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Crítica de AnnieMoneth


AnnieMoneth
04 septiembre 2019
En esta ocasión os vengo a hablar de una novela que leí ayer: "Del color de la leche", de Nell Leyshon. No sabía nada de ella, pero quedé con un amigo y cuando la conversación derivó en libros me dijo, «niña, tienes que leerla, te va a gustar». Quise que me diera detalles, pero se negó zanjando el tema con un «ya te hablé en su día de ella, ahora hazme caso y léela». Sonrió, sabía lo que me hacía. Cuando alguien que me conoce y suele coincidir en gustos literarios conmigo, no solo me aconseja de forma tan rotunda una lectura, sino que me deja con la intriga (algo que me da rabia), no puedo contenerme. Así que al llegar a casa me puse cómoda, cogí la tableta y, sin leer la sinopsis, la compré en formato e-book. Vi que no llegaba a las 200 páginas impresas; empecé a leer y la devoré, seducida por su protagonista.

Hoy me he levantado con ojeras, pero no me importa. Me caeré de sueño y se me hará cuesta arriba el día, pero tampoco me importa. Tendré que llamar a este amigo, admitir que le debo un chocolate con churros y aguantar su chulería de gato, pero ¡qué menos! La lectura ha merecido la pena. ¡Vaya novela!

«éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano.

[…] no soy muy alta y mi pelo es del color de la leche.

me llamo mary y he aprendido a deletrear mi nombre. eme. a. erre. i griega. así es como se escribe».

Con estas sencillas palabras, faltas de ortografía incluidas (no son mías), empieza "Del color de la leche". Ya os he dicho que ni siquiera había leído la sinopsis, de modo que por unos segundos me quedé estupefacta hasta que comprendí que se trataba de una chica que apenas sabía escribir. Y entonces reconocí en mí esa sensación que proporciona tener algo especial entre las manos y me preparé mentalmente para esperar lo inesperado.

El año al que nos traslada esta maravillosa novela costumbrista es 1830 y está ambientada en la Inglaterra rural. Es una sociedad patriarcal, donde el hombre manda y la mujer obedece. Los campesinos trabajan las tierras, cuidan de los animales y cultivan sus huertas, así que leer o escribir no se valora en ese ámbito porque no se necesita para trabajar en el campo.

Su argumento gira en torno a la historia que nos relata, según la escribe, la propia protagonista, Mary, una niña de quince años que vive en una granja con sus padres, sus tres hermanas y el abuelo. Tiene el pelo pálido como la leche y un defecto congénito en una pierna que no la impide trabajar en la granja, primero, y más tarde como criada en la casa del vicario.

La novela, galardonada con el Premio Gremio de Libreros de Madrid 2014, está estructurada en cinco partes que llevan por título el nombre de la estación en que transcurren los hechos relatados por esta adolescente. Un año y pico de su vida. Y eso me gusta, porque concuerda con el paso del tiempo que, día a día, año tras año, marca el amanecer y la puesta de sol, la sucesión de las estaciones, respectivamente, y por el cual se rige la vida en la granja donde vive Mary y su familia.

Nell Leyshon ha creado a la perfección un personaje entrañable, tierno, inteligente, locuaz, tremendamente honesto (dice lo que piensa, le pese a quien le pese), de enorme fortaleza; aunque su vida es dura, disfruta de la naturaleza que le rodea y tiene la virtud de llevar la alegría a las personas con las que convive. Cuando descubre que puede aprender a leer y a escribir, se entrega de lleno emocionada. Es curioso cómo un personaje que representa una persona tan sencilla como Mary, prácticamente analfabeta, es capaz de darnos lecciones de infinita sabiduría:

«me preocupo por muy pocas cosas si no puedo hacer nada, entonces no me preocupo. si puedo hacer algo, entonces lo arreglo y ya no tengo que seguir preocupándome más».

Como lectora empaticé hasta el fondo con Mary, me calcé sus zapatos (en este caso, botas) y sufrí en mi propia piel lo que le acontece en la casa del vicario. Me fue imposible abstraerme de este personaje de enorme magnetismo y no experimentar una panoplia de emociones tan intensas, que me sorprendieron. Y cuando llegué al final de la historia, entré en shock, como si hubiera saltado de un avión y al ir a desplegar el paracaídas cayera en la cuenta de que lo había olvidado. No exagero, imposible predecir el final de la novela.

En la narración hay unas palabras que me llamaron la atención, porque Mary las repite en diversas ocasiones: «no tengo opción». Deja de colaborar en la granja y pasa a trabajar en la vicaría, porque no tiene alternativa, es lo que su padre y el vicario han acordado. Más tarde tiene que quedarse a vivir en la casa de este último, por la misma razón. Y a ella no le queda más remedio que aceptarlo. Está sujeta a las restricciones patriarcales arraigadas en la Inglaterra rural de la época. Hasta que llega un momento en que Mary aprende a leer y a escribir, y eso le proporciona la fuerza necesaria para desplegar sus alas y liberarse de las cadenas que le oprimen. La autora enfatiza así el poder de la educación y la palabra en el proceso de libertad, una idea imperecedera que suscribo personalmente. Y en aquella época, junto al dinero, las posesiones y las influencias, era el elemento clave que diferenciaba las clases sociales.

«ya no te pareces mucho a como eras antes. ahora estás por encima de nosotros. lo único que falta es que empieces a hablar bien».

No puedo decir nada del estilo de esta autora, porque esta novela es lo único que he leído de ella. Reconozco, eso sí, que resulta ingenioso el modo de narrar empleado. La escritura, aquí, es el lenguaje hablado de una protagonista femenina que acaba de aprender a leer y a escribir. Una chica que nos relata, con premura, la “verdad” de lo que pasó desde el principio. Es un lenguaje sencillo, despojado de todo artificio, que va directo a ti, lector, porque es a ti a quien Mary habla.

No quiero abundar más en las maravillas de esta novela, ni en todas las sensaciones que me ha provocado. Solo aconsejaros su lectura. Inolvidable.

Y termino esta reseña haciendo mías las palabras de Valeria Luiselli, la autora del prólogo de esta pequeña joya:

«Hay ciertos libros —muy pocos— que nos dejan con la sensación de haber tocado un fondo del cual no podemos y no queremos salir siendo el mismo lector. ‘Del color de la leche' es uno de esos libros».
Enlace: https://despertaresdestonewa..
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