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ISBN : 8416159866
Editorial: última línea (21/10/2019)

Calificación promedio : 3.67/5 (sobre 3 calificaciones)
Resumen:
Jesús, combatiente del bando republicano durante la guerra civil española, es condenado a muerte, acusado de delito de sangre. Su hermano Rafael, su suegro, Basilio, su esposa, Catalina, y algunos amigos inician una búsqueda de avales a contrarreloj para conmutarle la pena. Durante el proceso saldrán a la luz los acontecimientos más controvertidos en los que Jesús participó, antes y durante la guerra, y su supuesta radicalización política, así como su apasionada rel... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (4) Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 04 febrero 2021
La última novela que he leído me ha provocado sentimientos encontrados. Pensaba que giraba en torno a la Guerra Civil española y, no es que me entusiasme leer sobre la guerra, soy bastante pacífica y nada violenta pero la autora, murciana, me llamó la atención. Leí una entrevista que le hizo mi amigo El Yunque de Hefesto (blog que recomiendo encarecidamente) y me picó la curiosidad. La autora decía que exponía razones de los dos bandos de nuestra guerra civil. El Yunque me regaló el libro. Nunca te agradeceré bastante tu amistad, David. Así que empecé a leerlo con ilusión, pero ya digo, empecé a ponerme nerviosa porque es verdad que la historia se desarrolla con el trasfondo de la Guerra Civil, desde 1931 hasta 1941, pero en el tema no aparece ninguna ideología política, ni de republicanos de derechas ni de izquierdas, ni la de los golpistas franquistas.
La estructura es muy interesante. Recuerda a la de Crónica de una muerte anunciada, entre periodística y policíaca. También en El aval, un personaje, hermano de Jesús, que en este caso no quiere escribir sobre el hecho sucedido años atrás sino enterarse de lo que ocurrió en realidad, pregunta a todos los vecinos del pueblo su versión de los hechos, necesita saber la verdad de por qué encarcelaron a Jesús. Rafael ha decidido abandonar España y necesita saber cómo es su hermano en realidad antes de emigrar a Argentina en 1941.
Rafael no es un periodista, tampoco es un policía con necesidad de reabrir un caso cerrado, pero se va a encontrar con que diez años después nadie dice recordar bien lo que pasó y nadie defiende al héroe que él pensaba que era su hermano. Los finales de capítulo van dejando un poso de inquietud en el lector «Y ese día empezó a fraguarse todo». Los lectores nos enteraremos de lo ocurrido realmente al final de la novela, aunque haya pistas diseminadas que nos van alertando.
Aunque la trama se va contando a través de las entrevistas de Rafael y de otras conversaciones que mantienen entre sí los personajes, a veces aparece un narrador extradiegético que, en tercera persona, omnisciente, pretende describir de manera objetiva lo que ocurre. Pero normalmente los que no ostentan el poder quedan animalizados. Catalina, la mujer de Jesús, que ha abandonado a su familia influyente para escaparse con un donnadie, tiene el porte majestuoso y las facultades necesarias para apresar lo que quiere «Catalina echó una mirada de águila a la iglesia…», mientras que el cura, nervioso, aplaca su conciencia en la protección segura de su entorno, «El cura removió su cuerpo de boxeador bajo la sotana almidonada, que crujió como un rumor de hojas secas en el silencio refrescante del templo».
La Iglesia cobra un importante papel en la novela, dividida simbólicamente en siete partes, El aval se nos presenta como un Nuevo Testamento: La Anunciación del requerimiento del aval para liberar a Jesús. La Pasión que hubo de sufrir Jesús al no poder comer con el sudor de su frente. El Calvario de todos aquellos que se desviaron de lo establecido. La Muerte. La Resurrección de la verdad. La Confesión de Rafael (nuestro ángel anunciador) y La Penitencia que sufrirán los descarriados. Pero en realidad el verdadero eje argumental no es la guerra. El tema es la venganza de un marido. Y es una pena porque Carmen Martínez Pineda escribe bien, las metáforas poéticas abundan, tanto que a veces nos viene a la memoria Miguel Hernández «cebollas y patatas come mi hijo que está por nacer», García Lorca «el dobladillo del vestido negro que llevaba impuesto en memoria de tantos lutos acumulados» o Antonio Machado «La tarde crepuscular […] y una bocanada ardiente surcó los ventanales». Otras veces el protagonista alude directa o indirectamente a los autores e intenta situar su preferencia ideológica a través de ellos «Las Rimas de Bécquer —me aclaró él—. Demasiado flojo para mi gusto. Y siguió rebuscando entre los libros hasta que encontró uno cuyo título lo sedujo: Veinte poemas de amor y una canción desesperada».
