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Las mejores frases de La caja negra (4)

IvanValenciaA
IvanValenciaA 12 febrero 2019
Al otro lado de la cerca hay dos higueras y un olivo. Tras ellas dan comienzo las empinadas laderas del uadi. Y al otro lado del uadi se ve el enclave árabe, ni barrio ni pueblo, una bandada de casitas de piedra arracimadas alrededor del minarete. Antes del alba los gallos me llaman insistentemente desde allí, como intentando seducirme. A la salida del sol las cabras balan, y a veces llego a oír el tañido de las esquilas del rebaño partiendo a ramonear al borde del desierto. Todo un batallón de perros estalla a menudo en ladridos que la distancia amortigua. Como las cenizas de antiguas pasiones. Por las noches su ladrido disminuye hasta el umbral de un aullido estrangulado. El muecín a su vez responde con su propio lamento, gutural, desenfrenado, consumido de deseos velados. Es verano en Jerusalén, Alec. El verano ha llegado y tú no.
Pág. 98.
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IvanValenciaA
IvanValenciaA 12 febrero 2019
Y una vez más, Pascal: Todos los azotes del mundo derivan de nuestra incapacidad para permanecer tranquilamente en una habitación. Nuestra futilidad viene y nos destruye.
Pág. 204.
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IvanValenciaA
IvanValenciaA 12 febrero 2019
Hay felicidad en el mundo, Alec, aunque sea más efímera que un sueño. Y aunque no esté, desde luego, al alcance de tu mano. Como no está una estrella al alcance de un topo. No es «la satisfacción del reconocimiento», ni el halago, el avance, la conquista o la dominación, ni la sumisión o la claudicación, sino el estremecimiento de la fusión. Amalgamarse el uno con el otro. Como una ostra envuelve un cuerpo extraño, que al principio la hiere, pero que luego lo convierte en su perla mientras las cálidas aguas, inmutables, lo rodean y abarcan todo. Tú nunca has saboreado esta fusión, ni una sola vez en toda tu vida. Cuando el cuerpo se torna un instrumento musical a manos del alma. Cuando el Otro y el Yo echan raíces el uno en el otro y se convierten en un único coro. Y cuando el goteo de la estalactita nutre despacio la estalagmita hasta que las dos se convierten en una sola.
Pag. 141.
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IvanValenciaA
IvanValenciaA 12 febrero 2019
Leí en Bernanos que la infelicidad es una fuente de bendición. Repliqué en mi libro a esta melaza católica que toda felicidad es básicamente un trillado invento cristiano. La felicidad, escribí, es Kitsch. No tiene nada que ver con la eudaimonía de los griegos. Mientras que en el judaísmo no existe ni la idea de felicidad, ni siquiera hay una palabra que se corresponda a ella en la biblia. Aparte, tal vez, de la satisfacción del reconocimiento, una respuesta positiva de Dios o de tus vecinos: «Benditos sean los que permanecen inmaculados en el camino», por ejemplo. El judaísmo reconoce solo el gozo. Como en el versículo: «Alégrate, joven, en tu juventud». Gozo efímero, como el fuego del críptico Heráclito, cuya victoria es su destrucción, gozo cuyo anverso está contenido en él y así lo hace posible.

Pág. 115.
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