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Crítica de Shorby


Shorby
03 marzo 2019
Primera parte de la saga Ángeles Caídos.
Da comienzo con un pequeño preludio que no nos deja especialmente indiferentes… pero que tampoco tiene pies ni cabeza. Con lo cual, sigamos leyendo…

Decir de entrada que hasta bien pasada la página doscientos no ocurre absolutamente NADA de interés ni destacable (además del tufillo a Crepúsculo que baña toda la historia).
Se explica la nueva vida de Luce en un reformatorio, Espada&Cruz, donde lo más interesante que estudian es la lucha entre ángeles y demonios. Oh, qué casualidad.
Sus compañeros son en su mayoría góticos y pseudo-punks, a cual más antipático. Eso sí, la chica es tan inteligente que prefiere quedarse ahí para estar con un chico al que cree que conoce de algo, pero no sabe de qué, y que no le hace ni puñetero caso (y si es así, siempre acaba dejándola plantada de manera bastante ruin), en vez de irse con sus adorados padres. Su nombre es Daniel Grigori y no hace más que comportarse como un auténtico cretino con ella. Qué romántico.

La protagonista, Luce, cuya historia de amor con Daniel se remonta a miles de años atrás -pero por supuesto no lo sabe-, se siente la única persona normal entre esas cuatro paredes donde nunca pasa nada ni es posible salir. Teniendo en cuenta que no hace más que ver sombras que le persiguen por todas partes, sí, la chica es totalmente normal. Lo cierto es que acabas aborreciendo a la pavisosa esta en apenas cuatro capítulos; no tiene nada de carisma ni personalidad y es lerda hasta hartarse.
Ojo, que el resto de sus personajes tampoco es que sean especialmente complejos: está Arriane, que se acerca a ella, pero habla de Luce como si fuese su mascota a “modo-de-broma” (ya); Penn, que parece merecer bastante la pena como persona, dentro de todo lo que hay ahí metido… y cómo no, ¡hay triángulo amoroso! Su otro vértice es Cam, otro guapito de turno, al que Daniel no soporta ya que no es bueno para Luce y teme que ella esté con el muchacho (toma bipolaridad).

En realidad es lo de siempre, ahora sí, ahora no, ahora me apetece, ahora que te den, aléjate que es peligroso, ahora te hago caso, ahora vuelve a ser peligroso… y ella se arrastra obsesionada con él, día tras día sin rendirse ni entender por qué está enamorada del rubito-chico-malo-pero-mono o hilar un pensamiento donde no aparezca este chico. Hormonada perdida, vaya. Viva la dignidad.

Tras una portada monísima, que no tiene nada que ver con el resto del libro, tenemos una historia llena de paja, toda ella sosa y desaprovechada –un reformatorio podría haber dado muchísimo juego, joder-, de ritmo extremadamente lento, con una traducción horrorosa y lleno de erratas (pero erratas de las que dan urticaria). Conjunto que no te incita a seguir leyendo… pero como soy incapaz de dejar un libro a medias…

Llega a entretener, hasta que te paras a recopilar información a mitad del libro y no hay nada que recopilar, todo es aburrido y predecible. No hay más que tópicos por todas partes, todos mal resueltos e incluso acabas viendo que te importa un pimiento lo que pase después, si es que va a pasar algo porque la autora se decide a deleitarnos con una escena interesante.

Sin embargo, salvo por los pelillos los últimos capítulos (los tres últimos eh, tampoco mucho más) y el epílogo, donde POR FIN se deja notar un ápice de acción en ese desenlace atropellado y resuelto demasiado rápido, mejorando un poquito la historia. Incluso casi dan ganas de leerse la continuación (lo deja todo bastante abierto), pero no sé yo…
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