En El aval predominan las descripciones naturalistas, perfectas para albergar en la suciedad, toda la basura de gente sin ideales, gente que se guía por el instinto a causa de una pobreza tan absoluta que embrutece «cuadrucha fétida […] olía a cieno blando de acequia […] a sudor de hombres sin aseo […] las casas de pobres no tienen letrina donde defecar. Figúrese usted, papa, ni un agujero en el suelo para hacer de vientre».
La realidad de los trabajadores se reproduce con absoluta objetividad aunque solo en los aspectos vulgares: alcoholismo, prostitución, violencia y pobreza. El mundo en el que se desenvuelven Jesús, Joaquín, Rafael, Angelín, Rosalinda, Raúl o Florita rechaza la evasión. Los personajes no tienen libertad bien por ser mujeres o por miedo a disgustar a los que pertenecen al otro bando, los que saben guardar las formas, los intachables, los acostumbrados a poseer y mandar. No hay tregua para los que viven «al otro lado» y no hay perdón para quienes intentan comprenderlos. Es lo que le ocurre a Catalina, está con el hombre equivocado, con el de ideas infames al que todos le cierran las puertas. Catalina decide quedarse con Jesús, aunque también lo haya hecho obligada, e inmediatamente es apartada por su propio padre del confort al que estaba acostumbrada. Catalina se busca ella sola el aislamiento, la muerte social, porque no se considera digna de tener una buena vida. La culpa la persigue. Tampoco hay perdón par Raúl, que prefiere ser él mismo aunque sea considerado por todos un maricón y su padre lo prefiera muerto «un alarde innecesario, un querer y no poder, ganas de poner en evidencia a los señores del pueblo». No hay salida para los que no tienen una posición social y no mantienen el orden que rige la moral del poderoso. Son seres anulados por fuerzas deterministas. Aquellos que pretenden escapar de la incultura o la barbarie son castigados con la expulsión. No hay cabida en esa sociedad para los diferentes, «¿tú crees que yo me gasto un riñón en tus estudios para que andes perdiendo el tiempo con esa chusma?».
Es verdad que el lugar y la época eran propicios para crear un discurso de graves implicaciones sociales. Carmen Martínez pretende ser objetiva en un hecho en el que es difícil no tomar partido. Y esa es la impresión que he tenido al terminar el libro. El protagonista, Jesús, no es un verdadero republicano, se deja llevar por los celos personales y carga contra su ofensor, no contra el régimen fascista. Los amigos de Jesús no se consideran verdaderos amigos «Con nosotros no cederá, Rafael. Para él somos escoria». No hay concepto de amistad porque el protagonista no es noble, en ningún momento se rige por ideales sino por egoísmo o por aparentar ante los demás. Jesús no quiere a su mujer; nadie envía unas cartas tan duras a la persona querida, pues se intenta evitar el sufrimiento «Nos trasladaron en un tren […] como ganado muerto». Jesús quiere satisfacer sus deseos, aplacar el complejo de inferioridad de la única forma que sabe, por las bravas. Catalina tampoco quiere a su marido, se entrega a él, se deja violar para evitar que sepan todos que el cacique la había repudiado. El cura no perdona que le quemaran la iglesia y no perdona al que no cumple los deberes religiosos. Las mujeres callan por temor o mienten por envidia… Los caciques pisotean por miedo a quedarse sin lo que han tenido siempre. Los propios amigos de Jesús, republicanos, son capaces de acusar al que los ayudó a salir de su analfabetismo con mentiras y basándose en una excusa que era propia (y lo sigue siendo) de la extrema derecha «Por eso se esconde —dijo Ortuño—. Por cobarde, falangista y maricón». No hay amigos en El aval. Y no hay ideas políticas «La tierra que es de todos y esa jerigonza […] aquí en voz baja se lo digo, yo creo que para escandalizar», los personajes no las tienen por eso la muerte de Ordóñez no se siente como un acto de justicia poética ante quienes impusieron el miedo o instaron a la delación. Ernesto Ordóñez muere como un mártir «Pero no lloró, ni gimió, ni pidió clemencia. Aceptó su destino con una serenidad que le honra, todavía en la muerte le honra». Nadie del bando republicano queda tranquilo con sus actos, nadie sale honroso de la trama.
