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ISBN : 8494716972
Editorial: Quaterni (08/03/2018)

Calificación promedio : 4.5/5 (sobre 15 calificaciones)
Resumen:
Yeong-do, Corea, 1911 En una pequeña aldea de pescadores a la orilla del mar del Este, un hombre tullido se casa con una muchacha de quince años. La pareja tiene una hija, su adorada Sunja. Cuando Sunja se queda embarazada de un hombre casado, la familia se enfrenta a la ruina. Pero entonces Isak, un joven sacerdote cristiano, le ofrece una oportunidad de salvación: una nueva vida en Japón como su esposa. Tras seguir a un hombre al que apenas conoce hasta un país ho... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (14) Ver más Añadir una crítica
crismonteoliva
 17 septiembre 2020
¿Qué sabes de la historia reciente de Corea? ¿Que antes de la Segunda Guerra Mundial estuvo ocupada por Japón? ¿Que, más adelante, el país acabó dividiéndose en dos naciones que se enfrentaron en una nueva guerra? ¿Sabes también que muchos coreanos tuvieron que emigrar a Japón antes de la Segunda Guerra Mundial? ¿Y que aunque sus hijos, nietos o bisnietos nacieran en suelo japonés no tienen la nacionalidad japonesa por las estrictas políticas niponas? ¿Quieres saber cómo fue la vida en Japón de los coreanos asentados allí a lo largo del siglo pasado? Pues entonces tienes, sin duda, que hacerte con un ejemplar de la fabulosa novela de Min Jin Lee titulada Pachinko, la misma que quedara finalista en los National Book Awarks y que pasamos a continuación a comentar.
Nuestra historia comienza en Yeong-do, una pequeña isla de pescadores cercana a Busan, en Corea. Hoonie, un hombre de veintiocho años, es el único hijo vivo de una familia dedicada a la hospedería. Su labio leporino y su pierna coja no le impiden llevar el negocio con eficiencia y alegría. En 1911, se casa con Yangjin, una chica pobre de quince años con la que conseguirá, después del fallecimiento de varios hijos, que le sobreviva una hija: Sunja. Cuando su padre muere, Sunja se hará cargo junto a dos criadas y su madre de la pensión familiar. Un día, de camino al mercado, la chica conoce a un hombre de negocios con el que pronto trabara amistad. Tras varios encuentros, Sunja y el empresario intiman. Como es de esperar, la joven queda embarazada. al descubrir que el padre de su hijo está casado en Japón, lugar al que viaja a menudo, Sunja decide romper la relación. Un nuevo e inesperado giro del destino, sin embargo, hará que un futuro lleno de desgracia y deshonra se torne en algo bien distinto cuando Isak, un pastor protestante, enfermizo e idealista, y alojado en la pensión, se entere del estado de Sunja. Isak no solo entenderá lo que ha sucedido, sino que también decidirá casarse con ella y llevarla a Japón, lugar en el que tendrán familia y en el que sus descendientes vivirán tanto buenas como malas experiencias.
Cuenta Min Jin Lee en el apartado dedicado a los agradecimientos de este libro que la idea primera de escribir esta gran historia se le ocurrió en 1989, cuando en una reunión escuchó hablar a un misionero americano que vivía en Japón de los zainichi, término con el que se denomina a los extranjeros que viven en Japón y con el que se hace alusión, especialmente, a todos aquellos coreanos que tuvieron que emigrar a Japón en la época colonial así como a todos sus descendientes. El misionero habló también de un adolescente descendiente de coreanos que decidió suicidarse después de haber sido acosado por sus compañeros, japoneses de pleno derecho, en el instituto. Min Jin Lee escribió un relato sobre esta historia, lo que la hizo merecedora de un premio literario. Sin embargo, Min Jin Lee no podía dejar el asunto descansar. Quería saber más sobre los coreanos asentados en Japón, sus vidas, preocupaciones, sueños y problemas. Por eso se pasó los siguientes años investigando, entrevistando a distintas personas, recopilando todo tipo de datos, etc, hasta que por fin consiguió escribir Pachinko.
