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ISBN : 8435019365
Editorial: Edhasa (18/11/2015)

Calificación promedio : 3.17/5 (sobre 3 calificaciones)
Resumen:
Tras la fama que le reportó Trópico de Cáncer (1934), Henry Miller confirmó la valía de su propuesta literaria con Trópico de Capricornio (1939), que lo situó definitivamente entre las voces más recias y profundas del siglo XX. Las experiencias sexuales, laborales y familiares de un empleado de la Western Union sirven de hi lo conductor a una ficción autobiográfica de la que surge con inusitada fuerza la crítica mirada de Miller hacia el mundo y los hombres que le r... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (2) Añadir una crítica
Rosa
 10 abril 2018
Es cierto que es una lectura extraña, que no sigue un orden lógico ni cronológico y el estilo de Miller se hace, en un primer momento, complicado. Pero, aún así, el lector acaba metiéndose en la historia y, sobre todo, en la psicología del autor sin remedio, para disfrutar de los pensamientos y elucubraciones de Henrry Miller, el alter ego del autor protagonista de esta novela en la que narra su niñez, juventud y vida adulta de manera no lineal y mezclando momentos que pueden considerarse autobiográficos del propio autor.
El escritor impregna su obra de un tono lúgubre y deprimente, pues se muestra en todo momento asqueado por la sociedad y la condición del ser humano en general, considerándose un hombre incomprendido que hace lo posible por adaptarse a un mundo del que se cree completamente ajeno. Sin embargo, no faltan momentos de humor o situaciones absurdas que logran que la historia dé giros importantes. El escritor recurre continuamente a temas universales como la muerte, la soledad, la religión y el sexo, tratando éste último sin tapujos y con descripciones salvajes y lujuriosas, lo que llevó a esta obra a estar censurada en algunas sociedades como la norteamericana hasta la década de los sesenta (a pesar de que el libro se publicó en 1938)
Henrry Miller también plasma en esta obra su deseo de ser escritor y la etapa en la que se descubre y forma como tal, y hace referencia a grandes escritores como Dostoievski (en cuyos escritos se siente únicamente comprendido) o filósofos como Platón. El arte y las humanidades en general también aparecen reflejadas en este libro, contrastando con la decadencia que sirve como telón de fondo de la narración.
Reconozco que no es una lectura sencilla, pero, aún así, la recomiendo porque tiene pasajes verdadermante reflexivos que cuestionan aspectos que hoy en día siguen vigentes, y porque el lector acaba interesándose por las vivencias de un hombre apático, despreocupado y egoísta que, a pesar de todo, sabe ver las hipocresías y contradicciones del ser humano.
Enlace: https://viviendomilvidas.wor..
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Satrina
 09 enero 2018
Este libro lo leí hace mucho y es uno de los pocos libros que tienen el efecto de ponerme de mal humor.
Personaje favorito: Este ejemplar es uno en el que no puedo encontrar aunque sea un personaje que me pueda gustar.
Personaje que no me gustó: Todos, especialmente Henry.
Lo que no me gustó: Esa actitud que se vanagloria y presume la degradación y el vicio.
Es un buen libro, pero no es mi tipo de libro, yo creo que por eso no me he preocupado de conseguir Trópico de Cáncer.
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DiemDiem28 julio 2018
Sobre todo, yo era un ojo, un enorme reflector que exploraba el horizonte, que giraba sin cesar, sin piedad. Ese ojo tan abierto parecía haber dejado adormecidas todas mis demás facultades; todas mis fuerzas se consumían en el esfuerzo por ver, por captar el drama del mundo. Si anhelaba la destrucción, era simplemente para que ese ojo se extinguiera. Anhelaba un terremoto, un cataclismo de la naturaleza que precipitase el faro en el mar, deseaba una metamorfosis, la conversión en pez, en leviatán, en destructor. Quería que la tierra se abriera, que tragase todo en un bostezo absorbente. Quería ver la ciudad en el seno del mar. Quería sentarme en una cueva y leer a la luz de una vela. Quería que se extinguiera ese ojo para que tuviese ocasión de conocer mi propio cuerpo, mis propios deseos. Quería estar solo durante mil años para reflexionar sobre lo que había visto y oído...y para olvidar. Deseaba algo de la tierra que no fuera producto del hombre, algo absolutamente separado de lo humano, de lo cual estaba harto. Deseaba algo puramente terrestre y absolutamente despojado de idea. Quería sentir la sangre corriendo de nuevo por mis venas, aún a costa de la aniquilación. Quería expulsar la piedra y la luz de mi organismo. Deseaba la oscura fecundidad de la naturaleza, el silencio, o bien los lamidos de las negras aguas de la muerte. Quería ser esa noche que el ojo despiadado iluminaba, una noche esmaltada de estrellas y colas de cometas. Pertenecer a la noche tan espantosamente silenciosa, tan absolutamente incomprensible y elocuente al mismo tiempo. No volver a hablar ni a oír ni a pensar nunca más. Verme englobado y abarcado y abarcar y englobar al mismo tiempo. No más compasión, no más ternura. Ser humano solo terrestremente como una planta o un gusano o un arroyo. Verme desintegrado, despojado de la luz y la piedra, variable como una molécula, duradero como el átomo, despiadado como la propia tierra.
