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Críticas sobre El rey recibe (7)
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Carmenflower81
 29 noviembre 2018
Bueno, la verdad es que me quedo con un sinsabor. He echado mucho en falta el tono jocoso, la fina ironía a la que el autor me tiene acostumbrada.
Es un libro que cuenta mucho, porque narra acontecimientos importantes de los años 70, pero al mismo tiempo no me cuenta nada. Nada, porque espero que a Rufo, su protagonista, le pasen cosas interesantes, emocionantes y no. El libro comienza con ritmo en las primeras páginas, pero va decayendo conforme avanzas, y al final me acabo saltando páginas porque cuando empieza a hablarme de Rusia pierde todo mi interés.
En resumen, es la primera vez que Eduardo Mendoza "me defrauda" porque me ha costado acabar este libro pese a sus pocas páginas. A pesar de ello, le concedo tres estrellas porque está muy bien escrito.
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Beatriz_Villarino
 23 septiembre 2018
Aún no hemos leído todo lo que Eduardo Mendoza tiene que decirnos.

Aún no hemos dejado de sorprendernos con las reflexiones de Eduardo Mendoza.

Aún no hemos rendido suficiente homenaje a esa gran persona que, de sí mismo, Eduardo Mendoza plasma en sus novelas.

Asomarse a la literatura de Eduardo Mendoza es entrar de lleno en el humor, en el buen humor; incluso su ironía, su sarcasmo no ofenden porque es un maestro del lenguaje; juega con las palabras de manera que, como en cualquiera de los más grandes, Cervantes o Shakespeare, los términos coloquiales conviven en armonía con los cultos… y hay muchos en El rey recibe: aquiescencia, baldía, inexpugnable, idiocia, edecán, heréticas, margrave, civilidad, proceloso, timorata, atrabiliario, molicie, soflama, calmuco, deletéreas, delación, staretz, simonía, mansarda, ostracismo, execrable, tedioso, circunnavegándolo o adlátere son sólo un ejemplo del vocabulario que podemos encontrar, por supuesto junto a otro de nivel coloquial, latinismos o extranjerismos, «grosso modo», «un abrazo, Bobby, the once and furure king», «Erbarme dich, mein Gott, pensé, por más que se me antojaba…», «para comer buenos fruits de mer había que ir al Midi». Igualmente, aunque no es usual, a veces aparece alguna expresión vulgar «me preocupa lo que pueda pasar en España cuando se muera Franco —Ah, ¿ves? Pues a mí eso me la suda», «¿qué coño pasa?».

Asimismo, las diferentes situaciones se abren con una cita de autores famosos, en su lengua original, pero a esto volveremos después; ahora simplemente he querido remarcar la profusión de variedades lingüísticas, giros, lenguas, para señalar que El rey recibe parece imbuido de un tinte internacional. Pero no nos engañemos, si bien es cierto que la segunda parte de la novela transcurre en Nueva York, también lo es que sus personajes son españoles en su mayoría. Con esto, España y el cambio que experimenta en la 2ª mitad del siglo XX es la protagonista

—Ah, no. Yo no hago performances. Eso se lo dejo a los artistas plásticos. Yo soy un músico. Y puedo tocar esa mierda tan bien como Richter. Pero lo que yo quiero es destruir al maldito farsante.
—¿El maldito farsante es Brahms?
[…]
—Yo soy un artista que se expresa a través de la música. Y al margen de las convenciones impuestas por el poder.

Rufo Batalla es el encargado de informar al lector sobre los sucesos ocurridos en nuestro país que dejaron huella en sus habitantes.