Jesús, el cabecilla republicano de El aval, maltrata a su mujer y se va de putas o milicianas (así, puestas en paralelo). El protagonista no recupera el honor, ni siquiera se le concede el honor de morir por una causa que creía justa. Es condenado a vivir con su odio, su rencor y su culpa. No recupera el honor porque nunca lo tuvo. En este sentido encuentro que a la novela le falta algo, todo queda difuminado por el paso del tiempo; el olvido o el miedo impiden que la memoria aflore; la historia se limita a lo políticamente correcto, por lo que la objetividad queda en entredicho, incluso los ganadores de la guerra son los buenos capaces de mentir para salvar al malvado Jesús. Y, ante un registro culto-literario como el de Carmen Martínez en el que abundan las metáforas, los símiles, las zoomorfizaciones, incluso la musicalidad en las palabras, dispuestas a veces para ser oídas, se espera menos determinismo, un final más glorioso; al menos que los ideales brillen en la literatura.

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GemaMG
 15 enero 2021
Antes de empezar a hablaros de esta novela me gustaría dar las gracias a la iniciativa #MasaCritica de @BabelioEspañol por la oportunidad de conocer estas “joyitas” y por supuesto a la editorial por poner en mis manos esta novela y a la autora por escribir una historia tan especial.
Nos encontramos ante una novela atípica que no sigue la norma general ni en cuanto al objeto de la trama, ni en cuanto a la forma en que está narrada.
En cuanto al objeto de la trama, el título lo condensa todo, El Aval, pero no un aval de esos de los que hoy nos exigen los bancos, no un aval económico, sino un aval moral, ese que la RAE define como la “Garantía que alguien presta sobre la conducta o cualidades de otra persona.”
Y que en el tiempo que nos ocupa (1941), recién terminada una guerra, era la única posibilidad que tenían los presos del bando perdedor, condenados a muerte, de que la pena capital se conmutara por un número de años encerrados en la cárcel, mayor o menor en función de la importancia de quien firmara el aval. Y claro, debemos tener en cuenta que los vencidos no contaban con muchos amigos entre aquellos que en la guerra, y en muchos momentos antes de la misma habían sido y aun más tras ella, eran acérrimos enemigos.
Y esta es la historia, la búsqueda incesante de Rafael, el hermano del reo, y de Catalina, su mujer, del mayor número de firmas que puedan salvar a Jesús de las seguras garras de la muerte.
La forma de contar la trama carece de un narrador específico, pues esta función se alterna entre las voces de quienes nos van narrando los recuerdos que tienen del protagonista, los pros y los contras para estampar su firma en ese papel.
Estas dos características requieren, sobre todo al principio, hasta que te familiarizas con la estructura, cierta concentración en la lectura. Pero, a la vez, esta forma de narrar directa, sin descripciones que te desvíen de la idea principal, suponen un aliciente para querer avanzar en la historia, para conocer una pieza más de ese pachtwod que es, no solo la vida de Jesús, sino la vida de su familia, la de su mujer que lo espera y de la de todo un pueblo.
Los personajes, que no son muchos, y que la autora nos presenta antes de comenzar la historia, quedan más retratados por sus acciones y actitudes, por sus gestos y sus palabras que por la descripción que la autora hace de ellos a lo largo de la trama. Entre estos personajes hay familia, hay políticos, curas, caciques de pueblo, intelectuales, mujeres de vida alegre… hay, entre todos ellos amigos y enemigos de nuestro protagonista, hay quienes se sintieron ayudados y apoyados por Jesús, pero hay también y sobre todo una mayoría que se han sentido agraviados por él.
Hay quienes le defienden, con la boca chica, eso sí, porque significarse en el bando de los perdedores defendiendo a un perdedor, y más en ese asfixiante clima rural, en el que todos saben de todos, es colocarse una diana en la espalda, es arriesgarse a acompañar al condenado en su aventura o a iniciar, incluso, una aventura aun peor.
