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Crítica de Fesaro


Fesaro
20 febrero 2018
La sinopsis de El hombre que ya no soy dice realmente muy poco si tenemos en cuenta el conjunto de la historia. Si contara más nos privaría de la sorpresa, del placer de ir descubriendo capitulo a capitulo como todo está relacionado entre sí, pero no sabremos cómo hasta llegar al punto en que es el autor quien permite que vayamos atando cabos. Recorrer la trama de esta novela es conocer a un puñado de personajes a los que engancharte. No sé cómo lo hace, pero Salvador ha creado un elenco magistral, cargados de matices, de vidas por exprimir en manos de un lector en el transcurrir de cada página.

Resumir es entonces una pérdida de tiempo y no quiero hablar de sinopsis puesto que este libro tiene que sorprenderte. Mejor es adentrarse en ella página a página y descubrir que es un drama, con cierto toque de misterio como el que nos otorgan las novelas negras con culpables aún por descubrir. La droga será el elemento que Salvador Navarro use de llave para introducirnos en el mundo de los bajos fondos de una Sevilla, que como ya hiciera en su anterior novela recorreremos de una punta a otra como si de una road movie local se tratará. Son esos pequeños trayectos de un escenario a otro de la ciudad, sus capítulos cortos, el desarrollo frenético de los hechos y un montón de dudas que despejar lo que hará que el lector vuele por sus páginas a pesar del volumen de la novela.

Corrupción, traiciones, amor, sexo, droga, estafas, asesinatos, venganza son todos temas que forma una larga lista de lo que vamos a encontrarnos y que ponen en pie una historia interesante pero que para mí se sitúa en un segundo plano cuando sus personajes desfilan uno a uno por el escenario y los voy conociendo. El gran mérito de esta novela es encajar una historia con tantos giros entre un elenco de personajes tan profundos y con tantos matices. Sencillamente brutales, con tanta fuerza que cada uno de ellos podría dar para una novela independiente y puede que al final el secreto es que Salvador en la vida real es ingeniero y ha construido su obra de ingeniería partiendo de unas piezas primordiales como son los sentimientos para que funcione como un engrasado motor que propulsa vidas con las que reflexionar y agarrarse durante toda la novele. Es imposible al lector escapar de la reflexión, de la animadversión o la empatía a uno u otro personaje de la novela. Navarro nos otorga el papel de juez porque El hombre que ya no soy no tiene sentido si no juzgamos para bien o para mal las vidas de sus personajes. Porque la vida hoy más que nunca y lo defiendo ante cualquiera se hace en los bares, en esos que desfilan por los escenarios a los que Salvador nos acerca y donde tantas confidencias, mentiras y preguntas indiscretas tienen lugar. Butaca de lujo en la que sabe colocarte para que lo vivas en primera fila y lo puedas sentir como si allí mismo estuvieras.

Tengo que reconocer que me costó cierto trabajo entrar en la historia debido a esa bruma por la que andaba Elisa (su protagonista) al principio y que aunque le seguí los paso no sabía hacia donde me llevaba. Pasadas unas decenas de páginas me di cuenta que la paciencia es una gran virtud y que todo llega para el que sabe esperar. No sé si el autor nos quiere dejar una moraleja entre tanto ir y venir de personajes. Puede que todo este expuesto para que cada uno reflexione lo que más le apetezca o crea ver y que entre tanto ángel caído que habita en suelo terrenal, los silencios que muchos guardan y luchan para que no les exploten dentro de sí en el fondo no son tan diferentes a los que la vida real nos tiene acostumbrados a presenciar.

Me quedo con ese mundo donde las clases altas y acomodadas bajan a los infiernos, mostrándonos que en el fondo no dejan de ser igual de juguetes rotos que cualquiera que padece la misma miseria material. Unas clases más desfavorecidas que en muchos casos demuestran más lealtad de lo que se les presupone y que tendemos a tacharles de muchas cosas antes de comprobar quienes son y qué les ha hecho ser así.

Quiero ser tan leal como Fidel, tender una mano a esa Elisa para que salga del infierno que vive con cada paso que da, quiero enamorarme de Mariola y de esa personalidad suya. Que Alfredo sea mi profesor de filosofía en la barra de los bares y escuchar música en el apartamento de Roberto mientras su madre Paca nos hace puchero de acelgas con todos sus habíos.

Kierkegaard decía que "la vida solo se puede comprender al mirar hacia atrás, pero hay que vivirla mirando hacia adelante” y estoy seguro que esta frase define muy bien la forma de escribir de Salvador Navarro, un escritor que no olvida de donde viene y que con cada novela aprende para mejorar en su siguiente novela.

La vida podría ser muy sencilla como dice uno de los protagonistas del libro pero la realidad es otra bien distinta y Salvador nos pone un ejemplo como puede ser cualquier realidad, llena de personajes cuyas vidas giran bruscamente cuando menos se lo esperan. Cualquier cosas es esta novela menos predecible y en eso radica otro de su puntos interesantes aunque el verdadero interés ya os lo mencione antes.

Cuando una novela te deja helado, con el cuerpo cortado a mitad de su trama debido a un suceso, te roba una lágrima, te hace cerrar el puño de rabia o repetir una frase para que se quede grabada por mucho tiempo en tu memoria, se hace digna merecedora por motivos propios de figurar entre tus mejores lecturas del año pasado.

Enlace: http://librosenelpetate.blog..
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