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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
20 mayo 2019
Llevo semanas dándole vueltas a esta reseña porque no sé por dónde atacarla. Y no tiene nada que ver con la novela en sí, que me ha fascinado, sino con la complejidad casi mayestática que encierra; una complejidad que resulta más fácil asimilar y desentrañar con la propia lectura que con una explicación externa que, por mucho que lo intente, solo va a rozar la superficie de todas las intrincadas capas que envuelven y aprietan el corazón de esta historia.

La historia de Lo que Maisie sabía comienza después de una decisión judicial que detemina, tras el divorcio de unos padres, que su hija de seis años pase seis meses al año con cada uno de ellos. Ninguno de esos padres quiere realmente hacerse cargo de la hija, pero la batalla entre ellos exige un estandarte que enarbolar mientras dure la contienda. Maisie, la hija en cuestión, comienza entonces su periplo, un periplo que durará varios años y que James no duda en complicar y retorcer más allá de las previsibles consecuencias de un divorcio en el que las dos partes se odian y solo usan a la hija común como instrumento de daño y represalia... Y es que, por si no tuviésemos suficiente con estos dos progenitores, digno ejemplo de ese tipo de personas que jamás deberían tener hijos, también se introduce a varios personajes más en torno a los que no solo girará la existencia de Maisie, sino que llegarán a ser mucho más importantes para ella que sus propios padres.

Lo que Maisie sabía es una novela de una estructura que bien podría asemejarse a una matrioshka, una muñeca rusa en la que Maisie es la figura más pequeña de todas, resguardada de todas las que están por encima de ella, siendo el divorcio y sus consecuencias la figura más grande, la que supone el comienzo de esta intrincada historia. Entre medias, las demás figuras representan a las nuevas parejas de sus padres, a las institutrices que se hacen cargo de ella en cada casa... figura a figura vamos descubriendo capas hasta que llegamos a una Maisie que mira hacia arriba, hacia esos entes que dominan sobre su futuro, que tienen poder sobre ella, que deciden sobre su vida y se relacionan entre ellos de maneras que a ella le afectan directamente.

Los padres de Maisie luchan por ella en el juicio, pero en cuanto llegan a un acuerdo desaparecen de su vida. Sí, pasa seis meses al año con cada uno, pero el tiempo que pasa en casa de la madre es un tiempo que pasa sin apenas tener noticias de ella, y el tiempo que pasa en casa de su padre finalmente acaba siendo un pretexto para que su progenitor pueda vivir cierta situación de manera decente de cara a la sociedad. Esos seis meses acaban distorsionándose en periodos más prolongados si a los padres les surge algo que les resulta más interesante que hacerse cargo de su hija. Ninguno se preocupa por su educación, ninguno se preocupa por sus necesidades afectivas, ninguno se preocupa por darle una vida normal. Maisie es un objeto que se mueve de una casa a otra cuando toca, sin más.

Con esto en mente, no puede resultar difícil entender que, para Maisie, los padres acaben siendo conceptos difusos. Ella observa desde fuera el espectáculo de su propia vida, y sabe que ha venido al mundo para ser el eje central de una guerra en la que el primer objetivo era hacerse con su custodia y, después, cuando ambos progenitores encuentran nuevas parejas, el objetivo es quitársela de encima y no tenerla en casa. Así, las institutrices acaban siendo las únicas personas que suponen un anclaje en su vida, aunque, sorprendentemente, el lazo afectivo más fuerte lo establece con sir Claude, el segundo marido de su madre. Él es quien la visita, quien juega con ella, quien la lleva de compras y sale a pasear con ella. Sir Claude parece el único adulto de esta historia que puede salvar la infancia de Maisie, que puede personificar la figura adulta que finalmente se haga cargo de una niña abandonada por todo el mundo, le promete una y otra vez que jamás la abandonará... pero Henry James nunca pone las cosas fáciles a sus personajes. Más bien al contrario: disfruta empujándolos a los límites de la moralidad y la ambigüedad, se regodea cuando los ve revolcados en sus propios defectos y carencias, en anhelos imprecisos y confusos, y les fuerza a tomar decisiones que no están preparados para tomar. Son personajes que, psicológicamente, están defectuosos, y juega con todas las posibilidades que eso le da.

