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Crítica de margazquez


margazquez
01 febrero 2020
La primera impresión que se tiene al tener entre las manos "El misterio del carruaje" es de la encontrarse ante un libro cuya edición es exquisita. Nada nuevo, por otra parte, tratándose de la editorial dÉpoca. Detalles como el retractilado, la tapa dura impresa igual que la sobrecubierta, elementos decorativos y estéticos como la cinta marcadora a juego con la cabezada, las deliciosas ilustraciones en blanco y negro, o el marcapáginas y la lámina con la ilustración de la cubierta que se incluyen como obsequio con la compra del libro, son las señas de identidad de una editorial que ofrece a los lectores ediciones cuidadas y de gran calidad.
"El misterio del carruaje" presenta la particularidad de ser el libro de misterio más vendido durante el siglo XIX y principios del XX, convirtiéndose así en la primera novela de misterio en alcanzar la condición de "bestseller", circunstancia que para los amantes de la novela de intriga detectivesca clásica ya es motivo bastante para acercarse a esta historia.
La trama se sitúa en Melbourne a finales del siglo XIX y enlaza personajes de distintos ámbitos sociales, desde los más sofisticados hasta los más míseros. Cuando penetra en estos últimos, en los bajos fondos, he de decir que más que aversión he sentido compasión, incluso por los personajes que la lectura nos da a entender como de los más deleznables, como es el caso de Abuela Raterilla. Acostumbrados como estamos los lectores actuales de novela negra a personajes explícitamente detestables, resulta difícil sentir desprecio por un personaje con un apodo tan familiar e inocente formado además por un diminutivo.
La trama sigue los patrones clásicos de la novela de detectives y mantiene hasta el final el interrogante sobre la identidad del asesino. La correcta dosificación que hace el autor de la revelación de las pistas consigue que el interés por la lectura se mantenga a un ritmo exento de sobresaltos pero constante en todo momento. Desde el principio el lector se ve implicado en la resolución del misterioso asesinato haciendo cábalas sobre la identidad del asesino y sobre cuál será el secreto que se empeña en ocultar el acusado, a pesar de que su revelación podría eximirlo de toda culpa.
Por su originalidad, merecen ser mencionados en esta novela varios aspectos. En primer lugar, no hay un único detective que cargue con el protagonismo y con el peso de la investigación, algo inusual en la novela de detectives. al principio pensamos que ese papel recae sobre el detective de policía Gorby, pero después resultan ser dos los detectives implicados en la investigación y además son adversarios. Pero es más, ahí no acaba la originalidad puesto que el abogado del acusado, el señor Calton, se podría decir que llega a convertirse en un tercer "detective parcial" al perseverar como el que más en la búsqueda del asesino. Las pesquisas que van llevando a cabo estos tres personajes y las dispares conclusiones a las que llegan, ofrecen un magnífico juego al lector que compartirá con ellos este peculiar rompecabezas.
Según la información que nos ofrece la editorial tanto en la introducción como en el posfacio -interesantísimos ambos-, en realidad Fergus Hume aspiraba a ser dramaturgo y escribió esta novela con el único fin de llamar la atención de los empresarios teatrales al ser la novela de intriga la que mejor se vendía en aquella época. Dicha vocación se advierte en la novela en fragmentos que cobran tintes de otros géneros literarios y que trascienden el ámbito concreto de la novela de detectives.

Uno de esos puntos es la historia de amor entre Brian, el acusado del crimen, y Madge, la hija del rico hacendado; una relación amorosa que para el lector actual resulta teatral y exagerada al presentar los visos folletinescos tan habituales en la novela decimonónica.
Otro punto que evidencia las verdaderas aspiraciones literarias del autor es la cantidad de referencias culturales y literarias explícitas que asoman a menudo en la novela y que, con la conveniente información que sobre las mismas encontramos a pie de página, suscitan -a la vez que sacian- el interés cultural del lector.
A pesar de ser una novela decimonónica, el estilo es sencillo y en absoluto florido; en muchas ocasiones resulta humorístico y en no pocas, jocoso. A esto contribuye que cuando se expresan los personajes de los bajos fondos de Melbourne el autor refleje su modo de hablar de forma fidedigna y literal -y en este punto considero indispensable alabar el magnífico trabajo de la traducción del libro- en un habla plagado de vulgarismos y de transgresiones a las normas gramaticales que nos ofrece no pocos momentos divertidos durante la lectura; y sirva este ejemplo que encontramos en la página 268: "Er tipo de la policía y er señoritingo -respondió Lizer, de pronto-. Vienen a ver si ya's estirao la pata".
El misterioso asesinato se resuelve de forma correcta y coherente con el devenir de los acontecimientos si bien, llegados a este punto, tengo que decir que, y aunque se pueda intuir, me habría gustado conocer el auténtico motivo del crimen. Sin embargo, este pequeño reparo (que en modo alguno afecta a la calidad de la novela) tiene una explicación que el lector deducirá -y disculpará- tras leer el interesante posfacio de la novela.
(Esta reseña la publiqué inicialmente en Anika entre Libros)
Enlace: https://elsindromedetsundoku..
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