Pachinko es la historia de una saga familiar que comienza en 1911 con el entrañable Hoonie, un hombre siempre dispuesto al trabajo y a cuidar de su mujer y su adorada hija, y termina en 1989 con Solomon, el bisnieto de Hoonie y nieto de Sunja, el personaje más constante en esta novela coral que nos transporta desde la Corea colonizada por Japón al Japón imperialista para, más tarde, hacernos vivir la Segunda Guerra Mundial, la postguerra y, finalmente, unos años de bonanza con ciertas limitaciones para los coreanos asentados en tierras niponas.
Pachinko es también el nombre que se le da a Japón a cierto tipo de máquinas recreativas que se hicieron muy populares desde la postguerra en adelante, así como también a los salones recreativos donde estas máquinas suelen ser la mayor atracción. Estos salones de juego estarán muy presentes en la vida de esta saga familiar. Mirando más allá, nos daremos cuenta de que la autora ha elegido acertadamente este título para su libro pues las vidas de sus personajes dan vueltas y vueltas para perder una y otra vez en el juego de la vida, como en estas máquinas.
Más allá de una emotiva historia familiar, cargada de momentos difíciles, alegrías y demás, nos encontramos con la historia de los coreanos en Japón. Una historia llena de esperanza, pues al trasladarse a Japón mejoraron sus condiciones de vida; pero también de muchas dificultades, pues en su nueva ubicación nunca serán ciudadanos de pleno derecho y solo podrán ocupar ciertos peldaños de la sociedad. Se trata esta de una historia interesante que nos habla de la cultura coreana, de la japonesa y, al final, de lo que nos une como seres humanos: el querer tener un futuro mejor para nosotros y los nuestros.
Pachinko, en definitiva, es la emotiva historia de superación de una familia que siempre se sabrá extranjera en Japón así como la de todos los coreanos en el país que un día colonizó el suyo. Una magnífica novela sobre la búsqueda de identidad, el amor entre los distintos miembros de una familia, la supervivencia y la muerte difícilmente de olvidar mucho después de su lectura. Dicho esto, ¿a qué esperas para leerla?

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LEMB
 25 marzo 2021
Desde hace mucho tiempo me atrae la literatura ambientada en Extremo Oriente, sobre todo en el Japón feudal o en la China revolucionaria del siglo XIX. Es verdad que no leo tanto como me gustaría. Hace no mucho, he comenzado a aficionarme a doramas coreanos (¡ay, estoy en un sinvivir!) y sobre todo los históricos. Disfruté muchísimo viendo Mr Sunshine, un dorama histórico ambientado en 1900 en una Joseon (Corea) dominada en parte por los japoneses, que termina en 1910, justo cuando Japón anexiona Joseon como colonia. Me impactó tanto el drama, los personajes y la historia que no pude resistirme a leer a continuación Pachinko, ya que este libro comienza en 1911, en Corea, y continúa los próximos ochenta años con la vida de una familia coreana que vive en Japón, con todo lo que ello significa.

Pachinko ha resultado ser una novela que se lee muy cómoda. Es un texto muy rápido, ya que, en casi quinientas páginas, la historia contempla ocho décadas de una misma familia, pero no por ello menos preciso. El libro está estructurado en tres partes:
—Libro I. Gohyang/Tierra natal (1910-1933)
—Libro II. Madre Patria (1939-1962)
—Libro III. Pachinko (1962-1989)
El título de cada parte es muy significativo; desde Gohyang, ese lugar humilde donde nace y vive Sunjan hasta que se casa y se traslada a Osaka; pasando por su nueva vida en Osaka, que por los años abarca, tenemos el eco de la II Guerra Mundial y cómo afecta a la familia, y terminando en el tercer libro, que se titula Pachinko, como algo que define a los personajes o con el que se les relaciona.
