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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
28 noviembre 2017
No sé si existirá algún lector en el mundo que haya leído esta novela y no le haya gustado. Algún lector, amante de las librerías antiguas, con olor a viejo, con invitación a perderse entre sus estanterías y sus mesas, que no haya pensado en acercarse en un paseíto al 84 de Charing Cross, en una visita a Londres cualquiera, y ver si esta librería sigue en pie (que no lo está desde principios de los años 70, aunque hay una placa conmemorativa que indica donde estaba y haciendo referencia a este libro. Nota mental: obligada visita a la placa en el próximo viaje londinense). Por donde iba... que no sé yo si existirá algún lector que se vanaglorie de saber apreciar cuando tiene un buen libro entre manos, uno especial, de esos que surgen una vez cada mucho tiempo, y que no haya sabido ver lo que esta joya de escasas cien páginas esconde.

¿Puedo decir que me he reído a carcajadas con algunas de esas cartas? ¿Y que tengo que hacer memoria (sin éxito) para recordar otro libro que me hiciese reír así? ¿Y que de la risa pasaba a la emoción, sin tan siquiera pasar página, todo ahí concentrado en dos, tres párrafos, de un día cualquiera de un mes cualquiera de unas cartas que son cualquier cosa menos comunes y corrientes?

¿Puedo decir que estoy enamorada de este libro? Lo digo. Quién dijo miedo.

Porque además este libro ofrece mucho más de lo que promete la sinopsis. Bien es cierto que todo comienza con el intercambio de cartas entre Helene y Frank Doel (la evolución del modo en que Helen se dirige a él o como él firma son indicativo del grado de confianza que se va estableciendo entre ellos: FPD, Frank Doel, Frank, Frankie... ¡Relámpago! con mucha ironía y sarcasmo, obviamente, ante los años que a veces tarda en mandarle lo que le pedía)... me pierdo. Como decía, todo comienza con el intercambio de cartas entre ellos, con Helene pidiendo lo imposible de encontrar en Nueva York, y Frank haciendo lo imposible por complacerla desde Londres, pero poco a poco ese microcosmos se va ampliando, y entran en acción los demás compañeros de Frank, su mujer, y hasta una adorable y octogenaria vecina del librero.

Sí, es la historia de una amante de la literatura y su librería al otro lado del charco, pero también lo es de cómo esta mujer, de armas tomar, con carácter para dar y regalar, con un espíritu indomable, influye en tiempos de mucha necesidad y privaciones en las vidas no solo de este librero, sino de la gente que le rodea. Y muy pocas personas harían lo que ella hizo por gente a la que no conocía. El Reino Unido todavía está inmerso en la economía del racionamiento de la posguerra, y la señoria Hanff, con un sueldo irrisorio, sin conocerles de nada, tan solo dos meses después de haber pedido su primer libro al 84 de Charing Cross, comienza a mandarles paquetes de comida al otro lado del océano. Y así continúa haciéndolo hasta que en 1954 se puso fin a un racionamiento que había comenzado en plena 2ª Guerra Mundial. Sus cartas comenzaban cantándole las cuarenta a Frank por tal o cual libro, y terminaban diciéndole que le iba un paquete para Londres lleno de comida para todos los trabajadores de la librería. Es imposible no adorarla. de principio a fin.

Vemos a varias Helene a lo largo del libro. La que "pincha" e intenta hacerle sudar tinta a su Frank en cartas llenas de genio y figura que te hacen soltar la carcajada, y la Helene mucho más amable que se ríe de cómo se las hace pasar a Frank cuando habla con otras trabajadoras de la librería. Tiene un corazón enorme, y es una relación tan entrañable a miles de kilómetros de distancia que te hace pensar en la magia que la vida tiene a veces, y que comienza con el detalle más nimio, el gesto más imperceptible. Durante 20 años estuvieron cruzando esas cartas, un intercambio que solo se vio interrumpido a la muerte de Frank. Vemos cartas de ida y vuelta para luego saltarnos meses o un año en el tiempo. Vemos cartas donde muchos lectores obsesivos podemos sentirnos identificados ante esas manías o fetichismos que nos inspiran los libros. Somos testigos de una época y de cómo cambiaron las cosas en esos 20 años, sobre todo en Inglaterra. Vemos a una fuerza de la naturaleza como Helene Hanff y a un perfecto gentleman inglés que poco a poco se va soltando en la correspondencia. Vemos AMOR por los libros, tanto por parte de quien los compra como por parte de quien los vende.

Helene jamás conoció a Frank Doel en persona. Ni siquiera llegó a tiempo de ver la librería, porque cuando al fin pudo viajar a Londres en 1971, ya como escritora famosa tras haber publicado estas cartas, la librería había cerrado sus puertas. Pero es que esa es la magia de esta recopilación de cartas. Si a lo largo de esos 20 años hubiese podido viajar a Inglaterra, no tendríamos probablemente este libro entre las manos. Y si lo tuviéramos, nada sería igual. La magia es magia porque tiene sus propias reglas. Y el hechizo de este libro es el que es por haberse atenido a ellas.
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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