La novela se divide en dos partes, en la primera, Rufo Batalla, «ferviente partidario de la revolución a ultranza en sus años de estudiante», entra a trabajar, en la década de los 60 a un periódico —por enchufe paterno— y lo mandan a Mallorca a cubrir la boda del príncipe Tuukulo. Sin pretenderlo, y tras sufrir una de las típicas situaciones surrealistas a las que nos tiene acostumbrados nuestro autor, mantiene una conversación con el propio príncipe de Livonia, en realidad república socialista, a la que quiere recuperar mediante un golpe de Estado. Rufo Batalla, sin tenerlo claro, se ofrece a ayudar a Bobby (verdadero nombre del príncipe). Una vez de vuelta a Barcelona siente curiosidad por ver Europa del Este y enterarse de lo que ocurre allí en primera persona. En Checoslovaquia lo ponen en contacto con Katerina quien, con otros compañeros de izquierdas le hablan de lo bien que funcionaba el país y la ruina en la que se encontraba actualmente por no cambiar a los dirigentes caducos. Rufo regresa a Barcelona un poco antes de la liberación política llevada a cabo durante La primavera de Praga; esto y el mayo del 68 francés consiguen que se sienta más distante de todo, menos apasionado en su trabajo. le proponen entonces, dirigir una revista, “Gong”, que le permite independizarse, tener una novia, que lo engaña, cortar con ella, mantener una aventura con la mujer de Tuukulo, Mónica (Queen Elizabeth) y embarcarse en una «maniobra geopolítica de amplio alcance que, de salir bien, le devengará cuantiosos beneficios, y no sólo espirituales».

Así es como llegamos a la segunda parte, Rufo Batalla va a Nueva York ya que le ofrecen un puesto en la delegación de la Cámara de Comercio en la gran manzana. Además de sus compañeros de oficina, que le resultan indiferentes, conoce, de forma casual, a una pareja, China (Conchita) y Allan Higgins, abogado de buena posición económica, con mucho tiempo para el trabajo y poco para su mujer quien, sola, se aficiona a dar fiestas en su casa, a las que acude gente selecta. Rufo conoce allí a Valentina (de la que se enamora); después vendrá Ernie, de quien tiene celos hasta que se entera de que es homosexual; y conoce, sobre todo, la tristeza del emigrante, la soledad que no lo abandona en ningún momento. El príncipe Tuukulo vuelve a ponerse en contacto con él y le explica la historia de su país, cómo fue conquistado, destruido, reconstruido, vuelto a destruir y a formar parte de Rusia, con lo que se le trastocan los pensamientos de aspirar al trono, algo de lo que no desiste (en parte gracias a la aportación con la que, sin ser demasiado consciente, Rufo lo avala). Y ahí, solo en Nueva York queda nuestro protagonista a la espera de nuevas aventuras.

El argumento es totalmente real y, sin embargo es una realidad ficcionada donde se mezclan, complicando la trama, casos de corrupción, mafia, dictaduras… todo ello relatado desde el humor, por el absurdo que emana de diferentes situaciones, por la tristeza que aparece en otras.

La novela podría pertenecer al movimiento posmodernista, durante el que los socialistas defraudaron al mundo pues cuando el poder estaba en manos de quien tenía la riqueza, los jóvenes intentaron una forma de vida que anulase el capitalismo, sin pararse a pensar si sería válido y si lo que en realidad los movía era el mismo deseo de enriquecerse

Las Meninas es un icono vil y malintencionado que debería ir a la hoguera […] si no ha sido destruido ya es porque una tasación ficticia le confiere un valor económico desmesurado.
—Pues si Las Meninas no es arte ¿qué lo es?
—La suela de mi zapato, hurgarse la nariz. Cualquier cosa que un ricacho no compraría.
—Pues eso es precisamente lo que están comprando. Y vosotros hacéis cabriolas para que siga la fiesta

Desde el comienzo, la narración se nos presenta deconstruida por un formato nuevo aunque metaliterario; el tipo de letra cambia, y normalmente el código lingüístico pues las citas aparecen en inglés, francés, alemán, catalán o, es cierto, castellano «Tuve esta historia de alguien que no tenía nada que contarme ni a mí ni a ningún otro»; la novela abre con este guiño a Edgar Rice Bourroughs y su obra Tarzán, que tanto éxitos le trajo en la primera mitad del siglo XX. Este Tarzán, criado en un paisaje idílico es, además del rey de la selva, el hijo legítimo heredero del señor de Inglaterra. Y si Tarzán representa a ese ídolo de la virtud terrenal de EE.UU. que había sido desplazado por la ciudad decadente, no debemos olvidar que fue el primer icono de la cultura pop, pues alcanzó la saturación global.