La base histórica y social está muy presente y muy integrada dentro de la narración; ese realismo vital, con la intimidad familiar que muestra, nos lleva a la existencia primero en una pequeña isla de pescadores del mar del Este de una familia que sobrevive regentando una humilde posada, para trasladarnos luego a Osaka, y acompañar a Sunja hacia lo que será su futuro. Pero, sin duda, esta historia es una novela de personajes, con los que sufriremos la vicisitudes de la vida que les ha tocado, aunque el texto no nos permitirá conocer el interior de ellos de forma muy profunda. Creo que la novela habla más de la intimidad familiar, que no tanto personal. Es un acierto que, sin incidir mucho en cada personaje, la autora consiga perfilarlos de una forma muy clara, de tal manera que al leer somos capaces de entenderles, para bien y para mal. Tengo que aclarar que no he necesitado empatizar con ellos para arroparles en sus decisiones; no sé si me llegáis a entender cuando digo esto pero es la sensación que se me iba quedando mientras leía.
Al final, nos habla de una vida y de los pasos que se van dando, todo mezclado con esa carencia vital por la falta de aceptación e integración. La inmigración, el desplazamiento, la desubicación, unidos al fuerte racismo, xenofobia e intolerancia predominante durante todo el siglo XX en Japón hacia los coreanos y, por ende, hacia los descendientes de coreanos a pesar de que hayan nacido en Japón, marcan el devenir de cada uno de los personajes y su forma de enfrentarse a ello. La autora construye este relato para mostrar la exclusión social que sufrieron los coreanos que emigraron a Japón, conocidos como zainichi; sorprende descubrir que, incluso, la tercera generación, nacida en Japón al igual que sus padres, tenían que renovar el permiso de residencia.
Miseria, penurias, pobreza, pérdidas, esfuerzos, y muchos estereotipos; la pertenencia a un pueblo, a unas costumbres, junto con el anhelo a una tierra, ya perdida; el idioma, algo esencial que define a cada uno de los personajes; el matrimonio, la maternidad, la familia, los roles; el trabajo, la educación. Entre todo, además de la palabra familia, me quedo con el anhelo; para mí, los personajes siempre anhelan algo que no tienen, bien sea la patria, el amor, el sentirse aceptados, el dinero o el perdón.
Al final me ha parecido un libro sobre la identidad personal, con esa sensación de patria perdida que impregna al inmigrante, sea de la generación que sea.
En cierta manera, no hay grandes gestas. Los personajes son imperfectos y llegan a sentir, en muchos casos, menosprecio por su propio origen. Creo que esa lucha interior por ocultar su realidad los hace dolorosamente humanos. al final, está narrando una vida, una familia, la vida de diferentes miembros, y la autora lo hace desde el conocimiento de los que se han sentido menospreciados o excluidos. Esto me ha llamado mucho la atención porque lo he visto como la base de lo que estaba leyendo.
Es un relato sobre una familia y sobre la identidad y la complejidad del pensamiento humano de la palabra patria y de la sociedad a la que perteneces. Es una familia que lucha por salir adelante. Creo que una de las cosas que intenta es acercar la esencia de la herencia coreana dentro del mismo Japón; no es algo tan lejano, de hecho la novela llega a los años 90 y la propia autora cuenta que durante la época que vivió en Tokyo fue consciente de que algunas personas ocultan esa herencia coreana colonial que puede ser de quinta o sexta generación. Es una novela realista, con un texto que a veces sonríe y a veces duele. No intenta juzgar, no intenta arreglar, solo cuenta una historia. Es bonita. Con ella aprendes, además de conseguir que entiendas y que te acerques al sentimiento de desgarro social. Hay muerte, hay supervivencia, hay amor, ha determinación, hay miedo, hay trabajo.
**Mención especial para Sunja, como eje de unión de todos los personajes, define muy bien que la vida, además de ser dura, tiene también momentos buenos. Una mujer fuerte que representa esa resiliencia que a mí, al hacerme más mayor, me resulta más complicada. Una historia muy bonita y con mucho significado.

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Paloma
 21 agosto 2019
Pachinko es una saga familiar escrita con una prosa muy bella pero retratando una historia muy triste sobre temas que hoy más que nunca continúan siendo relevantes, como la migración, racismo y marginalización.
