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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
30 julio 2021
Cuando Undine, mi compañera de aventuras en el proyecto de Reseñas Cruzadas, me propuso leer a Selma Lagerlöf, la primera mujer premiada con el Nobel de Literatura, le dije que sí sin dudarlo. Había escogido como lectura La leyenda de una casa solariega, publicada diez años antes de ganar el mencionado galardón, pero me hubiese dado igual su elección porque, para mi vergüenza, mi desconocimiento sobre esta autora era absoluto. Así que como mi intención era leerla y conocerla fuese cual fuese la lectura, me hice con el libro propuesto y, sin tan siquiera leer la sinopsis, me adentré en sus páginas. No tenía ni idea de lo que me iba a encontrar y he cerrado el libro buscando todo lo publicado en castellano de Lagerlöf que, aunque no es mucho, sí resulta suficiente para seguir disfrutando de su particular forma de contar las cosas. Me ha parecido una lectura muy especial, contada bonita y con una sencillez cautivadora, y os lo adelanto desde ya porque no sé si sabré transmitir lo personal que es este libro en la (espero) breve opinión que comparto con vosotros.

Ya os digo que yo no sabía nada sobre el libro y lo que he encontrado me ha sorprendido y seducido a partes iguales, así que dudo sobre cuanto contar aquí y cuanto dejar que descubráis si os decidís a abrir sus páginas. Que mis sinopsis suelen ser esbozos de los arranques de los libros y poco más, pero por si acaso... Os puedo hablar de Gunnar Hede, un estudiante cuyas únicas pasiones son su hogar familiar (una casa solariega llamada Munkhyttan) y su violín. Convencido de que la fortuna de su familia va viento en popa, estudia más bien poco y se dedica a tocar su violín a todas horas. Pero no, esa fortuna ya no es lo que era, Munkhyttan corre peligro y Hede decide dedicarse en cuerpo y alma a trabajar para mantener la propiedad, perdiéndose él mismo en el intento. La otra protagonista de la historia es Ingrid, a la que conocemos cuando apenas tiene trece años y su camino se cruza con el del joven estudiante Hede, quedando sus destinos entrelazados para siempre... aunque esos destinos jueguen con ellos y no les pongan las cosas nada fáciles.

Como digo al principio, mi desconocimiento sobre Selma Lagerlöf era hasta ahora absoluto, así que el posfacio que incluye la edición a cargo de la propia traductora para mí ha sido muy revelador y de gran ayuda para entender una de las bases de la historia: el amor incondicional que siente el protagonista por su hogar natal y su lucha por mantenerlo como propiedad de su familia. Y es que sí, en ese aspecto la novela tiene tintes autobiográficos muy marcados. La propia Selma luchó durante años para recuperar Mårbacka, la casa en la que nació y que su familia perdió tras la muerte del cabeza de familia. Cuando publicó La leyenda de una casa solariega este proyecto era solo un sueño, tuvo que trabajar durante muchos años y afianzarse como escritora para ganar el dinero suficiente para volver a comprar la casa, pero no deja de resultar conmovedor lo vívido que resulta ese anhelo durante la narración, ese amar un lugar hasta el punto de sacrificarlo todo por conservarlo, y saber que estaba proyectando en esas palabras su propia realidad y sus propios sentimientos... Y no solo compró la casa y la reconstruyó, sino que con el tiempo acabó adquiriendo las tierras y bosque que pertenecían a la granja, se hizo empresaria y se dedicó a la agricultura, llegando a tener a cincuenta empleados a su cargo. Y eso, que puede parecer algo normal, no lo es en absoluto. Selma era una mujer soltera a finales del siglo XIX-principios del XX, una maestra rural que estaba comenzando a ser reconocida como escritora, y cuando pudo recuperar la casa (en 1907) ni siquiera había ganado todavía el premio Nobel (lo ganó en 1909 tras cinco candidaturas bloqueadas por los miembos de la academia sueca que se negaban a darle el Nobel a una mujer). Lo consiguió, completamente sola, a base de mucho esfuerzo y trabajo duro, y creo que además da buena muestra de su carácter y férrea fuerza de voluntad.

