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Crítica de GemaMG


GemaMG
08 julio 2021
“Pero los psicópatas son verdaderos genios, hablé con unos cuantos cuando estudiaba y jamás hubiera dicho que había algo malo en sus personas. Más bien al contrario: son los seres más encantadores de la naturaleza. Hermosas plantas carnívoras repletas de color y magia. Incluso tienden a parpadear algo menos que los demás.”

Esta es la primera novela que leo de esta autora, a la que de nuevo he llegado gracias a una lectura conjunta de #SoyYincanera, a la que me incorpore tarde, pero en la que enseguida me puse al día gracias a la adicción que supone la lectura de esta historia.
Para mí Rota no ha pasado de ser siempre más alla del lugar donde se encuentra la “base americana”, pero ni en sueños me plantee su situación o su forma de vida hasta que la he conocido a través de las palabras de esta autora.
Men describe Rota como el paraíso dentro de la dictadura, pero a la vez como el infierno, sobre todo para aquellos que sufrieron en sus carnes el descontrol y la impunidad de quienes lo poblaban allá por los años 50. Y es que esta novela se centra en esta ciudad en esos años, pero también en la actualidad, en esa actualidad en la que el pasado se hace presente.

“Rota es como una caja en la que alguien hubiese metido todo lo que sobraba en el resto del mundo. Como si quien lo creó hubiese fabricado de más desechando aquí el exceso. Lo que estaba roto.”

La descripción, no solo física, sino de los personajes que pueblan aquella tierra, las que la poblaron antes y ahora, es precisa y profunda, y sobre esta la autora desarrolla toda la acción de la trama y las subtramas que es mucha y sumamente intrincada. Me ha sorprendido muy gratamente ver como la autora se metía en un “charco tan profundo” y era capaz de salir de él seca y sin apenas despeinarse, hay que tener mucho oficio para encajar tantísimas piezas como la autora nos va regalando a lo largo de esas casi seiscientas paginas sin que queden aristas en la construcción de la historia y sobretodo en el final de la misma.
Podría hablaros de los personajes, pero esta reseña seria el cuento de nunca acabar, digamos que están los que deben estar y que en ninguno de ellos he encontrado ningún motivo que me impidiera creérmelos, tal vez porque son personajes que encajan perfectamente con la ciudad que habitan, soy una convencida de que el lugar donde naces, de una u otra forma determina parte de tu carácter, y en esta novela asi es.
Todos los personajes guardan algún secreto, secretos que, en la mayoría de los casos, se han mantenido en la oscuridad durante demasiados años, pero claro, los secretos no pueden guardarse para siempre, en algún momento algo ocurre que los hace descubrirse.

“Lo que le pase a un hijo de Rota es de dominio público, le ocurre a todo el pueblo a la vez. Como un cuerpo al que le duele una muela o una pierna: el organismo entero se resiente.”

No voy a hablaros de los personajes, pero si quiero centrarme en los protagonistas de esta historia, en Patria y en Sacha.
Patria ha conseguido provocarme a lo largo de toda la novela una sensación ambivalente, a veces la entendía y a veces me enervaba, lo cierto es que a lo largo de toda la novela me ha hecho sufrir, primero por no conocer ese secreto que hacía de ella una mujer tan dañina, para los demás y sobre todo para sí misma y, una vez conocido el origen de su forma de actuar, me ha parecido que su actitud incluso, se quedaba corta, para lo que debe de ser una vida tras aquella situación.

“Simplemente actué. Lo mío son los hechos, no las emociones. Supongo que cada uno sobrevive a su manera. Sabía lo que tenía que hacer y lo hice, sin más. Hay ciertos asuntos para los que no se puede pedir ayuda. Nadie los entendería.”

Sacha, por su parte, solo ha conseguido despertar en mi cierta ternura. Un hombre que no es capaz de dejar sus sentimientos atrás y que, quiera o no, acaban dirigiendo su forma de actuar tanto en lo personal, como en lo profesional.
Y tal vez, no, con seguridad, es la oposición de estos dos caracteres lo que hace que profesionalmente funcionen de manera tan precisa, aunque en las primeras páginas parece que dicha colaboración va a ser difícil por no decir imposible.

“Te necesito como guardia civil y como psicólogo, pero también como amigo. Este no es un asesinato cualquiera. ¿Crees que podemos enterrar el hacha de guerra hasta que todo termine?.”

La autora aborda en la novela los temas más escabrosos que podáis imaginar, el asesinato no me parece lo más importante de esta trama, me inclino a pensar que el tema central son los ABUSOS, así, en mayúsculas, los abusos de antes y de ahora, sobre niños y sobre mujeres, los abusos sobre aquellos que menos posibilidades tienen para defenderse y las consecuencias que esos abusos tienen en nuestro futuro, en nuestra vida y en la forma de vivirla.
La autora habla de realidades y de creencias arraigadas y habla de la muerte y de quienes la habitan, de aquellos que se fueron y de las creencias de que no se van del todo…

“A los muertos no se les puede conjurar sin consecuencias. Si se les llama, vienen, pero, cuando se les echa, ya no se van.”

“—La Tarara no es un fantasma, Patria, cariño. No. Ella es…, bueno. ¿Verdad que no es un fantasma, Teresa? Que no es mala, quiero decir. Es un ánima.”

La autora no escatima en crueldad en la mayoría de las páginas de la novela, sin embargo, y lo más sorprendente de esta novela es que la misma autora que en una escena es capaz de describirte lo más escabroso de un asesinato es capaz en las líneas posteriores de escribir párrafos de una prosa y una sensibilidad exquisita. Y este es uno de los puntos fuertes de la novela, la magnífica forma de escribir de la autora, que entre escenas excesivamente rudas desliza preciosas frases y magnificas reflexiones que a menudo son capaces de robar rudeza a ciertos hechos y que convierten la lectura en una experiencia sorprendente.

“Un olor que nunca he sabido de qué se compone, pero que me relaja como un baño caliente. Huele como lo haría algo dulce bajo el mar.”

“Si rendirse es no pasar la existencia como quien camina con una vela entre las manos, supongo que me rindo. La vida es para ser la llama, no quien cuida de que no se apague. No puedes decidir a quién amas, pero sí cómo lo amas. Amor. Qué palabra tan estúpida. Y cursi. Pero no voy a consentir que se refiera a ella por ese maldito nombre.”

Os he comentado al principio que comencé tarde la lectura de esta novela pero que en seguida me puse al día, lo cierto es que la leí en un momento en el que no me creía capaz de leer a tal velocidad, pero es que además de que la trama te atrapa sin medida y de esa forma de escribir a la que me he referido antes, la estructura de la novela está compuesta de esos capítulos cortos que siempre obligan a decir, venga, uno más y lo dejo (lo cual nunca es verdad) y que además, cada uno de esos capítulos está construido de tal manera que al comenzar a leerlo, nunca tienes claro con que parte de la historia te vas a encontrar.
Sé que tal vez es demasiado pronto para decir esto, pero estoy segura de que de no ser la mejor, esta estará dentro de las mejores novelas que haya leído este año y puedo aseguraros que Men Marias es una autora a la que no pienso perder de vista.

“Hay silencios, como el de la muerte, que lo dejan todo desierto. Lo único que no se llevan es el miedo. El miedo que siente el vivo a continuar habitando en un mundo donde esa persona ya no existe. Un mundo que ahora está vacío, seco, yermo.”
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