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ISBN : 8494716972
Editorial: Quaterni (08/03/2018)

Calificación promedio : 4.52/5 (sobre 32 calificaciones)
Resumen:
Yeong-do, Corea, 1911 En una pequeña aldea de pescadores a la orilla del mar del Este, un hombre tullido se casa con una muchacha de quince años. La pareja tiene una hija, su adorada Sunja. Cuando Sunja se queda embarazada de un hombre casado, la familia se enfrenta a la ruina. Pero entonces Isak, un joven sacerdote cristiano, le ofrece una oportunidad de salvación: una nueva vida en Japón como su esposa. Tras seguir a un hombre al que apenas conoce hasta un país ho... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (24) Ver más Añadir una crítica
crismonteoliva
 17 septiembre 2020
¿Qué sabes de la historia reciente de Corea? ¿Que antes de la Segunda Guerra Mundial estuvo ocupada por Japón? ¿Que, más adelante, el país acabó dividiéndose en dos naciones que se enfrentaron en una nueva guerra? ¿Sabes también que muchos coreanos tuvieron que emigrar a Japón antes de la Segunda Guerra Mundial? ¿Y que aunque sus hijos, nietos o bisnietos nacieran en suelo japonés no tienen la nacionalidad japonesa por las estrictas políticas niponas? ¿Quieres saber cómo fue la vida en Japón de los coreanos asentados allí a lo largo del siglo pasado? Pues entonces tienes, sin duda, que hacerte con un ejemplar de la fabulosa novela de Min Jin Lee titulada Pachinko, la misma que quedara finalista en los National Book Awarks y que pasamos a continuación a comentar.
Nuestra historia comienza en Yeong-do, una pequeña isla de pescadores cercana a Busan, en Corea. Hoonie, un hombre de veintiocho años, es el único hijo vivo de una familia dedicada a la hospedería. Su labio leporino y su pierna coja no le impiden llevar el negocio con eficiencia y alegría. En 1911, se casa con Yangjin, una chica pobre de quince años con la que conseguirá, después del fallecimiento de varios hijos, que le sobreviva una hija: Sunja. Cuando su padre muere, Sunja se hará cargo junto a dos criadas y su madre de la pensión familiar. Un día, de camino al mercado, la chica conoce a un hombre de negocios con el que pronto trabara amistad. Tras varios encuentros, Sunja y el empresario intiman. Como es de esperar, la joven queda embarazada. al descubrir que el padre de su hijo está casado en Japón, lugar al que viaja a menudo, Sunja decide romper la relación. Un nuevo e inesperado giro del destino, sin embargo, hará que un futuro lleno de desgracia y deshonra se torne en algo bien distinto cuando Isak, un pastor protestante, enfermizo e idealista, y alojado en la pensión, se entere del estado de Sunja. Isak no solo entenderá lo que ha sucedido, sino que también decidirá casarse con ella y llevarla a Japón, lugar en el que tendrán familia y en el que sus descendientes vivirán tanto buenas como malas experiencias.
Cuenta Min Jin Lee en el apartado dedicado a los agradecimientos de este libro que la idea primera de escribir esta gran historia se le ocurrió en 1989, cuando en una reunión escuchó hablar a un misionero americano que vivía en Japón de los zainichi, término con el que se denomina a los extranjeros que viven en Japón y con el que se hace alusión, especialmente, a todos aquellos coreanos que tuvieron que emigrar a Japón en la época colonial así como a todos sus descendientes. El misionero habló también de un adolescente descendiente de coreanos que decidió suicidarse después de haber sido acosado por sus compañeros, japoneses de pleno derecho, en el instituto. Min Jin Lee escribió un relato sobre esta historia, lo que la hizo merecedora de un premio literario. Sin embargo, Min Jin Lee no podía dejar el asunto descansar. Quería saber más sobre los coreanos asentados en Japón, sus vidas, preocupaciones, sueños y problemas. Por eso se pasó los siguientes años investigando, entrevistando a distintas personas, recopilando todo tipo de datos, etc, hasta que por fin consiguió escribir Pachinko.