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DiemDiem28 julio 2018
Hay ocasiones en que tiene uno que romper con sus amigos para entender el significado de la amistad. Puede parecer extraño, pero el descubrimiento de este libro* equivalió al descubrimiento de una nueva arma; un instrumento, con el que podía cercenar a todos los amigos que me rodeaban y que ya no significaban nada para mí. Este libro se convirtió en mi amigo porque me enseñó que no tenía necesidad de amigos. Me infundió valor para permanecer solo, me permitió apreciar la soledad. Nunca he entendido el libro; a veces pensaba que estaba a punto de entender, pero nunca llegué a hacerlo verdaderamente. Para mí era más importante no entender. Con este libro en las manos, leyendo en voz alta a los amigos, llegué a entender claramente que no tenía amigos, que estaba solo en el mundo. Porque al no entender el significado de las palabras, ni yo ni mis amigos, una cosa quedó muy clara y fue que había formas diferentes de no entender y que la diferencia entre la incomprensión de un individuo y la de otro creaba un mundo de tierra firme más sólido que las diferencias de comprensión. Todo lo que antes creía haber entendido se desmoronó e hice borrón y cuenta nueva. En cambio, mis amigos se atrincheraron muy sólidamente en el pequeño pozo de comprensión que se habían cavado para sí mismos. Murieron cómodamente en su camita de comprensión, para convertirse en ciudadanos inútiles del mundo. Los compadecí, y muy pronto los abandoné uno a uno sin el menor pesar.

(*La evolución creadora. Henri Bergson)
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DiemDiem28 julio 2018
Recuerdo la primera vez que nos separamos. Cuando me dejó, fingía, o quizá lo creyese, que era necesario para nuestro bien. Yo sabía en el fondo de mi corazón que estaba intentando librarse de mí, pero era demasiado cobarde como para reconocerlo. Pero cuando comprendí que podía prescindir de mí, aunque fuera por un tiempo limitado...fue más doloroso que ninguna otra cosa que hubiera experimentado antes, pero también fue curativo. Cuando quedé completamente vacío, cuando la soledad hubo alcanzado tal punto, que no podía agudizarse más, de repente tuve la sensación de que, para seguir viviendo, había que incorporar aquella verdad intolerable a algo mejor que el marco de la desgracia personal. Tuve la sensación de que había dado un cambio de rumbo imperceptible hacia otro dominio que la verdad más horrible no podía destruir. Me senté a escribirle una carta en la que le decía que me sentía tan desdichado por haberla perdido, que había decidido escribir un libro sobre ella, un libro que la inmortalizaría...
Comprendí de repente que nuestra vida había llegado a su fin: comprendía que el libro que estaba proyectando no era sino una tumba en qué enterrarla...y al yo mío que le había pertenecido. Eso fue algún tiempo y desde entonces he estado intentando escribirlo ¿Por qué es tan difícil? ¿Por qué? Porque la idea de un «fin» es intolerable para mí.
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DiemDiem28 julio 2018
Todo lo que ocurre cuando tiene importancia, es contradictorio por naturaleza. Hasta que no apareció aquella para la que escribo esto, pensaba que las soluciones para todas las cosas se encontraban en algún lugar exterior, en la vida, como se suele decir. Cuando la conocí, pensé que estaba aprehendiendo la vida, aprehendiendo algo en que podría hincar el diente. En lugar de eso, la vida se me escapó de las manos completamente. Extendí los brazos en busca de algo a que apegarme...y no encontré nada. Pero, al hacerlo, con el esfuerzo por aferrarme, por apegarme, a pesar de haber quedado desamparado, descubrí algo que no había buscado: a mí mismo. Descubrí que lo que había deseado toda mi vida no era vivir -si se llama vida a lo que otros hacen-, sino expresarme. Comprendí que nunca había sentido el menor interés por vivir, sino solo por lo que ahora estoy haciendo, algo que es paralelo a la vida, pertenece a ella al mismo tiempo, y la sobrepasa. Lo verdadero me interesa poco o nada, y tampoco lo real siquiera; solo me interesa lo que imagino ser, lo que había asfixiado día a día para vivir. Que muera hoy o mañana carece de importancia para mí, nunca la ha tenido, pero que ni siquiera hoy, tras años de esfuerzo, pueda decir lo que pienso y siento...eso sí me preocupa, me irrita.
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DiemDiem28 julio 2018
Si consigue uno sobrevivir, seguir viviendo y superar la sensación de desesperación y de futilidad, en ese caso ocurre otra cosa curiosa. Es como si uno hubiera muerto realmente y hubiese resucitado efectivamente; vive uno una vida supranormal. Es decir, que uno es alegre, sano e indiferente de una forma que no es natural. Desaparece el sentido trágico: sigue uno viviendo como una flor, una roca, un árbol, unido a la naturaleza y enfrentado a ella al mismo tiempo. La vida se convierte en un espectáculo. La soledad queda suprimida, porque todos los valores, incluidos los tuyos, están destruidos. Lo único que florece es la compasión, pero no es una compasión humana, una compasión limitada: es algo monstruoso y maligno. Te importa todo tan poco, que puedes permitirte el lujo de sacrificarlo por cualquiera o por cualquier cosa. La superficie de tu ser está desintegrándose constantemente; sin embargo por dentro te vuelves duro como un diamante. Y quizá sea ese núcleo duro, magnético dentro de ti lo que atrae a los otros hacia ti de buen o mal agrado. Te conviertes en una anomalía de la naturaleza, en un ser sin nombre, nunca volverás a morir, sino que desaparecerás como los fenómenos que te rodean.
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