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ISBN : 8415943245
Editorial: Toromítico (19/11/2014)

Calificación promedio : 3.5/5 (sobre 1 calificaciones)
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Críticas, Reseñas y Opiniones (1) Añadir una crítica
Galena
 28 julio 2018
La cuarta entrega de la saga de Ana de las Tejas Verdes, un libro en el que transcurren tres años en los que Ana se irá a trabajar a Álamos Ventosos antes de casarse.
Este, al igual que el anterior, es un libro en el que no estamos en Tejas Verdes, Ana tiene otra vida y nos la cuenta, pero en concreto en este título más que hablarnos de su vida, Ana es una narradora que nos transmite las aventuras y desventuras de sus nuevos conocidos.
Una gran porción está narrada en formato epistolar y a través de sus páginas conoceremos a su caseras, a sus vecinos, a su compañeros de trabajo, a los niños que la rodean, etc.
Al principio esto no me gustó mucho por que veía muy abandonada la trama central de la protagonista, su relación con Marilla, Avonlea, Diana o Gilbert. Sigo pensándolo, pero no puedo decir que no haya disfrutado la lectura, algunas de las historias eran muy tiernas y muchas de ellas tenían ese genial toque dulce y cómico que Montgomery sabía aportarle a sus escritos. Sin embargo, son historias que se introducen de forma un poco forzada y una vez me acostumbré a sus sistema todo fue bien, pero es que se empieza a hablar de personajes de forma un poco aleatoria y por supuesto, al ser nuevos, no sabemos nada de ellos y a veces me costó un poco ubicar quien era cada persona o de qué los conocía Ana.
Uno de los aspectos que más me ha gustado es que una vez más la presencia de los niños es de lo más particular, desde los traviesos mellizos (no me gustaría nada cuidar a unos niños así) hasta la encantadora y triste Elizabeth, que me ha recordado a la pequeña Ana del primer libro. Para mí es lo que mejor domina la autora, es capaz de plasmar esa manera tan particular de pensar y comportarse que hizo que adorásemos a Ana al conocerla.
Así que es un libro al que le veo cualidades y defectos, me han gustado las historias, también que se atreviese con el formato epistolar, pero es que me resulta muy descarado que se deje de lado todo lo relacionado con la vida de Ana, Gilbert, Marilla y toda Tejas Verdes, lo veo un poco desconectado, un poco como relleno... Es un clásico al que le tengo cariño y percibo que soy benevolente con él, me gusta la narración, los personajes y sus vivencias, pero para mí no ha sido la mejor manera de abordarlo, porque Ana deja de ser la protagonista y pasa a ser simplemente la narradora de las desventuras de personajes desconocidos. Ha sido casi como leer un libro de relatos, yendo de personajes en personajes.
No sé cómo será el siguiente, pero presiento que ahora sí se retomará la trama de Ana puesto ha terminado con aquello que la mantenía en Álamos Ventosos. Me encantaría que Ana volviese a Tejas Verdes y supiésemos más de los habitantes de allí.
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GalenaGalena28 julio 2018
—Dices eso solo por parecer educada, claro. No hace falta. Sabes tan bien como yo que no soy el tipo de chica de la que se enamoran los hombres. Soy la «sosa señorita Nelson». no es culpa mía si no tengo a nadie. No soportaba estar más tiempo allí dentro. Tenía que venir aquí abajo y permitirme a mí misma sentirme triste. Estoy cansada de sonreír y mostrarme agradable con todo el mundo y fingir que no me importa cuando me hacen bromas por no estar casada. No voy a fingir más. Y sí me importa, me importa muchísimo que se burlen de mí. Soy la única de las chicas Nelson que queda soltera. Cinco de mis hermanas están casadas o lo estarán mañana. Ya has escuchado a la tía Felina echarme en cara mi edad cuando estábamos cenando. Y oí como le decía a mi madre antes de la cena que yo «había envejecido bastante» desde el verano pasado. Pues claro que he envejecido. Tengo veintiocho años. Dentro de doce tendré cuarenta. ¿Cómo podré soportar la vida a los cuarenta, Ana, si no tengo raíces propias a esas alturas?
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GalenaGalena28 julio 2018
—Espero que nadie se levante y dé un motivo por el cual no deberían casarse. Eso pasó en la boda de Tillie Hatfield.
—Gordon no va a tener tanta suerte —rio el padrino, amigo del novio.
La tía Felina le dirigió una mirada pétrea de color marrón.
—Jovencito, el matrimonio no es precisamente una broma.
—Puede apostar a que no lo es —replicó él sin amilanarse—. Hola Nora, ¿cuándo vamos a tener la oportunidad de bailar en tu boda?
Nora no respondió con palabras. Se acercó al muchacho y le abofeteó deliberadamente, primero en una mejilla, y luego en la otra. Las bofetadas no fueron de broma. Después, subió las escaleras sin mirar atrás.
—Esa chica —declaró la tía Felina— está demasiado estresada.
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GalenaGalena28 julio 2018
—Por supuesto os vais a portar bien y no le daréis nada de trabajo, ¿verdad, tesoros?
Los tesoros asintieron con franqueza y se las apañaron, aunque habría parecido imposible, para parecer más angelicales todavía.
La señora Ryamond hizo que la acompañaran hasta el portón.
—Son lo único que tengo ahora —comentó con un tono excesivamente dulce—. Quizá los he malcriado un poco...Sé que la gente lo piensa. Todo el mundo parece saber siempre mejor que una como criar a los hijos, ¿se ha dado cuenta, señorita Shirley? Pero yo creo que amarlos es mejor que castigarlos, ¿no le parece?
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GalenaGalena28 julio 2018
—Los vestidos sin cuello son indecentes —replicó la señora Gibson. (Por cierto, yo llevaba un vestido sin cuello)
—Además —siguió diciendo la anciana señora Gibson, como si todo fuera una misma cosa —, a mí nunca me gustó Maurice Hilton. Su madre era una Crockett. Nunca tuvo el más mínimo sentido del decoro, ¡siempre besaba a su mujer en los lugares más indebidos!
(Gilbert, ¿estás seguro de que me besas en los lugares debidos? Me temo que la señora Gibson pensaría que la nuca, por ejemplo, no es un lugar debido).
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GalenaGalena28 julio 2018
Hay muchos Bugles en el mundo. Quizá no todos tan sumidos en su «Buglismo» como la prima Ernestine, pero hay tantos aguafiestas que temen disfrutar el momento por lo que pueda traer el mañana...
Gilbert, cariño, no dejes que tengamos miedo de las cosas. Es una esclavitud terrible. Seamos osados, aventureros y expectantes. Bailemos para encontrarnos con la vida y todo lo que nos pueda traer, aunque nos traiga montañas de problemas, y tifus, ¡y mellizos!
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