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Crítica de Lawerson


Lawerson
02 febrero 2020
El sueño que siempre ha tenido Maia es convertirse en el sastre imperial, aquel que, bajo las órdenes el emperador, crear las vestimentas más impresionantes y valoradas. Sin embargo, ese puesto sólo está disponible para los hombres del imperio y ella, como mujer, jamás podría llegar a algo así. Su futuro debería ser casarse con un buen chico, formar una familia y quedarse en casa cuidando de los suyos. Pero Maia rehuye de todo eso, sueña con alcanzar algo más grande y que realmente le hace feliz. Es por eso que, cuando inesperadamente llega a su casa un mensajero del rey en busca de los mejores sastres para elegir al que será el nuevo sastre imperial, Maia decide hacerse pasar por su hermano, ahora que su padre está enfermo y la otra parte de la familia que le queda y que no ha perdido a causa de la guerra debe recuperarse de sus heridas. Hacerse pasar por un hombre puede parecer, al principio, algo fácil, pero Maia pronto descubrirá que tendrá que ir con más cuidado del que pensaba. Ahora que está en el imperio, participar en una competición es vital para que solo ella quede de pie y salga como vencedora y así conseguir el tan ansiado título, pero los otros sastres que también quieren hacerse con el puesto la llevarán a través de pruebas que podrían acabar, para siempre, con su sueño. O, lo que es peor, con su vida. Cuando parece que ser sastre imperial se está escapando de sus manos, un giro inesperado hará que Maia tenga que viajar por terrenos desconocidos, plagados de peligros y de una magia que jamás ha comprendido, junto a un chico que le pone el vello de punta pero con el que también, cada día se sentirá más unida. Salvarse no solo a ella misma, sino también a su familia, es lo único que Maia quiere y, para eso, deberá descubrir que, quizás, el mundo en el que siempre ha vivido y creído es en realidad un terreno lleno de secretos y de amenazas.

Tejer el alba es de esos libros que te llaman la atención nada más verlo gracias a su preciosa portada. Puede sonar bastante superficial, que lo es, pero creo que ya tiene ese factor super importante para que alguna persona se interese por él. Luego, le das la vuelta y descubres que se ambienta en un mundo de fantasía con influencias asiáticas/chinas, que va sobre una chica que, para proteger a su familia y conseguir su sueño, se hace pasar por chico para poder entrar en el palacio imperial y ser parte de una competición en la que solo uno puede resultar vencedor. Puede que una premisa así esté ya bastante trillada, pero os aseguro que denota un toque diferente y original por el que os vais a sentir atraídos. Desgraciadamente, eso no ha sido suficiente para que Tejer el alba sea un libro a recomendar.

Narrado en todo momento en primera persona a través de os ojos de Maia, el libro se encuentra dividido en tres partes bien diferenciadas que contienen situaciones y escenas diferentes y que, poco a poco, van entretejiendo todo lo que se nos va a presentar a lo largo de sus páginas. Con un estilo directo y sin andarse con rodeos, la autora pronto nos pone dentro de la vida de nuestra protagonista, teniendo una primeras páginas que son usadas para empezar a mostrarnos partes del mundo y ambientación en la que nos vamos a encontrar, teniendo detalles y explicaciones sobre una guerra que lleva tiempo fraguándose, todas sus consecuencias y todo lo que se ha llevado por delante hasta poder decir que, al fin, ha terminado. Sin extenderse más en ello, tras esto es cuando empieza la verdadera aventura de Maia al recibir a alguien inesperado en casa que llama a su padre, estando pronto con la misión en marcha y prácticamente al inicio de una competición entre sastres de todas partes del imperio que es lo que va a ocupar el resto de los capítulos y las páginas a partir de ese momento. En cuanto Maia, como hombre, pisa el suelo del palacio, pronto se asentará esa sensación de que nada es lo que parece. Una lucha estratégica que va a ir tornándose más y más estrecha, más y más peligrosa para Maia, sinceramente no es una competición que haya tenido demasiada emoción, caminando también con demasiada rapidez y viéndose ya los primeros fallos de un libro que no va a hacer el intento de arreglar los agujeros que se van a ir generando a lo largo de la lectura. En las primeras 30 o 50 páginas estamos ya en plena sinopsis del libro, algo que me ha parecido demasiado brusco, ya que el principal problema que he sentido con el libro es que la autora no desarrolla correctamente cada elemento de su historia. Puede darnos detalles, como he comentado, que dan algo de volumen al escenario, algo de justificación de varias cosas que tienen que conducirse de una manera exacta para que estén colocadas justo en el momento en el que empiezan a interferir en el camino de nuestra protagonista, pero todo es muy superficial. Falta una base mucho más sólida, más trabajada, más vistosa. Y es por eso que, cuando estamos en plena competición, todo se hace muy soso. Tanto los rivales como las pruebas carecen, a veces, de sentido o lógica. Hay situaciones que no se llegan a comprender del todo, que no están bien ejecutadas, que pasan a toda velocidad sin ni siquiera darle una importancia mayor, pareciendo más un juego de niños que una competición por hacerse con el título de sastre imperial. Como faltan explicaciones y un mayor desarrollo, el tema de la competición no se sustenta bien, pasa sin pena ni gloria a través de situaciones que no añaden nada nuevo a la lectura, siguiendo un estilo muy monótono y confuso que no llega a cuajar del todo.

