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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
07 agosto 2020
Me propuse no hacer relecturas para el reto de Todos los clásicos grandes y pequeños y no lo estoy cumpliendo. de vez en cuando, muy de vez en cuando, me salto esa restricción. El jardín secreto es una relectura, pero es que necesitaba un libro que me hiciera feliz y me emocionara un poquito... no sé, me lo pedía el corazón y ya, así que lo saqué de la estantería y me sumergí una vez más en sus páginas. Y os lo digo desde ya, es de esos libros que se pueden leer una y mil veces, que siempre te llega al cuore de la misma manera. Es tan bonito, tan tierno, tan inteligente en su forma de contar lo que quiere contar, que se queda contigo para siempre.

La historia comienza en la India colonial de principios del siglo XX. Allí conocemos a Mary Lennox, una niña escuálida de expresión agria y carácter desagradable que ha crecido al amparo único de su aya ante la total ausencia de sus padres en todos los sentidos (viven en la misma casa, pero en lo que a ellos concierne, como si no tuvieran hija). Que las únicas personas que te rodean sean criados obligados a cumplir el más mínimo de tus caprichos ha hecho de Mary una pequeña déspota que no ha sentido afecto ni se ha preocupado jamás por nadie que no sea ella misma; si a eso sumamos que siempre está sola en su habitación, que no juega con otros niños y que apenas ha recibido educación (aunque le encanta leer), tenemos una niña enclenque, borde y bastante inútil que no sabe ni ponerse sola los zapatos. Hasta que un día el cólera entra en su casa llevándose por delante a sus padres, a su aya, a muchos criados... y los que sobreviven huyen de allí olvidándose de esa niña extraña que no cae bien a nadie y que se queda sola durante días sin saber qué ha pasado hasta que es descubierta. Es entonces cuando Mary debe viajar a Inglaterra a vivir con su tío, el único pariente vivo que puede hacerse cargo de ella. Archibald Craven vive en una mansión enorme y algo lúgubre con más de cien habitaciones; es un hombre triste sin ilusión por la vida desde que falleció su esposa años atrás. En aquel momento decidió cerrar el jardín que ella amaba y enterró la llave para que nadie más se adentrase en él, pero no contaba con la curiosidad de una niña sin nada que hacer en todo el día a la que lo del jardín secreto le sonaba a una gran aventura, ni con un niño casi mágico de sonrisa perenne que habla con los animales y las plantas, ni con que un terrible secreto que se esconde en las entrañas de la mansión saldrá a la luz de la manera más inesperada... ¿Esa niña sanota, alegre, cariñosa y feliz es Mary Lennox? Quien la ha visto y quien la ve...

¿Sabré transmitiros lo bonito que este libro, el talento de Frances H. Burnett para llegar al corazón del lector y el amor por la naturaleza que transmite cada página de esta historia? Eso espero, porque estamos en agosto, sé que no tenéis ganas de parrafadas, pero es que no puedo hablaros de este libro diciendo solamente dos cosiñas de nada. No me lo perdonaría.

Si me preguntáis a mí, os diría que creo que El jardín secreto trata principalmente de tres temas: uno es la relación entre el ser humano y la naturaleza, que quizás es el más evidente a causa del título; otro es el abandono parental que sufren muchos niños por parte de unos padres que tienen hijos porque así es la vida y hay que tenerlos pero que luego no quieren que les molesten mucho a ser posible (esto, en pleno 2020, creo que ha ido a peor, sinceramente); el último es la amistad, tema recurrente en muchos libros infantiles pero que aquí, sea por la razón que sea, por lo bien que escribe la autora (me releo y no vuelvo a decirlo en la reseña, pero insisto: Burnett escribe muy, muy bien), por la historía en sí misma... es achuchable hasta decir basta.

Sobre la naturaleza, tan presente en el libro, y el modo en que el ser humano interacciona con ella, solo puedo deciros que las descripciones de Burnett te hacen ver, oler, pasear, sentir, disfrutar, armonizar... con cada paso que los protagonistas dan dentro de ese jardín. Creo que se explica muy bien lo que se puede encontrar en un jardín abandonado, cómo la naturaleza se abre paso y encuentra la manera de sobrevivir cuando nadie se ocupa de ella. La simbología que subyace detrás del título con respecto a los protagonistas no creo que se le escape a nadie al leer la novela, porque resulta evidente que en estas páginas el florecimiento más importante no es precisamente el de las flores y los árboles. Y dentro de este idilio hombre-naturaleza no debemos olvidarnos del reino animal que, aunque menos, también está muy presente y pone el toquecillo mágico a la historia... que no nos falta de ná.