Pachinko es la historia de una saga familiar que comienza en 1911 con el entrañable Hoonie, un hombre siempre dispuesto al trabajo y a cuidar de su mujer y su adorada hija, y termina en 1989 con Solomon, el bisnieto de Hoonie y nieto de Sunja, el personaje más constante en esta novela coral que nos transporta desde la Corea colonizada por Japón al Japón imperialista para, más tarde, hacernos vivir la Segunda Guerra Mundial, la postguerra y, finalmente, unos años de bonanza con ciertas limitaciones para los coreanos asentados en tierras niponas.
Pachinko es también el nombre que se le da a Japón a cierto tipo de máquinas recreativas que se hicieron muy populares desde la postguerra en adelante, así como también a los salones recreativos donde estas máquinas suelen ser la mayor atracción. Estos salones de juego estarán muy presentes en la vida de esta saga familiar. Mirando más allá, nos daremos cuenta de que la autora ha elegido acertadamente este título para su libro pues las vidas de sus personajes dan vueltas y vueltas para perder una y otra vez en el juego de la vida, como en estas máquinas.
Más allá de una emotiva historia familiar, cargada de momentos difíciles, alegrías y demás, nos encontramos con la historia de los coreanos en Japón. Una historia llena de esperanza, pues al trasladarse a Japón mejoraron sus condiciones de vida; pero también de muchas dificultades, pues en su nueva ubicación nunca serán ciudadanos de pleno derecho y solo podrán ocupar ciertos peldaños de la sociedad. Se trata esta de una historia interesante que nos habla de la cultura coreana, de la japonesa y, al final, de lo que nos une como seres humanos: el querer tener un futuro mejor para nosotros y los nuestros.
Pachinko, en definitiva, es la emotiva historia de superación de una familia que siempre se sabrá extranjera en Japón así como la de todos los coreanos en el país que un día colonizó el suyo. Una magnífica novela sobre la búsqueda de identidad, el amor entre los distintos miembros de una familia, la supervivencia y la muerte difícilmente de olvidar mucho después de su lectura. Dicho esto, ¿a qué esperas para leerla?

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LEMB
 25 marzo 2021
Desde hace mucho tiempo me atrae la literatura ambientada en Extremo Oriente, sobre todo en el Japón feudal o en la China revolucionaria del siglo XIX. Es verdad que no leo tanto como me gustaría. Hace no mucho, he comenzado a aficionarme a doramas coreanos (¡ay, estoy en un sinvivir!) y sobre todo los históricos. Disfruté muchísimo viendo Mr Sunshine, un dorama histórico ambientado en 1900 en una Joseon (Corea) dominada en parte por los japoneses, que termina en 1910, justo cuando Japón anexiona Joseon como colonia. Me impactó tanto el drama, los personajes y la historia que no pude resistirme a leer a continuación Pachinko, ya que este libro comienza en 1911, en Corea, y continúa los próximos ochenta años con la vida de una familia coreana que vive en Japón, con todo lo que ello significa.

Pachinko ha resultado ser una novela que se lee muy cómoda. Es un texto muy rápido, ya que, en casi quinientas páginas, la historia contempla ocho décadas de una misma familia, pero no por ello menos preciso. El libro está estructurado en tres partes:
—Libro I. Gohyang/Tierra natal (1910-1933)
—Libro II. Madre Patria (1939-1962)
—Libro III. Pachinko (1962-1989)
El título de cada parte es muy significativo; desde Gohyang, ese lugar humilde donde nace y vive Sunjan hasta que se casa y se traslada a Osaka; pasando por su nueva vida en Osaka, que por los años abarca, tenemos el eco de la II Guerra Mundial y cómo afecta a la familia, y terminando en el tercer libro, que se titula Pachinko, como algo que define a los personajes o con el que se les relaciona.
