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ISBN : 8437617758
Editorial: Ediciones Cátedra (14/02/2006)

Calificación promedio : 4/5 (sobre 2 calificaciones)
Resumen:
Jenofonte abordó diversos géneros: historia, ensayo, biografía, actividad literaria que supo conjugar con una brillante carrera militar y un manifiesto interés por la vida política ateniense. En el 401 a.C., Ciro decidió sublevarse y destronar a Artajerjes II. Para ello formó un gran ejército, en el que figuraban diez mil mercenarios griegos. Éste es el tema de la " Anábasis " . El autor da al lector información sobre los usos y costumbres de los países por los que... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (1) Añadir una crítica
Inquilinas_Netherfield
 02 diciembre 2020
Sé que os va a sorprender ver este libro aquí (o bueno, a lo mejor no), pero ya he dicho muchas veces que soy una apasionada de la Historia, aunque mis conocimientos son limitados y circunscritos a lo que voy leyendo de manera autodidacta y poco más. Pero gustarme, me gusta mucho, y por eso hace unos años me hice con esta edición de la Anábasis de Jenofonte con muchas ganas de ponerme con ella en cuanto pudiese... no os voy a decir el problema que tenemos los lectores con esto de "lo leo en cuanto pueda", pero el caso es que se fue quedando atrás, y la premisa de no ficción del reto Todos los clásicos grandes y pequeños me ha venido de perlas para rescatarla de la estantería y ponerme con ella (aunque el reto se va a quedar como está, me planto, no me da la vida). Que nadie salga corriendo que no me voy a poner muy pesada con el contexto histórico, porque ni estoy capacitada para ello ni seguramente os interesa lo más mínimo, pero sí que tengo que daros unos detalles puntuales que anteceden lo que se narra en este libro para poner los acontecimientos en situación.
Darío II fue rey de Persia desde el 423 hasta el 404 a.C. Tenía dos hijos, Arsicas y Ciro el Joven, y a pesar de que la madre de ambos favorecía a Ciro, fue Arsicas el designado por su padre para ser rey a su muerte. Arsicas ascendió al trono como Atajerjes II, y Ciro jamás aceptó su destino de segundón. Tras haber sido detenido por conspirar para asesinar a su hermano, y puesto en libertad por mediación de su madre, se retiró a las tierras de las que era sátrapa, pero en su fuero interno seguía anhelando el trono con más rabia que nunca, así que comenzó a reunir un ejército para iniciar una guerra civil contra Atajerjes. Este es el punto en el que comienza la narración de Jenofonte, que participó y fue protagonista de todos los hechos que narra.
Jenofonte cuenta que muchas de las pequeñas y grandes facciones que fueron conformando ese numeroso ejército no supieron en un principio que estaban marchando contra el rey (ni él mismo lo sabía). Ciro les engañó diciéndoles que iban a lidiar otro tipo de batallas aunque, una vez estuvo claro que se dirigían a enfrentarse contra el ejército de Atajerjes, decidieron permanecer junto a Ciro: en unos casos por fidelidad y respeto hacia él (al parecer era un hombre famoso por su carisma), y en otros por las posibilidades de grandeza, riqueza y poder que conllevaría la victoria de Ciro para aquellos generales que hubiesen permanecido a su lado. El ejército rebelde estaba compuesto por poco más de 60.000 hombres, de los cuales 50.000 eran persas y unos 12.500 mercenarios griegos; en el ejército del rey eran unos 200.000. No desvelo nada si digo que Ciro murió en combate en la batalla de Cunaxa, y que fue entonces cuando su ejército quedó totalmente dividido: la sección persa (conformada en su mayor parte por peltastas, cretenses y hoplitas) se pasó al bando de Atajerjes uniéndose a su ejército, mientras que los mercenarios griegos (a los que enviados del rey intentaron engañar con falsas promesas de perdón y una tregua igualmente falsa) decidieron que ni podían fiarse del rey ni podían quedarse donde estaban. Tenían que volver a casa, y para ello debían cruzar el enorme imperio Persa, territorio hostil, enemigo y desconocido. Aquí comienza la Anábasis, la expedición de los diez mil mercenarios griegos en su retirada hacia el mar Negro.
¿Qué pinta Jenofonte en todo esto? Tras la tregua falsa que os comentaba arriba, en la que los enviados de Atajerjes asesinaron a todos los generales del ejército griego, se eligieron nuevos generales que lo guiaran en la retirada de vuelta a casa, y uno de ellos fue Jenofonte, que narró en esta crónica todos los detalles desde la reunión inicial del ejército de Ciro hasta el final de la expedición, que duró unos cinco meses y de la que solo vieron su final unos seis mil hombres de los diez mil iniciales.
