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Crítica de IvanValenciaA


IvanValenciaA
12 febrero 2019
Illana Sommo y Alexander Gideon empiezan a intercambiar correspondencia, por iniciativa de Illana, después de siete años de su separación. El motivo es el hijo que salió de esa relación, Boaz, cuyo carácter, en parte consecuencia del tormentoso proceso de separación de sus padres, hace que no encaje en ningún lugar y termine envuelto en diversos y complejos problemas -pero Boaz será solo la excusa para desatar acusaciones, recriminaciones, recuerdos, sentimientos oscuros, que Oz desarrollará con gran belleza literaria-. Alexander es un académico y escritor, veterano de guerra en el conflicto árabe-israelí, experto en el estudio del fanatismo, vive y trabaja en EE.UU; ordenado, serio y entregado a un exilio voluntario, Alexander trata de mantener el control de todo cuanto le rodea. Cuenta con el apoyo de su abogado y de un grupo de investigadores privados para saber todo sobre su ex esposa y su hijo. Illana, por su lado, vive en Israel, se ha vuelto a casar con un árabe converso al judaísmo, militante de organizaciones ultra-ortodoxas, profesor de francés que percibe un modesto salario por esta actividad. Han tenido una hija. Illana, además, mantiene correspondencia con su única hermana quien vive con su esposo e hijos en un Kibbutz.

Cuando terminé de leer La caja Negra recordé una conferencia del escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II donde propuso que, como estrategia para detectar y diferenciar un buen escrito de uno pobre, se transcribieran sus diálogos eliminando las acotaciones. Esto es prescindir de las señas que da el escritor como complemento y guía de lo que dice y siente el personaje: ¨susurró¨, ¨exclamó mientras paseaba la vista por la habitación¨, ¨dijo pausadamente¨, ¨mientras hablaba su rostro palideció¨, y demás formulas ya conocidas. El fin principal de este ejercicio es saber si frente al diálogo puro las voces de los personajes logran distinguirse, si hay construcción psicológica del individuo. Quizás una de las tareas más complejas del escritor es lograr esa individualidad en sus personajes, que al leer lo que dice reconozcamos las palabras de alguien que nos es conocido. En diversos estilos de escritura literaria las acotaciones resultan ser salvavidas para dar estos matices; por ejemplo para hablar de un personaje enigmático siempre hay una palabra junto al diálogo que lo dota de su actitud. Este ejercicio no es formula universal, es apenas una herramienta que puede darnos un poco de luz al analizar una obra literaria.

Todos quienes hemos escrito una carta sabemos que aunque hay acotaciones en ellas (por ejemplo: ¨siento cada palabra que escribo como la exhalación final de una vida¨), su presencia no es esencial ni numerosa. El carácter y la voz única de la carta lo da el contenido mismo. La dificultad de la escritura de una novela epistolar se halla en la multitud de voces que deben ser auténticas y subjetivas en su contenido mismo. El escritor debe encarnar personas que van desde niños hasta ancianos sin contar con la ayuda, aunque mínima fuera, que otros estilos y géneros pueden utilizar. Meditaba sobre esto porque Amos Oz logra en su novela que cada uno de los personajes sea único e inconfundible. Esta novela puede tomarse y abrir al azar cualquier página, leyendo un par de líneas puede identificarse con precisión quién es el personaje que habla. Las voces se hacen familiares, se fijan en la memoria y entablamos relaciones con cada uno de los seres que las encarnan.

Como toda relación de carácter personal las que se entablan con estos personajes van fluctuando a lo largo de la historia. En su conjunto las cartas nos dan una visión general pero no definitiva de lo que sucedió, individualmente cada carta y quien la escribe nos dan versiones contrarias que nos obligan a intentar desvelar lo que de verdadero hay en cada una de ellas. La caja negra, como registro de lo que sucede cuando hay un accidente o inconveniente con el avión, es apenas indicio para entender el suceso. Mas en este caso es como si cada uno de los personajes llevase consigo una caja negra.

Una bellísima novela que nos permite conocer nuevas posibilidades de la novela epistolar, que explora en temas de profunda complejidad como el fanatismo y que nos presenta, como si de una carpeta de evidencia se tratase, una historia envolvente.


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