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ISBN : 8494706217
Editorial: Editorial Huso (09/08/2017)

Calificación promedio : 5/5 (sobre 1 calificaciones)
Resumen:
Bahía de Sal obtuvo el Premio Juan Rulfo a Primera Novela, 2016, otorgado por el Instituto Nacional de Bellas Artes de México y los gobiernos de los estados de Puebla y Tlaxcala.
“¿Por qué íbamos a querer salir si ahí teníamos todo?”. Así nos trae María de la Sal a la abrumadora realidad de Bahía de Sal, un pueblo cuyos habitantes solían tomar los caminos acuosos para nunca más regresar. Marcados por el infortunio climático, las tribulaciones económicas, los ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (1) Añadir una crítica
Marti
 03 enero 2018
Bahía de Sal es una novela que se deja leer con provecho y placer más de una vez, soporta las relecturas y cada vez que se relee se encuentran más significados, se perciben mejor las combinaciones de palabras, los rasgos poéticos de una prosa que fluye tersa para contarnos una historia que son dos, que son varias, hábilmente entretejidas para lograr un entramado sólido con el que Gabriela Guerra ha logrado extraer de la memoria y de la imaginación una obra de arte que, merecidamente, está logrando superar fronteras geográficas.
Sí, son muchas historias las que cuenta esta novela, pero las principales son dos: la historia del pueblo Bahía de Sal, y la historia de la protagonista que nos narra, la voz en primera persona del singular, o a veces del plural, que comenzamos a escuchar cuando la novela empieza y nos lleva con maestría a lo largo de cada uno de los 42 capítulos breves que la conforman y que llevan un título que los identifica. Así, por ejemplo, “Si teníamos todo…”, “Los que se fueron”, “Los muertos”, “El Papa”, “El día de la Virgen”, “Las gallinas”, “Lo insólito” y “Un pueblo fantasma”, por citar algunos.
Bahía de Sal puede ser cualquier pueblo latinoamericano (leemos en la fajilla las palabras de Edgar Borges), y agregamos que de esos pueblos que están en la periferia de las ciudades; de esos que tienen más o menos la misma carga de doscientos años de existencia independiente de nuestros pueblos y sobreviven a los rigores de la naturaleza, y al olvido, con base en las tradiciones, la religión y el progreso que llega a cuentagotas, a destiempo o, paradójicamente, que llega a causar más mal que bien. Sin embargo, ya desde la primera página de la novela, la autora nos invita a imaginar que el pueblo del que nos habla está ubicado en Cuba, pues la protagonista hace referencia a la obra Presidio político que es de “nuestro poeta nacional” en clara alusión a El presidio político en Cuba de José Martí, uno de sus autores preferidos. Con la peculiaridad de que en todo el relato nunca encontraremos escrito el nombre de Cuba, de manera que es y no es Cuba, y ese es un dato que no debemos pasar por alto, el juego entre realidad y ficción.
De los doscientos años de historia del pueblo, la narración se ocupa con mayor detalle de aproximadamente las últimas dos décadas del siglo XX, años que comprenden el período de formación vital de la protagonista en su paso de niña a mujer arropada por las mujeres de su familia, la abuela Maíta, Ana, la madre; y también conoceremos a las amigas y conocidas, mujeres de todas las edades que pueblan un mundo que se desmorona pero resiste creando en el día a día su identidad maldita donde destellan episodios que nos llevan del horror a la ternura, del asombro a la indignación.
Con las novelas adscritas al realismo caemos en la tentación de conformarnos con un tipo de lectura que la tradición nos permite llamarle “lectura mimética”, es decir, la novela copia de la realidad su materia y será mejor o peor en la medida que la copia sea fiel. Pero, cuidado, si sólo hacemos este tipo de lectura nos estaremos perdiendo de la otra mitad que es donde reside, precisamente, la diferencia entre el decir artístico y el mero discurso histórico-mimético.
Con Bahía de Sal me ha sucedido lo que hace mucho tiempo no experimentaba con una novela: la certeza, mientras la leía, de estar ante la fundación de un mundo posible, alterno a la realidad y capaz de suprimirla con los poderes que el lenguaje les otorga a los artistas de la palabra como lo es sin duda Gabriela Guerra. Si al principio de la lectura corremos el riesgo de caer en la lectura mimética, muy pronto traspasamos el límite entre la ficción y la realidad ante el milagro de la voz que ha mirado, que ha vivido y ahora crea un pueblo imaginario que podemos ver configurarse en nuestra mente a medida que avanzamos capítulo a capítulo casi sin darnos cuenta. El embeleso proviene de las imágenes sabiamente creadas con palabras que fundan el mundo posible al nombrar el espacio bautizando las calles, los barrios, las lomas; todo a través de la mirada crítica y amorosa de una protagonista inmersa en el trance del ejercicio memorístico desde un punto en el espacio y en el tiempo que ahora comentaré.