En esta historia Maisie es manipulada una y otra vez, chantajeada emocionalmente y usada de manera egoísta para fines que unos adultos responsables y estables jamás interpondrían en el camino de una niña. le hablan como a una adulta como si no fueran conscientes de la edad que tiene, cargan sobre sus hombros responsabilidades que no le competen para su propio beneficio, y mientras tanto ella se enfrenta como puede a toda esa falta de amor, a ese abandono, al capricho y volubilidad de quienes deberían cuidarla y protegerla. Con el transcurrir de los años, Maisie se va desplegando ante el lector como un personaje complejo que, a fuerza de sobrevivir en un entorno que se le muestra hostil, aprende a ocultar muchos de sus pensamientos, de lo que guarda dentro, de la forma que van tomando en su cabeza todas las cosas que le van pasando, para llegar a un final en el que conocemos a la nueva Maisie, la Maisie que se va acercando a la adolescencia y que sabe que tiene que tomar decisiones que le ofrezcan protección y un futuro.

Los adultos de esta historia son egoístas, inmaduros, crueles en su insensibilidad y el abandono afectivo al que someten a Maisie, porque incluso los que se preocupan por ella y prometen cuidarla, tienen mucho que callar y esconder. Maisie va siendo consciente de todo eso, lo sabe, aunque se escude y se resguarde tras la barrera de su niñez. La vida de Maisie no es una vida normal, y los adultos que deberían protegerla, cuidarla y quererla no se comportan de manera normal. Por eso esta historia discurre por recovecos que en ningún modo son normales, y quizás estoy siendo demasiado críptica, pero es que meterse a fondo en esta historia obliga a adentrarse en aristas tan complejas, laberínticas e intrincadas que no creo que puedan explicarse adecuadamente en unos pocos párrafos.

Lo que Maisie sabía me ha gustado mucho. Muchísimo. La historia que cuenta es de esas historias que se quedan contigo, de esas a las que le das vueltas en la cabeza incluso pasadas semanas de su lectura. La compleja moralidad de los personajes, de todos ellos, es puesta a prueba una y otra vez con resultados que a veces dejan perplejo al lector, y aun así todo transcurre dentro de cauces probables acordes a las experiencias vividas por la protagonista. Con todo, y a pesar de todo, no sé cómo se las apaña James para que la que tendría que resultar una víctima en toda historia, la que debería provocarnos un sentimiento de protección y compasión, parezca rebelarse contra esas sensiblerías. Maisie es una superviviente, es inteligente, se adapta a las nuevas personas y circunstancias que entran en su vida con la elasticidad propia de su edad, asimila sus veleidades y caprichos, y controla toda esa ambigüedad, todas esas mentiras y dobleces cínicas, primero con la intención de entender su situación, y después, tal y como se demuestra al final, con la firme determinación de tomar el control de ella.

Así pues, no, Maisie no se muestra como una niña frágil, sensible y ñoña, si se me permite la palabra. James evita en todo momento que nos centremos demasiado en eso y pasemos por alto el gran mosaico de relaciones humanas y complejidades sentimentales que despliega en las páginas, mosaico que yo he eludido a propósito en la reseña. Los vínculos personales que se establecen entre varios personajes de la novela, y que serán determinantes en el devenir de absolutamente todo lo que acontece en ella, son algo que se debe descubrir cuando se afronta la lectura. Ni siquiera os he dado nombres más allá de sir Claude, porque es una ventana que no quiero abrir aquí. Solo os puedo decir que, conforme cumple años, Maisie va desenredando la madeja de la compleja realidad que rodea a las relaciones que se establecen entre las personas de las que depende, y que el enrevesado cosmos de personajes adultos que rodea a Maisie no existe como un todo ordenado en el que cada cual ocupa su lugar, sino que se altera sacudido por varios caos que serán determinantes en la resolución de la historia.

No quiero terminar sin alabar la fantástica la traducción de Sergio Pitol. A Henry James a veces no le entienden ni los que hablan originalmente su idioma; su narración enroscada sobre sí misma llena de comas, puntos y comas, frases y frases subordinadas que confoman párrafos imposibles de desentrañar, es famosa por ser ininteligible incluso para los que comparten la lengua original en que están escritos. Traducir al James de finales del siglo XIX en adelante, que fue el momento en que empezó a desarrollar este tipo de prosa, debe ser muy, muy complicado, y hacerlo además de tal manera que el texto final se mantenga fiel al original y comprensible al lector, todo un logro. Así que igual que me quejo cuando me encuentro traducciones que dañan la vista, entorpeciendo y estropeando la lectura, también alabo una buena traducción cuando la disfruto, como es este caso :)
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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