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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
28 September 2020
Fueron tales la alegría e ilusión que sentí cuando me enteré de que ¡por fin! podríamos leer la serie de los Cazalet en castellano que salí corriendo a comprar su primera entrega, Los años ligeros, nada más estar disponible en las librerías allá por la primavera de 2017. No os engaño: conservo el ticket de compra dentro del libro (es una práctica que he ido adquiriendo en los últimos años para que la vergüenza me golpee cuando me decido a leerlos años después. No tengo compasión de mí misma). ¿Qué ha pasado entonces para que a la editorial Siruela le haya dado tiempo a publicar toda la serie completa de cinco libros y que no haya sido hasta ahora que yo he leído el primero? La vida, supongo. Las circunstancias, supongo. Los cientos de pendientes en la estantería, supongo. Que soy un desastre, seguro. Pero desde luego no ha sido por falta de ganas. Ni por pensar que me iba a desilusionar. Así que estas alturas, cuando ya muchos habéis terminado incluso de leer la serie, viene la menda lerenda diciendo que acaba de leer Los años ligeros y que le ha entusiasmado. A buenas horas mangas verdes, diréis. Nunca es tarde si la dicha es buena, me atrevo a decir yo. El segundi refrán me gusta más: me deja en mejor lugar :)

El caso es que Los años ligeros, como bien sabéis, narra las vidas de los miembros de la familia Cazalet en una franja de tiempo muy concreta que la autora divide en dos partes: la primera, que transcurre durante unas semanas del verano de 1937, y la segunda, durante el mismo periodo vacacional pero de 1938. La autora escoge estos periodos porque es cuando se juntan todos en la casa familiar, Home Place, situada en el campo a 15 kilómetros de la costa; allí viven el anciano matrimonio Cazalet (formado por el Brigada y la Duquesita), y su única hija soltera, Rachel, además del servicio que incluye criadas, cocinera, jardinero, chófer, mozo de cuadra, ayudantes varios... El resto de la familia está compuesto por los tres hijos varones, sus respectivas esposas, sus correspondientes hijos, las niñeras de rigor, las profesoras particulares, las familias de las esposas... Os nombro al personal de servicio y empleados porque en esta novela todo el mundo tiene su porción de protagonismo y también les acompañamos a lo largo de la narración, pero por cuestión de espacio, comprensión y mi propia salud mental a la hora de organizar esto, aquí solo hablaré de los Cazalet... que no es poco.

¿Quiénes son los tres hijos varones? Hugh, Edward y Rupert. Los dos primeros trabajan en la empresa familiar dedicada al sector maderero; el más pequeño es profesor y pintor frustrado. Hugh, el mayor, salió vivo pero muy malherido de la Primera Guerra Mundial; además de perder una mano tiene fragmentos de metralla en la cabeza que le provocan fuertes dolores de cabeza. Casado con Sybil, enamorados como el primer día, forman una pareja tan, tan bonica... tienen dos hijos, Simon y Polly, y están esperando el tercero. El segundo hermano, Edward, también luchó en la guerra pero salvo algunas molestias respiratorias por el gas mostaza, salió indemne de la contienda. Es el guaperas de los tres hemanos, la serpiente que encanta a todas las mujeres con dos palabras y mucho charming. Está casado con Villy y tienen tres hijos (Teddy, Louise y Lydia). Rupert era muy joven cuando estalló la Gran Guerra, así que es el único de los tres que no ha pasado por esa experiencia. Viudo de su primera esposa, está casado con Zoë, una jovencísima belleza locamente enamorada de él. También tiene dos hijos, Clary y Neville (los dos de su mujer fallecida), y dada su profesión alejada del mundo empresarial de sus hermanos, es con diferencia el que más apuros económicos pasa de los tres.