Pero hay también quien le defiende a ciegas, a pecho descubierto, su hermano, su mujer, sin que vacilen sus sentimientos, sin que se quiebren su confianza y su amor, a pesar de las versiones que de él van desgranando aquellos a los que pretenden convencer de que les ayuden a salvarlo.
Y es que este aval va mucho más allá de la mera escritura de una carta, se trata, sobre todo de convencer a quienes nada les importa la suerte del condenado o incluso se alegran de ella, de pasar del blanco al negro, de convertir al culpable en inocente, de descreer las versiones que lo acusan y transmutarlas en aquellas que lo perdonan. Y es difícil, porque en cada verdad, existen múltiples verdades, porque cada uno “cuenta la feria según le va en ella” y porque, además, la memoria es traicionera, y las lagunas del recuerdo las llenamos con lo que creemos que pasó o con lo que nos contaron que pasó, o con lo que nos gustaría que hubiera pasado. Y esos datos incorrectos se integran en nuestra memoria como una parte de nuestra verdad.
Y este es el verdadero eje de la novela, llegar a discernir cual es la VERDAD de los hechos conocidos, llegar a dilucidar si el protagonista es ángel o demonio. Y la autora trabaja este aspecto con autentica maestría; narra todos los puntos de vista en una historia llena de flashbacks y de conversaciones en las que no llegas a tener claro si quien habla puede considerarse amigo o enemigo, en la que no eres capaz de tener claro si quien habla dice la verdad o miente… y te lleva de la mano a formarte una idea propia que es capaz de derribar pocas páginas después con una nueva versión de los mismos hechos.
Esta novela, aparentemente breve, es una novela que hay que leer despacio, una novela que te lleva a la reflexión, sobre las circunstancias que propiciaron la guerra civil, los excesos que se vivieron en ella y lo que trajo después. Esa posguerra que, para algunos, fue incluso peor que la propia lucha en el campo de batalla. Dividida en siete capítulos, más o menos extensos, designados por las fases de la pasión de Cristo (Anunciación, Pasión, Calvario, Muerte y Resurrección) y del sacramento de la confesión (Confesión y Penitencia), la autora identifica cada uno de los capítulos con el momento que vive el reo, encabezando cada uno de ellos de una carta escrita por el mismo desde la cárcel y que constituirán, al final, la clave de quien es quien y cuál fue su papel y su fin en esta historia.
Es esta una historia de lucha, de arrepentimiento, de cobardías y valentías… pero es sobre todo, una historia de perdón, de ese que fácilmente brindamos a los demás, pero que nos resulta difícil, casi imposible concedernos a nosotros mismos y a nuestras debilidades.
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Hefesto
 05 enero 2021
Muchos han matado por honor. Aún más por ideología. Si os preguntan cuál de los dos motivos es más legítimo responderéis que ninguno, pero abstraeos de vuestro contexto histórico y pensadlo por un momento. ¿Qué razón creéis más elevada? E independientemente de cual elijáis ¿hasta qué punto es sincero quien siegue una vida amparándose en cualquiera de ellas? ¿Son estos dos conceptos íntegros y asépticos, o están contaminados por la turbidez derivada de la ira, el deseo, la codicia, o cualquier otra de las pasiones que siempre nos han acompañado?
Jesús, excombatiente republicano, es un hombre deshecho. Preso tras la guerra civil, es condenado a muerte por un delito de sangre. Desde prisión, asumiendo su final y sintiendo que se le ha arrebatado hasta el último atisbo de dignidad, consigue hacerle llegar a su esposa Catalina algunas de sus cartas buscando, más que ayuda, abrir su corazón. Ella, desesperada, inicia junto a su cuñado Rafael una carrera a contrarreloj para obtenerle unos avales que le conmuten la pena capital por otra menos severa. Y Don Basilio, el padre de ella, decidirá unirse a esta tarea con la intención de recuperar a una hija que creía haber perdido.
Carmen Martínez Pineda ha logrado con esta, su tercera novela, algo extraordinario: captar la enorme complejidad de una guerra que en realidad comenzó mucho antes del 36. Y lo ha conseguido sin necesidad de recurrir a datos y figuras históricas relevantes. Inspirándose en hechos reales ha dado vida unos personajes tan imperfectos como creíbles que podrían haberse encontrado en cualquier pequeña población rural de la península. Porque lo peor, lo más cruento de la contienda se vivió en esos pueblos donde todos se conocían, donde había agravios que solventar y venganzas que satisfacer, en una España de curas y terratenientes, de señoritos y de campesinos analfabetos.