La base histórica y social está muy presente y muy integrada dentro de la narración; ese realismo vital, con la intimidad familiar que muestra, nos lleva a la existencia primero en una pequeña isla de pescadores del mar del Este de una familia que sobrevive regentando una humilde posada, para trasladarnos luego a Osaka, y acompañar a Sunja hacia lo que será su futuro. Pero, sin duda, esta historia es una novela de personajes, con los que sufriremos la vicisitudes de la vida que les ha tocado, aunque el texto no nos permitirá conocer el interior de ellos de forma muy profunda. Creo que la novela habla más de la intimidad familiar, que no tanto personal. Es un acierto que, sin incidir mucho en cada personaje, la autora consiga perfilarlos de una forma muy clara, de tal manera que al leer somos capaces de entenderles, para bien y para mal. Tengo que aclarar que no he necesitado empatizar con ellos para arroparles en sus decisiones; no sé si me llegáis a entender cuando digo esto pero es la sensación que se me iba quedando mientras leía.
Al final, nos habla de una vida y de los pasos que se van dando, todo mezclado con esa carencia vital por la falta de aceptación e integración. La inmigración, el desplazamiento, la desubicación, unidos al fuerte racismo, xenofobia e intolerancia predominante durante todo el siglo XX en Japón hacia los coreanos y, por ende, hacia los descendientes de coreanos a pesar de que hayan nacido en Japón, marcan el devenir de cada uno de los personajes y su forma de enfrentarse a ello. La autora construye este relato para mostrar la exclusión social que sufrieron los coreanos que emigraron a Japón, conocidos como zainichi; sorprende descubrir que, incluso, la tercera generación, nacida en Japón al igual que sus padres, tenían que renovar el permiso de residencia.
Miseria, penurias, pobreza, pérdidas, esfuerzos, y muchos estereotipos; la pertenencia a un pueblo, a unas costumbres, junto con el anhelo a una tierra, ya perdida; el idioma, algo esencial que define a cada uno de los personajes; el matrimonio, la maternidad, la familia, los roles; el trabajo, la educación. Entre todo, además de la palabra familia, me quedo con el anhelo; para mí, los personajes siempre anhelan algo que no tienen, bien sea la patria, el amor, el sentirse aceptados, el dinero o el perdón.
Al final me ha parecido un libro sobre la identidad personal, con esa sensación de patria perdida que impregna al inmigrante, sea de la generación que sea.
En cierta manera, no hay grandes gestas. Los personajes son imperfectos y llegan a sentir, en muchos casos, menosprecio por su propio origen. Creo que esa lucha interior por ocultar su realidad los hace dolorosamente humanos. al final, está narrando una vida, una familia, la vida de diferentes miembros, y la autora lo hace desde el conocimiento de los que se han sentido menospreciados o excluidos. Esto me ha llamado mucho la atención porque lo he visto como la base de lo que estaba leyendo.
Es un relato sobre una familia y sobre la identidad y la complejidad del pensamiento humano de la palabra patria y de la sociedad a la que perteneces. Es una familia que lucha por salir adelante. Creo que una de las cosas que intenta es acercar la esencia de la herencia coreana dentro del mismo Japón; no es algo tan lejano, de hecho la novela llega a los años 90 y la propia autora cuenta que durante la época que vivió en Tokyo fue consciente de que algunas personas ocultan esa herencia coreana colonial que puede ser de quinta o sexta generación. Es una novela realista, con un texto que a veces sonríe y a veces duele. No intenta juzgar, no intenta arreglar, solo cuenta una historia. Es bonita. Con ella aprendes, además de conseguir que entiendas y que te acerques al sentimiento de desgarro social. Hay muerte, hay supervivencia, hay amor, ha determinación, hay miedo, hay trabajo.
**Mención especial para Sunja, como eje de unión de todos los personajes, define muy bien que la vida, además de ser dura, tiene también momentos buenos. Una mujer fuerte que representa esa resiliencia que a mí, al hacerme más mayor, me resulta más complicada. Una historia muy bonita y con mucho significado.

