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Crítica de Ros


Ros
26 June 2022
El escocés James Hogg, pastor de ganado y por ello conocido como “el pastor de Ettrick”, publica en 1824, su original e intrigante obra, de contenido gótico y misterioso, que podemos disfrutar en esta edición, con un extraordinario prólogo de André Gide, cautivado por el libro.

En relación a su título, queda bastante claro, ya que la justificación del pecador es el argumento por el que se pueden cometer los crímenes sin que se contemple la culpabilidad, ya que se trata de un pecador justificado, es decir, justo.

Seguimos las andanzas del protagonista Robert Wringhim en una novela de una composición y estructura moderna y compleja, fragmentada en dos partes.
La primera, más objetiva y narrada por el editor, en la que encontramos la recogida de datos y pruebas, cuya finalidad es contextualizar lo narrado en la segunda parte, que son las memorias propiamente dichas, y sus confesiones, donde conocemos todos los crímenes cometidos por el joven protagonista, educado severamente en la religión presbiteriana, convencido de ser un elegido justo, que alcanzará el Cielo, por la doctrina de la justificación por la gracia, y así, todo lo que haga en la tierra, poco importa.

En este estado, conoce a un extraño personaje, llamado Gil-Martin, que será quien guiará sus pasos y lo manipulará con la intención de llevar a cabo sus acciones criminales, por la mayor gloria de Dios y de su iglesia. Este misterioso y poderoso personaje, que gobernará su voluntad, es el mismo demonio al que el joven Wringhin reconocerá, solo, cuando es demasiado tarde.

Un extraordinario ejemplo del estudio psicológico de un asesino. Una obra desconcertante pero sorprendente y prodigiosa.

Nadie puede tener asegurado un papel concreto, el de víctima o verdugo, puesto que ambas vertientes se verán influidas por la creencia de que hay un bien superior que dicta lo que se ha de cumplir.
El delito, en este caso, el asesinato, en esencia, se nos puede llegar a escapar, sobre todo cuando decidimos desconocer dónde surge, dónde ha nacido y por qué elige a unos y no a otros.

Lo vemos a menudo en la televisión, los noticiarios nos lo muestran con todo tipo de detalles, e incluso entrevistan a vecinos para que relaten lo que conocen del asesino y del asesinado. Veremos donde vivía y conoceremos algún detalle de su vida cotidiana. También lo leeremos en los periódicos.

El cine, lo acostumbra a contar a través de imágenes, recogiendo toda la violencia y crudeza que precipitará lo que será el triste final de la víctima y el principio, en general, de un grueso de calamidades de todo tipo, que transitarán por el camino del criminal.

Todos estos acontecimientos reales o ficticios quedan insertados, de algún modo, en el imaginario colectivo del ciudadano, que sentirá una profunda inseguridad al habérsele mostrado la enorme arbitrariedad y los vacuos motivos que han impulsado el crimen, así como la maldad, tan a menudo irracional por la que se hacen acompañar.

Las violencias, muchas veces son amamantadas y criadas por intereses grupales concretos y tienen sus consecuencias. Otras veces, los individuos guiados por la sopa argumental que son, pueden reaccionar con inusitada violencia y esto tiene sus consecuencias. A veces, a veces, a veces.

¿Qué íntimos y profundos sentimientos desordenados, nos acarician interesadamente y nos proponen locuras? Si las llegáramos a cumplir, éstas tendrían sus consecuencias, y ¿Qué podemos saber de los demás? ¿Qué sabemos de nosotros?
A veces, a veces, a veces.
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