Como presentación rápida y superficial yo creo que basta para introducir a los personajes, y creo que me las he apañado bien teniendo en cuenta que en la novela al principio cuesta ubicar a tanta gente. Pero lo dicho, solo al principio, porque la autora hace filigranas y, gracias al cambio constante de puntos de vista y a lo bien definidos que están cada uno de ellos, enseguida te haces con todos y lo que es más importante, los conoces, los diferencias en su individualidad y destacan por sus características y singularidades. Qué difícil me parece lo que hace Howard en esta novela y con qué genio y brillantez lo consigue. Los Cazalet como concepto está muy bien, la piña familiar e indestructible que conforman es la base de la historia, pero aquí lo que realmente interesa es la parcela íntima de cada uno de ellos por separado, los destellos que asoman a las páginas cada vez que asumen el protagonismo en la narración y les acompañamos durante un determinado espacio de tiempo, porque esos sueños, pasiones, sentimientos, frustraciones, miedos, dudas, indecisiones... son determinantes en la dinámica que se establece entre todos ellos y los que realmente deciden el camino por el que transitan sus vidas. En esta novela se dice mucho pero se calla más todavía, y eso facilita y favorece la empatía del lector con los personajes... salvo alguna excepción. Madredelamorhermoso, que no lo vi venir... Se me ha quedado grabado el número de la página, y no creo que se me olvide. No estaba preparada.

Aun así, giros inesperados incluidos, imagino que muchos lectores incluirían esta novela en el grupo de esas "en las que no pasa nada", denominación que suelen recibir muchas novelas costumbristas británicas, y supongo que será porque disfruto mucho de estas historias, pero no lo veo de la misma manera. Sí, la historia es aparentemente sencilla, pero en absoluto simple, ya no solo porque a mi parecer donde transcurre la vida misma en todas sus inesperadas vertientes no se puede decir que no pasa nada, sino porque Howard sitúa la trama en un contexto histórico muy importante. El periodo de entreguerras es fascinante y trascendental por muchas razones, y los Cazalet ejemplifican a la perfección a la familia de clase media-alta británica que sigue lamiéndose todavía las heridas de la Primera Guerra Mundial y va de cabeza hacia otra guerra mucho más sofisticada tecnológicamente hablando que añade otro miedo a la ya de por sí aterradora certidumbre de tener que enviar familiares al frente: el de saber que esa misma tecnología puede llevar la guerra a la mismísimas puertas de sus casas. Howard traslada toda esta inseguridad a la novela, y así, además de todo el fresco íntimo y sentimental que nos pinta de cada uno de los personajes, nos prepara para una guerra que en 1938 ya muchos anticipaban y para la que comenzaban a prepararse.

A todo esto hay que añadir que Los años ligeros está tan, tan bien escrita, y es tan preciosista en los detalles, tan milímetricamente descriptiva en muchos pasajes, tan perfeccionista en la construcción y pormenores de los escenarios que describe, que a mí particularmente no me ha quedado otra que enamorarme de la elegancia y aparente facilidad con la que Howard ejecuta algo que no está al alcance de muchos autores. La lectura es pausada porque la autora no quiere que leas sin más, quiere que cierres los ojos y que, cuando los abras, seas capaz de hacer tuyo cada mínimo detalle a tu alrededor... pero en absoluto se hace pesada. al contrario, una vez que te haces con todos los personajes y tienes bien situado a todo el mundo en tu cabeza las páginas empiezan a volar, y de que te quieres dar cuenta has llegado al final sabiendo que no te queda otra que volver a acompañarles en la siguiente novela.

Supongo que a estas alturas ha quedado claro que me ha encantado. Soy muy consciente de que es una novela que puede aburrir, gustar sin más o entusiasmar casi a partes iguales, dependiendo del tipo de lector que la tenga entre manos y sus gustos personales (vamos, lo que viene siendo la relación entre cualquier libro y cualquier lector desde que se inventó la imprenta), pero yo me alegro muchísimo de estar en el último grupo. Quiero (¡espero!) leerlos a partir de ahora más o menos seguidos sin dejar pasar mucho tiempo entre uno y otro. No quiero que las sensaciones ni los sentimientos que me inspiran cada personaje se pierdan entre una lectura y otra. Algo bueno tiene que tener el haber esperado a que estén los cinco libros ya publicados.
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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