Y vosotros diréis "que ya, que sí... ¿pero qué nos cuentas del libro?". Pues es que estoy convencida de que cuanto menos sepáis, mejor. Sí os puedo decir que Selma Lagerlöf nos cuenta la historia de Gunnar Hede, de Ingrid y de Munkhyttan como un cuento, una fábula en la que sobre todo se nos enseña a aceptar y amar lo que es diferente, en la que se nos obliga a abrir a los ojos e intentar ver más allá de las apariencias y en la que el amor funciona como protector y salvador cuando todo lo demás se demuestra vano o estéril. No hablo de amor grandilocuente ni de grandes gestas, sino de un sentimiento sencillo y honesto que, en su humildad, puede vencer a esos titanes sombríos que nos tragan a veces. Y es que el miedo es una parte esencial de la historia, una losa tan enorme que sumerge entre las sombras todo aquello que toca, no dejando más opciones que la batalla para recuperar la luz o el abandono infinito a esa oscuridad. En contraposición encontramos la belleza de la naturaleza y la música, esa música que el protagonista lleva en la sangre y que ejerce como metáfora de sí mismo, canalizando sus emociones ya sea de un modo represivo o comunicativo; el violín como expresión del alma de Hede completa un círculo en esta historia, y el lector debe escucharlo siempre atentamente para saber acompañarlo en cada momento de su peregrinación. Y es que el fin último de todo es la necesidad de dejar de huir, de tener un sitio al que llamar hogar, encontrar la paz interior y sentirse a gusto con uno mismo.

¿Qué más tenemos? Pues lo que no os quiero contar :) En todo caso debéis tener claro que esta fábula se mueve entre la realidad y la fantasía, y que ambas transitan cogidas de la mano durante toda la narración. La sensación de cuento acompaña al lector durante toda la historia, y la forma de contarla de Selma Lagerlöf lo es todo en esta novela. Delicada, tierna, sensible, empática... sorprende la sencillez con la que avanzan las páginas y, sin embargo, la profundidad que consigue tanto en la creación de sus personajes como en el modo en que se relacionan entre ellos. Selma Lagerlöf desprende cariño y ternura por sus protagonistas, y aun así no deja que eso se interponga a la hora de contarnos lo que nos quiere contar que, aunque no lo parezca por todo lo que os he dicho, no es bonito ni de color de rosa. Y así, entre música, paisajes, fantasía, elementos sobrenaturales y sueños, se esconde algo tan terrenal y tan realista como es el ser humano, ya sea desdichado o feliz, ya sea recibiendo amor o dándolo, ya sea perdido o con un propósito en la vida. O todo al mismo tiempo.

La leyenda de una casa solariega ha sido una lectura tan triste a veces por lo que cuenta como preciosa otras veces por los rayos de luz y esperanza que desprende, que me ha descubierto a una autora a la que continuaré leyendo sin lugar a dudas. ¿Por qué no se habla más de Selma Lagerlöf, que hizo historia en la literatura hace 112 años? Por mi parte intentaré ponerle remedio, tened por seguro que no será la última vez que la veáis en Netherfield.

He dicho que iba a intentar ser breve y estoy decidida a cumplirlo por una vez, pero antes de terminar sí que quería comentaros que, aunque os he hablado mucho de Mårbacka, la casa natal de la autora, no os he dicho que actualmente es su casa-museo, abierta para visitas durante diversos periodos del año. Como ya comenté una vez cuando os hablaba de Salem y la casa de los siete tejados, me erijo en guía turística en tiempos de pandemia y comparto con vosotros la página web de la casa por si tenéis curiosidad y os acercáis por Suecia (enlace aquí). Selma dejó estipulado que el lugar se conservara tal y como estaba cuando ella murió, y yo tengo claro que si alguna vez voy por allí, la parada es obligatoria.
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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