Si entendemos esto comprenderemos mejor «la suntuosa boda del heredero de una de las más antiguas realezas e Europa con una señorita perteneciente a una noble y adinerada familia de la aristocracia inglesa […] eligieron para contraer matrimonio el marco incomparable de Mallorca».

Hay que prestar mucha atención a estas anotaciones con las que Mendoza comienza determinados acontecimientos o secuencias, pues marcan la clave del significado universal. Así este Tarzán-príncipe Tuukulo, legítimo heredero de Livonia (en un pasado remoto) llamado a convertirse en Tadeusz I es en realidad Bobby en una ciudad decadente, de ahí que su mayor deseo consista en dar un golpe de estado para recuperar el poder y su gloria. Podemos decir que en El rey recibe no hay rey porque la sociedad ha avanzado y no tiene sentido el concepto de realeza. Incluso desde una perspectiva lejana tampoco lo tiene ese aspirante a rey español que viaja a Nueva York para visitar a los emigrantes fracasados, a quienes les importa bien poco las aspiraciones de los acaudalados que permanecieron en España

Los días de Franco estaban contados […] la continuidad del régimen asegurada con amenazadora firmeza por sus miembros más vociferantes […] y la alternativa daba miedo, […] —Me acaban de comunicar de nuestro consulado que dentro de unos días sus Altezas Reales don Juan Carlos y doña Sofía vendrán a los Estados Unidos en una visita oficial […] saludar a todos los funcionarios españoles destinados en esta ciudad […] don Juan Carlos nos dirigió la palabra. En un tono monótono y mala dicción nos agradeció nuestra presencia y nos animó a seguir dando una imagen positiva de la España presente y futura […] —Vaya panoli […] para mí que este hombre hará bien su papel cuando le toque, y lo hará bien porque se ve a la legua que no sirve para otra cosa.

Pues, así, siguiendo las citas podremos reflexionar lo que va ocurriendo en la novela: la neurosis obsesiva del perfeccionismo que lleva a la infelicidad (Freud), el problema del conocimiento (Kant), lo intratable de la libertad (Montaigne), los sueños amorosos soñados (Rimbaud), la realidad-ficción (Valle-Inclán), la soledad de la noche (Joyce), el final del orgullo (Luys Santa Marina), la indecisión de la juventud (T.S. Elliot), el sentido de la vida y las señas de identidad (Unamuno), la confusión del ser humano (Graham Green), sobre los que se van, cansados de la rigidez, para experimentar nuevas sensaciones (Lewis Carroll)…

Hay más, bastantes más, y entre todas ellas descubrimos la personalidad solitaria, indecisa, triste de Rufo Batalla; aunque lo más sorprendente es que Mendoza ha trazado, partiendo de la literatura universal la historia de un pasado rancio por el que debemos sentirnos avergonzados, y todo ello sin dejar de lado el humor; no hay exaltación en El rey recibe, hay reflexión elegante sobre un tema que no se presta a carcajadas pero tampoco al olvido «Los espías y los reyes sin corona estamos condenados a la rutina y al inmovilismo». al leer la novela nos sentimos cómplices y capaces de afrontar la vida con optimismo. «He de hacer llegar una carta a una persona y no confío en el servicio de correos de este país, por lo demás excelente»

Todos (los españoles al menos) tenemos la obligación de leer El rey recibe pues, sin ofender a nadie, como es habitual en Mendoza, ironiza hasta lo inimaginable sobre la vida sin libertad de acción o expresión del siglo XX, que no hizo sino despertar, más si cabe, la picaresca de un español que necesitaba la mentira, el disimulo para sobrevivir dentro o fuera del país.

