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ISBN : 8437607434
Editorial: Ediciones Cátedra (17/04/2004)

Calificación promedio : 4.1/5 (sobre 5 calificaciones)
Resumen:
En agosto de 1869 el editor belga Albert Lacroix imprime
la primera edición de «Los cantos de Maldoror», una obra única
e inclasificable, entre la confesión y la poesía en prosa, firmada
por un tal Conde de Lautréamont. Pero Lacroix, temeroso de la
censura debido a su contenido blasfemo, obsceno y provocador,
decide finalmente no distribuirla a librerías. Los ejemplares,
costeados por el misterioso Lautréamont –seudónimo ins... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (4) Añadir una crítica
MatiasTalevi
 27 diciembre 2020
La épica del mal
En una entrevista con El País, César Aira habló sobre sus lecturas favoritas y dijo lo siguiente:
Los cantos de Maldoror, para mí, fueron una lectura reveladora. Recuerdo haberle dicho a una poeta que fue mi amiga, Alejandra Pizarnik, que Lautréamont y Los cantos de Maldoror me vuelven loco. Alejandra me dijo: ¡Cuidado! Eso puede hacerse literal con este poeta.”
Exhumar las páginas que la literatura oculta en su bitácora del tiempo es una de las cosas que más me fascinan como lector. Descubrir aquellos libros que habitan en las sombras, esperando relucir su contenido fulgurante y revelador: lo ignoto, aparte de su oscura seducción, siempre tendrá algo que ofrecerle a la literatura.
La primera edición de Los cantos de Maldoror (1869) fue impresa por el editor belga Albert Lacroix, pero su temor a la censura impidió que la distribuya a las librerías de Francia. de esta manera, los cantos quedaron sumergidos en el mutismo de un sótano abandonado, acompañados por su contenido impío y blasfemo.
Su autor, el escritor enigma, fue Isidore Ducasse, bajo el pseudónimo Conde de Lautréamont. Los datos biográficos de este joven poeta, que encontró la muerte a los veinticuatro años, son totalmente escasos y no hacen más que aumentar el misterio de su obra. Nacido en Montevideo e hijo de un diplomático francés, nervioso, ordenado y trabajador. Solo escribía de noche, frente a su piano. Murió en 1870, solo, en una habitación pequeña y por las garras tísicas de la época.
Casi veintidós años después de su muerte, la obra de Lautréamont fue definida por André Breton como la expresión de una revelación total que parece exceder las posibilidades humanas. de esta forma, es considerado el padre del surrealismo.
Los cantos de Maldoror son la prueba de la convivencia equilibrada entre la belleza y lo grotesco: Maldoror, arcángel del mal, enemigo de Dios y héroe de esta Odisea, es el protagonista y por momentos propio narrador de estos seis cantos escritos en prosa, divididos por estrofas. La lectura está plagada por los actos violentos e inhumanos que comete el mismo Maldoror, demostrando su odio contra la especie humana y, especialmente, contra el Creador. En esta marisma sangrienta, las palabras de Lautréamont y su verdugo fluyen de manera poética y con una musicalidad estrambótica al oído del lector. Esa especie de “yo lírico”, parece estar poseído por el espíritu antagónico de Maldoror y, al igual que en la Odisea de Homero, Lautréamont utiliza epítetos para dirigirse a la entidad vampírica sedienta de sangre.
Desde el comienzo, el libro despliega sus ponzoñosas y adictivas palabras, a partir de una invocación:
“Plegue al cielo que el lector, enardecido y vuelto momentáneamente feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las desoladas ciénagas de estas páginas sombrías y llenas de veneno; pues, a menos que aporte a su lectura una lógica rigurosa y una tensión de espíritu igual cuando menos a su desconfianza, las emanaciones mortales de este libro empaparán su alma como el agua el azúcar. No conviene que todo el mundo lea las páginas que siguen: solo unos pocos saborearán este fruto amargo sin peligro.”
