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ISBN : 8499080502
Editorial: Debolsillo (09/10/2009)

Calificación promedio : 5/5 (sobre 1 calificaciones)
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Críticas, Reseñas y Opiniones (1) Añadir una crítica
IvanValenciaA
 12 febrero 2019
Illana Sommo y Alexander Gideon empiezan a intercambiar correspondencia, por iniciativa de Illana, después de siete años de su separación. El motivo es el hijo que salió de esa relación, Boaz, cuyo carácter, en parte consecuencia del tormentoso proceso de separación de sus padres, hace que no encaje en ningún lugar y termine envuelto en diversos y complejos problemas -pero Boaz será solo la excusa para desatar acusaciones, recriminaciones, recuerdos, sentimientos oscuros, que Oz desarrollará con gran belleza literaria-. Alexander es un académico y escritor, veterano de guerra en el conflicto árabe-israelí, experto en el estudio del fanatismo, vive y trabaja en EE.UU; ordenado, serio y entregado a un exilio voluntario, Alexander trata de mantener el control de todo cuanto le rodea. Cuenta con el apoyo de su abogado y de un grupo de investigadores privados para saber todo sobre su ex esposa y su hijo. Illana, por su lado, vive en Israel, se ha vuelto a casar con un árabe converso al judaísmo, militante de organizaciones ultra-ortodoxas, profesor de francés que percibe un modesto salario por esta actividad. Han tenido una hija. Illana, además, mantiene correspondencia con su única hermana quien vive con su esposo e hijos en un Kibbutz.
Cuando terminé de leer La caja Negra recordé una conferencia del escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II donde propuso que, como estrategia para detectar y diferenciar un buen escrito de uno pobre, se transcribieran sus diálogos eliminando las acotaciones. Esto es prescindir de las señas que da el escritor como complemento y guía de lo que dice y siente el personaje: ¨susurró¨, ¨exclamó mientras paseaba la vista por la habitación¨, ¨dijo pausadamente¨, ¨mientras hablaba su rostro palideció¨, y demás formulas ya conocidas. El fin principal de este ejercicio es saber si frente al diálogo puro las voces de los personajes logran distinguirse, si hay construcción psicológica del individuo. Quizás una de las tareas más complejas del escritor es lograr esa individualidad en sus personajes, que al leer lo que dice reconozcamos las palabras de alguien que nos es conocido. En diversos estilos de escritura literaria las acotaciones resultan ser salvavidas para dar estos matices; por ejemplo para hablar de un personaje enigmático siempre hay una palabra junto al diálogo que lo dota de su actitud. Este ejercicio no es formula universal, es apenas una herramienta que puede darnos un poco de luz al analizar una obra literaria.
Todos quienes hemos escrito una carta sabemos que aunque hay acotaciones en ellas (por ejemplo: ¨siento cada palabra que escribo como la exhalación final de una vida¨), su presencia no es esencial ni numerosa. El carácter y la voz única de la carta lo da el contenido mismo. La dificultad de la escritura de una novela epistolar se halla en la multitud de voces que deben ser auténticas y subjetivas en su contenido mismo. El escritor debe encarnar personas que van desde niños hasta ancianos sin contar con la ayuda, aunque mínima fuera, que otros estilos y géneros pueden utilizar. Meditaba sobre esto porque Amos Oz logra en su novela que cada uno de los personajes sea único e inconfundible. Esta novela puede tomarse y abrir al azar cualquier página, leyendo un par de líneas puede identificarse con precisión quién es el personaje que habla. Las voces se hacen familiares, se fijan en la memoria y entablamos relaciones con cada uno de los seres que las encarnan.
Como toda relación de carácter personal las que se entablan con estos personajes van fluctuando a lo largo de la historia. En su conjunto las cartas nos dan una visión general pero no definitiva de lo que sucedió, individualmente cada carta y quien la escribe nos dan versiones contrarias que nos obligan a intentar desvelar lo que de verdadero hay en cada una de ellas. La caja negra, como registro de lo que sucede cuando hay un accidente o inconveniente con el avión, es apenas indicio para entender el suceso. Mas en este caso es como si cada uno de los personajes llevase consigo una caja negra.
Una bellísima novela que nos permite conocer nuevas posibilidades de la novela epistolar, que explora en temas de profunda complejidad como el fanatismo y que nos presenta, como si de una carpeta de evidencia se tratase, una historia envolvente.

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Citas y frases (4) Añadir cita
IvanValenciaAIvanValenciaA12 febrero 2019
Hay felicidad en el mundo, Alec, aunque sea más efímera que un sueño. Y aunque no esté, desde luego, al alcance de tu mano. Como no está una estrella al alcance de un topo. No es «la satisfacción del reconocimiento», ni el halago, el avance, la conquista o la dominación, ni la sumisión o la claudicación, sino el estremecimiento de la fusión. Amalgamarse el uno con el otro. Como una ostra envuelve un cuerpo extraño, que al principio la hiere, pero que luego lo convierte en su perla mientras las cálidas aguas, inmutables, lo rodean y abarcan todo. Tú nunca has saboreado esta fusión, ni una sola vez en toda tu vida. Cuando el cuerpo se torna un instrumento musical a manos del alma. Cuando el Otro y el Yo echan raíces el uno en el otro y se convierten en un único coro. Y cuando el goteo de la estalactita nutre despacio la estalagmita hasta que las dos se convierten en una sola.
Pag. 141.
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IvanValenciaAIvanValenciaA12 febrero 2019
Al otro lado de la cerca hay dos higueras y un olivo. Tras ellas dan comienzo las empinadas laderas del uadi. Y al otro lado del uadi se ve el enclave árabe, ni barrio ni pueblo, una bandada de casitas de piedra arracimadas alrededor del minarete. Antes del alba los gallos me llaman insistentemente desde allí, como intentando seducirme. A la salida del sol las cabras balan, y a veces llego a oír el tañido de las esquilas del rebaño partiendo a ramonear al borde del desierto. Todo un batallón de perros estalla a menudo en ladridos que la distancia amortigua. Como las cenizas de antiguas pasiones. Por las noches su ladrido disminuye hasta el umbral de un aullido estrangulado. El muecín a su vez responde con su propio lamento, gutural, desenfrenado, consumido de deseos velados. Es verano en Jerusalén, Alec. El verano ha llegado y tú no.
Pág. 98.
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IvanValenciaAIvanValenciaA12 febrero 2019
Leí en Bernanos que la infelicidad es una fuente de bendición. Repliqué en mi libro a esta melaza católica que toda felicidad es básicamente un trillado invento cristiano. La felicidad, escribí, es Kitsch. No tiene nada que ver con la eudaimonía de los griegos. Mientras que en el judaísmo no existe ni la idea de felicidad, ni siquiera hay una palabra que se corresponda a ella en la biblia. Aparte, tal vez, de la satisfacción del reconocimiento, una respuesta positiva de Dios o de tus vecinos: «Benditos sean los que permanecen inmaculados en el camino», por ejemplo. El judaísmo reconoce solo el gozo. Como en el versículo: «Alégrate, joven, en tu juventud». Gozo efímero, como el fuego del críptico Heráclito, cuya victoria es su destrucción, gozo cuyo anverso está contenido en él y así lo hace posible.

Pág. 115.
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IvanValenciaAIvanValenciaA12 febrero 2019
Y una vez más, Pascal: Todos los azotes del mundo derivan de nuestra incapacidad para permanecer tranquilamente en una habitación. Nuestra futilidad viene y nos destruye.
Pág. 204.
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