En esa retirada los vemos sufrir el acoso del ejército del rey Atajerjes y, cuando consiguieron dejarlo atrás, tuvieron que vérselas con diferentes pueblos bárbaros, que unas veces los dejaban hacer sin enfrentarse a ellos pero que, las más de las ocasiones, les tendían emboscadas o les hacían frente en la medida de sus posibilidades. Atravesaron montañas y desiertos con nevadas que les cubrían hasta las rodillas y les congelaban los pies, sufrieron escasez de vituallas constante ante la necesidad de alimentar a un ejército tan numeroso durante un periodo tan prolongado de tiempo... y todo ello siguiendo el culto a los dioses, actuando o esperando según dictasen los augurios y dejándose guiar por sueños premonitorios que jamás fallaban en sus predicciones. Y como no podía ser menos ante un contingente tan grande pasando penurias y susceptible a la desmotivación de no ver aparecer la costa en el horizonte, no faltaban las trifulcas internas, en las que al parecer Jenofonte, el bueno de Jenofonte, siempre llevaba las de perder. Cada dos por tres le acusaban de traición, de engañar a los soldados, de actuar en beneficio propio o de no tomar las decisiones adecuadas. Pero no os preocupéis, que Jenofonte tenía un piquito de oro y estas disputas duraban poco: los dejaba patidifusos con sus argumentaciones.
Y sí, si notáis un punto de ironía, no es cosa vuestra. Jenofonte lo narra todo en tercera persona, con lo que habla de sí mismo como si fuese un personaje más de los acontecimientos, como si él mismo y el tal Jenofonte de la expedición no fuesen la misma persona. Jenofonte hizo esto, Jenofonte dijo aquello... y admito que he sonreído a ratos mientras leía el libro porque no le hacía falta abuela que le cantase alabanzas. Todo lo hacía bien, todo lo argumentaba bien, todo lo rebatía bien, era el más generoso, el más noble, el más inteligente, el que lo dio todo por sus soldados... baja, Modesto, que sube Jenofonte. A ver, que si todo es verdad hizo muy bien en contarlo tal cual, pero cuando sabes que eso lo dice el autor de sí mismo aunque hable en tercera persona, pues tienes que sonreír y tomarlo todo con una pizca de sal. Pero vamos, que esto es una tontería que os cuento porque me ha hecho gracia; el valor de este documento histórico en sí mismo, de unos hechos que hoy en día se antojan tan épicos como sorprendentes, es extraordinario.
Y es que Jenofonte como narrador es fantástico. Que nadie rechace leer este libro por la temática porque lo cuenta todo de una manera ágil, fluida, interesante y, sobre todo, sencilla. Era un contador de historias nato, y en ningún momento te da la sensación de estar ante un relato histórico denso, intenso y académico; al contrario, en su estilo totalmente asequible, comprensible y cercano, radica su mayor virtud. Y lo que cuenta es un episodio histórico tremendamente interesante, una epopeya que ha llegado hasta nuestros días contada de primera mano, en la que los protagonistas no fueron héroes, sino mercenarios que guerreaban por dinero; no estamos ante una historia de batallas, guerras y ejércitos, porque lo que vemos en su mayor parte es como miles de hombres se patearon más de dos mil kilómetros (parasanga es la unidad de distancia que se usa en la narración, jamás se me olvidará porque se dice de manera constante) a lo largo de territorio enemigo pasando penurias, hambre y frío, así como la vida de campamento, reuniones de oficiales, toma de decisiones, la manera en que se organizaban cuando se enfrentaban a alguna escaramuza... Hay también mucho diálogo en la anábasis, y la narración es tan exhaustiva y pormenorizada detallando tanto la ruta real de la retirada como los conflictos internos que se sucedieron uno tras otro, que más bien parece que estamos ante un diario, probablemente el primero del que se tiene constancia (aunque se cree que faltan tres meses en este relato, tres meses en los que el ejército deambuló perdido en territorio armenio... pero esto hoy en día solo son suposiciones).
Sé que es de esos libros que no se pueden recomendar, no lo voy a hacer, pero que podamos leer en nuestros días lo que ocurrió durante La expedición de los diez mil de boca de uno de sus protagonistas es, sin duda, un lujo y un testimonio de valor incalculable.
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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Citas y frases (1) Añadir cita
Inquilinas_NetherfieldInquilinas_Netherfield02 diciembre 2020
Soldados, no puede desconocerse que nuestra situación es difícil. Nos vemos privados de unos generales como eran los nuestros, de capitanes, de soldados, y, además, de esto, Arieo y los suyos, que antes eran aliados nuestros, nos han hecho traición. Pero, con todo, es preciso salir de este apuro como hombres valientes y no abandonarse al desaliento; es preciso buscar la manera de salvarnos, si es posible, y si no, morir valientemente, pero jamás caer vivos en manos de nuestros enemigos. Creo que sufriríamos las más terribles torturas que podríamos desear a los que nos quieren mal.
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