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Paloma
 21 agosto 2019
Pachinko es una saga familiar escrita con una prosa muy bella pero retratando una historia muy triste sobre temas que hoy más que nunca continúan siendo relevantes, como la migración, racismo y marginalización.
La historia inicia en la década de 1930 cuando Sunja, una jovencita de Corea, se enamora de Koh Jansu, un hombre mayor, también coreano, pero que desde muy pequeño emigró a Japón. En este punto, es importante destacar el contexto histórico: Corea era una especie de colonia japonesa y sus ciudadanos sufrían de una gran opresión en su propia tierra. Sunja y su madre eran algo privilegiadas, pues manejaban su propia casa de huéspedes en un pequeño pueblo cerca de Busan, pero la situación cada vez se complicaba más.
Sunja se embaraza pero Koh Hansu le dice que no puede casarse con ella porque él ya está casado en Japón. Sunja termina con él, negándose a ser su amante pero le confiesa todo a su madre. La situación es tensa pero entonces aparece Isak Baek, un pastor cristiano que va de camino a Osaka para reunirse con su hermano, quien le ha dicho que hay más dinero y oportunidad allá que en Corea. Isak es un buen hombre y al enterarse de la desgracia de Sunja, ofrece casarse con ella, si bien también lo hace porque es un hombre que toda la vida ha sido enfermizo y sabe que puede ser una oportunidad de ayudar a una mujer que pronto puede convertise en viuda.
Después de casarse, Sunja e Isak se trasladan a Osaka, y comienzan a vivir con el hermano de Isak, Yoseb, y su esposa Kyungee. Los primeros años son complicados pero felices pues todos se apoyan como familia –Sunja se encariña con su marido y encuentra a una hermana en Kyunghee. Isak es feliz con su hermano y su trabajo y se crea una red de apoyo muy fuerte. Noa nace y es criado por Isak como propio, y a los pocos años nace Mozasu. Son buenos años, a pesar que la vida es difícil pues en Japón son considerados como personas de tercera clase, ya ni siquiera ciudadanos que viven al margen solo por ser coreanos.
Y de pronto, vuelve a aparecer la tragedia –Isak es arrestado por sus creencias religiosas y separado de su familia durante tres años. Cuando regresa, está al borde de la muerte. Las consecuencias de esta pérdida sacudirán a la familia en los próximos años y Sunja sabrá que la causa que la hizo dejar Corea siempre será una constante en su vida.
Como mencioné, Pachinko es una historia conmovedora y triste. Si bien hay algunos momentos felices –aquellos relativos a la familia y el apoyo que se dan mutualmente – la novela no deja de mostrar lo difícil que es vivir en un país extranjero, soportar el racismo y la incomprensión, todo en aras de encontrar una mejor vida que se niega en el país de origen. Porque sin importar lo que hicieran, y que tan buenas personas y ciudadanos fueran, los coreanos siempre fueron vistos como de tercera clase, como criminales, sucios y flojos. Y no pude dejar de pensar en las semejanzas de ese discurso en el Japón de mediados del siglo pasado a la retórica que hoy en día existe tanto en Estados Unidos como México.
También el libro expone lo difícil que es vivir con ese estigma y como éste puede manchar la vida de aquellos que nacieron y se criaron de hecho en un país, que a final de cuentas los rechaza –económica y socialmente. Particularmente la historia de Noa me dejó sin palabras.
Finalmente, otro de los méritos más importantes de la novela en mi opinión es la prosa: es hermosa y es imposible dejar de leer. El único pero que le vi y creo que fue lo que no me dejó darle una mayor calificación, fue que la última parte me pareció larga y un tanto lenta –sobre todo cuando se incluyeron historias de personajes secundarios que creo que aportaron muy poco a la historia de la familia Baek y restaron fuerza a la narración. Y, una cuestión de gusto muy personal es que me hubiera gustado ver un regreso a la patria, aunque fuera breve y tener aunque sea un pequeño momento en la actual Corea.
