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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
25 mayo 2018
Lawrence Osborne es el turista que ha visto, olido y escuchado todo en todas partes y lugares posibles. El mundo, en toda su grandeza, magnitud y esplendor, se le ha quedado pequeño. Para él, todo está trillado, usado y manipulado. Entiendo que, para un escritor de libros de viajes que ha visitado países y pernoctado en 1.034 habitaciones de hotel, su sentimiento no puede ser otro que el resumido en una frase al principio de su libro:

El deseo sigue ahí, pero el objeto del deseo ha dejado de existir.

El turista desnudo no puede considerarse una novela ni una guía de viajes al uso. Más bien al contrario: es un ensayo a través del cual Lawrence Osborne va rellenando esa cáscara vacía en la que se ha convertido su vida al errar por tantos países diseminados en los diferentes continentes. Todo ello lo pincela con ese sarcástico humor inglés donde chocan las ganas de lo nuevo con la comodidad cotidiana, como esos almohadones que se supone que siempre hay a disposición del turista para hacerlo sentir como en casa sin estar en ella.

Aun así, al mismo tiempo quiere descubrir algo nuevo, nunca visto ni imaginado. En fin, toda una serie de paradojas muy bien instruidas y construidas con los argumentos que nos da la historia del turismo. En este caso, el autor hila esos argumentos con su propia experiencia, justificando unas veces (y otras no tanto) el modo en que los ingleses, con su Gran Tour, al tiempo que expandían los limites de su Imperio se replicaban en cada sitio o lugar, barriendo todas las idiosincrasias de los que allí vivían.

Parece un poco raro que aquellos que llevaban sus comodidades a todos los rincones de su Imperio, ignorando las culturas originales y primigenias, luego se extrañen por tener la sensación de que todos los lugares son iguales. al fin y al cabo no dejan de ser los mismos hoteles con los mismos servicios en todos los sitios y ambientes... Y así, con este hastío, nos encontramos a Lawrence Osborne al comienzo de este libro.

Él quiere volver a sentir el placer del viajero, sus descubrimientos e incomodidades... adaptarse a los pueblos y a sus territorios, y no lo contrario (que las diferentes gentes se tengan que adaptar al turista, vacío y uniformado). Quiere sentir el placer de lo nuevo, ver el mundo con otros ojos y salir de la zona de confort de los Tour Operators, los nuevos "consulados", que llevan de la mano a sus turistas y sus clientes a cualquier parte del mundo que demanden. Ellos harán todo por ti, todo lo que tu dinero pueda comprar.

En medio de lo que parece una crisis existencial, Lawrence Osborne planifica uno de esos Grand Tour que duran más de seis meses, durante el que recorrerá diferentes países en distintos continentes. La ruta asiática le hará viajar por Dubái, Calcuta, las islas Andamán, Bangkok, Bali y Papúa Nueva Guinea, y acompañaremos al autor en todas esas experiencias que el turista promedio puede encontrar si visita esos lugares y recorre los mismos sitios.

Así, pasaremos del lujo por el lujo de la ciudad de Dubái a las reminiscencias coloniales de Calcuta, para seguir con una pequeña introducción a las culturas primigenias de las islas Andamán. Luego un alto en el camino y una puesta a punto a todos los niveles (sexual, espiritual y de salud), pasando por lo más escatológico posible que puede sentir un ser humano... todo ello en aras de la salud más económica y accesible.

El final de su viaje llegará cuando pase por Bali para llegar a Papúa Nueva Guinea, su destino final y por el que ha recorrido miles de kilómetros. En Papúa Nueva Guinea es donde se desnuda literal y metafóricamente, dándolo y sufriéndolo todo para llegar a la catarsis necesaria, esa que le hará recuperar su pasión por viajar y la ilusión de vivir en este mundo tan cambiante y desconocido (aunque leyéndolo, parece todo lo contrario).

A modo de equipaje le acompañan dos viajeros (que no turistas): los antropólogos Margaret Mead y Lévi-Strauss. El autor recorre los mismos sitios y lugares que ellos recorrieron anteriormente, pero con una variable que Lawrence Osborne no ha tenido en cuenta: los tiempos son otros, y los ojos también son distintos y, por tanto, las percepciones nunca pueden ser las mismas para ningún ser humano.

En definitiva, si la lectura me ha calado es gracias al ansia del autor por descubrirse y reconocerse, porque se ha asemejado a mi ansia lectora por recorrer todas las páginas de su libro y así impulsar mi curiosidad y mi saber, al cual doy gracias por no tener límites.

El turista desnudo es toda una revelación, donde los distintos caleidoscopios de los pueblos se centrifugan para converger al final y definirse de acuerdo a las necesidades de los Tour Operators... y Lawrence Osborne nos lo cuenta tal y como él lo percibe.
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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