En aquel país donde no todas las declaraciones tenían el mismo valor, no se enfrentaron solo dos bandos, sino tantos como personas con intereses contrapuestos.
Pero la novela, además de suponer un magnífico retrato de los años anteriores y posteriores a la guerra, y plasmar una emotiva investigación que va desvelando la forma de ser y las motivaciones de cada personaje implicado, plantea una gran verdad: la falibilidad de la memoria o, mejor dicho, lo condicionados que pueden estar los recuerdos por la ideología de cada uno. Para ello, la autora opta por saltar de testimonio en testimonio, intercalando diálogos y recuerdos sin advertir quien es el interlocutor. Esta técnica, arriesgada y bastante sorprendente, obliga al lector a permanecer alerta y a esforzarse hasta que absorbe la personalidad de cada uno de sus protagonistas.
El aval es, tal y como parece, una historia triste y dura. Todo gira en torno a Jesús, como víctima o como verdugo, pero el peso de la narración va pasando de unos a otros en función de los hechos relatados. Y Rafael, atormentado por su cobardía en la guerra e intimidado ante la imagen que se ha creado de su hermano, es el hilo que une las distintas versiones, ya que es el único que siente la necesidad de saber lo que ocurrió realmente.
Pocas novelas dejan una imagen tan nítida como esta de la España dividida que se comenzó a evidenciar a raíz de la proclamación de la Segunda República. Pocas muestran tan claramente la forma en que el nuestro se convirtió en un país de extremos que antepuso los intereses a los afectos, como las mujeres fueron en cómplices del yugo que les sometía, y como la guerra corrompe y envenena a cualquiera que toca.
Si os unís a Catalina y Rafael en su propósito y su desesperación, no solo tendréis que afrontar verdades que preferiríais no saber. También os cuestionaréis qué es la verdad, si la cadena que une causas y consecuencias se puede cortar en algún eslabón, y sí la gravedad de los actos depende del punto de vista de quien los juzga. Pero la pregunta para la que tal vez no encontréis respuesta es: ¿tiene un hombre derecho a la vida por atroz que sea el crimen que se le imputa?
Enlace: https://elyunquedehefesto.bl..
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Adela
 31 diciembre 2020
Cuando leí la sinopsis me pareció un libro super interesante y tuve la corazonada de que me iba a encantar, pero me equivocaba. El libro es bastante lioso y muy complicado de leer. No porque la trama sea difícil, sino porque la autora salta de personaje a personaje y del presente al pasado sin hacer una distinción clara. Tenía que leer la mayoría de cosas varias veces para enterarme bien de quién hablaba y en qué momento y lo que prometía ser una lectura ligera se convirtió en todo lo contrario. Casi hasta el final no entendí por qué habían condenado al protagonista realmente.
Sin embargo, el final me ha parecido muy interesante y por eso le he dado el aprobado justo. Da cierto sentido a todo el libro y ha sido la única parte en la que me he enganchado y no he leído "forzándome".
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Citas y frases (4) Añadir cita
HefestoHefesto02 enero 2021
Porque la guerra es como un animal salvaje que te devora desde dentro, como una solitaria en tu interior que va creciendo por tus tripas hasta hacerse tu dueña. Y te deja seco de alimento y sometido a ella. La guerra te consume y te hace su siervo. Todos nosotros - [...]- todos los que hemos combatido, somos esclavos de la guerra.
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GemaMGGemaMG15 enero 2021
Y esa afición por la cultura, ese anhelo de aprender y prosperar que a alguno nos embargó muy pronto, sentó mal a mucha gente, a los caciques rancios. Eso no me lo perdonaron, ni entonces ni ahora. Por eso están sobre mí, por eso me vigilan. No les importa que los hombres compren tabaco de contrabando, ni que organicen timbas a escondidas, pero sí que lean, si que escriban, sí que piensen. Porque aquí lo más importante, lo primordial, Catalina, es anular tu pensamiento. Y al anular la razón de un hombre, anulan su vida entera.
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HefestoHefesto02 enero 2021
La ideología es un escaparate ante los demás para no admitir en público nuestras miserias.
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HefestoHefesto02 enero 2021
Nadie puede impedir a un hombre con una idea fija en la cabeza que la lleve a cabo.
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