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Lizvzcrz
 25 enero 2022
Uno de mis pendientes del año pasado, la vida es dura y este libro nos lo recuerda capitulo con capitulo.
Hace no tanto conocí a coreanos que detestaban todas las cosas japonesas, y durante un tiempo no podía entender el porqué de este odio tan arraigado que tienen, hasta después de leer este libro puedo llegar a darme una idea.
Este libro se va relatando en las épocas más oscuras que pasaron los coreanos a lo largo de su historia
La historia comienza cuando Honnie, un hombre adulto con el paladar hendido y un pie torcido, se le ofrece en matrimonio a Yangjin, la hija de un granjero pobre, la familia de Honnie es dueña de una casa de huéspedes, lo que les ayuda a mantenerse estables económicamente después de la ocupación japonesa en corea.
Después de un tiempo, Yangjin está tratando de quedar embarazada, y después de varios abortos logra dar a luz a una niña llamada Sunja, con ella empieza realmente la historia.
Sunja, aliviando los miedos de su padre, nace y crece como una bonita niña y saludable, sin haber heredado ninguno de los defectos de su padre, lamentablemente Honnie muere cuando Sunja cumple 13 años, los que la deja a ella y a su madre solas, pero gracias a que Yangjin fue bien enseñada por su difunta suegra, es que logra mantener a flote la casa de huéspedes. La casa se encuentra habitada por dos jóvenes más a quien Yangjin adopto y tiene con ella trabajando y en su mayoría los huéspedes son pescadores, muchos de ellos no tienen el dinero suficiente para conseguirse una esposa y tener hijos, así que Sunja se ve envuelta por pocas posibilidades de tratar a hombres; todo esto cambia con la llegada de un corredor de pescado llamado Koh Hansu, quien comienza a pretender a Sunja, de quien se siente atraído por esa forma de ser de ella tan recta y pulcra, un día la salva de unos estudiantes japoneses con malas intenciones y es así como comienzan a entablar una amistad que rápidamente evolucionara a un romance, lamentablemente Hansu guarda un secreto y es que está casado, esto lleva a Sunja a una gran encrucijada cuando descubre que está embarazada y que no se puede casar.
Paralelamente a la historia un día llega un joven sacerdote a la ciudad, Beack Isak, quien sufre de mala salud y es cuidado por Yangjin, un día esta le confiesa la situación de Sunja, lo que lleva a Isak a proponerle matrimonio y llevarse a Sunja a Osaka junto con su hermano.
Yoseb y Kyunghee, hermano de Isak y esposa de este, los reciben ahí en su casita, que ocultan que son propietarios por miedo a ser atacados.
Aquí es donde nos van mostrando la gran discriminación a la que fueron sometidos los coreanos en muchas partes de la historia, Sunja dará a luz a dos hijos y de ellos se irán desarrollando las demás historias que girarán en torno a este libro.
La verdad es que fue una lectura pesada en el ámbito de descubrir tanto sufrimiento que posiblemente desconocía al encontrarme al otro lado del mundo de donde se desarrollan todos estos acontecimientos. Cada capítulo embarcaba un poco de sufrimiento, la discriminación a la que eran sometidos los coreanos es algo horrible, ver la hambruna por la que pasaron en medio de la segunda guerra mundial, saber lo que paso con estas personas que no fueron los protagonistas principales de esta guerra, porque siempre se escriben y se cuentan historias de gente que estuvo o en Alemania, ya sean nazis o gente en los centros de concentración, o a los heroicos estadounidense, que al final también llegaron a someter a muchos pueblos asiáticos, pero saber lo que paso con estas minorías que ya estaban siendo arrastradas por el odio japonés, la incertidumbre de no saber si los americanos o los rusos era peores cautivos que los japoneses deja mucho que saber, anexándole que sabemos que Corea sigue dividida en dos partes.
