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Crítica de Nosinmislibros


Nosinmislibros
27 noviembre 2020
Otra vuelta de tuerca' (1898. Uve Books, 2017) de Henry James (1843-1916) es una fascinante historia de fantasmas a la que tenía unas ganas increíbles de hincar el diente desde hace mucho tiempo y que me ha encantado.

La ambigüedad con la que James juega a la hora de apuntar si las apariciones de Quint y Jessel son reales, ya que aparentemente solo los ve la institutriz, o si por el contrario, son producciones de su mente neurótica, ha provocado que los críticos tomen dos posturas muy diferentes:
- la primera está apoyada en el testimonio del propio escritor, que en sus notas de trabajo escribió que se inspiró para esta historia en un relato que le hizo el arzobispo de Canterbury acerca de unos niños que son atormentados por los espíritus de unos criados que pretendían apoderarse de sus almas. Visto así, habría que considerar que nuestra pareja diabólica regresa de la muerte para destruir moral y físicamente a esos niños a los que, mientras convivieron, habían tratado de corromper. Ante esto la institutriz intenta salvarlos a toda costa y preservar su inocencia.
Es más, la vuelta de tuerca -entendida como giro repentino que modifica el curso natural de alguna cosa- que da título a la obra, no es solo, como se dice en el prefacio, que un par de niños “a una edad tan tierna” sean víctimas de unas apariciones malignas en un relato de terror, sino el hecho de que tales niños no sean tan inocentes como parecen y que bajo esa apariencia angelical se oculten unos seres perversos que tratan de desequilibrar y destruir, aliados con los fantasmas de sus viejos amigos, a la inexperta institutriz.
No nos olvidemos que los motivos de la expulsión de Miles del colegio son bastante perturbadores y que en algunos momentos parece tratar de seducir a la joven preceptora.
- la segunda, influida por el psicoanálisis freudiano, vendría a decir que la institutriz es una joven reprimida sexualmente, una histérica educada en la más estricta disciplina anglicana, que debido a la frustración que siente al no poder satisfacer sus deseos respecto al tío de los niños, a las informaciones que recibe acerca de las oscuras relaciones establecidas entre Quint y Jessel, e incluso a la insana atracción que siente hacia Miles, sufre de alucinaciones y cree ver muertos. Apoya esta opción la propia personalidad de la joven, emocionalmente inestable, ansiosa, hipersensible, un poquillo egocéntrica y con una autoestima algo subidita, y el hecho de que parece que nadie excepto ella ve a los fantasmas.

Tal vez lo que quiso James es que fuésemos cada uno de los lectores de esta historia los que decidiéramos, en caso de atrevernos, si los fantasmas eran reales o era la institutriz la que estaba de atar.
Por otro lado, el hecho de que la historia de lo que sucedió en Bly no nos llegue directamente a través del relato de la protagonista -de por sí, obligatoriamente subjetivo-, sino por la transcripción que hace el narrador de un manuscrito transmitido a su vez por otro personaje que había conocido en su juventud a la institutriz -y de la que se había enamorado-, hace que no podamos afirmar con seguridad que los acontecimientos que se nos han narrado ocurrieran de ese modo. ¿Qué es esto sino otra vuelta de tuerca que James da a la forma de narrar una historia?
Y bueno, no hablo de otra vuelta de tuerca para no desvelar más detalles, la de la institutriz, que aprieta y aprieta y aprieta a los niños con el fin de averiguar la relación que tienen con los fantasmas y, sobre todo, cuál fue el comportamiento que provocó la expulsión de Miles del colegio.
Para terminar, deciros que la edición de Uve Books es muy bonita, bellamente ilustrada por Sandra Márquez, pero hay algo que no me ha gustado: la traducción. James tiene una forma de escribir muy compleja, llena de sutilezas, y en esta ocasión me ha resultado muy dura, como envarada, rígida, plana. Además, la traducción de algunas palabras y expresiones me han dejado ojiplático, como por ejemplo, traducir “country parson” como “párroco local” en lugar de “párroco rural”, que creo más acertado, o “the tea things” como “los aperos del té” en vez de “el servicio del té” o “las cosas del té”, porque vamos, aperos son, como señala el Diccionario de la RAE en su primera acepción, un “conjunto de instrumentos y demás cosas necesarias para la labranza”…
No soy ningún experto, tal vez estoy acostumbrado a otros traductores de James, lo que se es que al terminar el libro me fui a buscar otras traducciones y las que más me han gustado son las de Valdemar y Alianza. Supongo que para gustos hay colores.
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