Las advertencias se vuelven una constante con el correr de las páginas y esconden cierto carácter satírico, es decir, intimidan al lector, lo desafía a seguir leyendo (si es que tiene el valor) y juzgan su entendimiento de las palabras. No está demás aclarar que este libro no es para cualquiera, su lectura puede resultar chocante debido al nivel de violencia explícita con el que se describen las escenas de asesinato. Maldoror, como artífice de estas ejecuciones rocambolescas, no solo demuestra su capacidad para matar hombres, mujeres o niños, sino también su fetiche por hacerlos sufrir.
”Hay que dejarse crecer las uñas durante quince días. ¡Oh! qué dulce es entonces arrancar brutalmente de su lecho a un niño que aún no tiene nada sobre el labio superior, y, con los ojos bien abiertos, ¡simular que se pasa suavemente la mano por su frente, echando hacia atrás sus hermoso cabellos! Luego, de repente, en el momento en que menos lo espera, hundir las largas uñas en su blando pecho, de forma que no muera; pues, si muriese, más tarde no tendríamos la visión de sus miserias.”
El arcángel del mal es una entidad peligrosa que sobresale en el acto del engaño: sus palabras poseen un encanto siniestro que embelesan los pensamientos de los mortales: de este modo, lo veremos interferir en plegarias, diálogos y en los lugares más íntimos de la mente. La violencia física es tan solo uno de sus infinitos recursos para sembrar el caos; su vasta presencia genera horror y corrupción en el ambiente. Maldoror es, ante todo, sádico y está respaldado por un intelecto sin igual, sumado a una creatividad macabra en el arte de masacrar a la raza humana. Entre ellas, crear un foso de ciento sesenta kilómetros cuadrados repleto de piojos.
𠇜onstruí esa mina artificial del siguiente modo: arranqué un piojo hembra de los cabellos de la humanidad. Se me vio acostarme con ella durante tres noches consecutivas, y la arrojé al foso. (...) al cabo de varios días, millares de monstruos bullendo en un nudo compacto de materia nacieron a la luz. Ese nudo repugnante se volvió, con el tiempo, cada vez más inmenso, a la vez que adquiría la propiedad líquida del mercurio, y se ramificó en varios brazos, que actualmente se nutren devorándose entre sí (el nacimiento es mayor que la mortalidad), cuando no les arrojo como alimento un bastardo que acaba de nacer y cuya muerte deseaba su madre, o un brazo que voy a cortar alguna muchacha, de noche, gracias al cloroformo.”
Más allá de la repugnancia que pueden generar estas palabras, Los cantos de Maldoror rozan lo absurdo y lo irónico. La devoción que manifiesta este engendro del mal por los animales y la naturaleza, se traduce en una hipérbole cómica que no pierde su elevado encanto literario. La aparición de animales bestiales, metamorfosis y la relación del maligno ante estos elementos, son un punto álgido en esta épica, por ejemplo: el primer amor de Maldoror fue un tiburón. Cito.
𠇝os muslos nerviosos se adhirieron estrechamente a la piel viscosa del monstruo, como dos sanguijuelas; y los brazos y las aletas entrelazados alrededor del cuerpo del objeto amado que rodeaban con amor, mientras sus gargantas y sus pechos no tardaron en formar únicamente una masa glauca con exhalaciones de fuco
[...]
¡se unieron en una larga, casta y horrenda cópula! [...]”
La historia mantiene la estructura propia de un poema épico, es la “Odisea del mal”, Maldoror adquiere el rol de héroe, y Lautréamont juega a ser Homero. Nosotros, los humanos, somos el enemigo que perecemos ante la protervia de un ser imparable, una maldad que hace dudar hasta al mismo Dios. A medida que avanzamos con la lectura, encontraremos que el nivel de blasfemia aumenta significativamente, y el nombre de Maldoror se eleva con preponderancia por encima de la figura del Creador. Con esfuerzos inútiles, los arcángeles celestiales intentan poner fin a la crueldad de este campeón del mal y se manifiestan en objetos mundanos o animales salvajes de la naturaleza. Las escenas de combate tienen el nivel trascendental de una epopeya griega. En el siguiente apartado del canto número dos, Maldoror se bate a duelo con un arcángel del Señor, el cual había tomado la forma de una lámpara con mechero de plata.
