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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
28 noviembre 2017
Me enfrenté a esta lectura con un poco de miedo, y no precisamente por su vitola de clásico del terror. En poco tiempo me topé con un par de opiniones algo negativas de personas de las que me fío mucho de su criterio, y bueno, que me pillaron justo con el libro entre las manos. Una vez superado el trance tengo que admitir que a mí sí me ha gustado, aunque tiene sus "peros" y no me ha parecido redondo. Me gustó más Siempre hemos vivido en el castillo, pero no me ha decepcionado tal y como estaba temiendo que podría pasarme, y lo he disfrutado.

La novela tiene como punto de partida algo que ahora nos puede parecer manido pero que en realidad (y es una de las cosas por las que está considerado un clásico del género) comenzó con este libro: un grupo de cazafantasmas en una casa encantada. O más bien un cazafantasmas y unas cuantas cobayas humanas que han demostrado en algún momento de sus vidas facultades parapsicológicas, y que serán los encargados de captar y transmitir todo lo que perciban. Así, junto al doctor Montague, encargado de la investigación basada en métodos del siglo XIX (alojarse en la casa sin más, a ver qué pasa), tenemos a Theodora (atractiva, algo infantil, siempre buscando ser el centro de atención, personalidad arrolladora), Eleanor (complejo de inferioridad, nulas habilidades sociales, encerrada en sí misma, psicológicamente débil) y Luke, sobrino de la dueña de la casa y cuya presencia ha sido impuesta por ella. Cuando llegan a la casa solo les esperan los Dudley, el matrimonio encargado de cuidarla y que siempre, siempre, la abandonan antes de que anochezca.

La narración se toma su tiempo. En las primeras cien páginas llegamos a la casa, conocemos su historia y nos adentramos, sobre todo, en la mente de Eleanor. Nada de terror ni sobresaltos salvo la sensación de vileza que produce la casa en ellos... una casa que observa, vigila, y cuyo mal radica en su propio ente como edificio. Tienen que transcurrir otras cuantas páginas más hasta que finalmente pasa algo, y cuando lo hace, algunas escenas de terror, u horror, o como queráis llamarlas, son muy, muy buenas; al principio los participantes del experimento lo disfrutan, su estancia allí por fin da sus frutos, se lo toman como un juego, pero pronto las cosas comienzan a torcerse. Una atmósfera como esa puede sacar lo peor de cada uno de ellos y hacerles pedazos, y eso nos lleva nuevamente a Eleanor.

La autora se centra descaradamente en los personajes femeninos, ya sea Theodora, Eleanor o la señora Dudley, pero de entre todas ellas, destaca Eleanor como reina de la función. Tímida y acomplejada, posee tendencia a fantasear sobre cómo le gustaría que fuese su vida, y esas fantasías son las que les cuenta a los demás como si fuesen su propia realidad. Vive bajo el yugo del recuerdo de su madre, recientemente fallecida y a la que llevaba cuidando once años: lo que diría, lo que opinaría... y es en ella, en Eleanor, donde la casa encuentra un pasillo libre por el que entrar gracias a su incapacidad para soportar un estrés psicólogico extremo. Disfruta, realmente disfruta lo que ocurre en la casa, y pronto comienza a plantearse qué haría de tener que decidir entre la casa y sus compañeros. La narración comienza a volverse muy introspectiva, y aunque al principio resulta muy interesante, es quizás en este punto donde flojea un poco la historia porque se vuelve muy reiterativa... o por explicarlo mejor, cuando la casa se mete en la cabeza de Eleanor, los monólogos interiores del personaje se repiten y la historia da vueltas sobre sí misma y se hace algo más pesada. Estás deseando que la saquen de ahí.

Dicho todo esto, resulta evidente que estamos ante una novela muy psicológica, muchísimo, y muy intimista. Quien busque terror puro y duro que se busque otra cosa, porque esta novela no se lo va a ofrecer. de hecho, me ha dado la sensación leyendo de que la casa encantada es simplemente una distracción que usa la autora para contarnos otras cosas (como diría el amigo Hitchcock, un mero MacGuffin). Porque sí, trata del miedo, del horror, pero de ese que se lleva dentro y que agarrota, del miedo a ser uno mismo, a sentirse libre, terror a lo que opinen los demás de uno mismo. Y además en la novela encontramos algo que ya estaba muy presente en Siempre hemos vivido en el castillo y que parece una de las señas de identidad de la autora: la ambigüedad, el no saber hasta qué punto lo que sucede está en las mentes de algunos de los personajes o si está sucediendo realmente. Cuánto es verdad y cuánto mentira. Cuánto de encantada tiene la casa y cuánto lo ponen los propios personajes.

También aprovecha Jackson para poner sobre la picota a los charlatanes, los timadores de la parapsicología, aunque a mí particularmente el modo en que lo hace no me ha llegado a gustar. Creo que rompe mucho el clímax de la novela y te saca un poco de la historia, aunque el final, coherente y el que tiene que ser, compensa el resbalón.

Como veréis, creo que la novela tiene cosas muy buenas, y otras que lastran un poco el resultado final. Repito que a mí me ha gustado (aunque tampoco me parece una obra maestra como dicen, tiene cosillas que le impiden serlo), pero entiendo que haya gente que se quede un poco igual o que directamente le decepcione. de hecho no es un libro que creo que recomendase alegremente. Y esto me lleva a que ya son varias las personas que conozco o a las que he leído/escuchado decir que esta autora está muy sobrevalorada, y me gustaría conocer vuestra opinión al respecto. Yo disfruto de sus novelas, no puedo decir de ninguna que me haya decepcionado, pero conozco gente muy afin a mí en lecturas que no puede ni verla, y me parece curioso.

Dos cosas y termino. Una: El prólogo de Antonio José Navarro que incluye la edición de Valdemar (preciosa) es fantástico y de obligada lectura. Dos: hay un par de adaptaciones de esta novela. Una de 1999, que yo vi hace un porrón de años sin saber precisamente que era una adaptación, es un truño como una casa que no tiene nada que ver con el libro (Liam Neeson y Catherine Zeta-Jones a la cabeza). La otra, de 1963, es mucho más afín al libro, a su espíritu implícito en lugar de explícito y, aunque no es perfecta, pues eso... que es mucho mejor. Por si os apetece sesión de cine encantado :)
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