Con aquella conversación puse punto final a otro capítulo de mi existencia que tampoco había dejado huella.

Un capítulo que finaliza la noche vieja de 1973 y que promete nuevas aventuras para Rufo Batalla, probablemente enmarcadas en el poder emergente de la globalización, aunque nadie (en aquella época y casi nadie en la actual) supiera dónde llevaría eso.

Enlace: http://elblogaurisecular.blo..
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Scwitch
 16 noviembre 2018
Creo que es un libro que gustará a los fans de Eduardo Mendoza, pero no únicamente a los que admiran su escritura sino a los que (como yo) nos quedamos embelesados y emocionados leyendo una entrevista suya.
Sin duda, Rufo Batalla es el alter ego de Eduardo Mendoza, el canal que elige para contar acontecimientos históricos de finales de los sesenta y principios de los setenta con la suficiente implicación de estar en esa época pero con la suficiente lejanía que el periodismo otorga. Tal vez peque de no profundizar especialmente en ninguno de esos hechos pero no creo que esa fuera la intención, creo que ha querido hacer un repaso ligero para contar sus impresiones sin aburrir, ya que el libro está impregnado de ese humor tan característico suyo (atentos al nombre de un personaje: Tuukulo XD). Y a ese humor característico de Mendoza hay que unir su otra gran seña de identidad: el léxico. Dejando aparte las citas en otro idioma, hay que leer casi con el diccionario de español al lado porque es otro tratado de palabras desconocidas para el lector medio.
Puede que no sea el mejor libro de Eduardo Mendoza pero es ligero, se lee estupendamente y es divertido pero con ese trasfondo crítico que él sabe dejar siempre como poso final.
¡Habrá que seguir leyendo la trilogía!
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Claudia
 19 noviembre 2018
El rey recibe es la última novela de Eduardo Mendoza, y da origen a la trilogía Las Tres Leyes del Movimiento, en las que se dará un repaso a los principales acontecimientos de la segunda mitad del siglo XX, contadas a través del extraño protagonista Rufo Batalla.

Pese a ser una obra de Eduardo Mendoza, no vamos a encontrar en esta novela los tintes de humor que se han observado en trabajos anteriores, como Sin noticias de Gurb o El misterio de la cripta embrujada.

Rufo Batalla es un joven que se dedica al periodismo en Barcelona. Esta profesión le permite conocer al extravagante príncipe Tukuulo, heredero al trono del ya inexistente país Livonia, quién le hará partícipe involuntario de sus propios intereses políticos para recuperar la corona.

Vamos a ver en Rufo una clara evolución a la madurez, siendo un ingenuo que se deja convencer con simples palabras, para acabar independizándose y viviendo en Nueva York como funcionario español, viendo los cambios sociales que se experimentan tanto en España como en Estados Unidos.

El rey recibe es un viaje a través de la historia contemporánea, en la que se ve el nacimiento del feminismo, la libertad homosexual y los últimos años del franquismo y la incertidumbre de lo que sucederá en España. ¿Será posible la democracia?

Al leer esta obra, puede resultar al lector una historia ligeramente densa y lenta en alguno de los pasajes. El hecho de no tener capítulos diferenciados, sino que toda la historia se cuenta "de seguido", puede hacer complicado al lector el frenar la lectura en algún punto determinado, suponiendo otra dificultad. Sin embargo, Eduardo Mendoza logra dotar a la historia de intriga e interés, estando muy bien documentada y creando situaciones y personajes realmente atrayentes para el lector. Casi al final de la obra, cuando se expone parte del origen de Livonia, parece más estar escuchando una interesante ponencia de la Edad Media que leyendo una novela.