El tema más peliagudo quizás es el del abandono parental, porque dentro de lo bonita que es la historia, de lo tierna, optimista y esperanzadora que resulta, de que todo se cuenta mirando siempre hacia el lado bueno de las cosas, qué duda cabe que la denuncia de la autora está ahí, alta y clara. La narración incide en lo que ocurre cuando los padres no se ocupan de sus hijos; cuando los dejan solos constantemente al cuidado de otras personas no por necesidad, sino por gusto, por egoísmo o porque molestan en la vida que ellos quieren vivir; cuando no establecen ningún tipo de lazo afectivo con ellos imposibilitando que esos niños aprendan a hacer lo propio con otras personas; lo que pasa cuando unos niños viven su infancia completamente solos, jugando y aprendiendo a vivir por su cuenta, sin contacto con ningún adulto que les dé la mano y guíe sus pasos a través de una etapa tan única de crecimiento como es la infancia, donde cualquier influencia negativa menoscaba el futuro carácter del niño... Sip, la autora lo cuenta con encanto, pero todo lo bonito que leemos en este libro nace del desafecto y el abandono infantil, y eso no hay que perderlo de vista.

Y luego queda la amistad... la amistad como concepto de manual al enfatizar la relación de afecto y confianza entre estos niños, pero también como salvavidas ante la soledad y la ira, como escape ante la melancolía y la incomunicación, como ventana a posibilidades y sueños, como escudo ante los miedos y las frustraciones... La amistad lo es todo en este libro, amistad de corazón, sanota y desinteresada, de la que te da un garbilote cuando hace falta o te sonríe cuando menos lo esperas, amistad de esa infantil y primeriza que lo rebosa y atesta todo de tal manera que te resulta imposible recordar cómo era todo antes de que llegase a tu vida. Qué bonito es este libro... ¿os lo había dicho ya? Venga, no os digo que siempre suelto una lagrimilla al final aunque sepa de sobra lo que va a ocurrir. No pienso decíroslo. Me niego.

¡Se me olvidaba el misterio! Hay un misterio que Mary descubre eventualmente pero del que no puedo hablaros. Y mirad que lo siento, porque ese misterio (y todo lo que sucede tras él) es una piedra angular del libro junto con el cambio que va experimentando Mary, pero me niego... tan importante es ese misterio que muchas ediciones lo dejan al descubierto en la propia cubierta del libro cuando es algo que ocurre hacia la mitad de la historia, cosa que me solivianta y me hace hiperventilar. ¡Nononono! El jardín secreto debe abordarse con los conocimientos mínimos y concretos de lo que se puede encontrar en él: esto es, una niña huérfana con un carácter complicado por culpa del abandono en vida de sus padres, un jardín secreto que funciona como metáfora de varias cosas, la vida que se abre paso en sentidos muy diferentes, la naturaleza y la amistad como base para el crecimiento personal... Y ya. ¡Chimpún!

¿Qué más? Ah, que no os dejéis engañar por la vitola de novela infantil. de hecho, y no sé si esto es muy conocido, en su momento (antes de su publicación final en formato libro en 1911) se publicó por entregas dirigido para el público adulto. Lo de catalogarlo como novela infantil vino muchas décadas después. Yo diría que la autora sabía muy bien lo que se traía entre manos, sabía que estaba escribiendo un libro del que tanto los adultos como los niños sacarían sus propias conclusiones y lo disfrutarían de diferentes maneras, sabía que necesitaba insuflarle al lector tanta empatía como delicadeza, y supo conjugarlo todo de tal modo que el resultado final ofrece muy distintas lecturas dependiendo del momento vital en el que se lee. Para mí esconde un trasfondo que resulta mucho más rico en matices, profundidad y madurez cuando es un lector adulto el que se adentra en sus páginas, y por eso es de esas lecturas que apetece hacer unas cuantas veces a lo largo de la vida: lees el mismo libro, pero no lees el mismo libro. Sé que sabéis a qué me refiero.

Si no habéis leído El jardín secreto no sé qué estáis haciendo con vuestra vida. Hacedme caso, sentiréis el corazón un poquito más radiante y dichoso. Y sí, las damas de Regencia podemos resultar muy cursis... that's a fact.
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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