La historia inicia en la década de 1930 cuando Sunja, una jovencita de Corea, se enamora de Koh Jansu, un hombre mayor, también coreano, pero que desde muy pequeño emigró a Japón. En este punto, es importante destacar el contexto histórico: Corea era una especie de colonia japonesa y sus ciudadanos sufrían de una gran opresión en su propia tierra. Sunja y su madre eran algo privilegiadas, pues manejaban su propia casa de huéspedes en un pequeño pueblo cerca de Busan, pero la situación cada vez se complicaba más.
Sunja se embaraza pero Koh Hansu le dice que no puede casarse con ella porque él ya está casado en Japón. Sunja termina con él, negándose a ser su amante pero le confiesa todo a su madre. La situación es tensa pero entonces aparece Isak Baek, un pastor cristiano que va de camino a Osaka para reunirse con su hermano, quien le ha dicho que hay más dinero y oportunidad allá que en Corea. Isak es un buen hombre y al enterarse de la desgracia de Sunja, ofrece casarse con ella, si bien también lo hace porque es un hombre que toda la vida ha sido enfermizo y sabe que puede ser una oportunidad de ayudar a una mujer que pronto puede convertise en viuda.
Después de casarse, Sunja e Isak se trasladan a Osaka, y comienzan a vivir con el hermano de Isak, Yoseb, y su esposa Kyungee. Los primeros años son complicados pero felices pues todos se apoyan como familia –Sunja se encariña con su marido y encuentra a una hermana en Kyunghee. Isak es feliz con su hermano y su trabajo y se crea una red de apoyo muy fuerte. Noa nace y es criado por Isak como propio, y a los pocos años nace Mozasu. Son buenos años, a pesar que la vida es difícil pues en Japón son considerados como personas de tercera clase, ya ni siquiera ciudadanos que viven al margen solo por ser coreanos.
Y de pronto, vuelve a aparecer la tragedia –Isak es arrestado por sus creencias religiosas y separado de su familia durante tres años. Cuando regresa, está al borde de la muerte. Las consecuencias de esta pérdida sacudirán a la familia en los próximos años y Sunja sabrá que la causa que la hizo dejar Corea siempre será una constante en su vida.
Como mencioné, Pachinko es una historia conmovedora y triste. Si bien hay algunos momentos felices –aquellos relativos a la familia y el apoyo que se dan mutualmente – la novela no deja de mostrar lo difícil que es vivir en un país extranjero, soportar el racismo y la incomprensión, todo en aras de encontrar una mejor vida que se niega en el país de origen. Porque sin importar lo que hicieran, y que tan buenas personas y ciudadanos fueran, los coreanos siempre fueron vistos como de tercera clase, como criminales, sucios y flojos. Y no pude dejar de pensar en las semejanzas de ese discurso en el Japón de mediados del siglo pasado a la retórica que hoy en día existe tanto en Estados Unidos como México.
También el libro expone lo difícil que es vivir con ese estigma y como éste puede manchar la vida de aquellos que nacieron y se criaron de hecho en un país, que a final de cuentas los rechaza –económica y socialmente. Particularmente la historia de Noa me dejó sin palabras.
Finalmente, otro de los méritos más importantes de la novela en mi opinión es la prosa: es hermosa y es imposible dejar de leer. El único pero que le vi y creo que fue lo que no me dejó darle una mayor calificación, fue que la última parte me pareció larga y un tanto lenta –sobre todo cuando se incluyeron historias de personajes secundarios que creo que aportaron muy poco a la historia de la familia Baek y restaron fuerza a la narración. Y, una cuestión de gusto muy personal es que me hubiera gustado ver un regreso a la patria, aunque fuera breve y tener aunque sea un pequeño momento en la actual Corea.
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Inquilinas_Netherfield
 30 mayo 2018
Pachinko es la historia de Sunja, mujer sencilla, callada y, sobre todo, trabajadora. al tiempo es una mujer extraordinaria; en su humildad es el pilar y la columna vertebral de su familia y, en lo que respecta a la novela, es el eje fundamental que sostiene toda la trama.
La historia arranca en Yeong-do, un islote de ocho kilómetros de largo junto a la ciudad portuaria de Busan, Corea. Sunja es descendiente de unos pescadores que, además de ahorradores y muy trabajadores, también eran emprendedores, y que decidieron progresar alquilando habitaciones de su casa a otros pescadores, hasta que al final acabaron convirtiéndola en un hostal.