Rufo Batalla es nuestro protagonista y narrador de la historia, y a través de él conoceremos a personajes con distintas personalidades, ideologías y orientaciones sexuales, dando al autor la oportunidad de expresar a través de ellos y de sus vivencias, una clara crítica social a la época y ciertos pensamientos retrógrados, así como de aportar veracidad, credibilidad y rigor histórico a la novela.

Es cierto que esperaba encontrar en la novela algún que otro tinte de humor que tanto me gusta hallar en las obras de Eduardo Mendoza, y he sentido decepción al no hallarlo. Pese a ello, he disfrutado de esta lectura que resulta interesante, si bien es cierto que requiere de cierta atención por parte del lector.

Eduardo Mendoza ha profundizado en mucas de las acciones y explicaciones que narra a través de los personajes, y por ello no es un libro del que hacer una lectura rápida y liviana, sino que se trata más bien de una lectura que aporta conocimientos y que puede herir algunas sensibilidades.

Me ha gustado, sobre todo, esa manera de hablar de la época franquista sin tapujos, derribando las barreras que lo convierten aún en tema tabú para muchos españoles. Es un hecho histórico del que conviene hablar desde la imparcialidad, aunque en la novela podamos ver la ideología que destaca en el autor, frente a la que critica.
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Marinieves
 28 marzo 2019
Mi debilidad por Mendoza no me deja obviar nada de lo que publica y si además lleva un gato en la portada (otra de mis debilidades) pues mejor que mejor para que comprara "El rey recibe" el último día del año pasado. Y debo decir que no me ha defraudado aunque he visto comentarios para todos los gustos, como por ejemplo que la historia no termina y que no pasa realmente nada de relumbrón al protagonista. Pero ¿y qué si la historia no termina? ¿Es que la vida supone una trama con inicio, desarrollo y fin en cada cosa que nos pasa? Vivimos, avanzamos, retrocedemos, contemplamos, sufrimos, pero sin una trama concreta; paseamos o corremos por la vida a veces sin dirigirnos a ningún sitio y dando bandazos por donde las circunstancias nos llevan. Pues eso hace el protagonista, vivir como puede, aprovechar las oportunidades y aprender o no de las experiencias. Que estamos de acuerdo que no es un personaje terriblemente atractivo y con voluntad, pero quién lo somos.
A mi el libro me ha gustado mucho y Rufo Batalla, nuestro conductor más que protagonista, me ha retrotraído a mis lecturas de Instituto, y me ha recordado sobre todo al Manuel de "La busca" de Baroja, que me gustó con locura y que me costó una pasta en la edición Caro Raggio pese a que se desencuadernaba con mirarla, y al Gabriel de la primera serie de los "Episodios Nacionales" de Galdós.
Rufo Batalla, Licenciado en Lenguas Germánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de Barcelona, con la cabeza imbuida de lecturas izquierdosas, regresa a la España todavía franquista tras disfrutar, o sufrir, en Londres de una beca de estudios y, enchufado por recomendación de un pariente, comienza a trabajar de meritorio en un periódico dedicado a las notas de sociedad. Como es el único que se defiende en inglés, un verano, con muchos compañeros de vacaciones y sin mucho que publicar ni otro periodista de más renombre al que echar mano, el periódico le envía a Mallorca a dar cobertura a la boda de Tukuulo (tal cual) de Livonia, el supuesto exiliado heredero sin trono de una supuesta dinastía europea a orillas del mar Báltico (entonces ya república socialista con gobierno títere de Rusia) con Elisabeth de Montcrecy, una supuesta dama de la supuesta alta sociedad. Todo muy supuesto pero cualquier parecido de la historia con la realidad puede ser siempre más que una mera coincidencia.
La primeras peripecias de Rufo en Mallorca me recordaron a mi loco mendociano por excelencia de "El laberinto de las aceitunas" con la diferencia que Rufo siempre parece acabar duchándose. Pero Batalla no acaba siendo un personaje tan estrafalario y aunque se pierde la boda el novio acaba concediéndole una entrevista, cosa que no ha conseguido ningún otro periodista, y convirtiéndole en su amigo personal.