Es cierto que, en estos momentos, la lectura todavía puede hacerse amena, no es una competición interesante, pero está ahí para entretener de vez en cuando. No obstante, llega un punto en el que todo es tan igual y con tan poca gracia que te deja una sensación decepcionante al creer que esa competición iba a ser de esas épicas, impresionantes, con batallas por todos lados, y no una competición de crear vestidos, guantes o pantuflas que conllevan, como digo, grandes agujeros argumentales. Aparecen de repente objetos que no se explican, el tema de la magia está muy olvidado, haciendo acto de presencia de sopetón sin entender bien cómo funciona al no haberle dado la autora cabida para su construcción. Son cosas que forman parte del libro, pero que están agarradas con pinzas para que se sujeten con algo y no se caigan cada dos por tres al no tener fundamento suficiente.

A pesar de esto, esta primera parte tiene también algunas cosas buenas, como la lucha de Maia por hacer ver que las mujeres son más que objetos para tener en casa cuidando de una familia, que también merecen soñar y conseguir o alcanzar lo que más quieren independientemente de su género. O las intrigas políticas que vamos a vivir de primera mano, estando ahí el peligro, acechando en cualquier esquina, eso de tener que ir con mucho cuidado a la hora de usar una táctica u otra para que Maia no sea descubierta y sea su sentencia. Para mí, han sido los momentos de la historia que más me han llamado la atención y más me tenían en ascuas porque había una tensión muy palpable, donde esa guerra que se nos comenta al principio sigue viva, un rifirrafe entre bandos que ha conseguido mantener el fuego vivo. Y, al comenzar la segunda parte del libro, creía que la historia iba a tirar hacía allí, pero no ha sido así.

Hay un cambio en esta parte con respecto a la primera, eso no lo pongo en duda. Un cambio drástico que cambia completamente la historia que hasta ahora había estado leyendo. Sin embargo, sigue pecando en lo mismo: la exposición y construcción de la ambientación. Y no ya solo eso, sino de sus personajes, que no avanzan absolutamente nada, se quedan poco trazados y no de aprovechan demasiado, teniendo a personajes principales que no se dan a conocer, que no tienen pasado y son difíciles de imaginar incluso físicamente. Esta segunda parte va a ser más movida, nos adentra por diferentes lugares del imperio bajo un viaje que estará plagado de nuevas pruebas, y donde la magia va a estar algo más presente. Bajo un buen ritmo, los primeros compases son agradables, empiezan a tomar un tono más interesante, he estado algo más enganchada y más cómoda leyendo, me gustaban algunas cosas que salían. Pero, después de un tiempo, volvía a lo mismo. Situaciones insustanciales, que no me decían nada, que no aportaban nada a la lectura, un ritmo que volvía a decaer, a cojear por muchos sitios. Un libro que vuelve a tropezar con la misma piedra una y otra y otra vez. Y, cuando además la trama se va convirtiendo en una de romance, sirviéndose de él para añadir páginas, siendo algo que tampoco está bien llevado, la historia no sale de ese abismo. El romane que trata la autora es falto de sentimientos, volviendo a pecar de no desarrollar absolutamente nada. Precipitado, super forzado, instantáneos, no me lo he creído en ningún momento. No me ha gustado, no me ha parecido bonito, nada de nada. He volteado más los ojos porque no entendía como una puede profesar amor eterno y eres el amor de mi vida habiéndolo conocido hace unos cuantos días.

En definitiva, Tejer el alba no ha sido el libro que esperaba. Con una idea interesante y diferente, la autora no ha sido capaz de ejecutarla bien, dejándose por el camino descripciones fundamentales para poder desarrollar, como este libro lo pedía, todo lo que está por venir, utilizando recursos que no llegan a verse del todo ni a funcionar, obligando a la lectura ser una que carece de emoción alguna y que no logra enganchar del todo.
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