A partir de ese momento la familia se dedicó con mimo y abnegación al cuidado de sus huéspedes, que eran su sustento; les lavaban la ropa, les preparaban la comida... En definitiva, estos huéspedes llegaban a ser parte de la casa, uno más de la familia. Aportaban una parte de su salario a cambio de todos los servicios que se les prestaban, y en la familia cada uno sabía y entendía lo que había que hacer.
Con el tiempo el negocio pasa al padre de Sunja, Kim Hoonie. Él y su esposa, Yangjin, lo llevan con la misma diligencia que sus antecesores, inculcando en su hija los mismos valores: trabajo duro, sencillez, renuncia a sus propios intereses por el de sus huéspedes... Pero todo sin renunciar al amor incondicional de ellos, como padres, hacia su hija, Sunja.
Sunja crece, y su infancia es feliz y segura junto a la figura paterna, el faro que ilumina a toda la familia, así que cuando esa figura desaparece de las vidas de Sunja y de su madre, el halo de seguridad rocoso y duro que Kim representaba comienza a reblandecerse de alguna manera. En consecuencia, el rigor amoroso por el que se conducía su hija empieza a lentecer, y nuevos aires y pensamientos la absorben conquistando su mente, aunque no deja entrever estos cambios a quienes le rodean, mucho menos a su madre.
Koh Hansu, hombre maduro, avispado y con posibles, siempre ve la oportunidad y, haciendo honor a sus cualidades, no le pasa desapercibida la nueva Sunja. Con paciencia, tesón y conocimiento, va conquistándola poco a poco hasta que pasa lo que tiene que pasar: al final uno más uno serán tres. A partir de este punto, la novela empieza a cabalgar al ritmo de los acontecimientos y pensamientos de Sunja. Todas las creencias y valores que forjaban aquella roca dura que sustentaba su existencia empiezan a resquebrajarse, y se apoderan de ella los miedos y las dudas, con los que contamina a su propia madre, Yangjin.
Isak Back, joven pastor protestante, huésped inesperado y casual, entra en las vidas de madre e hija como rayo luminoso salvador de la situación, del negocio y de la honra familiar. Una vez casados, todo se ha solucionado: a ojos de sus vecinos ya no peligra su honra ni su negocio. A cambio, Sunja debe marcharse con su marido a Osaka y dejar su paraíso, su mundo conocido.
En Japón, la tierra prometida, nace un hijo, nace otro más, y se suceden los días, los meses y los años. Con ellos vienen otros tiempos más duros y dolorosos, en los que los inmigrantes coreanos son los extranjeros, los que nadie integra. Deben adaptarse a todos los cambios sociales, laborales, políticos, a la guerra y a las nuevas experiencias... sin dejar de soñar jamás con su querida tierra coreana.
La abnegada Sunja, al igual que los suyos, debe trabajar duramente para sobrevivir en tierra hostil; como extranjera, debe sobrellevar una guerra donde no queda nada para nadie. Pero no está sola: de todos sus ancestros y sus experiencias ha aprendido que la perseverancia, el trabajo duro y los valores, junto con las creencias que les acompañan, le ayudarán a expandir su luz y su fuerza alrededor de su círculo, ya sean sus hijos, su madre, sus cuñados o los padres de sus hijos. Ella es y será la piedra angular de todos, la que sabrá mirar más allá y la que, como Moisés, los conducirá a la tierra prometida, una tierra sólida y consolidada que es su familia. de ella emanan todas las energías y fuerzas para superar las vicisitudes y circunstancias que la vida les acarrea y les acarreará.
Sunja es todo eso y más: algunos de los suyos la perciben como una amenaza, y otros la aceptan y la valoran tal como es y como debe ser. Pachinko es una fábula en la que, a través de la vida de Sunja, conocemos el sentido y la importancia de los valores y las creencias para aquellos que los siguen y los dirigen... vemos como se expanden gracias a ellos, sacando lo mejor de sí mismos.
