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Crítica de Lou


Lou
25 enero 2022
Qué difícil es a veces hablar (o escribir) sobre los libros que nos llegan, que nos rompen, que nos sacuden, que nos agujerean. Qué difícil enfrentarse a poner palabras a algo que no sabes muy bien cómo explicar.

Siento que cada vez que he hablado de este libro, sólo he sido capaz de esbozar el argumento un poco por encima. Siento que tan sólo he rozado con la punta de los dedos lo que cuenta, porque meterse de lleno significaría tener que desgranar muchas cosas, tener que exponerse al dolor.

Este libro se puede leer como una novela que nos es ajena. Como algo que alguien ha escrito, que simplemente es ficción. O se puede leer como una muestra de las vidas y las experiencias de cientos de mujeres, mujeres de verdad, de carne y hueso. Y es ahí cuando duele, porque lo ves, lo sabes, lo sientes. Sientes las cachetadas en el culo, sientes los desprecios, las humillaciones, los insultos, las mentiras, los engaños. Sientes la indiferencia de la gente, las miradas que prefieren creer que tú eres una loca, antes que creer que alguien a quién admiran es un m4ltratador. Sientes esas cosas cotidianas que se normalizan, pero que no son normales. Sientes el peso de los cuidados sobre tu espalda, sientes cómo la institución de la familia te oprime, te ahoga, te mete en una caja de la que no vas a poder salir, pase lo que pase.

Sientes el ruido de los ratones correteando por detrás de los muebles, sientes todo lo que pasa detrás de las puertas cerradas, detrás de las paredes.

"¿Qué nombre se le da a ir desapareciendo a alguien de poquito a poquito, a quitarla de en medio en episodios? ¿Por qué no cuenta como crimen aniquilar a una mujer a cuentagotas, descuartizarle la moral y la autoestima en cómodas entregas?"

Mientras leía este libro pensaba en la fábula de la rana y el agua hirviendo. En cómo, según dicen, si metes a una rana en agua a temperatura ambiente y vas incrementando la temperatura poco a poco, la rana va adaptándose al calor cada vez más asfixiante y, sin darse cuenta, pierde el sentido y termina muriendo achicharrada.

"Cuántas luces dejaste encendidas. Yo no sé cómo voy a apagarlas."
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