericana y disfrutarlos, y por otra, no entendía como Borges, tan celebrado, tan influyente, no me provocara nada más que confusión.
Intenté un par de colecciones de cuentos más del argentino, sin tener éxito. Quizá me parecía demasiado fantástico, metafísico, filosófico, no lo sé. Inalcanzable. Y mientras tanto, por años seguí escuchando a mis maestros de literatura alabar a Borges, su obra, su grandeza, y sin realmente lograr entenderlo.
Un día, mientras hojeaba un ejemplar de “Selecciones” de Reader's Digest, al concluir un artículo venía una cita de Borges que cambiaría mi relación, o por lo menos mi sentir, hacia él. Palabras más, o menos –y un texto que suelo citar cuando no me ha gustado un libro que es alabado por la crítica -, Borges reflexionaba sobre que no hay que leer por compromiso, o porque alguien nos dice que un libro es un bueno o un clásico. Si no nos gusta un libro hay que dejarlo, porque leer es algo muy parecido a la felicidad, y no se puede obligar a nadie a ser feliz.
Y entonces, por primera vez en muchos años, mi forma de ver a Borges cambió. No dejó de parecerme irónico que el mismo autor cuya obra no lograba disfrutar ni entender me diera, a través de una cita encontrada al azar, la clave para hacer las paces. Creo que a partir de entonces lo vi bajo otra luz. Dejé de aventurarme en sus cuentos, consciente que quizá jamás los entendería. Sin embargo, con el paso de los años, empecé a descubrir ciertos textos de Borges, que leí sin compromiso y sin expectativas, sin prisas y sin aprehensión. Y así, encontré otra faceta del argentino: por ejemplo, su poesía (género que no suelo leer) me pareció espectacular y asequible, y sus ensayos o conferencias sobre la literatura y su amor por los libros, me llegó profundamente. El libro Arte poética reúne seis conferencias que Borges dictó sobre la palabra y la literatura y es uno de mis favoritos pues es, simplemente, espectacular.
Todo este preámbulo es un antecedente para explicar cómo llegué a este texto del mexicano José Emilio Pacheco, titulado simplemente Jorge Luis Borges, que reúne una serie de conferencias dictadas para celebrar el centenario del natalicio del escritor argentino. Considerando mis antecedentes y la relación que he construido poco a poco con Borges, realmente nunca me había puesto a indagar su biografía: de manera general, y quizá por algunos programas de televisión y pequeñas semblanzas encontradas aquí y allá, sabía de su amor a lo inglés, de su erudición al traducir desde pequeño obras mayores y, a nivel personal, que nunca se casó (o lo hizo tarde), permaneciendo siempre al lado de su madre. Pero nada más.
En ese sentido, Pacheco presenta de una manera distinta la vida de Borges –más allá de una cronología y hechos sucesivos, lo que el autor señala son momentos clave en su vida y en el contexto histórico del mundo hispano y latinoamericano y que contribuyeron a darle el lugar que tiene en la historia de la literatura mundial. Sin duda, ha resultado una lectura didáctica pero sobre todo, sumamente interesante y valiosa para entender a un hombre que fue único y realmente influyó y promovió el reconocimiento de las letras latinoamericanas durante el siglo XX. Pacheco también destaca siempre el gran amor de Borges por la literatura ya bien conocida, que lo llevó a declarar que se consideraba mejor lector que autor y que se enorgullecía no de sus escritos sino de los libros que había leído.
Sin duda, este retrato de Borges lo muestra como quizá muchos genios sean y como se caracteriza mi relación con él: complejo y ambiguo. Sin hacer un juicio de valor, Pacheco presenta las muchas contradicciones de Borges, como el hecho que consideraba menor la literatura del continente americano, salvo algunas excepciones; que en sus primeras obras escogió como lengua literaria el inglés, pero que fue el español el que le dio la gloria al ligarlo a la tierra y a la tradición criolla; y que existió en el hombre un marcado racismo hacia ciertas nacionalidades. Esto último, en particular, me impactó.
“Por una parte, nunca se sobrepondrá al desprecio que le inspiran los colonizados. Su desinterés por lo hispanoamericano (con las excepciones de Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Urueña) será constante y marchará unido a su desdén de las culturas francesa y española. Por otra, tal vez sin proponérselo, Borges será una de las negaciones más radicales del pensamiento racista y la refutación contundente de las inferioridad cultural irremediable que charlatanes como le Bon asignaban a nuestros países.”
De resaltar es el trabajo de Pacheco para intercalar momentos históricos que guardan paralelismo con el Borges del siglo XX y que rescataron y le dieron un nuevo lugar a las letras latinoamericanas en el mundo. Por ejemplo, en un inicio nos habla de El Conde Lucanor de don Juan Manuel –o el adelantado de Murcia – quien puede considerarse como “el primer cuentista europeo”. Si bien los cuentos reunidos en este libro no son originales, como Pacheco señala, “la invención está en la forma de contarlos y en el cuidadoso estilo”, cosa que Borges replicaría casi siete siglos después.