”[...] Maldoror no sale del templo, y permanece con los ojos clavados en la lámpara del santo lugar… Cree ver una especie de provocación en la actitud de aquella lámpara, que le irrita en sumo grado por su inoportuna presencia. [...] Coge la lámpara para llevarla afuera, pero ella se resiste y crece. le parece ver unas alas en sus costados, y la parte superior reviste la forma de un busto de angel.
[...]
Sin embargo, se prepara para la lucha con valor, porque su adversario no tiene miedo. [...]Con sus músculos estrangula la garganta del ángel, que ya no puede respirar, [...] se inclina, y lleva la lengua llena de saliva sobre aquella mejilla angélica que lanza miradas suplicantes.”
Lo cantos de Maldoror es uno de los libros más enigmáticos de todos los tiempos, se requiere paciencia y valor para atravesar sus páginas cenagosas. Si podemos entender el carácter artificioso en la creación de una héroe malvado, apreciaremos la belleza con la que está escrita esta obra. Cada estrofa esgrime una definición o una metáfora para deleitarse. Es cierto que Maldoror "desentraña" a sus víctimas y lo disfruta, pero nosotros, como lectores, debemos desentrañar sus palabras tan bien elucubradas. Allí encontraremos lo maravilloso de este libro, entre la sangre y la poesía.
No debemos olvidar que el Conde de Lautréamont es considerado el padre del surrealismo, su escritura no está censurada por los límites morales que impone la conciencia, es una marisma escarlata que ahoga al lector de manera grotesca y sin piedad. Los cantos de esta epopeya no siguen un orden específico respecto al narrador, por momentos es Lautréamont, por momentos Maldoror, o, incluso, una combinación de ambas voces que convergen en una polifonía demencial.
Las cartas que Ducasse envió a críticos de la época revelan información valiosa acerca de su obra. En ellas, el autor afirma que los sentimientos son la forma de razonamiento más incompleta que se pueda imaginar, por eso decide cantarle al mal y no hablar del bien.
Su poesía, por otra parte, es un híbrido entre la crítica literaria y los pensamientos farragosos de su yo lírico; difícil, enrevesada y filosa. al igual que los cantos, también están escritas en prosa y, si bien Maldoror no ocupa el protagonismo, Ducasse desenfunda una pluma afilada que no titubea al momento de herir a escritores importantes y de renombre.
Esto no solo demuestra la capacidad increíble de este franco uruguayo para romper los esquemas de la literatura, sino el inmenso bagaje cultural que poseía con una edad tan prematura (tan solo veintidós años), y el atrevimiento para ganarse un lugar entre los escritores más grandes. El canon literario, lejos de ser un lugar pacífico, es una guerra constante y él tenía en su poder las armas para combatir y ganar.
Hay dos cosas que son ciertas: Isidore Ducasse era un genio y abandonó este mundo demasiado pronto.
