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Crítica de IvanValenciaA


IvanValenciaA
19 June 2021
La alegría de leer, libro del historiador y profesor colombiano Jorge Orlando Melo, nos presenta una compilación de algunos de sus artículos y conferencias que vieron la luz entre 1993 y el 2008. Las conferencias y artículos están organizadas con un orden lógico que nos lleva desde una historia de la palabra, pasando por la reflexión sobre la alfabetización, los libros, las bibliotecas, la imprenta, las enciclopedias, hasta la discusión de todos estos temas en el marco de las transformaciones digitales que sucedían en la década del 2000.

En términos generales es un libro interesante que aporta bastantes datos sobre la historia colombiana en torno a las bibliotecas, los libros, la lectura y los procesos educativos en el país. Los textos dejan ver el cuidado, la calidad investigativa y la pasión con la que el profesor Melo aborda cada uno de los temas. En particular, y personalmente, los sentimientos que experimenté mientras leía el libro fueron bastante disímiles. Por un lado, encontré artículos y conferencias que me parecen obras maestras, algunas de las cuales mencionaré más adelante. Por otra parte, algunos de los escritos y algunos conceptos abordados me parecen bastante discutibles. Empezaré hablando de lo que me gustó, luego de lo que considero debe ser discutido, y finalmente concluiré este breve análisis.

El primer artículo llamado “La alegría de leer” nos cuenta de dónde proviene el nombre del libro. “La alegría de leer” fue una cartilla de lectura y escritura para escolares que se publicó en los años 30 del siglo pasado. Nos cuenta el autor que, si bien no fue el primer material que se publicó en esta época y con estas características, fue una cartilla bastante particular por su cuidada escritura y por encarnar en sí misma un método de enseñanza novedoso. Este artículo sirve como elemento que tiende las líneas entorno a las cuales se desarrollará el libro: la lectura y la escritura.

Entorno a la lectura y a la escritura se erige un complejo entramado de instituciones, políticas y condiciones que permitan su aprendizaje. Además, la escritura y la lectura tienen un núcleo común, la palabra. Precisamente será el punto de partida del autor, una historia de la palabra. En esta historia nos llevará hasta la antigüedad y nos mostrará con un sucinto pero dedicado análisis histórico, la manera en la que la palabra permitió la construcción de lo que llamamos “cultura” y como este suceso permitió que llegáramos a ser lo que somos como especie. El profesor Melo aprovecha este recorrido para mostrar la evolución y la importancia del libro, de la lectura, de la imprenta, del libro y las bibliotecas.

A propósito de las bibliotecas, el segundo artículo del libro “Trece reglas para tener una mala biblioteca” es, a mi parecer, el mejor escrito del libro. Una genialidad. En este texto el profesor Melo, en tono irónico, da las pautas para lograr que nadie quiera ir a una biblioteca. Lo curioso es que, al revisar punto por punto, quienes hemos sido continuos visitantes de bibliotecas públicas en Colombia, notamos que estas reglas son una exacta descripción de la realidad. No es preciso generalizar, en Colombia tenemos algunas bibliotecas que no cumplen estas reglas, pero son muchas las que sí lo hacen. Una muestra podría ser un proyecto reciente en la ciudad de Manizales, el Centro Cultural Universitario Rogelio Salmona de la Universidad de Caldas. Una exuberante construcción, con una arquitectura muy poco funcional, con un área enorme para libros, con sobre costos de construcción impresionantes, pero que no dedicó presupuesto a comprar libros, suficientes equipos o adecuar áreas verdaderamente funcionales y novedosas para los lectores que asisten a este lugar. de hecho, los libros que allí hay, son los que llevaron de la antigua sede de la biblioteca central de la Universidad de Caldas, una colección poco más que pobre, antigua y desactualizada. Las reglas del profesor Melo siguen viéndose en la realidad a pesar de haberlas escrito hace casi 20 años.

Más adelante, en otros artículos y conferencias, el profesor Melo, como buen maestro, analiza el papel de los maestros en los procesos educativos y su responsabilidad frente a las malas o pobres prácticas pedagógicas frente a la escritura y a la lectura. Teóricamente analiza un par de textos de Montaigne que luego relaciona con la realidad colombiana. Verdaderamente es un análisis que vale la pena leer con detenimiento. Hubiese sido genial que el profesor Melo desarrollara la discusión en torno a la formación de los docentes en Colombia, un tema polémico y sobre el que hay mucho que decir.

Transitando por estos temas, poco a poco, el autor va tendiendo los hilos con la realidad objetiva de los 2000. La masificación de los computadores para la educación en el país (o su intento), las oportunidades y problemas que esto trae, son tomadas, expuestas y discutidas con sumo cuidado. Siempre es interesante escuchar al gestor cultural que también es Jorge Orlando Melo hablando de la manera en que se han modernizado las bibliotecas del país, cómo se ha intentado conjugar la tecnología con el libro, los costos y discusiones que generan estos intentos.

Hablando de las bibliotecas se llega al tema de la ciudadanía. Este es el punto donde mayor discordia he experimentado frente al texto. Antes de este punto el profesor Melo habla del concepto de identidad y lo problemático que resulta, concluye en su artículo que lo ideal sería dejar el uso y el abuso de este término. Retomo estas palabras para cuestionar su concepción del ciudadano. La actual concepción de ciudadano nos viene de la revolución francesa y de la construcción del estado nación. Claramente se ha transformado en estos siglos, pero conserva su carácter excluyente, eurocentrista, racista, misógino y machista. En la Francia revolucionaria el ciudadano solo era un hombre blanco, mayor de 25 años, con propiedades. El ciudadano no nace, se hace, o mejor llega a ser si tiene las condiciones adecuadas. Ahora somos ciudadanos “todos”, o eso se supone, aunque en la práctica la exclusión se mantiene y parece que unos son más ciudadanos que otros frente al Estado. Estoy de acuerdo en que las bibliotecas, los libros, la educación, son importantes para lograr que los integrantes de la sociedad superen cada vez más la desigualdad y sus propios prejuicios. Me parece peligrosa la última afirmación del libro, parafraseando se dice que si los planes actuales para las bibliotecas, no se llegará a construir una nación de ciudadanos. Dejar el uso y el abuso de este término sería mi respuesta. La igualdad no puede estar dada por llegar a ser o no lo que se supone deber ser una persona para ser considerada un ciudadano. La igualdad debe ser total e irrestricta para todos los seres humanos, no pueden permitirse categorizaciones.

En todo caso, el libro del profesor Jorge Orlando Melo es una lectura que recomiendo, pero también recomiendo que sea una lectura cuidada, crítica. El libro nos ofrece conocimientos y reflexiones bastante valiosas, pero entre sus líneas también se cuelan algunos prejuicios que no pueden ser aceptados.

Finalmente agradezco a Masa Crítica, a Babelio y a la editorial Luna Libros por permitirme participar en esta convocatoria. Resalto el trabajo de Luna Libros por rescatar a los pensadores colombianos y por el trabajo que hacen con los libros cuya producción se nota cuidada y el resultado es muy bello.
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