Este es un libro que te marca de cierta manera, me duele pensar que de cierta forma esta familia que nos es descrita son de los coreanos que “tuvieron suerte” y pudieron salir adelante, pensar en esos miles de personas que no pudieron, sabiendo eso me parecía que la vida de los protagonistas fue dura y dolorosa, pensar en las otras personas me destroza. Pero fuera de ese lado masoquista en mí, ame el libro, no me arrepiento de haberlo leído y haber sentido tantas cosas al final.
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lourdesmateo88
 01 febrero 2019
Pachinko nos cuenta la vida de una familia coreana que intenta salir adelante en Japón a lo largo de varias décadas del siglo XX, nos acercará a la realidad de la ocupación que sufre Corea por parte de Japón, a la emigración y al exilio, al racismo y al mal trato al que son sometidos los coreanos por parte de los japoneses, los prejuicios, el sentido del deber, del honor, y la resignación ante lo inevitable.
La protagonista, Sunja, una adolescente ingenua, de familia humilde, se queda embarazada de un hombre coreano exiliado en Japón y que además está casado, en una época en la que Corea está ocupada por los nipones. le ofrece ser su "mujer coreana", pero ella no acepta. Isak, un joven sacerdote protestante y tuberculoso, al que han estado cuidando Sunja y su madre, quiere viajar a Japón en cuanto se reponga de su enfermedad, al conocer su problema se ofrece a ayudarla casándose con ella y ocupándose de los dos con la ayuda de su hermano mayor y su cuñada que le están esperando en Japón. Viajarán a Osaka y allí empieza una historia de supervivencia, se enfrentarán a la pobreza (comer arroz es un lujo), al racismo, a la persecución religiosa; nada resulta como esperaban. Para un japonés casarse con un coreano es una deshonra para su familia. El humillante trato que dan los japoneses a los coreanos hace que muchos oculten su origen no solamente para poder trabajar o estudiar, aunque hayan nacido allí sus padres se les sigue considerando extranjeros; es muy difícil, casi imposible conseguir la nacionalidad.
El pachinko, el juego que da titulo a la novela y que será vital para la supervivencia de la familia no aparece hasta mediada la novela, es uno de los pocos trabajos que pueden realizar los coreanos. El pachinko es un juego popular en Corea y Japón. Una especie de pinball cuyo sistema amañado generaba mala fama, tremendamente adictivos, son un sistema de juegos de casino totalmente legales. Un negocio con los que la yakuza tenía relaciones.
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Citas y frases (14) Ver más Añadir cita
LEMBLEMB14 marzo 2021
—¡Claro que sí! Sunja, corazón, la vida de una mujer es trabajar y sufrir. Es mejor que te pille desprevenida, ¿sabes? Ya casi eres una mujer, así que alguien debería decirte esto: el hombre con el que te cases determinará tu calidad de vida. Un buen hombre te dará una vida decente, pero junto a un hombre malo vivirás un infierno... Sea como sea, espera siempre sufrir, y sigue trabajando duro. Nadie se preocupa de las pobres mujeres... solo nosotras mismas.
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LizvzcrzLizvzcrz25 enero 2022
Un mal coreano puede arruinar la imagen de miles de coreanos bueno. Y un mal cristiano puede dañar a decenas de miles de cristianos en todas partes, sobre todo en un país de no creyentes. ¿Comprendes lo que quiero decir?
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LEMBLEMB18 marzo 2021
(...) un hombre debe aprender a perdonar... a discernir lo que es importante, pues vivir sin perdón era una especie de muerte con respiración y movimiento.
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LEMBLEMB14 marzo 2021
—Allá donde vayas, la gente está podrida. No hay nadie bueno. ¿Quieres ver a un hombre muy malo? Haz que tenga más éxito del que nunca había imaginado. Verás lo bueno que es cuando descubra que puedo hacer todo lo que quiera.
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Yanina_DanieleYanina_Daniele29 junio 2020
—Allá donde vayas, la gente está podrida. No hay nadie bueno. ¿Quieres ver a un hombre muy malo? Haz que tenga más éxito del que nunca había imaginado. Verás lo bueno que es cuando descubra que puede hacer todo lo que quiera.
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