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AGamarra
 28 octubre 2020
"Debes de ser poderoso; pues tienes un rostro más que humano, triste como el universo, bello como el suicidio"Lamentablemente no me gustó tanto como esperaba y las razones son diversas. Primero que no me encanta la poesía (esto es más poesía que prosa), no me gusta lo vanguardista ni lo surrealista (detesto cuando actualmente sólo se hacen obras de teatro de ese estilo) prefiero mucho más lo clásico y además he encontrado particularidades que no van con mis preferencias digamos así. El relato en sí, hubiese pensado yo debería ser más ordenado o por lo menos tener un desarrollo un poco coherente ya que el interior del mismo es tan oscuro e incomprensible (entiendo desde luego que ésa era la intención). Imaginé que los cantos, como todos los que he leído a la fecha por lo menos tuviera algún orden, ya no cronológico o episódico pero por lo menos algo de orden. Eso le hubiese dado más consistencia al mensaje que se quiso dar si es que había alguna intención.De otro lado la artificialidad se nota a mi parecer mucho en toda la obra. Cuando leía comprendía que era lo mismo que leer a un autor bajo efectos de alguna droga (lo digo con todo el respeto posible), como sé que muchos poetas de algunas generaciones lo hacían para "inspirarse" y poder escribir textos incomprensibles. En efecto, en "Los Cantos de Maldoror" lo que cuenta el autor rápidamente pierde el hilo y va por caminos sin sentido y con expresiones grotescas que parecen un delirio más que una inspiración. Pero a pesar de ello eso no lo noté tan tan natural, muchas expresiones eran demasiado artificiales, construidas para llamar la atención más que por inspiración, sobre todo muchos párrafos en los que el autor narra temas que de seguro no son de su pleno dominio como zoología, medicina, fisiología, física, Etc. Eso se notó a mi parecer pues en algunos pasajes son copias de otros libros contemporáneos (como bien apuntaba la excelente edición de Cátedra). Y éste es otro punto en el que mi propia experiencia perjudicó mi apreciación de la obra. al yo conocer muchas cosas fisiológicas por mi carrera las descripciones anatómicas que muchas veces hacía eran superficiales y aisladas, claramente se identificaba una afán de sorprender sin que él mismo comprendiera lo que decía.Es imposible no admirar la obra como producto histórico y literario, Lautréamont fue un precursos extraordinario de movimientos surrealistas posteriores y muchos escritores franceses lo admiraron, la posibilidad de su pluma para dibujar episodios apocalípticos, descripciones crudas hasta sacrílegas que bien tienen la firma del mismo Sade, los pensamientos en fuga permanentes, la amoralidad, la ofensa constante a Dios, todo ello es algo novedoso y muy bien empoderado. Pero en general no me gusta tanto y habían párrafos que más que originales ya me parecían absurdos, como éste: "Ríe pero llora al mismo tiempo. Si no puedes llorar por los ojos, llora por la boca. Y si también es imposible, orina ..." o "¿Pero qué era pues la sustancia corporal hacia la que yo avanzaba? Sabía que la familia de los pelecánidos comprende cuatro géneros distintos: el pájaro bobo, el pelícano, el cormorán y el fregata."Tiene muchas frases profundas, revolucionarias, que te pueden repulsar pero siempre te afectan, aunque no siempre emocionan y eso para mí es importante en toda obra. Estoy muy contento de todas maneras de haber leído por fin este clásico.
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Edd62
 12 septiembre 2018

Toda una leyenda, toda clase de teorias acerca de el autor, de esta obra, de la obra misma y de su significado,, incluso posterior a su epoca se asocian sucesos mortales a la busqueda de sus pasos y su significado, ( suicidios, asesinatos , locura, ) lectura antireligiosa ( o vampirica), mas que satanica, una oda a la maldad, una apologia de la crueldad, inspiracion para dadaistas y surrealistas,
En realidad solo un punto de vista opuesto a la moral perviviente en su epoca, religion incluida, si resulta chocante con las creencias ancestralmente transmitidas, no recomendable para todos( como lo manifiesta el mismo al inicio de su primer canto) pero literatura al fin, me Recuerda a Maturin y C.S. Lewis, que de alguna manera hacen tambien una apologia del mal .....
Y me pregunto no tomarian referencia de esta obra “ el Exorcista “ y. Heatt Ledger para su Joker de Batman Caballero de la noche ?
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qimjoyun60
 08 septiembre 2018
no he terminado de leerloo pero me pareció de los mas interesante
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Citas y frases (1) Añadir cita
Edd62Edd6219 septiembre 2018
La generosidad goza con la felicidad de otros como si ella fuera responsable
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