Al final, lo que la protagonista nos enseña es que la perseverancia y la resiliencia (o la falta de ellas) suman o restan, y que, dependiendo de la opción, potencian o disminuyen la felicidad. Se trata de una lectura verdaderamente recomendable. Es de esas narraciones que siempre te centran y te enseñan a valorar las pequeñas cosas, y con su lectura descubres que el trabajo duro siempre es un valor y una recompensa en sí mismo.
Con claras connotaciones dickensianas, Min Jin Lee nos describe en Pachinko todo lo anterior con humildad y ternura, usando un lenguaje sencillo, cristalino y claro donde la coherencia no solo no desaparece, sino que impregna tanto las páginas como las vidas de todos los personajes que pululan por este cautivador universo tan sabiamente creado.
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lourdesmateo88
 01 febrero 2019
Pachinko nos cuenta la vida de una familia coreana que intenta salir adelante en Japón a lo largo de varias décadas del siglo XX, nos acercará a la realidad de la ocupación que sufre Corea por parte de Japón, a la emigración y al exilio, al racismo y al mal trato al que son sometidos los coreanos por parte de los japoneses, los prejuicios, el sentido del deber, del honor, y la resignación ante lo inevitable.
La protagonista, Sunja, una adolescente ingenua, de familia humilde, se queda embarazada de un hombre coreano exiliado en Japón y que además está casado, en una época en la que Corea está ocupada por los nipones. le ofrece ser su "mujer coreana", pero ella no acepta. Isak, un joven sacerdote protestante y tuberculoso, al que han estado cuidando Sunja y su madre, quiere viajar a Japón en cuanto se reponga de su enfermedad, al conocer su problema se ofrece a ayudarla casándose con ella y ocupándose de los dos con la ayuda de su hermano mayor y su cuñada que le están esperando en Japón. Viajarán a Osaka y allí empieza una historia de supervivencia, se enfrentarán a la pobreza (comer arroz es un lujo), al racismo, a la persecución religiosa; nada resulta como esperaban. Para un japonés casarse con un coreano es una deshonra para su familia. El humillante trato que dan los japoneses a los coreanos hace que muchos oculten su origen no solamente para poder trabajar o estudiar, aunque hayan nacido allí sus padres se les sigue considerando extranjeros; es muy difícil, casi imposible conseguir la nacionalidad.
El pachinko, el juego que da titulo a la novela y que será vital para la supervivencia de la familia no aparece hasta mediada la novela, es uno de los pocos trabajos que pueden realizar los coreanos. El pachinko es un juego popular en Corea y Japón. Una especie de pinball cuyo sistema amañado generaba mala fama, tremendamente adictivos, son un sistema de juegos de casino totalmente legales. Un negocio con los que la yakuza tenía relaciones.
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LEMBLEMB18 marzo 2021
(...) un hombre debe aprender a perdonar... a discernir lo que es importante, pues vivir sin perdón era una especie de muerte con respiración y movimiento.
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LEMBLEMB14 marzo 2021
—¡Claro que sí! Sunja, corazón, la vida de una mujer es trabajar y sufrir. Es mejor que te pille desprevenida, ¿sabes? Ya casi eres una mujer, así que alguien debería decirte esto: el hombre con el que te cases determinará tu calidad de vida. Un buen hombre te dará una vida decente, pero junto a un hombre malo vivirás un infierno... Sea como sea, espera siempre sufrir, y sigue trabajando duro. Nadie se preocupa de las pobres mujeres... solo nosotras mismas.
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LEMBLEMB14 marzo 2021
—Allá donde vayas, la gente está podrida. No hay nadie bueno. ¿Quieres ver a un hombre muy malo? Haz que tenga más éxito del que nunca había imaginado. Verás lo bueno que es cuando descubra que puedo hacer todo lo que quiera.
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Yanina_DanieleYanina_Daniele29 junio 2020
—Allá donde vayas, la gente está podrida. No hay nadie bueno. ¿Quieres ver a un hombre muy malo? Haz que tenga más éxito del que nunca había imaginado. Verás lo bueno que es cuando descubra que puede hacer todo lo que quiera.
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LEMBLEMB25 marzo 2021
Para Yumi, ser coreana era solo otra horrible carga, como ser pobre o tener una familia indigna de la que no podías librarte.
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