De igual forma, es maravillosa la comparación con el Inca Garcilaso de la Vega: en 1589 este hombre, nacido de padre español y madre inca, se trasladó a España y emprendió la tarea de traducir un texto italiano al español. Los letrados de España lo consideran poco menos que una aberración: ¿cómo un antártico, nacido en el nuevo mundo y que creció con la lengua de los indio del Perú se atrevía a traducir a autores italianos e incluso a escribir su propia poesía? Pero la realidad fue que su obra se encontró pronto entre los clásicos del Siglo de Oro español.
Una misma situación enfrentó Borges. En 1001 años de la lengua española, Antonio Alatorre señala que poco después de la independencia de sus colonias en América, España vetó prácticamente todo obra literaria producida en sus ex territorios y el mundo editorial no volvió a publicar nada hasta ya entrado el siglo XX. Es decir, los pocos avances que se tuvieron con autores como Garcilaso, o la propia Sor Juana Inés de la Cruz, llegaron a su fin. Si antes consideraban menor las obras producidas en ultramar, por sus “vasallos”, la independencia fue el golpe de gracia cuando la Madre Patria se negó a perdonar a los hijos rebeldes.
Borges cambió esto –en su obra como traductor y ensayista, demostró que no sólo Latinoamérica podía apreciar obras contemporáneas y de la cultura europea, sino que también podría producirlas con excelente calidad y a la altura de grandes obras universales. Borges puso en el mapa las obras producidas en este continente, tanto con su obra escrita como su incansable labor de traductor y ensayista y fue él quien preparó el camino para el gran boom latinoamericano.
“Su heroísmo no será el que se conquista mediante la muerte de los demás sino un heroísmo de otra índole mucho más fecunda y admirable: la de un hombre que contra las circunstancias más adversas mantiene su tradición literaria durante setenta años (…) una obra que es una gran realización personal y al mismo tiempo la victoria que nadie esperaba de la literatura hispanoamericana y de la lengua española.”
Pacheco toca también algunos aspectos de la vida personal de Borges que lo hicieron quien fue –su abuela paterna, inglesa, quien le inculcó su conocimiento de ese idioma y a la cultura anglo; su padre, amante de los libros; su encuentro con la Enciclopedia Británica, que le hizo volverse un lector; sus años formativos en Europa cuando joven; su amistad entrañable con Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Urueña; y el hecho de mantenerse soltero hasta casi los setenta años. Quizá me hubiera gustado conocer un poco más de este último aspecto en la voz de Pacheco pero, nada que no puede encontrarse en otra biografía. Por último, destaco que Pacheco incluye dos poemas escritos en inglés y no traducidos al español antes -Two English Poems, ambos bellísimos, y emotivos.
En el texto, Pacheco también destaca constantemente la pasión de Borges por la literatura y la lectura y es algo que he disfrutado enormemente –Borges se atrevió a dedicarse con todo el alma a su única pasión, con todo lo que ello implicaba (incluso, y en este contexto tendría sentido, a no mantener alguna relación amorosa), porque era la más grande forma de libertad. Pacheco señala:
“Así pues, la idea de laberinto queda asociada desde muy temprano en Borges a la noción del vuelo hacia la libertad, vuelo que también acaba en fracaso. No importa. Así sea por un instante, se ha mirado la tierra desde donde antes sólo la habían visto los dioses y los pájaros. Hay una salida del laberinto y es el vuelo, imagen por excelencia de la imaginación y la lectura.”
Un último detalle de la vida de Borges me sorprendió: desconocía que perdió la vista relativamente joven, pero ni aun así dejó de trabajar con las letras. Terrible pesadilla para otro que no fuera el escritor argentino y una contradicción que algo así le sucediera a un hombre con tanto amor por las letras. Pero fue algo menor, toda vez que siguió leyendo y escribiendo posterior a eso pues para él, ”la literatura es el libro de arena sin principio ni fin. El número de sus páginas es infinito. Ninguna es la primera, ninguna la última. Se trata de una labor colectiva en que cada obra de un individuo supone e incluye el esfuerzo de muchas personas y a la vez prepara los libros que vendrán, las páginas escritas por quienes no han nacido todavía.”
Sin duda, esta semblanza de Borges me ha interesado aún más por el autor. He de reconocer que tengo por ahí un libro pendiente que compré, hace ya bastantes años, esperando el momento idóneo para darle una oportunidad: Historia Universal de la Infamia. Y tal vez sea el momento de intentar de nuevo un acercamiento. Asimismo, Pacheco me ha despertado una inquietud por Alfonso Reyes. Con vergüenza he de reconocer que no he leído nada de él, y me pregunto porque en el currículo universitario no ha sido incluido. Es una deuda que debo saladar con otro escritor mexicano. En este aspecto, tal vez, Borges también me orienta en esa inacabable búsqueda de la felicidad que iniciamos los lectores cada vez que abrimos un libro.