Rufo no tiene grandes aspiraciones ni en lo personal ni en lo profesional. Tiene una novia a la que parece querer dejar a cada rato y esporádicas relaciones (alguna bastante peligrosa) que no le cuesta entablar pero que no generan en la parte contraria deseos de continuidad. Y en lo profesional parece conformarse con poco. Deja Barcelona y el periódico para ocuparse de la fundación de Gong, una revista gráfica en Madrid y luego emigra a Nueva York empleándose en la delegación de la Cámara de Comercio".
Pero da igual qué empleo o con quién se relacione Rufo Batalla porque lo realmente atractivo de su periplo es la historia, bueno la Historia, con mayúsculas, por la que discurre. Eduardo Mendoza utiliza a su personaje para adentrarnos en la España (y el mundo) de los años setenta con una maestría digna de encomio. Como quien no quiere la cosa, como vivimos los personajes anodinos la Historia, como sin darles importancia, aporta datos, cuenta anécdotas y genera una atmósfera que nos retrotrae a la época y nos cuenta qué pasaba esos días. Frente a eso qué más da que no haya un fin claro. Yo no quiero que haya fin, quiero que Rufo Batalla siga viviendo, siga transitando por su época y que Mendoza nos lo siga contando. Que vivamos la cultura, las experiencias, las ideas, las tragedias del momento por el que deambule Rufo y profundicemos en ello disfrutando de la forma de escribir de uno de mis autores preferidos.
Con la novela, además, si queréis investigar un poquito, conoceréis a un montón de autores y libros que os pueden animar a nuevas lecturas ya que los capítulos de "El rey recibe" aparecen encabezados por una frase en cursiva que puede estar en castellano o en otro idioma o lengua que introduce lo que va a contarse pero que son textos extraídos de otras obras, desde la primera en inglés tomada de "Tarzán de los Monos" de Edgar Rice Burroughs, pasando por Herodoto, Montagne, Montesquieu, Rimbaud, Valle-Inclán y algún trozo de un villancico. Genial.
Enlace: https://marinieves.blogspot...
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TEUDISELO
 21 marzo 2019
Vaya por delante que Eduardo Mendoza es uno de mis favoritos, si no mi favorito, para que nadie se equivoque. En “El rey recibe” he podido comprobar que sigue escribiendo, igual de ágil, impecable y sublime. La historia es lo de menos, como siempre; se trata de los personajes (variada galería), la sugerencia de los sentimientos o sensaciones (soledad, incomunicación), la forma de relacionarse los humanos (siempre previsible y algo ridícula), en este caso más centrada en el binomio hombre-mujer. Es el Mendoza más cítrico que he conocido y no se corta en repartir, incluso con nombres y apellidos. La novela es SÁTIRA, como siempre. El humor no falta, más disimulado que otras veces, pero continuo; hacia el final de la novela, el repaso histórico de Livonia hecho por el aspirante al trono, Su Alteza Real el príncipe Tukuulo es, sencillamente, impagable (al menos para los que gastamos cierto tipo de humor). Diría que la novela es una mezcla de Unamuno y Hemingway, pero con gracia. A mí no me ha defraudado en absoluto.
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Ana35
 05 febrero 2019
Una nueva trilogía de un autor que normalmente no decepciona. En este caso tenemos un protagonista, Rufo Batalla, el nombre ya promete, catalán de clase media, con estudios e idiomas, sin grandes problemas, salvo el tedio.
Lo único que tiene claro es que no le gusta su vida, pero tampoco tiene la iniciativa necesaria para cambiarla, y el hastío le puede.
El resto de personajes que van pasando por su vida, tanto en España como en Nueva York, poco interesantes.
Lo mejor, el retrato de la España del final de la dictadura, de Nueva York en plena guerra fría y Praga antes de su "primavera".
Lo peor, que al ser el primer libro, te da la sensación de quedar todo el aire hasta el siguiente, que espero que no tarde mucho.
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