Y es que ahí asoma otra de las cualidades de Bahía de Sal: mantiene vivo el interés en la lectura porque de principio a fin tenemos una pregunta en mente: Si el pueblo y la protagonista, María de la Sal, han pasado por todo tipo de calamidades, ¿desde qué punto en el tiempo nos está narrando la historia? ¿Cuál es el presente narrativo desde el que la protagonista nos cuenta su historia? A lo largo de la novela se nos van dando atisbos bien dosificados para incrementar nuestra curiosidad, manteniendo la tensión respecto al destino final de María de la Sal que será diverso al del pueblo.
Novela, pues, episódica que nos permite en la relectura abrir el libro por cualquier capítulo sin perder interés porque cada episodio responde de manera independiente a la totalidad de la historia contada y Gabriela Guerra logra un estilo efectivo y muy pulido que no estorba el fluir deleitoso de las imágenes. La palabra funda sin tropiezos el mundo de Bahía de Sal y el mundo interior de María de la Sal, mundo que se manifiesta por la mirada y los sentidos que el lector adopta sin dificultades para producir el efecto estético que sólo logran las verdaderas obras de arte literarias.
La condición insular, la emigración como grandes temas que trata la novela, son el marco para presentar los subtemas que nos tocan a todos como seres humanos y universalizan a Bahía de Sal: la solidaridad en medio de la desgracia, el hambre, los lazos familiares, el primer amor, la vergüenza, la fe, la esperanza, el amor por la vida, el descubrimiento de otros mundos al alcance, ya sea por la vía de la literatura, una lancha, el teléfono o el avión. Subtemas a los que entramos de la mano de la curiosidad de los adolescentes que un día logran vislumbrar un mundo más grande que aquel en el que han vivido generación tras generación, soportando las inclemencias del temporal y la invasión de insectos o roedores, entre otras calamidades.
No pretendo darles adelantos (o spoilers, como les dicen ahora nuestros jóvenes), pero sí sugerir.
Por ejemplo: ¿Qué pasaría si al pueblo que pasa hambre llega un camión cargado de cerveza? ¿Si un día llegan caballos o gallinas? ¿Si llegan a ofrecerles a crédito los electrodomésticos obligatorios: televisión, refrigerador y ventilador? ¿Qué, si un día ya no hay más cosas que comprar con el dinero? ¿Qué, si un día llega el Papa al pueblo? de todo eso te enterarás, lector, lectora y, seguramente, harás tu lista de capítulos favoritos. A mí me parecen todos muy buenos, pero en especial me ha gustado el titulado “El primer amor”, por el contraste entre la bella experiencia que significa y el espacio sórdido, de tintes naturalistas, en el que se da el enamoramiento de la protagonista. Otro, conmovedor, el titulado “Los caballos” donde se explora el amor por los animales y por lo que simbolizan, contrastado con la dura realidad que no se cansa de poner a prueba a los personajes de la novela, atrapados entre la humanidad y el puro instinto de supervivencia.
Lo que sucede en Bahía de Sal es el Realismo Absurdo, como lo ha llamado la autora, y sí, lo absurdo, lo paradójico se presenta desde el primer capítulo: ¿cómo es eso de que el progreso trae desgracias? Pues sucede, y no sólo en la novela sino en la vida cotidiana de los pueblos latinoamericanos, donde llegan electrodomésticos pero no hay energía eléctrica para hacerlos funcionar o, peor aún, alimentos con que llenar el refrigerador, por ejemplo; donde los precios de los productos básicos crecen y los salarios mínimos no; donde conviven la opulencia y la pobreza extrema como si fuera el orden natural o una más de las tradiciones arraigadas en los países latinoamericanos como si fueran una religión más.
En suma, estamos seguros de que Bahía de Sal, primera novela de Gabriela Guerra Rey, perdurará y será leída con atención por muchos más lectores, presentes y futuros, porque está bellamente escrita; porque funda un mundo posible donde las utopías están al alcance de la mano o de los sueños que nadie ni nada nos puede arrebatar.
Marti Lelis
Enlace: https://martilelis.tumblr.co..
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Entrevista a la autora el día de la presentación en Tlaxcala, México.
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