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Caronte
 05 agosto 2019
Desde el momento en que los administradores de la página se pusieron en contacto conmigo para concretar mis datos personales, tuve mucha emoción ante la idea de poder reseñar este libro. Como muchos de ustedes saben, en el mundo mortal soy estudiante de Literatura hispanomexicana (un nombre largo y pomposo que amo presumir en todos lados), por lo que mi cabeza está constantemente llena de teorías y posturas cronológicas a través de la historia de la literatura. Una de ellas nos señala, desde sus inicios, que el autor debe estar muerto, que su histroia y trasfondo no deben influir en nuestra manera de ver sus relatos o historias, sus ensayos o libros. Personalmente, creo que la vida del autor puede aportar algo a un conocimiento no muy prioritario de su litetaruta. No siempre es el caso de que los textos se ven invadidos de simbolismos sobre su vida. Hay autores que incluso quieren apartarse por completo de lo que les ocurre para poder escribir como creen debido. Y fue por todo esto, que pensar en la idea de tener entre mis manos una perspectiva sobre la vida de un autor que admiro, me pareció maravilloso y emocionante.

Este interés por el escritor (incluso yendo contra todo aquello que se me ha enseñado durante dos años) partió precisamente de un cuento, uno maravilloso llamado "El otro", de ese autor conocido, un tal Jorge Luis Borges. Ese es, quizá, uno de mis cuentos favoritos de habla hispana, e incluso el que puedo contar con mi favorito del mundo en español -ese del cual no titubeo al decir que está en primer lugar- es de este mismo escritor. Pero volviendo a "El otro", fue gracias a este cuento que comencé a preguntarme cosas sobre el su origen, sobre la persona que fue Borges y su vida como para llegar a relatar algo semejante. Pues ahora, gracias a ediciones Era y José Emilio Pacheco, tuve la grandiosa oportunidad de poder adentrarme un poco en la bibliografía del autor. Porque, recordemos que todas las historias, incluso las basadas en hechos reales o publicadas como autobiografías, tienen algo de ficción cuando se tornan al papel, porque la perspectiva de cada uno es diferente.

Físicamente el libro es una joya. Tenemos a Borges mismo en la portada en una imagen a blanco y negro con su nombre en letras rojas en la parte superior. Mi edición es de tapas blandas con solapa, un efecto maravilloso que amo porque las tapas duras suelen estropearse muy rápido. Es, en toda regla, una edición Era de Pacheco. Tiene la segunda página en color (en este caso rojo) y cuenta con todos los datos de el libro. Hasta el momento, todo parece sencillo. ¿A dónde quiere llegar Caronte con este recuento físico de un objeto que nosotros veremos si llegamos a comprarlo? Pues a la cantidad de páginas. Me parece relevante porque la gente siempre se queja de que no leen biografías porque son muy aburridas y largas. Pues esta no lo es. Es un libro que puedes leer fácilmente en una tarde de verano, con una limonada en una mano y el objeto en la otra. No hay excusa para no leerlo.

Sobre su contenido tengo mucho más qué decir. Para comenzar: no esperen un libro cronológico y simplón. No esperen que Pacheco vaya relatando su vida y milagros como si estuvieran leyendo Wikipedia. ¡Por Zeus! Se trata de un grande hablando sobre la vida de otro grane. Y fuera del conteo cronológico de sus obras, de sus orígenes; el resto es platicado, como si de una historia más de José Emilio Pacheco se tratara. Creo que ese aspecto ha sido el que más me ha gustado, el leer en pluma de un autor conocido la interpretación de la vida del otro. Porque sí, da fechas, momentos, nombres, lugares, pero no deja de ser una interpretación de una vida. Es un hecho que faltan detalles, pero se centra en lo esencial, en relatar sus amistades (principalmente), sus obras más exitosas; en repasar una y otra vez los estragos de su cegera temprana y las cosas que tuvo que cambiar en su vida y su escritura para poder llegar a ser quién fue. Además -y esto me ha encantado-, Pacheco hace énfasis en las inspitaciones de Borges. Relata una y otra vez sus descubrimientos literarios, mismos que luego aparecen ya sea como referencia o emulación dentro de sus escritos (sobre todo en la poesía y sus tintes de Walt Whitman). Es por esto que al inicio del libro se puede llegar a pensar que Pacheco no está hablando de Borges, que se está perdiendo entre una cronología que nada tiene que ver con el objeto de su libro; sin embargo, la realidad es otra. Pacheco comienza a hablar de todo aquello que lo llevó a ser él y generar su estilo propio. Las formas por las que pasó el género al que Borges perteneció. Así, Pacheco nos lleva a conocer todo aquello que influyó en el autor, todo lo que lo rodeaba (desde cuestiones políticas, corrientes literarias, personas, instituciones hasta sus logros y derrotas) para luego hablarnos de él mismo y que sea el lector quien se trace una idea de la persona que Borges fue.

Supongo que a muchos no les parece que este libro les pueda aportar nada sobre el autor, que les parezca una de las biografías menos concretas de todas las que puedan existir; pero se trata, como ya dije, de un punto de vista. Personalmente me ha gustado mucho, sobre todo la forma en la que Pacheco se expresa de Borges y su trabajo, ese hacernos sentir que quiere ser objetivo pero que por lo menos lo sobrepasa su propia prosa y termina poetizando al autor.

Ya para terminar y no hacer esta reseña más larga, porque creo que me he extendido y a muchos les costará llegar hasta este punto; recomiendo este libro a todo el mundo. Borges es un autor complicado en varios sentidos pero no por ello debemos de dejar de leerlo y este libro muestra una especie de inicio para comprenderlo. Muchos de los aspectos que quedaron grabados en su literatura aparecieron por una corriente o persona que conoció y todas ellas fueron mencionadas por Pacheco. Sí, el lenguaje que utiliza puede ser un poco rebuscado -en momentos es necesario hacerse de un diccionario-, pero lo vale, cada una de estas palabras. Además, como extra, les diré que al final nos dio una "Bibliografía mínima" por la que bien se puede comenzar a internarse en el mundo borgiano. Por otro lado, para los otros que como yo son grandes seguidores de Borges, Pacheco nos cuenta una historia platicada (no sé si ese verbo exista en otro país fuera del mío pero es como si el autor se sentara contigo y te dijera una anécdota de una tercera persona, ambos con una taza de lo que te apetezca en la mano, luego de haber comido la cosa más deliciosa del mundo). Así que, en resumidas cuentas, recomiendo este libro a todo el que quiera conocer más sobre cuentos, poemas, vidas, milagros y otros menesteres de Borges desde la pluma del maravilloso José Emilio Pacheco.

Saludos enormes.
Enlace: https://librodeultratumba.bl..
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cristhianparedes
 18 octubre 2019
Jorge Luis Borges
por José Emilio Pacheco
José Emilio dijo alguna vez en una conferencia que conmemoraba el centenario del nacimiento de Borges “(...) Borges es quizá el autor más estudiado de la lengua española. al acercarse a él toda pretensión de novedad queda excluida. Sin embargo, hay todavía algunos aspectos marginales que resulta interesante subrayar en su obra”.
Con esto en mente y siendo José Emilio quien era, decidió tomar el papel de guía de museo en un recorrido imaginario por la vida y obra de Borges. Nos sube a un pequeño auto que va haciendo un paseo completo desde incluso antes de nacer siquiera, visitando brevemente la vida de los padres de este para después adentrarse en todo lo hecho por él.
La visita se hace amena, sin sentirse pesada en lo más mínima. Retomando la idea de guía de museo: José Emilio realmente disfrutó escribir y contar todo cuanto pudo ya que más que presumir el conocimiento o el nivel de indagación al cual muchos biógrafos acostumbran, lo que se siente presente en este libro es la intención de hacer que más gente se acerque y lo conozca. He allí la razón del porqué este libro es de apenas un poco más de un ciento de páginas cuando bien con la vida de Borges podríamos llenar volúmenes enteros se resume todo de manera magistral: este es un documento de divulgación.
Mis reseñas siempre trato de hacerlas sobre el transfondo de los libros más que del contenido. El cómo está escrito, la manera que el autor busca conectar (o no) con el lector y sobre todo y lo más importante, si es que disfruto la lectura.
En este caso en particular puedo decir que nunca he sido un gran fan de la obra de Borges ni mucho menos de su vida. Recibí el libro por parte del programa de Masa Crítica con una mezcla de desgano (esperaba recibir otro) y curiosidad (José Emilio, por otro lado, ha sido de mis consentidos y me intrigaba el saber cómo lo manejaría). Realmente no me esperaba que leer sobre un tema que no me apasionara me llegara a gustar. Ayuda de manera increíble la forma fácil y sencilla con palabras casuales y sin pretenciones en la que fue escrito y no puedo encontrar una sola cosa que haya visto mal.
¿Lo recomiendo? Sí.
¿A quién? A quien no conozca nada de Borges. Me parece un gran punto de partida donde, quien termine de leerlo, tendrá un panorama abierto de las posibilidades en las que podrá dirigirse para adentrarse en las diferentes formas de ampliarse en la literatura Borgiana.
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